Ciencias

Cupido, o la eterna soledad del deseo

Cupido o la eterna soledad del deseo
Psique reanimada por el beso del amor. Foto: Emiliano Bruner. deseo

Cuenta el hombre enamorado

sus tristezas a la luna

sin saber que es gran fortuna

sufrir por una mujer,

y que no hay peor padecer

que no sufrir por ninguna.

(Si sabís templar las cuerdas – Cueca cuyana)

En la película Her (realmente excelente, de 2013), Theodore (Joaquin Phoenix) se enamora de su sistema operativo, programado con algoritmos que le hacen evolucionar según las necesidades de su usuario humano. En Zoe (una película del 2018, genial en la idea de fondo pero luego torpemente apañada en su ejecución), Cole (Ewan McGregor) se enamora de una criatura sintética que él mismo ha creado para su empresa con el objetivo de diseñar parejas infalibles que se adaptan a tus exigencias, y que «nunca te dejarán». Casi una versión romántica y ciberorgánica de Frankenstein, o de Pinocho. Mientras tanto, fuera de su laboratorio, la gente se machaca con una nueva droga que simula los efectos del enamoramiento, incluso (y sobre todo) con desconocidos. No es una casualidad que Theo y Cole tienen una edad algo parecida (¡la crisis de los cuarenta!) y vienen de separaciones no resueltas. Somos primates sociales, y la única cosa que nos aterroriza más de la muerte es la soledad. Como primates sociales necesitamos esas descargas hormonales cerebrales que nos proporciona el pertenecer a un grupo (sobre todo las endorfinas, que comparten su estructura con el opio y con sus drogas derivadas). Y estamos dispuestos a lo que sea para no quedar fuera del rebaño.

Pero no cabe duda de que nada puede competir con la tremenda sobredosis bioquímica y emocional del enamoramiento, cómplice la oxitocina, la dopamina, y todo un coctel de moléculas que generan una respuesta comportamental increíblemente parecida a lo que clínicamente caracteriza un trastorno obsesivo-compulsivo. En Wikipedia se define el término limerencia como «un estado mental involuntario resultado de una atracción romántica por parte de una persona hacia otra […] combinada con una necesidad imperante y obsesiva de ser correspondido de la misma forma». Es una condición incontrolable de total dependencia emocional y atencional. No cabe duda que, como en la película, la primera empresa que logre sintetizar la píldora adecuada se forrará. Luego, como siempre ocurre con las drogas, los excesos y los efectos secundarios la destinarán al mercado negro y a la criminalidad organizada, que funcionan igual que las multinacionales farmacéuticas pero sin las garantías y los controles sanitarios de las normas comunitarias.

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4 comentarios

  1. … el enamoramiento y la relación de pareja se sujetan en procesos muy distintos, y pueden generar bastante CONFUSIÓN a la
    hora de enredar sus efectos. Y esto vale en particular para el primate humano, el mono espabilado que ha logrado separar
    sexo y reproducción, desanclando potencialmente el afán reproductivo de su cebo sexual… (Ya lo creo. Excelente lectura.
    Gracias)
    A los sillones mullidos les tengo algo de desconfianza, no por sus cualidades ergónomicas, esa sospechosa ciencia del
    confort que jamás coincide con mis huesos, sino porque cuando me abandono a sus llamados silenciosos me olvido donde estoy
    (Ella no) encontrándome a mí mismo a través de mis espaldas en completa ignorancia, y por eso inerme, fácil diana, expuesto
    al caótico vuelo de una mosca con su oráculo de que todo es imprevisible, al tictac del reloj, a los suspiros sin motivos,
    (Ella no) y a las ondas gravitacionales recurrentes y nocivas de los desastres universales entre acúmulos de gas y materia
    remotísimas, y sin embargo continuo así, beato, (Ella también) sin la más mínima percepción de que estoy sentado sobre un
    sillón, y éste sobre un planeta que flota y gira en lo estremecedor de un vacío sin motivo, de que pase el tiempo relativo
    tan rápido en mi sin darme cuenta y tan lento entre dos o más galaxias… (Pero pasa ella ocupada en sus pequeñas cosas;
    esta vez es el batir de una rebelde mayonesa que se niega a concretarse. Por lo visto será ella la única bienaventurada a
    salvarse ya que lleva una escafandra incorruptible, indestructible, como puede ser el vestido que a su cuerpo se le adhiere…
    su belleza, su substancia, su fervor van y vienen descalza por la casa y bien podría ser ese chasquido que rompe las
    tensiones moleculares del aceite, la clara y roja yema el segundero obstinado que marca con un nuevo tiempo los momentos
    que escapando después de morir por un instante me devuelven al sillón para mirarla. (Ella no)

    • Para E.Roberto, porque si has expresado así el amor ( no sé si será tuyo el texto) tal vez aprecies la expresión de la cara B del disco ( esa de la que también habla el artículo de Brunner)
      (…) tal vez una mujer amable,
      esa en la que ya no me reconozco,
      la que también ha dejado de dormir
      al lado de un hombre amable,
      para dormir solo con un hombre que respira petrificado
      como coral anclado a la cama,
      y se despierta con un fleco de algas cubriéndole el rostro
      para que no adivine sus ojos,
      y se sumerge sin huesos el resto del día
      para que nuestras mentes no topen en nada firme
      y deambulen mareadas entre
      olas y olas de imposibles y de ayeres.

  2. Pingback: Amor, ch’a nullo amato | La graticola di San Lorenzo

  3. Pingback: El lenguaje de lo erótico - Revista Mercurio

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