Jot Down Cultural Magazine – Joffrey es Alfonso XIII (y otras teorías poco descabelladas sobre Juego de Tronos)

Joffrey es Alfonso XIII (y otras teorías poco descabelladas sobre Juego de Tronos)

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George R. R. Martin, autor de Juego de Tronos. Fotografía: Adrian Long (CC).

Atención, que vamos a jugar al Quién es quién.

Es joven, es mujer y es la benjamina de una gran familia real.

¿No? Le daremos tres pistas más.

Una, que su estirpe gobernó durante siglos el reino más extenso del mundo. Dos, que los enemigos de la misma asesinaron a su padre, el monarca, y a su heredero varón, y que también la reina y sus hermanos mayores fueron masacrados. Y tres, que ella sobrevivió milagrosamente al baño de sangre, ocultando su identidad y abandonando el país, y que reapareció ante los ojos del mundo cuando era adulta.

¿De qué personaje se trata?

Si es usted seguidor de Juego de Tronos lo tendrá claro: es Daenerys Targaryen, khaleesi consorte y única hija superviviente del rey Aerys II, el último Targaryen que se sentó en el Trono de Hierro. Y si nos relajamos con la literalidad de los detalles, incluso podría tratarse de Arya Stark.

Pero si no sigue usted Juego de Tronos lo tendrá claro también: estamos hablando de Anastasia Romanov, la hija menor del último zar ruso, que sobrevivió a la matanza de su familia y reapareció en su madurez reclamando para sí el título de única y verdadera zarina. Al menos, en la versión romántica de la historia.

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Anastasia Romanov  (DP / Library of the Congress) y Emilia Clarke como Daenerys Targaryen (HBO / Canal +).

Y las dos respuestas son correctas, que es algo muy sano que ocurre de vez en cuando. Aunque la gran inspiración Juego de Tronos es la Guerra de las Dos Rosas —que enfrentó en el siglo XV a las casas Lancaster y York, trasuntos respectivamente de los Lannister y los Stark, por el trono de Inglaterra—, lo cierto es que los azares trazados por George R. R. Martin en su Canción de hielo y fuego incorporan muchos otros referentes reales más allá del conflicto. Y reales en las dos acepciones del adjetivo, porque se inspiran en hechos que ocurrieron en realidad y porque lo hicieron en el seno de las familias reales europeas.

¿Sabemos cuáles son? A veces sí, porque Martin las confiesa con cuentagotas y porque también cuela pequeñas pistas de vez en cuando. En otras ocasiones son los hechos de la ficción los que evidencian su deuda clara con un referente real, como el Muro de Adriano respecto al Muro del Norte, la Cena Negra de la que fueron víctimas los Douglas de Escocia con la Boda Roja en la que se asesinó a varios Stark, el histórico enfrentamiento entre las casas Percy y Neville de Inglaterra con el de los Stark y los Lannister o el matrimonio de Enrique VI y Margarita de Anjou, considerado con frecuencia el modelo que sigue el de Robert Baratheon y Cersei Lannister. Por citar solo algunas de las deudas más evidentes.

En una gran mayoría de ocasiones, sin embargo, los personajes y giros de Juego de Tronos resuenan en la historia real solo genéricamente, lo que no significa que menos sino que de forma menos evidente. La remezcla, en palabras del propio Martin, no es «enormemente original» pero sí resulta en algo singular, que es lo que el autor pone de relieve. «En Canción de Hielo y Fuego cojo material de la Guerra de las Rosas y otras cosas de fantasía», aseguraba en una entrevista publicada hace solo unos días, «y todo ello da vueltas en mi cabeza para cuajar de algún modo lo que, espero, entonces ya es propio y único».

Hasta qué punto son conscientes estas incorporaciones solo él lo sabe, pero siempre es divertido especular, que es precisamente lo que vamos a hacer hoy. Si le turba la idea de que las tramas de Juegos de Tronos pecan de hiperbólicas y poco realistas, le proponemos un breviario de referentes con algunas hipótesis nada descabelladas sobre qué pudo pasar por la cabecita de Martin para parir semejante culebrón de traiciones, matanzas y perversiones. Verá que la realidad, como se dice en estos casos, supera ampliamente a la ficción.

(A partir de aquí incurriremos en algún SPOILER y nos referiremos a las tramas televisivas, cuyos detalles pueden diferir de la versión literaria, y solo hasta el punto al que ha avanzado la serie)

Amantes bandidos en la Edad Media

Empezando por la idea que más le rechina seguramente al espectador contemporáneo, la de que los monarcas medievales podían practicar discretamente la homosexualidad. Si cree que es una licencia, se equivoca.

En Juego de Tronos es Renly Baratheon, monarca autoproclamado de los Siete Reinos, quien mantiene una relación en estas condiciones con Loras Tyrell, delfín de una casa noble afín a la propia, y lo hace caballero de su guardia personal. El affaire se trata con sutileza en las novelas originales y de forma explícita en la televisión, pero no debe tomarse como algo extemporáneo. De hecho, tiene un precedente claro en la prolongada relación que mantuvieron desde su juventud Eduardo II de Inglaterra, primero príncipe y después rey, y Piers Gaveston, caballero guerrero y más tarde primer conde de Cornualles. O que pudieron mantener, por cumplir con la prudencia. Fue a finales del siglo XIII y principios del XIV, un siglo y medio antes de la Guerra de las Dos Rosas.

Las crónicas de la época no refieren expresamente su condición de amantes, lógicamente, pero sí una interminable sucesión de pormenores que mueven a pocas dudas, entre otros la constante compañía física que se hicieron los hombres y los inauditos honores con los que el rey honró a su favorito, empezando por títulos y fortuna y acabando por la mismísima regencia de Inglaterra. No nos pararemos a repasarlos, porque están más que repasados, aunque sí reseñaremos dos paralelismos reveladores con la historia de amor de Renly y Loras.

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Eduardo II y su favorito, una pintura de Marcus Stone en 1872 (DP) y Gethin Anthony y Finn Jones como Renly y Loras (HBO / Canal +).

El primero, su famosa huida juntos de Newcastle cuando los Lancaster atacaron la ciudad en 1312, del mismo modo que los de la ficción huyeron juntos de Desembarco del Rey cuando los Lannister se hicieron definitivamente con el control de la corona. Y el segundo, los también recordados festejos en los que la estrecha relación de uno y otro se hicieron evidentes: el torneo de la Mano en Juego de Tronos y los que siguieron a la coronación de la esposa de Eduardo II en la realidad, en los que Gaveston apareció vestido con los colores reales y Eduardo soliviantó a la nobleza y a su nueva familia política no prestándole atención a la reina, sino a él. Entre otros detalles reveladores —como él éxito de Gaveston en las justas, similar al de Loras en la ficción— está el de que la fiesta se desarrolló en un enclave histórico, hoy un pequeño municipio inglés, cuyo nombre suena a cualquiera que lea o vea Juego de Tronos en su idioma original: Kings Langley. Martin no ha admitido ni desmentido la inspiración en ese famoso enclave para bautizar Desembarco del Rey  —Kings Landing, en inglés—, pero he aquí una pista: el año pasado, la HBO trasladó al municipio un pequeño acto promocional en el que el pueblo cambió oficialmente su nombre durante una semana por el de la capital de los Siete Reinos.

Caprichos de un rey niño

¿Qué respondería si decimos que el perverso rey niño Joffrey Baratheon podría inspirarse de pasada en Alfonso XIII? Que estamos locos, seguramente, y buscándole los tres pies al gato. Hace poco el propio autor confesó que la sonada Boda Púrpura en la que murió se inspira «un poco» en el asesinato de Eustaquio IV de Blois, hijo —aunque adulto—de Esteban de Inglaterra, y en la Edad Media inglesa existieron varios reyes niños que podemos asimilar con Joffrey. El más célebre de todos, Enrique III, guarda los suficientes paralelismos con el personaje como para darnos por satisfechos. Gobernó en el siglo XIII, ascendió al trono con solo nueve años y lo hizo en el contexto de la primera guerra de los Barones, un enfrentamiento entre casas nobles en el que su padre murió de disentería. En los manuales de historia se suele reseñar su fuerte espiritualidad, su mal gobierno y su inclinación al derroche. Fue el abuelo de Eduardo II, por cierto, de quien hablábamos unas líneas más arriba.

Pero, ¿de dónde viene el rey niño caprichoso, sádico y cruel que ha movido nuestra inquina durante varios libros y más de tres temporadas televisivas? George R. R. Martin es estadounidense y en la historia de su país tiene mucha más presencia otro monarca niño, seguramente porque lo fue en la última gran guerra que Estados Unidos libró contra un reino europeo en la era colonial: la hispanoamericana de 1898. Aunque la regencia de España residía en su madre María Cristina y el gobierno del país en Práxedes Mateo Sagasta, el rey coronado desde el mismo día de su nacimiento era Alfonso XIII, una situación percibida con perplejidad en la política republicana al otro lado del Atlántico. La propaganda bélica se cebó con la figura del joven rey, retratado como un niño lastrado por numerosos males, entre ellos la «crueldad», el «antagonismo de la civilización», los «métodos del siglo XVI» y verse acompañado por una «aristocracia corrupta».

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Dos viñetas políticas de Udo J. Keppler para Puck Magazine de 1898 (DP / Library of the Congress).

Y los paralelismos no acaban ahí. De hecho, empiezan con la propia vida de sus padres y la de los padres del joven rey de Westeros, Cersei Lannister y Robert Baratheon. Como hace el rey Robert en la ficción de Martin, el rey Alfonso XII era un mujeriego impenitente que se entregaba al adulterio de forma poco menos que indisimulada, hasta el punto de que dejó varios hijos bastardos, como Robert, y se suele considerar que la reina consorte vivió su muerte con alivio, como Cersei. Declarada María Cristina regente a su muerte como Cersei lo fue tras la de Robert, su mismo hijo Alfonso acabó heredando las inclinaciones poco puritanas del padre, como hizo Joffrey. Si el de la ficción acabó asaetando una mujer como parte de un juego sexual, Alfonso XIII tiene el honor de figurar en la historia de España no solo como uno de sus reyes, sino como el gran impulsor del género de la pornografía cinematográfica. Y un último paralelismo, aunque no en la figura del hijo sino del padre: como Joffrey, algunos sostienen que Alfonso XII tampoco era hijo del reyFrancisco de Asís, del que se dice con frecuencia que era homosexual— sino de la reina y su amante.

Todo queda en familia (I)

Con esto llegamos a ese punto tan oscuro de Juego de Tronos, el del incesto, y a la relación entre Cersei y Jaime Lannister, amantes y hermanos mellizos. Oscuro, al menos, si obviamos el punto de vista que exponía hace poco en una entrevista Nikolaj Coster-Waldau, que interpreta a Jaime: «Si te paras a pensarlo te das cuenta de que, en la serie, más o menos todas las relaciones lo son por motivos políticos, son matrimonios concertados. ¡Oh, no, espera! Hay una que se fundamenta en verdadero amor: la de Jaime y Cersei».

Antes que ellos los Targaryen, la familia real de los Siete Reinos, se casaron durante generaciones entre hermanos para mantener, en principio, la pureza de su sangre. Nos lo recordaba la propia reina Cersei en una escena emblemática de la primera temporada, aquella en la que se entrevistaba con Ned Stark para añadir que «cuando juegas el juego de tronos ganas o mueres; no hay término medio». A nadie se le escapa que, de haber ocurrido en la realidad, el ejemplo de la reina para justificar su conducta habrían sido los antiguos faraones egipcios, particularmente los de la dinastía ptolemaica.

Como los Targaryen, los Ptolomeos eran un linaje extranjero procedente del mundo clásico en la era de su decadencia —del heleno en la realidad, de la antigua Valyria en Juego de Tronos— que se hizo con el trono mediante la conquista; como los Targaryen, comenzaron después a casarse entre hermanos para mantener a la familia en el poder; y como los Targaryen, fueron finalmente desalojados del trono por sus antiguos socios políticos. Aunque en ambos casos la razón formal fue otra, la verdadera causa política es quizá la misma que Cersei anuncia aquella escena: «cuando juegas el juego de tronos ganas o mueres; no hay término medio». Los Ptolomeos y los Targaryen se casaban entre ellos. No jugaban al juego de tronos.

Todo queda en familia (II)

Esto, en lo que concierne a los Targaryen. Si la historia de Cersei y Jaime tiene un precedente claro, sin embargo, ese es el de Lucrecia y César Borgia, hijos de Alejandro VI a los que el exmarido de ella acusó de incesto. Como a la propia Cersei, también a Lucrecia su padre le concertó varios matrimonios de conveniencia para afianzar su poder territorial, primero con Milán mediante Giovanni Sforza, después con Salerno mediante el príncipe Alfonso de Aragón y con la antigua Ferrara mediante el matrimonio Alfonso d’Este. De nuevo no insistiremos en su historia, que está muy contada ya, pero sí señalaremos el paralelismo estructural de los últimos grandes Borgia con la historia de los Lannister de Juego de Tronos.

Lucrecia Borgia como Santa Catalina en un fresco de Pinturicchio de 1492 (DP) y Lena Headey como Cersei Lannister (HBO / Canal +).

Como Rodrigo Borgia al ascender al papado como Alejandro VI, Tywin Lannister se convierte en Mano del Rey gracias a la posición en la que sitúa a sus hijos; como los hijos de Alejandro VI, Lucrecia y César, también los de Tywin, Cersei y Jaime, son acusados de incesto y algunos les atribuyen un hijo juntos, Juan Borgia en la realidad, Joffrey en la ficción; y como le ocurre en la ficción con Tyrion Lannister, también ambos cuentan con un hermano pequeño, Jofré Borgia, rechazado y humillado por su padre —llegó a encerrarlo en el castillo de Sant’Angelo— que cuenta con la amistad de uno de sus hermanos, en la serie Jaime, en la realidad Lucrecia. Y si le hacen falta más detalles, le añadimos dos: todo esto fue durante las guerras italianas —que empezaron en el sur de Europa en 1494, solo diez años después del final de las de las Dos Rosas— y la coincidencia resiste la prueba del algodón —fonético—: pruebe a pronunciar en inglés «César» y «Cersei».

Una Severa en Desembarco del Rey

¿En qué lugar deja eso a los Tyrell de Altojardín y a su fulgurante matrona, la poderosa Olenna Tyrell, de soltera Redwyne? En uno complicado, pese a que parece el más sencillo de rastrear. Los Tyrrell —con dos erres— eran una poderosa familia inglesa en la época de las Dos Rosas cuyo miembro más recordado, James Tyrrell, sirvió a Ricardo III, el último York en el trono antes de la dinastía Tudor. Pero, ¿son los Tyrrell los Tyrell? No. Pese al nombre, los de Juego de Tronos tienen más que ver con la propia familia Tudor y, sobre todo, mantienen su paralelismo más evidente con un linaje de emperadores romanos: los Severos.

Particularmente cuando se trata de Olenna y de una de las más grandes matronas a la sombra que ha conocido la historia, Julia Maesa. Natural de Siria y solo una visitante ocasional en Roma —como Olenna es natural del sur y solo visita la capital—, fue cuñada, tía y abuela de cinco emperadores romanos, varios de los cuales consiguió ella misma entronar y destronar hasta conseguir que se dé por cierto que entre los Severos, ellos ocupaban los cargos y ellas —Julia Maesa, su hermana Julia Domma y sus hijas, Julia Mamea y Julia Soemia— eran quienes detentaban realmente el poder. Y es concretamente una historia, la del joven emperador Heliogábalo, la que revela los paralelismos más evidentes entre ambas estirpes nobles.

Posiblemente Julia Maesa (Giovanni Dall’Orto, CC) y Diana Rigg como Olenna Tyrell (HBO / Canal +).

Como Julia Maesa fue abuela de Heliogábalo, un joven transexual —a veces considerado el primero del que se tiene noticia en la historia—, Olenna Redwyne tiene un nieto homosexual, Loras; como Julia Maesa sitúa a su nieto en el trono cuando es solo un adolescente, Olenna casa a su nieta con el rey adolescente de Juego de Tronos; como ocurrió con el emperador Heliogábalo, Joffrey se revela pronto como un monarca enajenado y su breve reinado está marcado por la crueldad y los escándalos sexuales; como Olenna hace con Joffrey, Julia Maesa encarga el asesinato de Heliogábalo y lo hace para que el trono recaiga en su hermano pequeño; como el hermano de Heliogábalo, Alejandro Severo, el joven Tommen Baratheon resulta ser un monarca más dócil y templado. Y todo esto ocurre en el marco de la imposición de una nueva religión monoteísta en Roma, la de El-Gabal, que pretende desterrar el politeísmo con el patrocinio de la propia familia real.

Ingredientes de una mala malísima

Religión, sí, porque no nos íbamos a ir sin hablar de Melisandre. Junto a Varys y Meñique, la sacerdotisa roja se integra en el reducido conjunto de personajes a los que no ata el parentesco con las familias nobles, y que por lo tanto resultan más complicados de rastrear. ¿Es Melisandre Ana Bolena, la mujer por la que Enrique VIII abandonó a Catalina de Aragón para que le diera heredero varón y de la que escuchó el mensaje reformista religioso? ¿Es acaso Rasputín, el enigmático monje y místico que consiguió embaucar a la familia Romanov, al que se acusó de controlar a la zarina y de llevar la desviación y la extravagancia sexual a la corte rusa? ¿O es Torquemada, el fraile que sembró su poder confesando a la reina Isabel la Católica, creador del Tribunal de la Inquisición e inquisidor general poco después de que la institución quemase vivas en Sevilla a sus primeras seis víctimas? Melisandre es todos y seguramente alguno más, como descubriremos conforme avance la historia de Juego de Tronos. En la historia de los reyes ha habido muchos favoritos y no pocos han conquistado la posición en el púlpito y la cama, cuando no en las dos a la vez.

Algo similar, pero al revés, ocurre con la figura de Ana Bolena, la Carmen San Diego de Juego de Tronos: todo el mundo la busca, todo el mundo da con pistas de su presencia y, sin embargo, nadie la acaba de encontrar. Aunque muchos la ven en Melisandre y en Cersei —quizá más por su marido Robert, en muchos aspectos una versión Enrique VIII, y porque también acabó siendo acusada de incesto—, lo cierto es que es Margaery Tyrell quien recuerda más a esta figura capital de la historia inglesa.

Ana Bolena c. 1533-1536 en un retrato anónimo (DP) y Natalie Dormer como Margaery Tyrell (HBO / Canal +).

Lo primero por lo más evidente, que es que la actriz que la interpreta, Natalie Dormer, dio vida a Bolena en la ficción de Showtime Los Tudor. Pero, sobre todo, por su papel en el triángulo que acabó componiendo junto al rey Joffrey y la que iba a ser su esposa por matrimonio de convenciencia, Sansa Stark, muy similar al de Bolena con Enrique VIII y su primera mujer, Catalina de Aragón. Como Ana Bolena, Margaery es una noble de menor alcurnia que Sansa, que juega en este supuesto el papel de Catalina de Aragón. Como Ana Bolena, Margaery hizo a su familia medrar y ganar influencia en la corte gracias a su relación con el rey. Como ella, Margaery implicó a su hermano en los asuntos cortesanos —Loras en la ficción, Jorge Bolena en la realidad— y sostuvo la amistad de Sansa, al igual que la original hizo con Catalina. Y, por supuesto, Margaery acabó desplazando a Sansa para casarse con el rey, como Ana Bolena hizo con la hija de los Reyes Católicos. Si los paralelismos no resultasen convicentes, anótese al menos la pijada: Catalina de Aragón era tataranieta de Juan de Gante y emparentaba lejanamente con los York.

Y hasta aquí el repaso, con tres casos de incesto real, tres reyes homosexuales y al menos dos matanzas reales. Y esto dejándonos en el tintero a los Príncipes de la Torre, a los Greyjoy y la revisión de lo que ocurre en Dorne, que también tiene tela. Lo decíamos al principio y al final creemos estar en posición de poder repetirlo: si Juego de Tronos peca de exagerada no lo hace con el culebrón, sino con el asunto de los dragones y el de los señores esos tan blancos y malhumorados que aparecen de vez cuando. La realidad, y para muestra un botón, supera ampliamente a la ficción.

26 comentarios

  1. Dios mío, te felicito porque te dé la cabeza para trazar semejantes paralelismos. Yo ya ni me acuerdo de lo que acabo de leer…

  2. Yo me llamo Ralph.

  3. Un apunte: Margaery Tyrell no es una noble menor comparada con Sansa Stark. Ambas son las hijas mayores de sendos señores de los Siete Reinos. El reino del Norte es muchísimo más grande que Altojardín, pero en población y riqueza todos los reinos del sur, salvo Dorne, superan al norte.

    • Pero los Stark son una casa mucho más antigua, con más de siete mil años, antiguos reyes del norte, incluso. Los Tyrell fueron elevados por los Targaryen, a los que siempre fueron leales; antes de las conquistas de Aegon el Conquistador, trescientos años atrás, los Tyrell eran unos segundones, vasallos de los reyes del Dominio, los Gardener.
      Lo cierto es que los Tyrell son muy ricos, pero su alcurnia es menor que la de los Stark de Invernalia.

  4. A mí Daenerys me recuerda bastante más a Cleopatra: en su dinastía se permitía el matrimonio entre hermanos (como a los Targaryen), la desterraron al desierto, reclamó de nuevo el trono de Egipto reuniendo un ejército, tuvo un hijo con un general extranjero que terminó siendo asesinado (Julio Cesar) y después el emperador (Octavio) la buscaba para asesinarla… Está clarísimo :D

  5. La idea no es plagiada pero…

    Sean Bean y toda la panda del lobo de la 1ª temporada de la serie son una suerte de soberanistas haciendo el juego de que otros agitan el árbol (¡Que viene el Invierno! ¡Que viene el Invierno!) y ellos recogen las nueces, amenazando con la escisión cuando sus privilegios se ven tocados, etcétera.

    Los Catalanister, que están forrados y exhiben su avaricia con orgullo, dan el golpe de Estado y derrocan al legítimo Rey con malas artes chungas, rompiendo Ejjjh… Poniente.

    Y dado que el final evidente de la euskosublevación de los norteños es ser aplastada y los Catalanisters no van a correr mejor suerte, creo que las metafora histórica es evidente. La Khalesi esa que cruza el estrecho, reparte mamporros y cierra los pirineos a los muertos vivientes franceses no puede ser otra que Doña Carmen Polo de Franco. Y si alguien tiene alguna duda, anotar que la Khalesi llega a su Reino a lomos de un dragon. Que Dragon diran ustedes? El Dragon Rapide, por supuesto.

    • Yo pienso lo mismo. El norte es el país vasco y cantabria, desembarco del rey y los lannister son los catalanes y valencianos, dorne es al-andalus y los stark una amalgama. si kaleshi invade poniente con sus dragones y sus gitanos no es otra cosa que la invasión de España por hordas por ejemplo la invasión de los árabes o en la propia guerra civil española. Pero lo que pienso realmente que es todo, o quién creo quién o quiénes se corresponden con kaleshi lo voy a omitir. Otra cosa: “se acerca el invierno”, una frase muy rara para norteños.

  6. Arreglad el enlace a la wiki de Juego de Tronos, se os ha escapado un + en la URL.

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  8. Y yo tengo un Tio en carabanchel. En serio, y?

  9. Yo creo que Cersei en realidad es reflejo de Belén Esteban, gran admirada del señor Martin. En serio, ¿de dónde has sacado todo esto? XD

    Ah, primera vez que oigo que Catalina de Aragón y Ana Bolena se llevaran bien. Pero que no lo haya oído no significa que no sea, la verdad es que no lo sé… Me parece raro…

  10. Me hace gracia ver esta sarta de comentarios estúpidos a un artículo tan currado. Gente como ustedes quitan las ganas de escribir.

  11. ¡Excelente artículo! Muy currando y bien escrito, y con un montón de buenas ideas para investigar. ¡Gracias!

  12. Está bien la idea de relacionarlo, de algún sitio u otro los escritores se inspiran, pero documentate un poco mejor porque hay comparaciones… que no se pueden hacer de manera tan sensacionalista.

  13. A mi Tyrion me recuerda barbaridades al Emperador Claudio. De hecho, viendo “Yo, Claudio” encuentras mil similitudes

  14. Aparte de seguir a Caviedes en Twitter, cuando hace éstas cosas me hago aun más fan. No se cuantas horas habrá estado trazando paralelismos, pero el rato que me ha hecho pasar a mi leyéndolo ha sido genial.

    Enhorabuena

  15. Que Jofreey Baratheon esta inpirado en Caligula es inpepinable, hasta se parecen y todo.

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  19. “A nadie se le escapa que, de haber ocurrido en la realidad, el ejemplo de la reina para justificar su conducta habrían sido los antiguos faraones egipcios, particularmente los de la dinastía ptolemaica.”

    Claro, porque todos conocemos al dedillo la historia egipcia…

  20. Telenovela del medioevo para gordos y chachis pirulis.
    ¡Venga ya, hombre! Sobrevalorada al nivel de Star Wars.

  21. Los libros son una pasada y la serie es la mejor p… serie de toda la historia.
    Y no soy ni gorda ni chachi pirulí ni me gusta Star Wars.
    Y si lo fuera qué?
    Si no te gusta vale. Lo demás sobra

  22. Yo creo que los Lannister están, en parte, basados en los Austrias. Joffrey a mí siempre me recordó al hijo de Felipe II prematuramente muerto, el príncipe Carlos de Austria, conocido por su demencia y sadismo. Incluso hay un retrato en que se les nota el parecido físico. Por otra parte Tywin Lannister recuerda claramente a Carlos V. Las hombreras con forma de león de la armadura de Tywin son calcadas a las que luce Carlos V en la escultura de Leoni “Carlos V y el furor”. Y la banda cruzada carmesí que emplea Tywin en las batallas, también la luce Carlos V en el cuadro de Tiziano que lo representa en la batalla de Mülhberg.

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