
«Diamond» Dave Whitaker, poeta y conocido personaje de San Francisco, caminaba en círculos nerviosos en la entrada de la biblioteca, arrastrando una carcajada ronca y huidiza. Llevaba una boina roja de cuero tapando parte de las greñas mitad rubias, mitad blancas que caían, como sus setenta y siete años, sobre unos hombros inquietos. Su cuerpo pequeño y muy delgado se movía con una agilidad juvenil, sus piernas diminutas encogiéndose en unos vaqueros que habían sido negros.
Dentro de la biblioteca deambulaba Michael McClure, el famoso poeta beatnik, el amigo de Janis Joplin y de los Doors, el Pat McLear del Big Sur de Kerouac. Alto y esbelto, con su aire caballeresco, deslizaba sus ojos profundos por la gente ahí concentrada, ansiosa de protagonismo, en busca de alguien, de algo a quien reconocer. Llevaba una camisa azul de montaña, su cuello envuelto en un fular del mismo color. Su mirada era clara y joven, veloz, como lo fue su voz un rato después cuando empezó a hablar, sin titubeos, sin necesidad de estirar ni forzar sus ochenta y un años.
«Recordando a Richard Brautigan», rezaba un cartel del festival literario de San Francisco, LitQuake, un humilde homenaje en respuesta a los treinta años de ausencia del escritor y poeta que mejor representó al movimiento hippie. Los últimos supervivientes de la contracultura de los años sesenta, acompañados de un puñado de familiares y de fans, salieron de las esquinas para estar ahí presentes, en la Universidad de Berkeley, en este octubre cálido, venidos de quién sabe qué tugurios, qué bares, qué vida precaria sin pensión y sin salud pero llena de ideales. Se sentaron con una excitación que solo podían compartir entre ellos, con sus melenas y barbas blancas, sus ochenta años de alcohol y poesía resistiéndose al paso del tiempo y a admitir que de Brautigan ya solo quedaban unas pocas anécdotas, siempre las mismas, que desempolvaban de vez en cuando para contar a sus nietos.
Diamond Dave jaleó desde su asiento, y lo hizo cada vez que se escucharon grabaciones de vídeo de otros emblemas de la contracultura, antiguos amigos poetas de Brautigan que no pudieron asistir al evento por estar lejos, por viejos o por demasiado famosos, y que lo recordaron como se recuerda treinta años después, sin rencores ni cariños vivos; solo nostálgicos de una época. Peter Coyote, fundador del colectivo The Diggers; Tom McGuane y Jim Harrison, del círculo de Montana, con los que Brautigan compartió copas, cañas de pescar y pistolas en el rancho en el que vivió en sus últimos años; Billy Collins, la gente de City Lights, todos hablaron con los mismos ojos encendidos con los que el también poeta, premio Pulitzer, profesor y moderador de la noche, Robert Hass, encajó más tarde cada una de las palabras pronunciadas por McClure.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Desconocía a Mclure y a Brautigan, y qué decir que ha sido un descubrimiento ( bueno aún no porque no he leído nada) pero un pre-descubrimiento que me ha alegrado aún más el día. Saber algo más de la cutlura beatnik siempre es bueno.
Me ha gustado muchísimo también como escribes y el tono en el que está escrito este artículo así que enhorabuena y gracias.
Que tengas un buen día!!
Me ha gustado mucho el texto. Dicho eso, el título es extraordinario. Tenía que decirlo. Ya está.