Jot Down Cultural Magazine – In memoriam: Nick Curran

In memoriam: Nick Curran

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Se ha ido. Tenía treinta y cinco años; esa plaga llamada cáncer se lo ha llevado, aunque él se revolvió, peleó, estuvo a punto de vencer. Cuando el cáncer regresó, él siguió subiendo al escenario, continuó peleando… y al final, qué podemos decir, no lo ha conseguido.

De unos años a estar parte se ha puesto muy de moda lo de los tatuajes, los tupés, las pin-ups, los vinilos de los cincuenta y un purismo de kiosko que queda muy bien en la foto pero que produce mucho ruido y pocas nueces. Y entre todo ello, como suele pasar, están quienes se apuntan por pose —conozco unos cuantos, ustedes seguro que también— y están quienes han nacido y han crecido con ello, quienes lo llevan en la sangre. Nick Curran lo llevaba en la sangre. Un tipo que podía cantar casi como Little Richard (esto, amigos, ¡¡es uno de los mayores elogios que se le pueden hacer a un ser humano!!), que podía sonar a Fats Domino o a Johnny Guitar Watson, que destilaba a T-Bone Walker, Chuck Berry y Freddie King. No imitaba a los músicos de los cincuenta no; es que podría hacer pasar varias de sus grabaciones por discos de aquella época y solo un experto podría notar la diferencia. Un tipo que se ha ganado en sus breves treinta y cinco años de vida ese adjetivo que cada vez menos artistas merecen: era auténtico. Era verdadero.

Nacido en Maine, Curran creció amando el blues, el rock & roll; siendo casi un adolescente fue descubierto por algunos de los nombres más relevantes del rockabilly del momento, entre ellos los Cramps. Formó parte de las bandas de algunos otros pesos pesados de la escena, como Ronnie Dawson y Kim Lenz. Después se mudó a Texas, un lugar donde estaba destinado a moverse como pez en el agua, y donde empezó a meterse más en el blues, en el swing. Acompañó a Wayne Hancock. Formó parte de los Fabulous Thunderbirds, la banda en la que militó nada menos que Jimmie Vaughan (sí, el hermanísimo de Stevie Ray). Además, ya según sus propias directrices desarrolló una impecable carrera en solitario, ha tocado blues, jump-blues, swing… cualquier cosa que se ajustase a su voz perdida en el túnel del tiempo y a su guitarra de raíces. No era un “hipster”, ni un “poser”, ni un “cool hunter”, ni había ninguna palabra extraña de esas que tanto gustan en la prensa musical que pudiera definir lo que Nick Curran era. Porque era simple y llanamente un rockero, de los pies a la cabeza. Un rockero, ese término que a algunos tan poco les gusta, pero que define a ciertas personas que están enamoradas de un sonido y que nunca dejarán de estarlo. Nick Curran hacía música por amor, porque tocaba lo que sentía; hacía música con sabiduría, porque conocía a la perfección lo que tocaba. Nada de experimentos ni de “como las notas se parecen a este otro estilo, hoy voy a probar un poco”. No. Lo suyo no tenía nada de pastiche. Probablemente es el músico de las recientes generaciones que con mayor fidelidad ha revivido la música de tiempos pasados sin perder la fuerza y la agresividad propias de un artista joven (curiosamente, AC/DC también estaban entre sus artistas favoritos). Sin esforzarse en sonar demasiado pulcro. No por nada Nick Curran hubiese podido grabar discos enteros con un radiocassette de saldo y aún así habrían sonado de maravilla.

Su discografía, finalmente, va a ser breve: un álbum de debut con su nombre, experiencias como Deguello, tres discos acompañado por The Nitelifes, el último que grabó con otra banda de soporte, los Lowlifes, que se llama Reform School Girl, que es impresionante y que será, que ya es, aunque cueste creerlo, su última obra.

No lo hemos valorado lo suficiente. Cuando estaba ahí, lo dábamos por hecho. Y ahora nos invade una sensación extraña. Es como “sí, de acuerdo, se ha muerto, pero ¿cuándo vuelve a actuar en España? ¿Cuándo sale su próximo disco?”. Pero se da la triste casualidad de que nunca va a volver. Ya no está entre nosotros. Y no es la clase de artista que uno pueda sustituir y hacer como que no ha pasado nada; un Nick Curran es producto de toda una vida cultivándose a sí mismo, desarrollando sus gustos particulares, aplicando sus raros talentos, persiguiendo sus propios sueños y sobre todo poniéndole pasión, entrega, dedicación. Sangre, sudor y lágrimas. Fabricar otro Nick Curran es tan absurdamente imposible como fabricar otro John Fogerty u otro James Brown. Nunca hubiese llenado estadios, pero probablemente no le preocupaba. Amaba lo que hacía hasta el punto de ni siquiera importarle el ir a contracorriente, ni colgarse medallitas por ello. Él hacía lo que hacía y lo demás estaba de sobra; esa directa sencillez del artista en estado puro.

Era un grande. Poco importa si los medios hablan poco de él. Cualquiera que escuche su música y que tenga cierto criterio lo notará al instante. Él estaba ahí, en la zona de quienes están en contacto íntimo con la música que practican, de quienes hablan un idioma materno, sin acentos ni balbuceos. Un “original”, por más que no hubiese inventado nada y que hubiese nacido varias décadas tarde. Era un maestro.

Y ahora que nos damos cuenta de que nunca más podremos verlo con su guitarra colgando, es cuando empezamos a sentir el dolor de no haberlo aprovechado lo suficiente. Es un momento triste. El mundo no dispone de tantos músicos así como para pederlos tan jóvenes. Nick, como todos nosotros, solo ha vivido una vez. Nunca pisará otro escenario. Y tratar de asimilar esa idea, amigos lectores, no resulta nada divertido.

Goodbye, Nick.

 

8 comentarios

  1. Lo mejor que he podido leer sobre la muerte de Nick.
    Gracias .

  2. Mi amigo Óscar me lo puso en el coche el invierno pasado y mientras abría cada vez más los oídos y los ojos intentaba asimilar que fuese un disco reciente y por tanto no gritado por Little Richard. Demoledor y refrescante! Siento su muerte, quedan los discos.

  3. Lo acababa de descubrir, un grande de verdad.
    No fun indeed.

  4. Joder, que palo!

    Hace tiempo que sabía de sus problemas y ayer precisamente pensaba “que será de este hombre?”…

    Su Reform School Girl es acojonante, y como último disco, una joya que me hace pensar hasta dónde habría llegado. Imposible saberlo.

    Hasta siempre Nick.

  5. Lástima, yo acababa de descubrirlo…del Reform school girl no se puede decir nada más que es una auténtica pasada, una vuelta al sonido rock añejo de un rock de verdad. Y en nuestros días! que gran perdida!!!

    Descanse caballero.

  6. La verdad es que no conocía al respetable,tan solo por la esquela del periódico pero al escuchar las canciones se ve que artículos como este están totalmente justificados. Peor me gustaría apuntar que ser hipster no es sinónimo de “lanzarse al vacío” como me parece que intenta dejar caer esta entrada. Más que nada porque sé lo que es (o creo tener una idea) de lo que es eso,sobre todo porque en ocasiones mi actitud vital (que no estética) quizá ha virado hacia esos derroteros. Los significados que le doy son bastante más negativos que el de ser innovador. Que este tío haya hecho muy buena música copiando el ABC casi literal de un sonido no significa que sea la única tabla de salvación de la música actual. Es más,me parece que todo lo que no sea música de “comida rápida” (incluso esta muy de vez en cuando está bien) vale. Y lo digo porque antes que con este chico me quedo con Wilco,Arcade Fire o con Black Keys. Mirando a las raíces pero buscando su propio camino.

    PD: el comentario de los tatus y la ropa me parece que queda un poco fuera de lugar mirando las fotografías adjuntadas pero bueno.

    Por lo demás,buen artículo,sobre todo para descubrir a alguien que probablemente haya pasado desapercibido para muchos (como servidor).

  7. Hola Emilio. Me he gustado mucho el artículo, gracias por dedicarle unas lineas a este gran músico.

    Totálmente de acuerdo con tu comentario sobre la moda tan extendida de las chicas ‘pin-ups’, el burlesque y los tatuajes ‘old-school’… muchas veces apesta a kilómetros, y esto lo dice un amante de esa cultura.

    Contestando a @fueradejuego diré que en mi humilde opinión Nick Curran hacía simple y llanamente lo que le daba la gana y le gustaba, y no creo que no buscara su propio camino. No lo veo inferior a esas bandas que citas, pero me parece muy bien que cada uno tenga sus gustos.

    Quién sabe si de seguir vivo no saltara a la fama por alguna canción incluida en cualquier película futura de Tarantino o cualquier otro… o no. No es siempre el artista el que decide o provoca estas cosas y Black Keys, por ejemplo, también tuvieron su época en que eran conocidos por cuatro gatos.

    Saludos

  8. Y yo que me entero hoy, me he quedado muy mal, que bajón, era un ídolo para mí. Como tú decías se daba por hecho que estaba y hoy que me pongo a informarme para saber si saca nuevo disco o si viene por aquí, me entero de esto, que mal. Gracias por el artículo, una pena que Nick no haya sido valorado como merece. Y además de esa jodida enfermedad, que mal lo habrá pasado joder

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