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El cosmos pertenece a los griegos (I)

"La escuela de Atenas", Rafael, 1510-12
La escuela de Atenas, Rafael, 1510-12

Una célebre anécdota cuenta que Tales de Mileto, padre de la filosofía griega, quiso darles una lección a quienes se reían de él por su aparente falta de ambición. Vivía entregado a la reflexión y despreciaba los bienes materiales hasta el punto de llevar una existencia rayana en la pobreza. Era, pues, objeto de burla para quienes no entendían que un hombre tan preparado pudiera pasar el día mirando al infinito, ocupación inútil que no le reportaba ganancia alguna. Un día, cansado de estas burlas, Tales pidió un préstamo. En una decisión difícil de comprender, compró todos los molinos de aceite en desuso que había por la región. El número de molinos fabricados superaba con mucho lo requerido por la producción habitual de aceitunas, así que había un buen número de ellos que permanecían abandonados; gracias a esto, pudo adquirirlos a bajo precio. Semejante extravagancia suscitó nuevas burlas. Pero Tales, debido a las predicciones que había elaborado gracias a sus conocimientos astronómicos, confiaba en que la temporada de la aceituna iba a ser excepcionalmente productiva. Acertó. La nueva cosecha fue tan abundante que, ante la falta de molinos disponibles, los fabricantes de aceite terminaron alquilando todos los que Tales había adquirido, pagando el precio que él tuvo a bien disponer. Tales reunió una pequeña fortuna. Habiendo demostrado a los incrédulos que si no utilizaba sus conocimientos para enriquecerse era porque el dinero no significaba nada para él, no porque no sirvieran para nada, retornó a sus habituales tareas contemplativas. Todos habían entendido que lo único importante en su vida era acumular nuevo conocimiento, por encima de cualquier otra utilidad que ese conocimiento pudiera proporcionarle.

Este relato pudo ser cierto, pero también pudo ser inventado para loar la admirable figura del primer gran filósofo occidental. Difícil precisarlo. Como fuere, ilustra muy bien la actitud de los astrónomos griegos con respecto a la de sus grandes predecesores, los astrónomos egipcios y babilonios. En aquellas grandes civilizaciones la astronomía había sido valorada como una herramienta para mejorar la vida, por ejemplo organizando la actividad agrícola para conseguir el mayor rendimiento de las cosechas gracias al poder de determinar de antemano la época del año más indicada para la siembra. En estas cuestiones técnicas, los astrónomos egipcios y babilonios habían alcanzado grandes progresos; conocían bien el cielo y podían predecir con una fiabilidad notable acontecimientos astronómicos que eran básicos para la elaboración del calendario agrícola. Sin embargo, nunca habían usado esos conocimientos para intentar elaborar un concepto general del universo. Su cosmovisión era de raíces mitológicas y, mientras pudiesen seguir organizando sus actividades de acuerdo a ese calendario, no necesitaban otra. Eran, ante todo, pragmáticos. Pero los griegos, emulando el ejemplo de Tales de Mileto, quisieron desde muy pronto trascender la mera utilidad práctica de la astronomía. Fueron los primeros en intentrar desentrañar cómo es de verdad el universo, iniciando un camino en el que descubrieron el poder de fascinación de una nueva ciencia, la cosmología. Aquel camino, que todavía hoy estamos recorriendo, está señalizado con letras griegas. Todo que hayamos conseguido en siglos recientes en cuanto al conocimiento del cosmos, que es mucho, se lo debemos a ellos más que a nadie.

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18 comentarios

  1. Genial artículo, gracias. Espero ansioso la segunda parte.

    • refrescantes cronicas gracias y,,, don Democrito es una buena longitud de oh…… nuestra particula cataleptica, abur……..

  2. Juan Carlos Sánchez

    Es muy reconfortante para los seguidores de Demócrito y Epicuro, que se puedan disfrutar de artículos como éste.Es hora de que la civilización actual empiece a reconocer a los verdaderos científicos, que nos mostraron su futuro y coincide con nuestro presente.

  3. Me gustó mucho, pero quedé con más dudas que antes.

    Sabía de la teoría atómica de Demócrito y le encuentro sentido en su contexto, porque es ir un poco más allá de especulaciones que rondaban el mundo griego (¿qué pasa si divido algo una y otra vez?). Pero no entiendo cómo llegó a la idea de «muchas clases de Tierras», por muy filósofo especulativo que fuera. ¿Seguía una serie de deducciones más o menos arriesgadas o solo lanzaba ideas «de la nada»?

    Saludos y felicitaciones.

    • E.J. Rodríguez

      Hola, Roberto:

      Primero aclarar que las obras de Demócrito no nos han llegado directamente, sino a través de las referencias y citas de terceros (en este caso Diógenes Laercio, Aristóteles o Aquiles Tacio por ejemplo), pero conocemos su forma de pensar por esas referencias y también porque su hipótesis cosmológica se deriva directamente de su teoría atómica.

      Demócrito pensaba que los astros se habían formado por el colapso (o agrupación) de los átomos que al principio flotaban libres en el espacio. Atraídos por determinados “vacíos” y chocando entre sí, esos átomos generaban vórtices (o remolinos) que a su vez atraían a nuevos átomos. Finalmente conformaban masas grandes, los distintos astros (estrellas, planetas, etc.) que eran esféricos por efecto de ese movimiento circular de los átomos al unirse. De esto se deduce que no necesariamente hay una única Tierra, un único Sol, o un único sistema de órbitas, sino que puede haber muchos otros astros similares originados de la misma manera y que conforman sus propios sistemas de órbitas, ajenos al nuestro. Esto era la primera descripción de una galaxia en el sentido moderno del término.

      Demócrito no creía en la creación divina y por tanto la Tierra no ocupaba un lugar especial en su visión del cosmos por el hecho de que la habitase el hombre. Si la Tierra, el sol o la luna se habían formado por la unión de los átomos, en muchos otros lugares del espacio habría sucedido lo mismo, y ni la Tierra ni el sol tenían por qué ser el centro del universo. Como verás, sus hipótesis eran especulativas pero también muy razonables y consistentes. Espero esto lo aclare un poco.

      Un cordial saludo.

  4. Muchas gracias. Ahora entiendo «de dónde se agarró» para formular esas ideas. Mi respeto por él aumenta (ya me gustaba por su idea de los átomos).

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  8. José Piernagorda Priego

    Cuando intentas justificar la genialidad griega frente a la inteligencia babilónica y egipcia recurres al apoyo en la geometría. Sin embargo, también el uso instrumental de la geometría se da en estas culturas, con lo que podrías haber incurrido en un círculo vicioso (suponer como argumento lo que se pretende demostrar). La diferencia fundamental entre la manera de abordar estas disciplinas se encuentra (y lo mencionas) en el carácter especulativo y no utilitarista de los griegos frente al pragmatismo oriental. Resolver esta diferencia cae más en el campo de la antropología cultural que el de la filosofía.

  9. Fantastico! Saludos

  10. Se debe aclarar que Demócrito no fue un «científico» como los actuales pues en esa época los saberes no estaban divididos como hoy. Los filósofos reflexionaban sobre la realidad cabal. Además la mayor parte de los fragmentos que se conservan de Demócrito (los apócrifos y los que no son) apuntan más a la ética que a la física o las ciencias. En ese sentido Demócrito se asemeja a Epicuro.

  11. Muy buen artículo. Pero no concuerdo con que Demócrito fuera una rareza o anacronía si se asume que los fragmentos éticos, que conforman casi la totalidad del corpus democriteano disponible, no es apócrifo si no realmente de Demócrito, podemos darnos cuenta que asume una posición bastante osada y más afín a los llamados «sofistas» enemigos acérrimos de Platón/Sócrates y la cofradía socrática, por lo que se entiende su exclusión y el silencio. Por esto, podríamos decir que estaba en el bando equivocado, pero no que fuese una rareza. Hay que tener en cuenta que por ahí (creo que en la obra de Laercio) se menciona que Demócrito era alumno de Protágoras, lo que fuese o no posible o cierto, algo nos quiere indicar sobre su relación con este grupo.Por otro lado, todos sabemos que el mote de «presocrático» es bastante arbitrario.

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  16. Vielka Cañarte Parrales

    Los griegos dejaron un legado que todavía guía nuestra forma de entender el mundo. Su curiosidad por el cosmos no se limitaba a observarlo, sino a buscar explicaciones racionales, conectando filosofía, ciencia y arte. Gracias a ellos aprendimos que conocer el universo es también conocernos a nosotros mismos, porque formamos parte de ese mismo orden que intentaban descifrar.

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