Miguel Fluxà: «Si solucionas el problema de la educación, solucionas la mitad de todos los problemas»

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Está en un pequeño polígono industrial a las afueras de Inca, en Mallorca, y se diría que hasta el rojo de su logotipo parece aquí menos furioso. Si no fuera por el cartel nadie adivinaría que esta nave industrial acoge en su interior la sede de Camper, una de las compañías zapateras más conocidas del mundo. Solo dentro los colores corporativos y un enrevesado laberinto de talleres, almacenes, estudios y oficinas revelan, además de la metáfora, la magnitud de lo que acontece en este pequeño enclave en el corazón de las Baleares: aquí se concibe, diseña y prototipa su célebre calzado, que acabará vendido en tiendas de todo el mundo. Allí nos encontramos con Miguel Fluxà (Mallorca, 1975), que nació el mismo año en el que su padre fundó la compañía y que el que viene, por tanto, cumplirá las cuatro décadas. Pasó por empresas como Arthur Andersen y Credit Suisse, se incorporó a Camper en 2003 y asumió el timón en 2012, cuando su padre dio un paso atrás «aunque siga viniendo cada día», apunta él. Junto a sus hermanos y primos, respectivos delfines de los imperios Lotusse e Iberostar, Miguel es, en Camper, el último relevo de uno de los clanes empresariales más veteranos del país, y también uno de los más exitosos. Con él hablamos de Camper y de zapatos, de los arcanos de la victoria empresarial y de portar un apellido, como el suyo, que lleva cerca de siglo y medio siendo sinónimo de éxito.

En primer lugar tenemos que aclarar, para que no haya equívocos, que te llamas igual que tu tío Miguel Fluxà, histórico presidente de Viajes Iberia y fundador de Iberostar.

Tradiciones familiares. En Mallorca, e imagino que en otros sitios ocurre igual, existe la tradición de ponerle a tu hijo mayor el nombre de tu padre, aunque yo no la haya seguido con mis hijos. Mi padre Lorenzo, mi abuelo Lorenzo… Demasiados Lorenzos ya en la familia.

Y, sin embargo, la historia de todos estos Lorenzos empezó con un Antoni, tu bisabuelo, y aquel viaje suyo al Reino Unido a finales del siglo XIX.

Sí. Mi bisabuelo era un señor de aquí que un buen día, sin que nadie sepa muy bien cómo ni por qué, se fue a Inglaterra sin un duro y sin hablar inglés y volvió al cabo de dos años con la maquinaria para montar la primera fábrica de calzado mecanizado de España.

Era lo que hoy llamaríamos un «emprendedor».

Un emprendedor espectacular, en efecto [ríe]. En aquella época, en Mallorca apenas existía una estructura industrial, que fue algo a lo que se pasó casi sin transición. No hubo una revolución industrial como la que pudo haber en Cataluña, por ejemplo. La economía era agrícola y había zapatos y poco más. Sin embargo, la industria zapatera prosperó y a principios de los años veinte había casi doscientas fábricas de calzado en la isla, que se asentó como un entorno de fabricación de zapato de calidad. Es precisamente por donde empezó mi bisabuelo, con una técnica que denominamos «de doble cosido». Algo recio, tipo el Church’s inglés.

Curiosamente, hoy Camper reivindica más la tradición del zapato mallorquín y por ahí ha venido el éxito internacional.

«Camper» significa «campesino» en mallorquín y eso ya dice mucho de la filosofía de la empresa. El primer modelo que hizo Camper fue el Camaleón, inspirado precisamente en el calzado que utilizaban los campesinos de aquí, que por cierto aún se puede ver de vez en cuando. Se hacía con sobrantes de pieles, con suelas de neumático y con restos de lonas. Era un zapato reciclado a partir de la necesidad, no de la abundancia, como ocurre hoy día. 

Aquel primer Camaleón incorporaba una serie de valores y connotaciones que han acabado condicionando el devenir de la marca y de la empresa. Evocaba el Mediterráneo, el campo, el medio ambiente y a la vez era un calzado de calidad, pero muy casual y de confort. Son valores que, además de tener un desarrollo en la marca, siguen siendo actuales hoy en día.

¿A qué os dedicáis aquí, en Inca?

A todo salvo la producción. Cuando nació Camper en 1975 ya lo hizo sin fábrica. Nació como comercializadora, como taller, hacía el diseño… Todo menos la producción, que se contrató primero en la propia Mallorca, después en Marruecos y actualmente en Asia.

Miguel Fluxà para Jot Down 1

Lo de descentralizar la producción es algo más común hoy, pero en 1975 no dejaba de ser rompedor. ¿Dirías que ha tenido que ver con el temprano éxito de la casa?

Sí. Supuso adelantarse a eso que, como dices, han acabado haciendo prácticamente todas las grandes empresas posteriormente. Aporta la ventaja de poder concentrarse en la creación del calzado y de poder dedicarle más tiempo y reflexión a todo el proceso, desde el diseño en el taller hasta la selección de tejidos. Y luego haces la producción allí donde se hace mejor, intentando siempre trabajar con las mejores empresas que encuentres en lugar de con una propia, como se hacía antiguamente. Si mi abuelo lo hubiese visto, le habría dado un shock [ríe].

También tengo entendido que funcionáis de forma singular en la distribución internacional, con tiendas propias en Europa y franquicias en Asia.

En Europa y Estados Unidos funcionamos con tiendas propias, que operamos directamente con personal propio, y también en tiendas multimarca. En Asia, sin embargo, funcionamos a través de joint ventures y mediante un modelo con el que el distribuidor opera la marca y la imagen, pero a través de sus tiendas, de sus locales. Para el consumidor no supone una diferencia, porque es el mismo producto en tiendas similares a las de Europa, pero el modelo de negocio es distinto. En Asia, los que operan el mercado son nuestros socios.

¿En qué mercado asiático funcionáis mejor?

Resulta muy especial el caso de Japón. Nosotros abrimos las primeras tiendas en París, Londres y Milán en 1992, pero Japón fue el primer gran mercado en el que la marca triunfó fuera de España a partir de 1995.

Fue el año de las célebres Pelotas, ¿verdad?

Sí, pero lo que conquistó en Japón no fueron las Pelotas. Fue otro modelo clásico que se llama Brothers, de 1992. Las Pelotas sí funcionaron de forma bestial en Italia, por ejemplo, que por cierto es otro país con el que tenemos una relación más especial. Italia es un gran referente zapatero para España y allí cosechamos también parte del primer reconocimiento que tuvo la marca a nivel mundial.

¿Cómo una casa de zapatos acaba abriendo un hotel o dos, en este caso?

De una manera muy sencilla. Cuando nos planteamos diversificar entendimos que había que hacerlo de algún modo distinto al del resto de marcas, que no había que ir por un camino demasiado recorrido, y se nos ocurrió lo de los hoteles. Abrimos Casa Camper en Barcelona en 2004 y en Berlín en 2009. Lógicamente van asociados a la marca y contribuyen positivamente a su promoción, no cabe duda, aunque también hemos tenido siempre claro que debían ser potentes por sí mismos, que tenían que resultar rentables y funcionar bien. Y a día de hoy estamos muy satisfechos con ambos aspectos. Hacen que la marca de zapatos revista cierta diferenciación pero también cosechan buenas críticas entre los usuarios.

Camper tiene a gala fabricar zapatos buenos. ¿No temes que la recesión económica, más asentada y profunda de lo que todos creímos inicialmente, acabe haciendo mella en la calidad?

No mucho. Nosotros reposamos sobre dos pilares: la calidad y la diferenciación del producto. Sería un error competir con el precio porque no sabemos hacer productos de menos calidad. Los materiales con los que trabajamos y las fábricas con las que producimos son las que son y para abaratar tendríamos que cambiar eso a peor. Estamos convencidos de que si hacemos productos de calidad y los hacemos bien, las cosas irán bien.

Mientras tanto, ¿echas de menos medidas oficiales para incentivar el consumo en el sector textil y del calzado, como sí ocurre en áreas como la del automóvil?

No. A veces echas más en falta el cariño institucional o simplemente que no te molesten. Casi preferiría que no pusieran trabas antes que una subvención. Yo creo firmemente en el mercado y pienso que quien no es capaz de resultar competitivo quizá debería dedicarse a otra cosa, incluso cuando la situación económica es la que es. En todo caso, también la crisis se convierte en un pretexto. Sea el del automóvil o sea el sector que sea, siempre aparece un discurso que justifica la subvención, cuando en realidad es algo que está justificado en muy pocas ocasiones.

¿Por ejemplo?

En casos culturales, pero de nuevo con mucha prudencia. Habría que examinar quién tiene la capacidad de decidir qué es cultura y qué no, y no creo que los políticos puedan siquiera hacer eso debidamente. Vivimos en una sociedad en la que parece que el Estado te tiene que sacar de todos los problemas. Mucha parte de la bonanza de los años pasados vino ligada al sector público, con grandes obras públicas detrás de las cuales hay siempre empresarios amigos de los políticos, con las cajas de ahorros y en fin, con todo eso que ya conocemos. Para mí eso no es ser empresario, la verdad. Es ser otra cosa.

Hablando de ser empresario, ¿no te llama la afiliación? Porque no se te conoce ningún acercamiento público a la asociación patronal.

No, para nada. Siempre he querido ser independiente desde ese punto de vista. La independencia es un valor muy importante…

Que solo se pierde una vez.

Que solo se pierde una vez, efectivamente. De nuevo es algo quizá arraigado familiarmente, porque ni a mi padre ni a mis tíos ni a mis hermanos o a mis primos les interesa demasiado integrarse en este tipo de asuntos. Si te digo la verdad, son cosas que prefiero mantener a cierta distancia.

Miguel Fluxà para Jot Down 2

Estarás al corriente de los escándalos de corrupción que han estallado recientemente en todas partes, también en las patronales y sindicatos de todo el país. Que urge el cambio es algo obvio, pero te quiero preguntar por su posibilidad. ¿Eres optimista?

Tanto como optimista no sabría decirte [ríe], pero sí creo necesario un cambio. También me pregunto a veces si en nuestro país son necesarias asociaciones así, patronales y sindicatos, al menos como las que conocemos hoy. Es una pregunta, ¿eh? No tengo la respuesta. Y es un tema que me pilla muy lejos. Aunque de vez en cuando resulta evidente que hay mucha gente por ahí justificando viajes, comidas y sueldos sin que se sepa muy bien a quién representan en realidad, si es que representan algo. No estoy seguro de que hoy los trabajadores se sientan representados por los sindicatos ni de que las empresas se sientan representadas por las patronales.

¿Crees que en España sigue pendiente el debate real sobre el protagonismo de lo público en la economía? Porque la tesis oficial sería que es un dilema resuelto o que resolverán con el tiempo las reformas ya emprendidas por el Gobierno.

Hombre, son temas en los que es fácil opinar y difícil profundizar. Sí pienso, en todo caso, que el Estado debe garantizar las necesidades elementales de la ciudadanía: educación, sanidad, cultura, seguridad, ese tipo de cosas. Pero poco más. No meterse en temas donde no debería estar. Si se trata de grandes debates, creo que tenemos sobre la mesa uno mucho más importante, que es el de la educación. Vivimos demasiado tranquilos apareciendo siempre los últimos en todos los informes sobre educación, y ocurre así desde hace muchos años. Y sin educación no hay cultura, no hay investigación, no hay progreso, no hay nada. No es tanto un tema ideológico, porque a fin de cuentas los dos grandes partidos han hecho lo mismo al pasar por el Gobierno, sino de convicción. Y de ser consciente de que la inversión en educación es a largo plazo. Los resultados no son de hoy para mañana, ni cuestión de cinco años. Creo que nos falta esa cultura y que nos falta solucionar el problema de la educación. Si solucionas el problema de la educación, soluciones la mitad de todos nuestros problemas.

Seguramente no te gustará oírlo a ti, que eres empresario y mallorquín, pero a mí, que no soy de aquí y entiendo poco de negocios, me dicen hoy «Baleares», «política» y «empresas» y la asociación de ideas que hago es con el chanchulleo. Por supuesto es un tópico injusto y simplista, por más escándalos de corrupción que se hayan visto en la región.

Es muy triste, sí. Y muy vergonzoso. Si esta gente es la que te representa, es para sentir vergüenza. En todo caso tampoco creo que aquí haya habido más mangoneo que en cualquier otro lugar de España. Estamos hablando de una zona rica, en la que se mueve gente poderosa y todo eso, pero no pienso que en el fondo sea muy diferente. Yo no me doy por aludido. En esta empresa, tanto mi padre como yo mismo siempre nos hemos querido concentrar en nuestros asuntos y ver todo esto desde la distancia.

Y curiosamente eso parece constituir noticia. Hace un par de años, cuando comenzó la instrucción del juicio por el caso Nóos, se publicó en varios diarios que Camper se había negado expresamente a colaborar e involucrarse con el instituto que dirigía Iñaki Urdangarin.

Soy el primero al que esto le llamó la atención, porque es algo puramente anecdótico.

¿Pero tan mal estamos como para que el no fraude constituya noticia?

Si esto es noticia, debe ser. Insisto: nosotros mismos tampoco le dimos demasiada importancia ni quisimos comentar más allá, porque es que tampoco había mucho más que comentar. Estoy contigo en que no es una noticia.

Tampoco se la disteis poco después, cuando el apellido Fluxà apareció mencionado en los famosos correos del exsocio de Iñaki Urdangarin, Diego Torres, y el hecho se publicó de nuevo en los diarios.

No, y por las mismas razones: es algo anecdótico. Si hay algo que comentar se comenta, pero cuando no hay nada es que tampoco sabría muy bien qué decir [ríe].

El interés por el apellido tampoco es nuevo, y me estoy refiriendo ahora a la prensa de sociedad. ¿Cómo lleváis lo de convertirse en el foco de atención?

Con mucha normalidad, no te creas que tenemos una vida fuera de lo común. Yo llevo a mis hijos al colegio cada día, luego vengo a trabajar, me voy a las ocho o las nueve… Todo muy normal. Al final lo único a lo que presto atención es el prestigio que tiene Camper en el extranjero y especialmente en determinados ambientes, como el de la moda, el empresarial, la arquitectura, etcétera. Y si ese prestigio va unido a la figura de mi padre o a la propia familia es algo que me llena de orgullo, claro.

Miguel Fluxà para Jot Down 3

Te pregunto precisamente por tu familia. El otro gran sector con el que se asocia el apellido Fluxà es el del turismo, en particular porque tu abuelo fundó Viajes Iberia. Tu tío Miguel, a su vez, se hizo cargo de la agencia en 1956 y la integró en un gran conglomerado vertical con la creación de la cadena de hoteles Iberostar, la línea aérea Iberworld y el touroperador Iberojet. ¿Tiene algo que ver el tirón familiar con la apertura de las Casas Camper?

Hombre, personalmente me tira pero casi diría que no. Como te digo, la gestión de las tres empresas está separada, es algo que tenemos claro aunque seamos la misma familia. Si Camper apuesta por su Casa Camper en Barcelona y por la de Berlín es porque el de los viajes, el turismo y el hospedaje es también un negocio bonito. Y a fin de cuentas, le imprimimos la misma filosofía que a nuestros zapatos.

Tu tío Miguel se deshizo de todas las empresas en 2006 para conservar solo los hoteles Iberostar. ¿Cómo se lleva que algunas de las grandes compañías asociadas históricamente a vuestro apellido, particularmente Viajes Iberia, entrasen en aquella deriva tan sonada a partir de su venta en 2006 y que hayan acabado como lo han hecho?

Pues hombre, mal. Sobre todo mi tío, que lógicamente es quien más lo sufrió y quien tiene una conexión emocional más fuerte con ello, como él mismo ha dicho públicamente. Mal, se vive mal porque es muy triste. Que algo tan bien gestionado durante tantos años acabe como acabó es una pena.

En las crónicas económicas se suele reseñar la reinversión como uno de los gestos empresariales más característico de los Fluxà. ¿Te reconoces en ese rasgo?

Sí. En esta empresa solemos reinvertir prácticamente todo. Aunque como marca seamos modernos, o pretendamos serlo, como empresa familiar somos más bien tradicionales. Valoramos no tener deudas, gozar de estabilidad financiera y poder cuidar así el entorno de trabajo y el lugar en el que estás, que a fin de cuentas es del que somos. Es algo que suena a tópico, que a todo el mundo le gusta decir aunque luego no se practique, pero te aseguro que en nuestro caso es así. Aquí hay gente cuyo padre ya trabajaba con mi abuelo, para que te hagas una idea. Eso es algo de mucho valor que surge cuidando la empresa a largo plazo, y eso solo se consigue reinvirtiendo.

Otro de los rasgos empresariales es el reparto accionarial que han mantenido siempre tu padre y tus dos tíos en Camper, Lotusse e Iberostar, respectivamente. Está pensado, si no me equivoco, para no salir a bolsa y conservar la esencia familiar en la propiedad de cada una de las empresas.

Sí. Es algo que viene de atrás, de mi abuelo. Decidió mantener el accionariado compartido para que sus tres hijos trabajasen en las distintas empresas juntos, pero a la vez separados, y creo que eso ha tenido mucho que ver con la prosperidad de las distintas marcas a largo plazo.

Tú mismo, tus hermanos y tus primos sois ya cuarta generación. ¿Prevés cambios en este sentido?

Bueno, lo de cuarta generación es algo curioso. Somos cuarta generación, pero solo si piensas en mi bisabuelo y en dónde empezó todo. Accionarialmente somos tercera y a nivel empresarial somos segunda, porque Camper, por ejemplo, lo fundó mi padre. Es una mezcla un poco curiosa pero funciona bien, porque tenemos la suerte de ser una familia bien avenida y todos nos llevamos bien. En todo caso tenemos lo de la empresa familiar muy arraigado y la cosa funciona, así que no veo la necesidad de cambiarlo.

Me adelanto una generación, entonces, y te hago la pregunta que siempre se hace a los toreros. ¿Confías en que tus hijos sigan tus pasos y en que haya una quinta generación?

Hombre, habrá que establecer unas bases nuevas que funcionen para ellos y todo eso, así que con el tiempo ya se verá. De momento, existir, existe. Ya hay una quinta generación. Otra cosa es que esa quinta generación quiera continuar con el negocio.

Miguel Fluxà para Jot Down 4

Fotografía: Alberto Vera

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21 comentarios

  1. La entrevista me ha gustado, como todas las que hacéis, pero desafortunadamente la empresa Camper me produce un sentimiento agridulce. Dulce porque me encantan sus zapatos, he tenido no menos de 5 pares de zapatos de la marca y todos fueron comodísimos y duraderos, pero he dejado de comprarlos desde que movieron su producción de Menorca a Asia. Recuerdo que cuando trasladaron la producción a Marruecos ya no me gustó, pero desde que se hacen en Asia sencillamente no los compro. No estoy dispuesto a pagar un precio “premium” por un producto hecho por gente que cobra poco y no vive muy bien, sólo por ahorrar unos pocos euros. Y no soy el único, tengo un amigo que devolvió un par de zapatos de la marca en cuanto supo donde estaban hechos. Entiendo que es lo habitual en estos tiempos, pero si nuestras mejores empresas ya no invierten en España, no se cómo queremos reflotar la economía.

    • Que raro! A mi los asiáticos me caen muy bien aunque no tengan tanto dinero como los occidentales.

      • Valhue

        Precisamente porque caen bien es por lo que no hay derecho a que haya empresas que engorden su cuenta de beneficios a costa de vender al mismo precio, pero pagar una miseria a sus empleados que trabajan como los chinos que son.

        • Es que lo que para ti es una miseria, para un chino puede ser un buen sueldo. En los últimos 30 años, 400 millones de chinos han salido de la pobreza, en gran parte gracias a la inversión extranjera.

          De todas formas, no te equivoques: la ventaja competitiva de los chinos no son sus salarios (muy altos comparados con Vietnam o Bangladesh), sino la presencia de un tejido industrial competitivo que en España nos hemos cargado en nuestra adoración del ladrillo y el turismo cutre.

    • Lolosz

      No son unos euros. Son muchos euros, sobre todo en proporción, de diferencia de coste. Lo que vale de unos Camper no es la fabricación, es el diseño y en eso invierten una pasta. El valor añadido está en Inca en los equipos de diseño, marketing, distribución, etc. Y nos guste o no, los chinos no sólo fabrican barato, sino mejor.

  2. Beau Brummell

    Pues yo he intentado desde hace muchos años comprar algo en Camper y he tenido siempre que desistir porque no me gusta sentirme como un “clown” en lo que a calzado se refiere.

  3. La bruja averiada

    ¡Viva el mal!, ¡viva el capital!, ¡subiré el precio del pan! Lo mío es……….¡La deslocalización!

  4. viruela

    valen lo que cuestan si por costar, entendemos que cuestan lo que te dan… el titular, cicatero en ese fifty fifty… no señor, la educación lo es casi todo si queremos que nuestros tataranietos (ni nosotros ni nuestros hijos), disfruten otra realidad que la presente (mis felicitaciones por su anómala realidad, señor Fluxá)

  5. Ardilla

    A mi me ha parecido también una entrevista estupenda, pero coincido con Diego en que no puedo evitar leerla con algo de predisposición negativa por la deslocalización. En cualquier caso creo que es un ejemplo de empresa familiar que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos siendo competitiva.

  6. Pingback: Si solucionas el problema de la educación, solucionas la mitad de todos los problemas

  7. 30Rock

    Es la primera vez que leo algo de este señor y es muy sensato todo lo que dice.

  8. Jaunzuria

    Algún día no muy lejano los libros de Historia se preguntarán con incredulidad cómo pudo ser que Europa se arruinase a sí misma permitiendo a sus empresas transferir toda su ventaja competitiva, su tecnología, su industria a terceros países… sucediendo todo ello muy tranquilamente, con amables explicaciones como las de este señor (muy sensato por otra parte), y no para beneficio de sus consumidores en forma de bajos precios sino simplemente para que 4 empresarios se embolsasen unos margenes escandalosamente salvajes.

  9. Es curioso, el año pasado me compré mi primer par de zapatos “serios”, y tras mucho buscar me decidí por unos Lotusse. El empujón definitivo para escogerlos me lo dio el zapatero al decirme que era el último par de la marca fabricado en Inca que tenía en stock, que todo lo nuevo venía de Marruecos.

  10. La educación lo es todo, dijo el empresario que se ha llevado toda su producción al sitio más barato posible…

    Queda por resolver de qué servirá la educación cuando todos tengamos títulos universitarios y no quede una puñetera empresa en este yermo desolado llamado España.

  11. Pues a mi me ha parecido una entrevista un pelín desaprovechada. Vais a ver al boss de Camper e insistís en preguntarle temas políticos cuando salta la vista que el tío no está interesado en el tema y tira pelotas fuera.

    No es que sea mala, pero habéis tenido mejores días

    • Fernando

      Opino igual, hacer mención al tema política/corrupción no está de más, pero si ya el propio entrevistador le dice que “fue noticia” que Camper se había negado expresamente a colaborar con Instituto Noos y demás… pues lo que dice Fluxa, es que no hay noticia, y en ese sentido es un punto a favor de la empresa. Sin duda la entrevista podría haber insistido más en la deslocalización de la producción y el empleo de mano de obra barata en Asia.

  12. Fernando

    A mí también me resulta inaceptable pagar 150 euros por unos zapatos fabricados en Asia, el precio no se justifica por ningún lado. Quieres mover la producción para abaratar costes? OK, pero vende barato al menos.

  13. ¿Por qué esta entrevista?, ¿porque los zapatos les molan a los de la redacción?, pero la cuestión del estilo no se ha tocado en la entrevista, a mi entender.

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