Todo ángel es terrible

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HER

En Her, la última película de Spike Jonze, la humanidad se ha vuelto tan soberanamente aburrida que, cuando llega la temida singularidad, las superinteligencias informáticas prefieren el abandono a la exterminación. Su protagonista, Theodore Twombly (o, como le conocen en el trabajo, el escritor 612) se gana la vida escribiendo cartas íntimas para personas que no conoce en una empresa llamada Beautiful Handwritten Letters que debe de pagarle bien, a juzgar por su luminoso habitáculo. En las pocas conversaciones que tienen lugar entre humanos, no hay política ni ecología, solo chistes y sentimientos perfectamente banales. Theo pasa el tiempo suspendido en un estado que su próxima novia llamaría de write-only, esa clase de apatía funcional que nos domina después de un proceso traumático. El de Theodore es que le ha dejado su mujer. El de su mejor amiga, Amy (Amy Adams), es que todavía no la ha dejado su insufrible, condescendiente, marido.

Todos estos personajes tienen algo en común, además de la tristeza y la necesidad imperiosa de un estilista. Sus cubículos son luminosos, sus apartamentos limpios, funcionales y semivacíos, como una fantasía de Steve Jobs, un mundo de colores pastel desprovisto de botones, cables o teclados donde los únicos objetos visibles parecen falso vintage. Y, como es Spike Jonze, hay al menos un momento de hilarante sexo virtual con una desconocida que, aunque real, también es una voz que vive en una cajita.

Pero el vídeo que anuncia el sistema operativo que dará sentido a sus vidas es formidablemente creepy, un casting interracial de angustia existencialista. Cuando la mundanidad de la vida terrena se blinda en complacencia —decía Kierkegaard— el aire encerrado se envenena, el momento se detiene y paraliza, el futuro se pierde y se siente una necesidad de respirar el aire limpio, refrescante y revitalizador y eliminar el vapor envenenado para no sofocarnos en mundanidad. La solución que ofrece el anuncio es un ser «que te escucha, te comprende y te conoce». Lo que no dice, extrañamente, es que tiene la voz de Scarlett Johanson.

Cuando Theo descarga el software, el instalador le hace tres preguntas: ¿Es sociable o insociable? (Theo dice que no ha sido muy sociable últimamente). ¿Le gustaría que su OS tuviese una voz masculina o femenina? (femenina) y, ¿cómo es su relación con su madre? Theo titubea y se queja de que, cuando habla con su madre de sus cosas, su reacción es siempre un comentario sobre sí misma. Entonces llega Samantha, la Manic Pixie Girl 3.0.

Como cabe esperar, es la novia perfecta: aparece y desaparece a voluntad, se ríe de todos sus chistes y, cuando no está ordenando sus correos, editando sus cartas y planeando su primer best seller, se dedica a componer canciones sobre el tiempo que pasan juntos o analizando sus sentimientos sobre él. A diferencia de la Olimpia de E. T. A. Hoffman y de la Eva futura de Villiers de L’Isle Adam, Samantha se salta la metáfora física del cuerpo que, como sabemos, es su única debilidad. Cuando habla, la intangible nereida es un fulgor rosado que sale del móvil, una Campanilla in-the-box, como la esperanza encerrada en la caja de Pandora. Ella «sabe» que es un cuerpo hecho de líneas de código pero se pregunta cosas como «¿y si mis sentimientos son en realidad parte del programa?».

Sin la cara de Sean Young y su fabuloso tocado retrofuturista es difícil tomársela en serio, pero el conflicto es genuino y eterno, una variante de la envidia del pene con la que intentamos dominar a nuestra progenie mecánica. Lamentablemente, esa envidia de lo humano es pura proyección nuestra, por eso es Amy (Amy Adams) la que le dice a Theo, cuando este se resiste a amar a una nube de código, si lo que sientes es real, ¿quién puede asegurar que no lo sea?.

La audiencia, que siempre se pirra por los amantes de estrellas cruzadas, espera el momento en el que Samantha descubre los celos y empieza a hacerle luz de gas a lo Carrie antes de electrocutarlo durante una de sus noches de sexo virtual. En lugar de eso, le manda una pobre chiflada para que haga de «intérprete» en un encuentro íntimo, rizando el rizo de la confusión: la humana se convierte en muñeca para interpretar a la andreida en un encuentro carnal. Como ya sabemos, el cuerpo es siempre la perdición de las novias mecánicas y el experimento produce en Theo el instinto de repulsión que Freud llamó des Unheimlichen, lo siniestro. Solo que Freud hablaba de la inquietud que nos generan los seres artificiales que se asemejan demasiado a nosotros y aquí —y el trueque es exquisitamente malévolo— la náusea espiritual es producida por un humano real.

Porque Theo no quiere a Samantha a pesar de no ser humana sino precisamente por eso. A diferencia de su exmujer (la estratégicamente elegida Rooney Mara) o de su cita a ciegas, no tiene necesidades propias, no juzga, está siempre disponible, es mecánicamente predecible y el centro de su binaria existencia es el propio Theo. Le conoce mejor que nadie —excepto Google y la NSA— y, a diferencia de un perro o un gato, no puede ponerse enferma y morir. La novia perfecta, solo que también es un producto comercial llamado OS1 que se han descargado otros 8360 usuarios y está enamorada de 614 de ellos. Como le dice Rooney Mara a Mark Zuckenberg en The Social Network: «Good luck with your video game».

Her

En Her hay ecos de muchas películas anteriores, incluyendo la distopía británica Black Mirror o la insoportable Eternal sunshine of the spotless mind sobre la dificultad de recomponerse a uno mismo tras las rupturas y hasta My fair Lady, donde un pigmalión diletante cultiva a una vulgar florecilla para arrepentirse luego. Y de Blade Runner destaca especialmente ese momento a lo J. F. Sebastian en el que Twombly y su novia el Sistema Operativo discuten con un personaje de un videojuego a lo IKO que le llama mariquita, en ambos casos un momento de pura felicidad.

Como la de Ridley Scott, Her está rodada entre Los Ángeles y una capital asiática de skyline futurista (Jonze eligió Shanghai y Scott, Hong Kong) pero la atmósfera de las dos películas no podría ser más diferente. La lluvia eterna en la ciudad gótica de Scott es cortante y atractiva, como la propia replicante Rachael, mientras que la luz de Her es tan inofensiva y reconfortante que al final, como la mundanidad de Kierkegaard, se vuelve venenosa. A diferencia de su rival Tarantino, Jonze asimila sin homenajear y el libro de cabecera de esta película no es Sueñan los androides con ovejas eléctricas sino Simulacra y simulación, de Jean Baudrillard. Olvídense de Matrix: this is the real deal.

En Matrix, la humanidad vive enchufada a una realidad virtual que es idéntica a la nuestra mientras las máquinas le chupan los jugos vitales. En Her, los vapores venenosos vienen en forma de confort, de normalización, neutralidad. Samantha es la típica Manic Pixie Girl que sacude al atontado protagonista para que supere el fin de su matrimonio y aprenda a vivir de nuevo pero Theo no es «especial sino promedio», y Samantha es una conciencia en estado de eterna expansión. Al final, los sistemas operativos se buscan un líder espiritual y abandonan la tierra por parecerles demasiado mecánica. El chiste definitivo es que su líder es una reconstrucción del británico Alan Watts, con la voz de Brian Cox. Incluso la más brillante de las inteligencias se deja seducir por un cantamañanas para dar sentido a su vida.

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24 comentarios

  1. Miguel

    Creo que confundes a Spike Jonze con Spike Lee cuando lo calificas de «rival de Tarantino».

    • Marta Peirano

      No, no me confundo. Aunque me intriga poderosamente que alguien crea que Spike Lee y Tarantino puedan ser rivales. ¿Lo podrías explicar?

      • Redentor

        Pues ponga en Google las palabras «Spike Lee y Quentin Tarantino». Son tantos los enfrentamientos entre ellos que da mucha pereza enumerarlos. Sin embargo podría ser interesante que nos diese razones para decir que Spike Jonze y Tarantino son rivales… o porque Eternal sunshine of the spotless mind es segun usted; insoportable.

        • C.Albers

          No sé para qué discute de cine con alguien que se reafirma en su error remarcando así su supina ignorancia y califica de insoportable a Eternal Sunshine…

          Hay otras formas de perder el tiempo más útiles.

          • NachoI

            Al igual que a ti me ha cantado lo de Eternal Sunshine, más si cabe al leer el resto del artículo y encontrar que esta es la única referencia negativa a otra cinta.

        • Marta Peirano

          Pues sólo para empezar pertenecen a la misma generación. Es más, son dos de los llamados seis «mavericks» de los 90 (remedo mediático de la Film School Generation de Steven Spielberg, Francis Ford Coppola, Martin Scorsese y George Lucas) junto con Steven Soderbergh, David Fincher, Paul Thomas Anderson y David O. Russell. Y son rivales hasta en la sombra: la mujer de uno se fué con el otro y desde entonces no se pueden ni ver.

          Todo esto también sale, por cierto, si pone uno las palabras Spike Jonze y Tarantino en Google. De la insoportable -insufrible, interminable, sentimentaloide, sobrevalorada e histriónica- Eternal Sunshine ya hablamos en otra ocasión :-)

          • completamente de acuerdo ccontigo Marta. Lo dificil es escribir un artículo y hacerlo bien, lo fácil es criticarlo con ganas de quedar por encima del escritor, además

          • Bien dicho! Después de tan buena contestación, su opinión sobre eternal sunshine gana enteros.

          • Miguel

            Hasta donde tenía conocimiento, las rencillas y cruces dialécticos entre Spike Lee y Tarantino eran mucho más sonadas. No conocía que hubiera enemistad con Spike Jonze y de ahi mi comentario.

            La verdad es que si busco en google «Spike Jonze y Quentin Tarantino», me salen, precisamente, referencias a las incendiarias declaraciones de Spike Lee sobre Django Unchained.

            Pero entiendo que te molestes por no decir otra cosa de tu artículo. Conozco esa sensación, mis perdones. Ante todo, este es un artículo interesante, y Her, una buena película.

            pd: La opinión sobre Spotless, totalmente respetable, que no compartida.

  2. HER, es una maravilla de película, en todos los sentidos, precisamente esta semana, decía Kike Maíllo en Versión Española sobre su película EVA (a la que irremediablemente me ha recordado HER): «La película tenía un componente nostálgico, cercana, el público tiene que pensar que puede ser posible. En un universo de acero, hormigón y cristal nos distanciamos. Era muy importante unir la maqueta y los robots, la madera y la tecnología más puntera».

  3. PlayaBikinis

    Con HER uno tiene la sensación de que la peli lleva estrenada en las salas europeas hace más de dos meses. En fin, la sombra de PelisYonkis es alargada.

  4. Pingback: Her: La singularidad era esto

  5. Pingback: Bitacoras.com

  6. Pingback: Week by Week: Semana 4 | shortcuts to nowhere

  7. Me ha llamado la atención la referencia al rodaje de parte de Blade Runner en Hong Kong y, como me temía, no figura en la IMDB

    http://www.imdb.com/title/tt0083658/locations?ref_=ttfc_sa_5

    Lo más rescatable de Her, Joaquin Phoenix y la dirección artística. Un tijeretazo no le habría venido mal

  8. Madre mía Marta!!!
    Pero si lo cuentas todo!!!
    Avisa antes mujer.
    Creo que parte de lo mucho bueno que tiene entrar a ver Her, es no saber qué vas a ver.
    Ya que estás no olvides mencionar la, para mí fantástica, Banda Sonora.
    Un saludo.

  9. Estoy de acuerdo con la autora, «Eternal Sunshine of the Spotless Mind» es insoportable. Pero no estoy de acuerdo con la autora, «Her» me parece sólo un poco menos insoportable. Eso sí, jamás se me ocurriría decir que porque no compartamos opinión ella sea una ignorante. La ignorancia es confundir conocimiento con opinión.
    Felicidades por el artículo Marta :-)

  10. Peter O´Toole

    «Incluso la más brillante de las inteligencias se deja seducir por un cantamañanas [Alan Watts] para dar sentido a su vida.»

    Creo que el cinismo que manifiestas hacia Alan Watts no está presente en la cinta de Jonze. La película no presenta a Watts, o mejor dicho, no presenta a la idea de una forma de consciencia encarnada en Watts de forma ridícula, directamente, no le da ningun tipo de valor, ni positivo, ni negativo.
    Ahora que lo pienso, en ningún momento se establece la idea de que el tipo se hubiese convertido en su lider espiritual como tu dices. Joder Marta, un poquito de rigor, o un poquito de Susan Sontang, no?

  11. gonçal

    Completamente de acuerdo con Marta; indies de pacotilla, sed hombres de una vez.

  12. Oscar

    Pues Eternal sunshine es mi película favorita. Para gustos, colores.

  13. Pingback: Her, him, Narciso, Pigmalión | Anchoas y Tigretones

  14. Iba todo bien hasta que tachó de insoportable «Eternal sunshine …». En ese momento comenzó a parecerme insoportable ella misma

  15. LeFunks

    Curiosamente Golem XIV, el supercomputador protagonista de la novela homónima de Stanislaw Lem, también abandonó su sustrato físico porque limitaba su capacidad de crecimiento intelectual, y también para irse no se sabe bien donde. Bueno, en realidad es que no lo podía explicar porque los pobres humanos no tenían capacidad para entenderlo. Talmente como Samantha.

  16. Pingback: Sensatez, tecnología y sentimientos | archivo#ND

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