Las siete reglas para hacer gráficas excelentes - Jot Down Cultural Magazine

Las siete reglas para hacer gráficas excelentes

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En 1644 un cosmógrafo holandés a sueldo del imperio español dibujó el primer gráfico estadístico de la historia. El gráfico representaba la distancia entre Toledo y Roma según diferentes estimaciones de la época y venía a decir que discrepaban, que no sabíamos exactamente cómo de lejos quedaban las dos ciudades, y que quizás el punto medio era una buena aproximación. Aquel gráfico fundacional se conoce como La verdadera longitud por Mar y Tierra.

Unos trescientos años después los gráficos aparecen por todas partes. Los vemos a diario en la prensa, en televisión, en textos científicos, o en informes de organismo públicos y privados. Internet está lleno de ellos. Tenemos gráficos sobre desempleo, sobre resultados electorales, sobre el precio de la luz, o la evolución histórica de un género cinematográfico. Hasta el progreso del mundo puede comprimirse en unos trazos ordenados. Los ordenadores han conseguido que lo que fue una forma de expresión especializada hoy esté al alcance de cualquiera.

La longitud por tierra y mar.

La verdadera longitud por Mar y Tierra (Michael van Langren, 1644).

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Hacemos muchos gráficos… pero no se nos da bien. Hay que decirlo: nuestra sociedad engendra gráficos lamentables. Abundan los gráficos erróneos, descuidados, sin propósito o absurdamente decorados. ¿Por qué pasa esto? En realidad caben múltiples explicaciones. Cabe tener en cuenta, por ejemplo, que la visualización de datos es un híbrido entre narrativa, diseño y estadística, tres perfiles que no solían coincidir en la misma persona, de ahí que cueste aprender a hacerlos bien. A eso se suma lo que yo llamo el síndrome de la herramienta nueva: fascinados por aplicaciones que nos permitían hacer muchas cosas, las hemos hecho todas de golpe. Llenamos nuestros gráficos de colores, mezclamos lineas con columnas, y añadimos marcos, leyendas, lineas curvadas, y hasta efectos en tres dimensiones… ¿con qué razón? Solo porque se puede. Si vivieron el internet de los noventa sabrán de lo que hablo —recuerden aquellas webs terriblemente feas, repletas de gifs animados, letras fosforescentes, fondos de ladrillo y música MIDI—, pero afortunadamente fuimos capaces de transformar aquella internet kitsch en algo más simple y funcional.

Pues bien, esa misma transformación es la que necesitan nuestros gráficos. Tienen que ser más simples, claros, y funcionales. Deben servir un propósito y hacerlo bien. Estoy (muy) convencido de que necesitamos gráficos mejores y con este artículo pretendo ganarles a ustedes para esa causa.

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Un ejemplo.

Un ejemplo de que casi todo es graficable.

 

¿Qué es la visualización de datos?

Una gráfica es un medio (visual) para el flujo de información cuantitativa. Grosso modo, una gráfica es una forma de colocar números que se lleva bien con nuestros cerebros ancestrales, que como sabemos, están particularmente dotados para manejar imágenes.

Esto que sigue no «lo vemos» fácilmente:

Captura de pantalla 2014-02-19 a la(s) 22.20.31

Mientras que esto sí:

Captura de pantalla 2014-02-19 a la(s) 22.14.49

Además, si un gráfico es un medio, debería tener un fin. Los buenos gráficos tienen siempre un propósito claro y honesto: señalar relaciones, tendencias o patrones, explorar datos para descubrir cosas nuevas, hacer algo fácil de entender, ver una realidad desde ángulos diferentes, o conseguir que una idea sea memorable. Eso permite juzgar si un gráfico es bueno (consigue lo que se propone) o no lo es (falla en su propósito).

Para no alargarme, bastará decir que la visualización de datos es una forma de expresión, igual que pueden serlo el lenguaje matemático, la música, el dibujo, o la escritura. Como las matemáticas, la visualización está sujeta a algunas reglas estrictas. Como el diseño, la visualización debe atender a los caprichos de nuestra percepción y aceptar que existen cosas como la armonía o que los humanos percibimos mejor distancias que ángulos. Pero quizá la analogía más elocuente para pensar sobre gráficos consiste en pensar sobre escribir.

La mayoría por aquí coincidirá en que es posible escribir mal. Tampoco creo que nadie cuestione el valor de escribir bien. Aceptamos que no es correcto descuidar la ortografía, ser impreciso al escoger palabras, o armar frases kilométricas. Son prácticas que juzgamos ineficientes… y casi de mal gusto. Asumimos, más o menos, que si uno escribe con el propósito de comunicar información —que es lo habitual—, lo mejor será escribir simple y claro.

La excelencia al escribir podría enunciarse en pocas palabras:

La excelencia consiste en ideas complejas bien comunicadas, con claridad, precisión y eficiencia.

Podría… pero no es el caso, porque quien pronunció esta frase —Edward R. Tufte— no estaba pensando en escribir, sino en cómo hacer gráficos perfectos. Lo que ocurre es que la excelencia en un caso y en el otro se alcanza por caminos paralelos. Piénsenlo un momento: todo aquello que han leído, discutido o aprendido sobre cómo escribir sirve también para hacer gráficos.

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El libro que lo empezó todo

En la década de los sesenta John Tukey, un estadístico de Princeton, inventó la investigación en gráficos estadísticos. Sus trabajos canónicos sirvieron para demostrar que la visualización de datos era una labor intelectualmente respetable. Unos años más tarde, a sus esfuerzos se unió otro profesor de Princeton, y después de Yale, Edward R. Tufte. Los dos juntos impartieron un seminario de cuyas notas salió el libro que acabaría siendo el texto fundacional de la disciplina: The visual display of quantitative information.

Sin embargo, los principios del manuscrito no fueron fáciles. Tufte quería que el libro físico reflejase los principios que se describían en su interior. Tenía que ser amplio, con espacio para los gráficos, que debían aparecer en lugares precisos; y sus textos debían fluir en columnas estrechas, legibles, con la tipografía adecuada. Nada de esto gustó a la editorial y Tufte decidió editar el mismo su libro. Busco un garaje grande y un buen diseñador, Howard Gralla, y juntos diseñaron el libro página a página.

Tufte hizo el mejor y más elegante libro posible, sin comprometer nada… cosa que, no es de extrañar, le salió bastante cara. De hecho tuvo que pedir una segunda hipoteca sobre su casa. Se había endeudado para publicar un libro sobre un asunto oscuro que por entonces no importaba a nadie. Pero tuvo éxito. El libro se convirtió en el manifiesto de una disciplina que iba a ser cada vez más importante. Desde entonces se ha reeditado decenas de veces, siempre desde aquella pequeña editorial.

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Edware Tufte. Foto: Aaron Fulkerson (CC)

Edware Tufte. Foto: Aaron Fulkerson (CC)

 

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La excelencia según Tufte

Parte del éxito de The visual display… se debe a su carácter radical. Edward Tufte afirma en sus páginas qué es la excelencia («ideas complejas bien comunicadas») y cómo se alcanza («con claridad, precisión y eficiencia»). Incluso ofrece una lista de condiciones que un buen gráfico debería de satisfacer. Esas reglas, tomadas libremente, son las siguientes:

  • Ante todo, revela los datos.
  • Induce a pensar sobre la sustancia.
  • Anima a comparar unos datos con otros.
  • Evita distorsionar lo que dicen los datos: no miente.
  • Es denso en datos: mucha cifra, poco espacio, poca tinta.
  • Sirve un propósito claro: describir, explorar, tabular datos, etc.
  • Existe íntimamente integrado con el texto y las piezas que acompaña.

Si atienden esos consejos harán mejores gráficos.

Por supuesto las reglas de Tufte no fueron el final, sino el principio. Desde su publicación han sido discutidas, matizadas y rechazadas; además se han escrito muchos libros estupendos después, como los de Ben Fry, o los más recientes de Alberto Cairo y Nathan Yau. Al fin y al cabo se trata solo de buenas prácticas, patrones de diseño que tienden a funcionar, pero que nunca tienen validez absoluta.

Sin embargo, esa rigidez que aportaban las reglas fue muy útil en su momento. Primero, porque sirve de atajo para aquellos que no quieren divagar sobre visualización de datos pero sí quieren hacer gráficos mejores: Tufte leído por encima es algo parecido a un, «Visualization for dummies» —y que me perdone—. Pero codificar la disciplina en base a reglas trajo otro beneficio aún mayor: las reglas sirvieron para declarar que existía tal cosa como buenos y malos gráficos. Si la visualización de datos estaba sometida a reglas estrictas, eso demostraba que su diseño no era arbitrario, ni cuestión de gusto, sino que era un ejercicio riguroso.

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Quizás el mejor gráfico de la historia: Las bajas de Napoleón en su campaña hacia Rusia de 1812-1813. (Charles Joseph Minard, 1869).

Para mucho el mejor gráfico de la historia: Las bajas de Napoleón en su campaña hacia Rusia de 1812-1813. (CH Minard, 1869).

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En este punto la analogía con la escritura vuelve a sernos útil. Si recuerdan, Orwell enunció unas reglas para la escritura clara y honesta: «nunca escriba una palabra larga donde una corta funciona; si es posible eliminar una palabra, elimínela siempre…» y así hasta seis. Pero entonces añadió una séptima regla que nos animaba romper cualquiera de las anteriores llegada la ocasión. Es la misma advertencia con la que Edward Tufte acaba su libro:

Design is choice. […] The principles should not be applied rigidly or in a peevish spirit; they are not logically or mathematically certain; and it is better to violate any principle than to place graceless or inelegant marks on paper.

En definitiva, el mérito de Tufte no fue enunciar unas reglas imperfectas, sino dejar claro que la visualización de datos era una labor sofisticada y un reto intelectual. Por eso no podemos dejar que una pieza de software haga nuestros gráficos, porque la tareas exige una inteligencia y una sensibilidad que de momento es ajena a las máquinas.

Pero para nosotros las personas hacer gráficos mejores no es difícil. Basta cuidarlos, como se cuida un texto o la formulación de un problema. Cuando dibujen un gráfico piensen si revela los datos que hay detrás. Nunca mientan. Huyan de la decoración y elijan la sustancia. Faciliten las comparaciones. Usen textos para guiar y dar contexto. Apaguen lo que no importa. Usen grises. Y hagan caso a Orwell: si algo puede eliminarse, elimínelo.

Dibujen gráficos como se escribe; honesto, preciso y claro.

Y recuerden: el mejor gráfico es un objeto bello y memorable que revela algo complejo.

Foto de portada: Kevin Dooley (CC)

14 comentarios

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  2. Soy ilustradora científica y estoy totalmente de acuerdo con este artículo. Cada día veo gráficos mediocres que no me dicen nada. Y cuando digo gráficos digo gráficos de datos, diagramas, ilustraciones, etc. ¿Por qué no los cuidamos como cuidamos los textos, si la ciencia se describe con ambos? De momento lo desconozco, pero intento entenderlo para ponerle remedio.

  3. Sobre visualización de datos, en este caso para Analítica web, esta conferencia de Pere Rovira es muy interesante:

    http://vimeo.com/66361150

  4. Muy interesante artículo! La visualización de datos es y será cada vez más una disciplina fundamental en nuestra sociedad, dada la relevancia de los datos y su comprensión en la sociedad de la información.

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  12. Me ha pareceido un análisis muy bueno. Pienso que cada vez es más importante presentar los datos de forma atractiva. Llega mucho más y mejor un gráfico que una tabla, porque el gráfico se percibe de un golpe de vista y la tabla hay que analizarla antes de hacerse a la idea de los datos que ofrece.

  13. Excelente articulo,los gráficos como las imágenes dicen mas que mil palabras y se puede aprovechar su uso para entregar datos de calidad.
    gracias por compartir.

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