
O la razón de que todos queramos ser guapos, delgados y maravillosos
Continuamos explorando los nodos que parecen influir en el hecho de que las mujeres decidan ser delgadas y, por extensión, en que todos nosotros nos dejemos llevar por tendencias sociales, que iniciamos en la primera parte de este artículo.
El nodo cronológico
Cada vez hay más personas preocupadas por su cuerpo, ello resulta innegable, pero también hay cada vez más personas preocupadas por su salud mental, su salud cardiovascular, la nutrición, los problemas medioambientales, el sufrimiento animal, o incluso del final de Gran Hermano. Disponemos de más información, y de más tiempo para gestionarla, que en cualquier otro momento de la historia. Una semana del New York Times contiene más información que la media de la que disponía un ciudadano del siglo XVII en toda su vida. Como explica Matt Ridley en su libro El optimista racional, cubrir las necesidades básicas antes del siglo XX ocupaba la mayor parte del tiempo; lo cual puede ejemplificarse en una campesina malawi moderna, que usa el 35 % de su tiempo cultivando, el 33 % cocinando y limpiando, el 17 % buscando agua potable y el 5 % recogiendo leña. Es decir, solo le queda un 10 % de tiempo para hacer cualquier otra cosa. Con todo, el deseo de tunear nuestro cuerpo ha sido una constante en todas las épocas, lo cual también explica que ahora sea una preocupación de primer nivel.
Si páginas atrás hacíamos un repaso al siglo XX, podemos retroceder todavía más en el tiempo, centrándonos en personas que disponían de más tiempo y recursos de lo habitual: las clases aristocráticas. Hace ciento cincuenta años, antes de la irrupción de los medios de comunicación de masas, la gente con posibles no salía de casa sin ponerse una peluca enharinada y una espesa capa de maquillaje. Tal y como ha señalado Ulrich Renz en su libro La ciencia de la belleza:
…la parte ‘civilizada’ de la humanidad tenía que embutirse en un aparato hecho de emballenados o de barras de acero que apenas permitía respirar […] Era un rito que comenzaba durante la infancia y conseguía estrechar la caja torácica de tal manera que los órganos internos se desplazaran de sitio. Comparado con este método, la cirugía plástica parece una solución mucho más humana.
En tiempos pretéritos, el culto a la belleza no solo era un privilegio de una pequeña élite ociosa: los ritos relacionados con el cuerpo también implicaban preferir un cadáver bonito (o en sintonía con la moda vigente) a una vida larga y saludable: a pesar de las hambrunas, los bosquimanos del desierto del Kalahari usan cantidades ingentes de grasa animal para mantener el cuerpo brillante. La necesidad de proteger el pie al caminar empezó en el Neolítico, pero en la Francia del siglo XIV el zapato ya se convirtió en símbolo de linaje, medido a través de la longitud de la punta, que llegó a alcanzar los treinta centímetros. Los primeros tacones, que tantos problemas de espalda provocan en sus usuarios, datan del año 1533, y eran empleados por mujeres de la alta sociedad como señal de lujo y elegancia. Algunos tacones llegaron a sobrepasar los trece centímetros, lo que obligaba a algunas mujeres a usar bastones para guardar el equilibrio.
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El 1% de la humanidad no es 700 millones de esquizofrénicos sino 70 millones.
Jaja iba a comentar lo mismo sin terminar de leer el artículo. Parece que el autor no lee los comentarios :-(
Los primeros tacones los usaron durante siglos los hombres en Medio Oriente como calzado de jinetes…
Muchas gracias por el artículo Sergio. Ha sido un placer leerlo como siempre.
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