
El coronavirus campa a sus anchas por el mundo mientras las cifras de contagios y muertes no dejan de aumentar. Los fabricantes de mascarillas y geles desinfectantes (¡y de papel higiénico!) bailan sobre sus mesas de dirección mientras se hacen su particular agosto, septiembre, octubre y los meses que queden por delante. Curiosamente, el medio ambiente se toma un respiro —literal y figuradamente— ante el descanso obligado que China se autoimpuso a nivel industrial y empresarial. Y mientras todo esto sucede, redes sociales e informativos nos bombardean a diario con mensajes de mantengan la calma y de sálvese quien pueda, así, todo a la vez, lo que como resultado lleva a cierta psicosis que nos empuja a desabastecer supermercados o a pensar que esto es una gripe y poco más, según nos pille el día. Pero ustedes y yo, que hemos leído mucho y visto mucho cine y muchas series, e incluso que hemos sabido elegir los videojuegos adecuados, sabemos que todo esto tenía que suceder así y no de otra manera. Porque la ficción muchas veces nos enseña mucho más de la realidad que cualquier documental o informativo. ¡Ja! Nos llamaron locos cuando construimos aquel búnker al pie de la montaña, pero no entendieron que todas aquellas historias sobre virus eran auténticos manuales de supervivencia.
Vayamos a las sagradas escrituras para entender el poder de las ficciones en nuestras vidas a través de una sutil parábola. En el primer episodio de la undécima temporada de Los Simpson, Mel Gibson recurría a Homer como asesor para mejorar su última película. Nuestro rechoncho amigo era la única persona que se había quejado durante un pase privado de la cinta porque en el largometraje no había tiros ni violencia de ningún tipo. En un momento del capítulo, nuestros dos héroes eran perseguidos por ejecutivos cinematográficos cabreados y Gibson, bajando los brazos junto a su figura de cera de Mad Max, se preguntaba si no debería renunciar a su película. Era entonces cuando, empujado por la desesperación del actor, Homer se venía arriba y soltaba una ridícula perorata sobre la importancia de las películas al llenarnos de romance, odio o fantasías de venganza. Decía que Arma Letal nos enseñó que el suicidio era divertido, y que antes de Arma Letal 2 jamás imaginó que pudiera haber una bomba en su inodoro, algo que siempre revisaba desde entonces. Marge lo corroboraba, avergonzada.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






El papel higienico se agota en los supermercados porque cuando tose uno se cagan veinte
He echado en falta una referencia a «España, guerra zombie».
Cine español, ¿Para qué?
No sé si habéis visto la película Contagio de Steven Soderbergh..
Gracias por vuestro trabajo.Saludos.
El incidente, película de referencia. Libro, saga x3, la de Manuel Loureiro.
Rick Grimes te está mirando con carusa, de reojo y se siente ninguneado XD.
Muy buen artículo!!
Lo que me estoy oliendo, y tal vez me equivoque, es que el género al que se refiere este artículo irá de capa caída en el futuro cercano. Nadie querrá, durante mucho tiempo, nada que le recuerde la «mayor experiencia de su generación», especialmente con el espectáculo que vienen dando todos nuestros pretendidos » líderes «.
Cierto que los políticos españoles han hecho el peor trabajo posible con esta crisis (que va a durar…). En vez de tomar medidas inmediatas se han tomado tarde y de mala manera.
Pero sí habrá películas: a los 3 años del 11S también hubo películas. Algunas bastante duras.
Jua! Qué artículo! Y qué comentarios! Justo para tiempos de encierro, melancolía y reflexión. Sería divertido esperar los últimos momentos a causa de cualquier tipo de agente patógeno, terrestre o no, leyendo sus ilaciones desopilantes. Faltaría una novela donde la causa de la extinción, o admonición a nuestra raza se deba a una ubicua, inmaterial pero toda poderosa inteligencia que desarrolló nuestro planeta al verse en peligro y, como tiene piedad por nuestra lógica que desconoce y a la vez, como buen demiurgo, ama cuidar lo que ha creado nos trata con deferencia pero con inflexibilidad y se inventa miles de escusas para barrer el patio y cuidar el jardín, como el comandante de aquel avión que transportaba locos peligrosos de un manicomio a otro, y al enterarse de que habían matado al enfermero de guardia para ponerse a jugar a la pelota, con el consiguiente peligro estructural, abriendo las compuertas los invita a ir a jugar afuera, ya que había un hermoso día de sol. Muy buena y divertida lectura. Gracias a todos.