Música

And now, the end is near

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Escondido entre las muchas observaciones y recomendaciones a través de las cuáles Baltasar Gracián tamiza cientos de aforismos en su tratado de 1647 Oráculo manual y arte de prudencia, se encuentra uno de esos consejos que la sensatez está obligada a aceptar sin objeción: “Hase de caminar por los espacios del tiempo al centro de la ocasión”. La oportunidad, la suerte o habilidad de estar en el lugar adecuado en el momento apropiado, es una de las mejores virtudes que el hombre puede atesorar. Ella es a menudo quien juzga la fortuna de nuestros actos. Quien decide entre históricos aciertos y fallos olvidados. Los siglos han registrado incontables ocasiones en las que la pertinencia de una decisión ha sido el fundamento de su éxito. En el caso de la que nos ocupa, la oportunidad indultó a una desconocida melodía francesa e hizo de ella la canción más radiada y versionada de la historia de la música. Casi nada.

Cuando el compositor Jacques Revaux le ofreció a su amigo Claude François la interpretación del tema en inglés For Me, este ya había sido rechazado por otros artistas como la italiana Dalida o el también francés Michel Sardou, e incluso aceptado por Hervé Vilard. La versión de este último no complacía del todo a Revaux, y François accedió a grabar la canción con la condición de que la letra estuviese en francés y versase sobre el deterioro sentimental al que conduce la rutinaria vida en pareja, sobre la artificiosidad de una relación entre dos personas cada vez más alejadas pero que continúan haciendo el amor “como de costumbre” —expresión que daría título a la canción—. Por fin, y después de algunos retoques de Gilles Thibaut —quien figuraría como letrista junto a François en los archivos de la sociedad francesa de autores—, se publicaba en 1968 el single Comme d’habitude, cosechando un éxito mucho menor del esperado. Tal vez el motivo fuese el pesimismo que se desprendía de la composición, o la sospecha de que François había aprovechado la canción para airear intimidades de su recién terminada relación con la cantante France Gall, pero lo cierto es que para un hombre acostumbrado a lograr cifras millonarias, las doscientas mil copias vendidas de Comme d’habitude supusieron un notable fracaso comercial.

Curiosamente, a pesar de no haber alcanzado las cotas habituales en las listas de ventas, la industria musical comenzó a interesarse por la canción de Claude François al otro lado del Canal de la Mancha. Un todavía desconocido David Bowie, que ni siquiera había publicado aún Space Oddity, fue el elegido para escribir la versión inglesa de Comme d’habitude. Con el título de Even a Fool Learns to Love y utilizando la misma base instrumental y melódica, Bowie describe cómo se viene abajo el mundo de un muchacho que se da cuenta de que la chica de la que está enamorado solo le presta atención cuando quiere que él la divierta con sus bromas. Está convencido de que la canción será un éxito en el Reino Unido y decide convertirla en el siguiente single que sacará al mercado. Eso, sin embargo, jamás ocurrirá.

Se dice que a la ocasión la pintan calva porque los romanos representaban a la diosa Ocasión completamente desnuda, con alas y sin cabello en la parte trasera de la cabeza, indicando así que las oportunidades no pueden ser agarradas y recuperadas una vez han pasado volando por delante de nosotros. Algo similar —en cuanto a aprovechar las oportunidades, no en cuanto a diosas en pelotas; o tal vez sí, vaya usted a saber— debió de de pensar Paul Anka cuando, estando de vacaciones en el sur de Francia en 1968, escuchó en el programa de televisión Téle Dimanche el Comme d’habitude de Claude François y decidió que tenía que comprar antes que nadie los derechos de la canción. “Pensé que era una mala grabación, pero había algo en ella”, comentó décadas más tarde. Voló inmediatamente a París y adquirió los derechos de autor de varios temas, entre los que se encontraba el que realmente le interesaba. Anka sabía que la ocasión era perfecta. La oportunidad, como ha demostrado el tiempo, estaba de su lado.

Un par de meses más tarde, cenando en Florida con Frank Sinatra, Anka escuchó cómo éste comentaba con un par de tipos de la Cosa Nostra que se retiraba, que estaba harto, que lo dejaba. Al poco tiempo, se percató de que la melodía de Comme d’habitude podría ser perfecta para una canción en la que el Sinatra más soberbio revisase con aprobación las líneas generales de su vida, y una noche en Nueva York, sentado a la una de la mañana frente a una máquina de escribir eléctrica, comenzó a escribir los primeros versos. Cuatro horas más tarde llamó a Sinatra, que se encontraba en el Caesars Palace de Las Vegas, y le dijo: “Tengo algo realmente especial para ti”. Había nacido My Way.

El 30 de diciembre de 1968, Frank Sinatra grababa el single que daría título a su nuevo álbum. Desde entonces, y según la compañía Warner/Chappell Music, gestora de sus derechos, se ha convertido en la canción que más veces ha sonado en la radio y de la que más versiones se han escrito en toda la historia. La versión oficial es que David Bowie, finalmente, había rechazado escribir la versión en inglés de Comme d’habitude por no haberle parecido una idea interesante desde el punto de vista artístico, pero es bastante probable que no le hiciese mucha gracia enterarse de que los franceses le habían vendido los derechos a Paul Anka cuando él ya había escrito incluso la letra de Even a Fool Learns to Love. Desde luego, algo de interés sí parecía tener el muchacho. De hecho, en los mentideros del mundillo musical siempre se ha comentado que Bowie decidió vengarse escribiendo —o intentando escribir— una canción aún mejor que My Way utilizando su misma secuencia de acordes, como ocurre en la estrofa de Life on Mars?. En los apuntes de Hunky Dory, el álbum en el que se encuentra, Bowie reconoce que está “inspirada por Frankie”. Quizá sea un homenaje sincero, quizá simple sarcasmo británico. En cualquier caso, la canción está muy lejos de ser una mera parodia de My Way, de Paul Anka o de Frank Sinatra. Al contrario, es una de las mejores composiciones de toda la discografía de David Bowie y quizá me esté quedando corto. Habrá quien considere mejor una que otra. Habrá quien prefiera a La Voz y habrá quien se quede con el Duque Blanco. Yo, si me lo permiten, me quedo con los dos.

Sería imposible cuantificar lo versionable que es en realidad My Way —y por extensión, Comme d’habitude. Determinar si resulta tan sencillo como parece adaptarla a cualquier estilo, garganta o carácter. En principio, no parece fácil que una canción diseñada para Frank Sinatra a modo de arrogante examen de conciencia pueda ser adoptada por cualquiera. Sin embargo, las innumerables transfiguraciones que ha sufrido My Way a lo largo de los años hasta convertirse prácticamente en un himno sin patria niegan inapelablemente tal dificultad. Con tintes otoñales similares a los que se apreciaban en la versión de Sinatra, la hicieron suya otros artistas de vida controvertida como Elvis Presley o Nina Simone. La displicencia de Sid Vicious, la teatralidad de Tom Jones, el sacrilegio de los Gipsy Kings o la solemnidad del propio Paul Anka también contribuyeron a dotar a My Way de ese halo de misticismo del que todavía goza en la actualidad. Julio Iglesias, Robbie Williams, Andrés Calamaro… Ha sido, ésa es la pena, la puta de demasiados.

Claude François no llegó a conocer ni una mínima parte de las formas que, a través de versiones de My Way, llegó a adoptar Comme d’habitude. Cloclo —varonil apodo por el que era conocido y que deben ustedes pronunciar colocando el acento en la segunda sílaba— era toda una estrella en Francia, y como toda celebridad que se precie, había sufrido varios intentos de asesinato. Murió electrocutado en 1978, sin embargo, cambiando una bombilla del baño con las manos mojadas. C’est la vie. La canción que había escrito junto a Jacques Revaux y Gilles Thibaut no había llamado la atención del público de la misma forma que lo habían hecho muchos otros de sus singles. Probablemente habría permanecido un par de semanas en las listas de ventas y habría desaparecido entre otros éxitos fugaces de finales de los años 60. La diosa Ocasión quiso encontrarse con Paul Anka de frente y éste fue lo suficientemente hábil como para asirla de sus cabellos y no dejarla escapar. Todavía hoy, My Way es la canción que ha permanecido más semanas en el Top 40 de las listas británicas, desde abril de 1969 hasta septiembre de 1971, lo cual jamás habría sucedido de no haber sido porque la oportunidad así lo quiso. Como de costumbre.

12 comentarios

  • Es fácil deducir -leyendo mi nick al revés y viendo mi avatar- que he disfrutado de esta lectura…
    En mundos paralelos (poniéndonos un puntito borgianos) ¿cuántas grandes canciones se han perdido porque el que debía no se fijó en ellas? Y en nuestro propio mundo, puede que lo enmendemos cada vez que recuperamos una de aquellas dormidas caras B…

  • Un gran clásico de los clásicos, al que le dediqué una entrada en mi blog, aunque yo en ella incluí una versión rumbita que le hizo el grupo sevillano Siempre Así en la segunda mitad de la década de los 90.
    http://runaway-on-the-road.blogspot.com.es/2010/03/mi-manera.html

  • Ameno y documentado artículo.
    La guitarrera versión de los Piratas les quedó bastante maja, aunque Ferreiro, en el vídeo de esa canción, se empeñe como nunca en ser Ian Curtis.

  • Magnífico… increíble la interrelación entre los más grandes de la música y situados en galaxias diferentes.
    Impresionada quedo.

  • Odio esta canción. No puedo evitarlo.

    Por otro lado, creo que al menos parte del secreto por el que ha sido tantas veces versionada es la letra, buenísima: he hecho lo que me ha dado la gana, y además, por mucho que me hayan criticado o por mal que lo pasase, lo hice a mi manera. Perfecta, redonda para cualquier estrella con más camino hecho del que queda por hacer. Y ya sé que eso no cuadra con todas las versiones descritas, pero no sé si he dicho que odio esta canción.

  • Curioso e interesante artículo sobre las oportunidades aprovechadas y perdidas, lo que pudo haber sido y no fue. Sin embargo, no me cuadran las fechas: se dice que Paul Anka estaba “de vacaciones en el sur de Francia en 1968″, que dos años más tarde cenó con Frank Sinatra y que éste grabó el single… en diciembre de 1968. Agradecería enormemente al autor que corrigiera este pequeño desajuste. En lo demás, felicidades sinceras por la excelente información proporcionada.

  • Cierto. Son meses, no años. No obstante, no descarto la posibilidad de que Anka o Sinatra viajasen en el tiempo.

  • I love that song! La tengo de melodía en el móvil (la he comprado ya dos veces en iTunes) y no me canso de ella. He hecho un stencil con la cara de Sinatra y el título de la canción, a ver cuando lo plasmo por ahí y le doy un efímero homenaje. Más artículos de este tipo serán bienvenidos :)

  • Falta en la lista de versiones una a mi entender genial, la de Nina Hagen.

    http://www.youtube.com/watch?v=Q22N1dSXiN0

  • Muy bueno

  • Buen artículo y buen tema, como casi siempre.

    Aunque ge de decirte que no hay datos exactos sobre cuál es la canción más versionada y reproducida en la radio, pero suele reconocérsele a Yesterday ese mérito. Revísalo en internet.

    Un saludo

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