Política y Economía

La cultura secuestrada (en Castilla y León, de momento)

El MUSAC un día de invierno. Foto Circo M+T (CC) cultura castilla y león
El MUSAC un día de invierno. Foto: Circo M+T. (CC)

En Castilla y León, a tenor del recién formado acuerdo de gobierno, Vox ha secuestrado la cultura, aunque no se sabe muy bien para qué, ni en el acuerdo ni en el programa del grupo del más allá de la derecha lo dicen. En el punto 17 del acuerdo de gobierno de PP y Vox para la Junta de Castilla y León aparece la cultura. Por primera vez en la serie de acuerdos de gobierno de ambos partidos, el de Abascal asume las competencias en esta materia. Veamos con algo de detalle a qué se han comprometido, culturalmente, ambos partidos.

Lo primero que señalar es que el acuerdo da a la cultura once medidas, que se entiende que Vox se compromete a implantar desde la Consejería del ramo desde «el arranque del Gobierno», como se recalca en todas y cada una de ellas. Ni muchas ni pocas, once. Lo segundo es que la consejería no es de Cultura, sino de Cultura, Turismo y Deporte, un tres en uno a mayor gloria del consejero de turno y de sus supuestas horas de trabajo. Sobre la necesidad de que la cultura cuente con una institución propia, ya sea ministerio o consejería, me expliqué aquí.

Sobre los once puntos acordados y que se supone que deben orientar las políticas que se diseñen e implementen desde el tercio de consejería correspondiente, tres medidas se dedican al patrimonio. La primera dice tal que así: «Seguir impulsando las inversiones dirigidas a la conservación y restauración de nuestro patrimonio cultural». La segunda señala que quieren «impulsar un fondo de ayuda para la conservación y recuperación de iglesias en los pueblos de Castilla y León». Y la tercera, «incentivar la gestión de nuestros cascos históricos, incluyendo el desarrollo de un plan de mejora de la iluminación». O sea, que de todos los problemas y retos a los que se enfrenta el patrimonio histórico en Castilla y León estas son las prioridades: una generalidad que lo dice todo y, por tanto, no dice nada; un fondo para la restauración de iglesias, como si no se estuvieran restaurando ya y obviando que la responsabilidad del mantenimiento del patrimonio histórico recae en los propietarios. Quizá con la visita del papa a España y las varias collejas al ideario voxiano se les olvida implementar este punto. Y cierra la trilogía patrimonialista con algo tan acuciante como la iluminación y una referencia a incentivar la gestión de los cascos históricos sin concretar a qué gestión se refieren. No parece que estos puntos hayan sido redactados ni hayan contado con el asesoramiento de profesionales y expertos en patrimonio. El nivel de vaguedad de las propuestas es llamativo en un documento que se supone que debe guiar la gestión política durante cuatro años.

La segunda de las medidas que ilustran culturalmente este acuerdo dice «Apostar por la innovación tecnológica en el desarrollo de los proyectos culturales auspiciados por la Administración autonómica, con particular atención al uso de la inteligencia artificial en el ámbito de la cultura y el patrimonio». ¿Se referirán a que los proyectos culturales se van a redactar con IA? A cualquier profesional de la gestión cultural se le debe hacer complicado adivinar qué quieren decir exactamente con este punto. Da un poco de miedo pensar que se puedan referir al uso de la IA generativa para generar contenidos para la oferta cultural de la región. Volvemos a una vaguedad sorprendente que provoca, cuando menos, sospechas.

Seguimos con «Continuar reforzando las programaciones de los centros culturales de gestión autonómica en todas las provincias». Pues muy bien, pero ¿van a aumentar los presupuestos? ¿Van a reforzar las escuálidas plantillas? La frase del acuerdo la podría firmar cualquier partido del arco parlamentario, porque vuelve a decirlo todo para seguir diciendo nada.

«Seguir impulsando la modernización de los servicios que ofrecen los archivos, las bibliotecas y los museos de gestión autonómica». No me voy a repetir señalando lo mismo que en el párrafo anterior.

Cuando en el siguiente punto dicen «Potenciar la labor de fomento de los festivales y los grandes programas culturales de Castilla y León», vuelven a la vaguedad. Es como si dijeran «hoy también vamos a comer». Pues que aproveche.

El siguiente sí tiene más chicha: «Seguir impulsando la promoción de Castilla y León para el aprendizaje del español». Entiendo que se referirán a estudiantes extranjeros que van a la comunidad a aprender español. Lo que no sé es si sabrán que habrá algunos «MENA» (menores extranjeros no acompañados) entre estos estudiantes. Entiendo que estos «menas» no les resultarán molestos. Aunque la duda real que me surge, más allá de la broma, es por qué no habrán caído en que este punto debería estar en la Consejería de Educación y no aquí. Salvo que se refieran a algo distinto…

En el punto que sigue unen cultura y turismo (y religiosidad de nuevo): «Potenciar nuestros grandes recursos culturales y turísticos como Las Edades del Hombre, la Semana Santa o el Camino de Santiago», todos religiosos, al parecer. En Castilla y León no hay grandes recursos culturales que no sean religiosos…

A continuación, un clásico de los gobiernos y las declaraciones de Vox: «Apoyar la mejora de las plazas de toros rurales y la organización de novilladas con y sin caballos». No podía faltar una declaración sobre los toros. Al menos aquí dan detalles concretos.

El último punto es «Impulsar las programaciones culturales y la actividad de los museos y centros vinculados al español, cine, teatro, lectura y música». ¿Faltan dos puntos después de «español»? ¿No había nadie que les dijera que esto estaba desastrosamente redactado? Pero, más allá de la pésima redacción, volvemos a las generalidades vacías una vez más.

Existe un decimosegundo punto, pero no se puede considerar cultural: «Promocionar la caza y pesca como atractivo de nuestro turismo rural». Imagino que lo habrán colocado por lo de las tradiciones que en el título del capítulo han colado entre cultura y patrimonio.

Creo que no hace falta ser un profesional de la cultura para coincidir en que esta declaración de intenciones, este acuerdo de gobierno, es totalmente vacuo, que no dice apenas nada y lo que dice parece decirlo con la boca pequeña, como para no cogerse los dedos o para no molestar a no se sabe quién. No hay un atisbo de contenido mínimamente serio, la redacción es lastimosa y dejan fuera buena parte de las políticas culturales que actualmente se están ejecutando desde la comunidad castellana y leonesa. Pero, sobre todo, este texto es una falta de respeto a la ciudadanía. Por muy fiel seguidor de Vox que se sea, debe ser tremendamente molesto que no hayan contado con personas conocedoras de la realidad cultural de la región, que, al menos en el PP, las hay.

Una de las conclusiones que se pueden sacar del texto es que, más allá de soflamas sobre la mal llamada guerra cultural, la cultura no acapara ningún interés entre los valedores del acuerdo de gobierno. Solo si sirve para tirársela al contrincante político le ven utilidad a la cultura. Otra de las conclusiones es que quien sea que vaya a hacerse cargo de la nueva consejería, una y trina, tiene el campo abierto, no va a encontrar en este documento ni obligaciones reales ni limitaciones a la hora de implementar las políticas que considere oportuno. Y en este momento no está de más echar un vistazo al programa electoral con el que Vox se presentó a las pasadas elecciones. De entrada, hay que señalar que la sección castellana y leonesa del partido de Abascal se lo ha trabajado bastante más que la delegación andaluza, pues frente a las seis páginas que presentaron los andaluces en las elecciones del pasado mayo están las más de ciento setenta páginas de los castellanos y leoneses. En el programa que nos ocupa, la cultura no tiene un epígrafe propio y casi todas las medidas que podríamos encajar tienen al patrimonio como protagonista cuasi absoluto, lo que se refleja en el acuerdo de gobierno. En general, se limitan a señalar que cumplirán con la ley autonómica de patrimonio de 2024 y, en particular, señalan que pretenden declarar como BIC aquellos bienes que estén amenazados por la ley de memoria histórica. Se refieren, sin mencionarlos, a hitos y homenajes vinculados a la dictadura franquista. Señalan que implementarán medidas para luchar contra la leyenda negra y que trabajarán para defender la libertad del español. Aquí se refieren al idioma, no a un compatriota concreto. Referencias a la restauración de iglesias, fiestas populares, toros y poco más. Ni una palabra de museos, teatro, danza, cómic, literatura, etc. Con esta visión de lo que es la cultura difícilmente se puede diseñar una política cultural mínimamente real y efectiva. ¿Estos señores no van al cine, ni al teatro, ni a conciertos, ni a exposiciones? ¿No leen?

Como señalaba anteriormente, este acuerdo de gobierno, en lo que a la cultura se refiere, es un insulto a la ciudadanía castellana y leonesa. Una redacción pésima y unas propuestas vagas y generales que no dicen nada; en resumen, un vacío que viene a mostrar el nulo interés real del próximo gobierno de la comunidad por la cultura. Aunque quizá lo peor esté en lo que no se dice en el texto. ¿Mantendrán la independencia de los programadores de los teatros públicos de la comunidad? ¿Podrán los comisarios de exposiciones seleccionar artistas y temas libremente? ¿Se seguirán criterios técnicos a la hora de conceder subvenciones culturales? ¿Mantendrán las subvenciones culturales? ¿Eliminarán los entes públicos instrumentales o chiringuitos, como los llaman en el programa de Vox? ¿Qué harán con los trabajadores de estos entes? Sí, van a defender, al parecer, la libertad del español, pero ¿defenderán la libertad de los creadores y creadoras para poder expresarse sin injerencias políticas y partidistas?

Este nivel de desprecio por lo cultural contrasta, por parte de Vox, con la actitud de partidos hermanos, como es el caso del partido de la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, Fratelli d’Italia, que han hecho de las políticas culturales uno de sus caballos de batalla políticos, aunque les ha costado más de un disgusto por lo débil de sus propuestas y lo forzado de sus argumentos, englobados bajo el lema «Contrahegemonía».

Es una pena que la política cultural, hoy, en Castilla y León, quede reducida a una mala redacción de mal colegio y a unas propuestas vagas, excesivamente ideologizadas y alejadas por completo de la realidad del sector, del territorio y de las necesidades de la población, sin ningún atisbo de profesionalidad. Demuestra este pobre acuerdo la nula importancia que han querido darle a su literatura, a su cine, a sus cómics, a sus obras plásticas, a sus obras de teatro, a su danza, a sus creadores y a sus públicos. Una manera inmejorable de empobrecer su vida social.

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