Arte y Letras Literatura

Siete enseñanzas tragicómicas legadas por David Foster Wallace

David Foster Wallace 21. David Foster Wallace nació en una familia de profesores universitarios (él de filosofía, ella de inglés) en Ithaca, Nueva York, en febrero de 1962. Tras una adolescencia entregada al tenis —tema presente en ensayos y ficciones—, se licenciaría summa cum laude en inglés y filosofía. A su suicidio en 2008 —habiendo publicado dos novelas, varios libros de ensayo y periodismo, y tres colecciones de relatos— ya se había convertido en el autor que cerraba la historia del siglo XX. Un siglo de literatura que comenzaría con la transgresión de los modernistas y la obsesión por romper con el siglo XIX. Un siglo para el cual la historia de la literatura acabaría convirtiéndose en la Historia de las formas de contar historias, en donde tanto críticos como autores parecieron especialmente interesados en el aspecto formal del relato. O en palabras del propio Wallace: «todas las Novelas Serias después de Joyce suelen ser valoradas y estudiadas principalmente por su grado de innovación formal». Aunque, en verdad, aquellos a los que conocemos como grandes maestros del siglo XX, ¿no se caracterizaban precisamente por su ruptura con el siglo anterior? Curiosamente, sobre los fantasmas de James Joyce, Samuel Beckett, Georges Perec, Gerturde Stein, Jorge Luis Borges, Virginia Woolf, Franz Kafka, Marcel Proust, Julio Cortázar, William Burroughs, Italo Calvino, John Maxwell Coetzee… siempre sobrevuela una idea más o menos vaga que gira en torno a la experimentación y ruptura. De modo que, independientemente de cómo lo queramos leer, hay que pensar en términos individuales. Fuera el canon.

2. La lectura de Wallace y la propia interpretación de sus escritos parecen impensables sin atender a ciertos elementos ajenos al texto que envuelven su ficción, como puedan ser el entorno editorial donde se inscribe, la biografía y la fatídica suerte del autor o la subjetividad que rige su literatura. DFW, de hecho, parecía consciente de la necesidad de reivindicar una crítica que no se atuviese sólo a criterios textualistas; él mismo llamaría «Falacia Afectiva» a «la evaluación de una obra de arte basándose en sus resultados, sobre todo en su efecto emocional». Algo que, junto a la «Falacia Intencional» (intentio auctoris, lo llamaría Umberto Eco; se refiere a que la interpretación que el autor da sobre su propia obra no tiene por qué ser la interpretación principal o verdadera), comprendería «las dos grandes prohibiciones de la crítica textual objetivista, y sobre todo de la Nueva Crítica». Wallace era extraordinariamente sensible. Fuera los críticos insensibles.

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23 comentarios

  1. Rafa Valdemar

    Muy interesante artículo.

    • UN BUEN, SI BIEN INCOMPLETO, ARTÍCULO. LOS QUE SENTÍAMOS POR ÉL UN PROFUNDO APRECIO (COMO EL PROPIO JONATHAN FRAZEN QUE LO CONSIDERABA SU MEJOR AMIGO) -SUFRIMOS UN DURO GOLPE AL SABER QUE SE HABÍA SUICIDADO AHORCÁNDOSE DE UN ÁRBOL EN EL PATIO TRASERO DE SU CASA)

      ¿QUÉ ENFERMEDAD MENTAL SUFRÍA? VAMOS, YA, TODOS SUFRIMOS ALGÚN DESEQUILIBRIO, SIN ELLO, ES MUCHO MÁS DIFÍCIL Y ARTIFICIAL CREAR PORQUE NO PROVIENE DEL IMPULSO, SINO DEL ARTIFICIO POR CUALQUIERA SEA LA MOTIVACIÓN, GENERALMENTE EL DINERO.

      PARA ENTENDER A FOSTER WALLACE ES NECESARIO LEER Y RECAPACITAR SOBRE SU OBRA-MAGNA «LA BROMA INFINITA», ES ÉL MISMO EL QUE CABALGA POR LAS PÁGINAS, JUGANDO AL TENIS, FUMANDO HIERBA, TOMANDO DROGAS QUE LE HACÍAN SENTIR TAL GRADO DE PARANOIA QUE INCLUSO APARCABA SU COCHE LEJOS DE SU CASA Y LA CERRABA A CAL Y CANTO PARA QUE NADIE SUPIERA QUE ESTABA DENTRO CUANDO SE TOMABA SUS PERIÓDICOS DESCANSOS SABÁTICOS PARA DEDICARSE A LA «EXPERIMENTACIÓN» (DE LA QUE FORMABAN PARTE LAS DROGAS BLANDAS A LA VEZ QUE SU INNATO INGENIO)

      SE FUE (PODRÍA HABERLO HECHO DE OTRA MANERA), PERO SU ESPÍRITU SIEMPRE SE SINTIÓ INCOFORTABLE EN EL MUNDO FÍSICO, EN LA REALIDAD COMPARTIDA, EN EL CONFORMISMO.

      FOSTER WALLACE ERA ASÍ, HABÍA QUE PENETRAR EN SU OBRA PARA ENCONTRARLO A ÉL, A LA VEZ, SUJETO Y NARRADOR DE SU PROPO MUNDO.

  2. Ay, ojalá hubiera descubierto a DFW antes de suicidarse, y no hace cosa de un año, porque he leído sus libros (me gusta más su ensayo que su ficción) condicionado por saber que era un enfermo mental que sufría. Y esa relación con la enfermedad mental y el sufrimiento psíquico está tan presente en su obra…
    Creo que pocas veces me he reído tanto leyendo un libro (sea ensayo o novela) como con «Hablemos de langostas» y con «Algo supuestamente divertido que nunca volveré a hacer». Probad a echarle un vistazo a un catálogo de cruceros tras haber leído este último ensayo: es imposible no horrorizarse.

  3. Por cierto: sólo he leído dos novelas de Coetzee («Hombre lento» y «Desgracia»), pero no me han parecido tan innovadoras -en cuanto a estructura o forma- como el resto de autores que comentas, ¿será que me he leído las más «tradicionales»?

  4. Pingback: Jot Down | sigueleyendo.es

  5. Pues yo no creo que lleve más de medio libro de Hablemos de Langostas (lo estoy leyendo saltando de un lado a otro) y aunque mientras lo leo tengo una media sonrisa casi permanente, no he soltado ni una sola carcajada, risa o risita.

    El tipo me cae bien.

  6. Una crítica sobre este artículo al releerlo: si no se ha leído a DFW, el artículo son piezas que al lector le resulta muy difícil encajar. Cada punto es como una isla y al final no se tiene la sensación de haber podido crear un hilo conductor que sería la persona y autor al que se refieren todos. Quizá, precisamente, por eso de hacerlo con una lista numerada. Además, en lugar de animar a su lectura, esta especie de caos, aunque cada elemento/ideaconnúmero acabe resultando interesante, da una sensación de complejidad enorme sobre la obra de este señor y aunque comprenderlo con profundidad pueda serlo a mí me parece un escritor cercanísimo que entra muy fácilmente y que no es necesario ni una recomendación para ponerse con él.

  7. Pingback: Escriptures d’interior | Colàrsega

  8. Imagino que la mayoría de los fans de DFW ya lo habrá leído, pero este artículo que escribió sobre Roger Federer en 2006 es sencillamente fantástico.

    http://www.nytimes.com/2006/08/20/sports/playmagazine/20federer.html?pagewanted=all

  9. Muchas gracias por tu artículo. De lo mejor que he leído sobre DFW en español.

  10. coetzee? en la misma lista?

  11. Pingback: What if David Foster Wallace had f****ed with Nicole “Snooki” Polizzi? « A redossa…

  12. Pingback: DFW: esto es agua « Ruido y furia

  13. Foster Wallace, una bocanada de aire fresco en medio de como diría él «gran bostezo universal»

  14. raul lilloy

    El rey palido tiene páginas de mas.me gustan sus cuentos . Es una suerte de bolaños anglo

  15. Pingback: La enfermedad era su vida (Poétika #9) | Poétika

  16. Pingback: ¿De qué habla Murakami cuando habla de algo? | Historias que Inspiran

  17. Pingback: Todo queda en familia - Jot Down Cultural Magazine

  18. Pingback: Maldito Palahniuk |

  19. Pingback: Entrevistas breves con David Foster Wallace (y largas): 'Conversaciones con David Foster Wallace' | Reseña - Postposmo

  20. Hermosa nota. Ahora que la releo.Lleno de claves para entender a DWF.

  21. Pingback: La biografía de Foster Wallace: el libro más esperado del otoño - Vozpópuli

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