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Virginie Despentes: «En Francia la política consistía en hacer ver que las otras razas no existían»

Fotografía: Alberto Gamazo

Virginie Despentes para JD 0

Virginie Despentes (Nancy, 1969) nació en la clase obrera, trabajó en una tienda de discos y un peep-show. Fue puta y punk rocker, dejó casa y estudios a los diecisiete, se peleó con sus padres, fue ingresada en un centro psiquiátrico, sufrió una violación y se metió tantas drogas como té hay en China. Nunca deseó ser famosa, pero muchos lectores se unieron a ella desde su primera novela, Fóllame (1998; convertida en filme que dirigió ella misma en el 2000), y no hacen más que multiplicarse (como confirman los bombazos de Teoría King Kong y la trilogía Vernon Subutex, ya por el segundo volumen). Y asimismo, pese a los parabienes y premios que han aterrizado en su regazo, Despentes no se ha convertido en poeta laureada ni vocera del poder: sigue siendo en muchos sentidos, salta a la vista, la insobornable «zorra punk» de su juventud alborotada.

Cuando topo con ella en la sede barcelonesa de Random House, me sorprende su altura física, que no esperaba, y la sonrisa menos servil que he visto nunca: Despentes no sonríe por deferencia o hábito social.; le importa un bledo incomodar. Pero cuando ríe, la suya es una risa franca y abierta. Su cara es un mapa histórico que muestra cada trinchera y cada refriega, pero cuando habla no da señales de cercana claudicación, ni siquiera de firma de armisticio. Virginie Despentes es una heroína de la otredad, una guerrera de la rareza: la odian las feministas de toca-y-griñón, los machistas, los religiosos, los pusilánimes y los demagogos, las derechas y a menudo también las izquierdas. Virginie no habla de delfines ni de tofu, de beauty tips o «peinados que arrasan», tampoco habla de arte burgués, sonatas de Bach o cosas lindísimas; sino de rock’n’roll, cocaína, humillación, ultraderecha, desahuciados y pobreza. De una Francia de varios colores y olores que muchos quieren mantener escondida debajo de la alfombra. Virginie no va a ser la próxima portada de InStyle o Elle, no teman, y tiene los ovarios muy bien puestos.

¿Cómo fue tu infancia? No alcanzo a imaginar cómo era Nancy, tu pueblo natal, en aquella época.

Era una ciudad pequeña del este de Francia que estaba muy ligada a la minería de carbón, la fabricación de coches… Ese tipo de sitio. Ahora ha cambiado, pero en los años ochenta quedaba muy lejos de París y eso significa que no teníamos conciertos y nadie venía hasta Nancy.

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13 comentarios

  1. «Yo, por ejemplo, he trabajado en un montón de supermercados y los clientes te hablan mucho peor que cuando ejerces de puta.»

    Esto es tan cierto, siempre me llamo la atención que consideraran degradante o inhumano la prostitución y no ser reponedor de supermercado (yo lo e sido), trabajar en entregas o en montaje donde continuamente te ponen a competir por los tiempos y la mas degradante de todas «vendedor/sonriente».
    Cada ves que veo una de esas muecas forzadas de tipo profesional que llaman «sonrisa» siento una inmensa compasión por esa pobre gente.Es el colmo de la degradación.
    Por lo menos en la prostitución no estas obligado a fingir que estas enamorado.

    En los trabajos «posmodernos» hay una vuelta de tuerca siniestra a la vieja explotación laboral, hace 50 años no te obligaban a fingir que amabas tu trabajo.

  2. ¿Una adicción «razonable» a la heroína? No existe tal cosa, Kiko Amat, ni siquiera para Burroughs.

  3. Esto de la prostitución nunca lo he entendido. A mí, si tengo que pagar a alguien para que juegue a eso conmigo ya no se me levanta porque desde muy pequeñito, soy consciente de las situaciones tristes y grotescas. Estos dos de la entrevista, no han hecho más que poner de relieve lo difícil que es (para todos) en la vida, tratar de hallar «la verdad». A mí me han recordado a ciertos personajes de Gerard Lauzier, que éste sí que era un estilete para retratar al género humano.

  4. Cuidado (moral aparte): se empieza salvando la prostitución y se acaba justificando el trabajo asalariado.

  5. Pingback: Virginie Despentes: «En Francia la política consistía en hacer ver que las otras razas no existían» (Jot Down) | Libréame

  6. Pingback: Kiko Amat entrevista a VIRGINIE DESPENTES | Bendito Atraso

  7. Pingback: En París, a principios de los noventa, empezaron a llegar las rusas, que trabajaban más por menos dinero y eran guapísimas” | DLM

  8. Defender la prostitución como un trabajo digno asalariado es el viejo engaño patriarcal del mordisco a la manzana que está podrida, beber de una fuente de conocimiento infectado. Despeche misma dice que “trabajar en la prostitución como experiencia más es otro fruto de la violación”. “La Eva Autómata” O “Adán Autómata” sería una alternativa. Seguramente a las mafias que llevan el asunto de la esclavitud sexual les podría interesar, no tener que oír las demandas por malas condiciones laborales. Con los adelantos en robótica, implantes, digitalización, podrían conseguirse increibles resultados. La adicción a los juguetes electrónicos fácilmente podría sustituir a esa malsana adicción por la violencia y el odio, como Despentes testimonia “hay placer en la violencia y el odio”

  9. Pingback: La paradoja de la nueva izquierda y las políticas identitarias | el imperio de des

  10. Pingback: Entrevistas a V. Despentes + playlist Teoría King Kong – La letra morada

  11. Pingback: Jana Leo: «De todo lo que digo hay una cosa revolucionaria y es que yo creo que el violador está buscando, cuando viola, su casa» - Jot Down Cultural Magazine

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