Gastronomía

Dos Palillos

dos palillos 13

(Rogamos a los puristas nos perdonen, pero los nombres de los platos están escritos tal y como nos los anunciaron; aún no dominamos las lenguas sino-tibetanas)

Entrar al «Dos palillos» es, cuanto menos, desconcertante. Te han dicho que es un restaurante «de los buenos», que el chef estuvo a las órdenes de Adrià y, cuando llegas a la dirección que te han dado, no ves más que un bar de tapas de los de toda la vida con una decoración que si ignoráramos que aquí hay puesto un dinero denominaríamos simplemente como «cañí». Si atraviesas el bar (resistiendo la tentación de pedir unas bravas, unos torreznos y un pincho de tortilla) ves, tras unas cortinas, el restaurante. Eso ya se parece más a lo que esperabas: una gran barra de madera semicircular, decoración moderna y, tras esa barra, gran cantidad de cocineros cortando pescado y vigilando cocciones. Más tarde, el propietario (Albert Raurich) te aclarará que, de hecho, el bar es tan nuevo como el restaurante (de abril de 2008), pero contaron con la ayuda de Fernando Amat (propietario de las tiendas Vinçon, especialista en objetos de decoración y diseño) para intentar recrear el típico bar, con sus palilleros, sus botellas viejas sobre la barra y sus banderines de equipos de fútbol. Y a fe que lo consiguieron: si nos atenemos a la decoración, a nadie extrañaría ver a Torrente tomándose allí un sol y sombra. En esa misma barra conversamos con Raurich, que nos habla de sus inicios profesionales con Ferran Adrià:

«Trabajar con una persona como Ferran, que imparte unos valores de trabajo, de exigencia, de profesionalidad y de honestidad tan fuertes, hace que quieras más a tu trabajo, que lo sientas y lo vivas. Uno de los principales motivos que me llevó a interesarme por la cocina asiática y abrir este restaurante fue trabajar en elBulli.  Ferran fue un visionario. Cuando hablamos del menú degustación, el tipo de ejecución de la comida de elBulli a nivel conceptual tiene unas similitudes bestiales con la comida tradicional japonesa, la comida kaiseki: una estructura de diferentes platitos con unas leyes muy marcadas. Esta similitud con la cocina japonesa es la cocina del Bulli, pero Ferran ni había ido jamás a Japón, ni había comido nunca en un japonés. Os hablo del año 92 o 93».

Albert nos informa del frenético ritmo de vida del chef moderno: un artista en busca de inspiración, o un pozo sin fondo que con la excusa de su oficio se dedica a errar por el mundo no con el fin de conocerse a sí mismo ni de encontrar el corazón de las tinieblas, sino el de ponerse las botas. Pero el chef, ahíto, no se detiene después a hacer la digestión y fumarse satisfecho un puro. Es un artista que desea transmitir sus experiencias.

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6 comentarios

  1. Juan Carlos Alonso

    Me ha encantado el articulo, y comparto totalmente la actitud y la forma de pensar de Albert , estoy viviendo en Berlín y en cuanto pueda voy a hacer una visita al Dos Palillos que tenemos en esta ciudad , para conocerlo y degustar tanta delicatesse , espero coincidir con Albert, y poder conocerlo en persona…

    un cordial saludo Juan Carlos

  2. Pingback: Dos Palillos

  3. Estuve en Barcelona hace unas semanas y un amigo mío me dijo que tenía que probar un menú degustación de supertapas delicatessen de este sitio, que tenía una estrella michelin, y que era francamente un festín gastronómico…Uffff….

    El sitio es cutrísimo por fuera, sólo pone BAR- de hecho yo pensé que era una broma cuando me dijo: «ya hemos llegado»- Hay dos partes : nada más entrar lo que es el bar con la barra y en la parte de dentro lo que es el restaurante en sí..Estaba tan lleno de gente que era casi imposible estar dentro. Un pasillo muy angosto con la barra a un lado llena de gente y al otro más gente de pie comiendo como podía. Decir cutre es quedarse corto, parece el típico bar de barrio de toda la vida de patatas bravas, café, carajillo y puro..Tiene hasta las cortinillas esas metálicas que son tan molestas porque por mucho que intentes abrirlas simétricamente siempre te acaban dando en la cara (o al de detrás..)

    En fin, tras esperar media hora de pie sin poder moverte un milímetro, porque iban con retraso y por supuesto sin poder pedir una bebida mientras tanto porque no daban abasto (tampoco hacían mucho caso) finalmente entras a la «zona del restaurante» Básicamente es una mesa cuadrada, con sillas altísimas e incomodísimas, alrededor de una zona central que es donde cocinan. (me hace gracia el vídeo de su página web, donde obvian lo muchísimo que han optimizado el espacio haciéndolo incómodo, a la par que íntimo,ya que se está pegadito pegadito al de al lado)

    Los cocineros estaban estresadillos, lo cual es comprensible en función de todas las bocas a la que tenían que dar de comer y las expectativas que hay puestas en este sitio, ahora bien, el halo de arrogancia que se palpa entre ellos para mi se traduce en otra incomodidad más a añadir a la lista..

    Van sacando las tapas a toda pastilla, para que se ingiera rápido y se minimize el tiempo de espera de los que todavía quedan por llegar. Ni se os ocurra preguntarles que te repitan qué es lo que te están dando (porque hacen caso omiso) y menos aún pedir un tenedor (si sóis torpones como yo con los paillos) porque se sienten incluso ofendidos.. (Finalmente conseguí agenciarme uno que posteriormente ofrecí amablemente a la persona de al lado que estaba desesperado por conseguir uno)

    No recuerdo bien qué menú pedimos,creo que el de dos palillos, huelga decir que teniéndo en cuenta que eran creo 80 euros por persona, había cosas muy apetecibles, (unos rollitos de pollo, verduras salteadas, los postres), otras no tanto,(anémonas, hígado de no recuerdo qué pescado) pero en ningún caso para tirar cohetes o resaltar su carácter innovador. No me enrollo en esta parte porque se puede ver los menús en su página web. Voy más a lo que no se ve allí..

    La pobre camarera no daba abasto con las bebidas..así que aconsejo pedir los vinos de dos en dos, porque si no no hay manera de comer y beber a la vez.

    El baño muy normal y sin papel higiénico.

    Conclusión: Sitio extremedamente caro para lo que realmente se sirve, con muy poca clase (como estudio sociológico es perfecto, la clientela es de lo más variopinto: desde una prostituta con un octogenario metiéndola mano, güiris, señoras con abrigos de piel ,gente que no daba crédito , como yo..), todo ello envuelto en ese halo de snobismo y arrogancia,que hace que en la vida recomendase este sitio a nadie, bueno, sí:
    Quien quiera gastarse 200 euros, estar de pie un buen rato, comer a toda prisa sin privacidad ninguna y sentirse incómodo..adelante!!

    Creo que no sólamente hay que cuidar la comida, hay que cuidar todos los aspectos descritos con anterioridad!

  4. Juan Pedro Rolando

    Olgi tiene más razón que un santo. Suscribo su comentario al 100%.

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