Arte y Letras Filosofía

La palabra como autogobierno de la imaginación y la libertad

El falso espejo de René Magritte Imaginación
El falso espejo, de René Magritte. Imaginación

Imaginar la vida o experimentarla

Somos lo que imaginamos (C. G. Jung)

La vida es primero imaginada y luego experimentada. Este es el oxígeno que aportó la obra de Julio Verne a la historia del pensamiento, oxígeno que por cierto, aún perdura. Nunca se acaba de saber hasta qué punto la trascendencia de un autor o autora radica en que su obra es absolutamente novedosa para su época o bien en que su obra recoge un pensamiento colectivo que ya existía y ha sido capaz de captar y expresar. Seguramente, la trascendencia tiene que ver con estos dos vectores de fuerza descritos y con que se relacionen sinérgicamente para alcanzar el éxito. Por un lado, está la genialidad y calidad del escritor y por otro, las condiciones históricas idóneas para que la obra funcione. La producción de sentido de cualquier mensaje artístico o intelectual se basa en esta relación coordinada entre el mundo exterior y el mundo interior, entre el escenario sistémico y el ámbito vital del sujeto que experimenta el mundo. En definitiva, la relación que hay entre la semilla y el tipo de terreno en el que arraiga. Lo dicho es una buena descripción del concepto de sincronía que, en términos junguianos, es la base de todo aprendizaje profundo y adaptativo. Julio Verne no hubiera tenido la relevancia que conocemos si no se hubiera convertido en la expresión del alma de su época.

A favor del progreso

Hablar del contexto histórico de Julio Verne (Nantes, 1828-Amiens, 1905) es hablar de una de las transiciones más relevantes de la historia de la civilización. Sabemos que la conquista de la modernidad fue el paso del teocentrismo al antropocentrismo y la fe en lo que el ser humano podía llegar a conocer y a hacer por sí mismo. En este proceso, que arranca en el Renacimiento, la verdad ya no es revelada por los dioses sino investigada y conocida por el ser humano. De la vida como creación de un dios se pasa al autogobierno de la vida por parte de su anfitrión. En esta época, aunque algo más tarde, asistiremos a la fundación de la sociología como ciencia1 cuyo libro emblemático fue El suicidio, obra de Durkheim, publicada en 1897. La importancia de este estudio radica en la recuperación del poder del ser humano sobre su propia vida hasta las últimas consecuencias. El desarrollo del maquinismo y la industrialización impulsaron una confianza en la tecnología y en la ciencia hasta entonces nunca vista. La fe en el ser humano y su capacidad de desarrollo generó una notable euforia por el progreso.

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Un comentario

  1. Maravilloso artículo, tiene buena perspectiva Y resulta sugerente.
    De joven me gustaban las ciencias y me decanté por ellas en los estudios. A través de ellas se han conseguido grandes logros para la humanidad. Pero también grandes males por un uso inadecuado e interesado de las tecnologías a las que dieron lugar, lo cual me llevó a la condición humana como último exponente de lo que nos pasa y del camino que hemos seguido a lo largo de la historia, el cual puede marcar nuestro devenir.
    Por eso, conforme he ido madurando, me he ido interesando por las humanidades y en especial por la filosofía, en un intento de entender la manida frase de quienes somos, de donde venimos y a dónde vamos.

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