Los Reyes Magos no son los padres

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Los púberes y otros niños mayorcitos dirán lo que quieran, pero a usted que no le engañen. Los Reyes Magos no son los padres. Los Reyes Magos existen. Y si piensa que no, entonces díganos quién yace dentro de este armatoste:

Fotografía: Daniel Farrell (CC)

Es el Dreikönigsschrein, por su nombre en alemán. Tiene la forma de un sarcófago triple, mide dos metros y veinte centímetros de largo y no es una tumba, sino un relicario de oro, el más grande de la cristiandad. Está tras el altar mayor de la catedral de Colonia y en él reposan los cuerpos de los tres reyes que, según la Biblia, adoraron a Jesús en Belén hace dos milenios. Los cuerpos de Melchor, Gaspar y Baltasar.

Y antes de que lo piense ya se lo adelantamos: el relicario no está vacío. Al menos, no lo estaba una de las últimas veces que se abrió, el 20 de julio de 1864, cuando uno de los allí presentes confirmó haber visto en su interior lo siguiente:

En un compartimento especial del relicario aparecieron —junto a restos de viejas vendas mohosas y podridas, probablemente de lino, entre pedazos de resinas aromáticas y sustancias similares numerosos huesos de tres personas, que con la ayuda de varios expertos allí presentes se atribuyeron a tres cuerpos completos: el primero en su juventud, el segundo en su madurez y el tercero de edad avanzada. A su lado yacían dos monedas de plata acuñadas solo por una cara: una se remonta probablemente a los días de Philipps von Heinsberg y muestra una iglesia, mientras que la otra cuenta con una cruz guardada a ambos lados por una espada de jurisdicción y un báculo.

Así se lo explicó este testigo al teólogo e historiador alemán Heinrich Joseph Floss, que a su vez lo cita en un libro de ese mismo año, Dreikönigenbuch: die Übertragung der hh. Dreikönige von Mailand nach Köln, sobre la historia del relicario y sus inquilinos.

Detalle del Dreikönigsschrein. Fotografía: Anteeru (CC)

Es más: el Dreikönigsschrein de la catedral de Colonia se ha abierto en varias ocasiones desde entonces —la última durante una ambiciosa restauración acometida entre 1961 y 1973— solo para corroborar que, en efecto, contiene los huesos de tres hombres y que, como prueban las suturas coronales de sus cráneos, uno murió siendo joven, el otro en su madurez y el otro siendo anciano. También que conservan aún las coronas de oro y piedras preciosas que el rey Otón IV ciñó personalmente en sus calaveras en el año 1199 —apreciables desde fuera del relicario y cuya imagen aún figura en el escudo de Colonia, por cierto— y restos de ropa, muy deteriorada pero manejable. Y lo que es mejor: a finales de los años ochenta se sometió estos restos al análisis de un laboratorio y los resultados no pudieron ser, según se mire, más concluyentes o inconcluyentes. Los vestidos de aquellos hombres son de tafetán de seda y de damasco, fueron creados entre los siglos II y IV después de Cristo y proceden, atención, de Oriente. Tanto la composición química de su tinte como su confección apuntan a la antigua Persia.

Si no pertenecieron en puridad a los magi que cita la Biblia, los tres cuerpos de Colonia sí podrían ser aquellos que recuperó en Oriente Medio Santa Helena cuando aún era Flavia Julia Helena o —como la acabaría conociendo la historia— Helena de Constantinopla. A la madre del emperador romano Constantino I no la hicieron santa de la Iglesia y patrona de la arqueología por nada, ya que la casa le atribuye a ella el descubrimiento de la Vera Cruz, de los clavos con los que fue crucificado Jesús y de los cuerpos de los tres Reyes Magos, entre otros tesoros de las iglesias católica y ortodoxa. Entre los años 326 y 328, cuando contaba cerca de ochenta años, Helena fue investida emperatriz augusta de Roma y emprendió una célebre peregrinación a Tierra Santa que se saldó con el hallazgo de la mayor y mejor colección de reliquias de la historia del cristianismo, entre ellas los cuerpos —incorruptos, en principio— de los magos. No se sabe muy bien dónde estaban pero la tradición dice con frecuencia que en Saba, en el Yemen actual.

La ciudad yemení de Ma’rib es considerada por muchos expertos la antigua capital de Saba. Fotografía: Bernard Gagnon (CC).

La tradición, en efecto, ya que la historia dice otra cosa o, siendo puristas, no dice nada. El principal cronista de la vida de Helena de Constantinopla, Eusebio de Cesarea, no habló de que la emperatriz hiciera estos descubrimientos en sus famosos peregrinajes a Tierra Santa, sino que fueron mencionados por primera vez en un discurso de San Ambrosio —Sobre la muerte de Teodosio, de finales del siglo IV— y ni siquiera en esta ocasión se citan más que las reliquias relacionadas directamente con la Pasión de Cristo, en modo alguno los cuerpos de los tres Reyes Magos. Como propone la teoría más consensuada entre los historiadores de hoy, es probable que durante ese mismo siglo IV se propagaran tres diferentes leyendas en torno a los descubrimientos de Helena no del todo contrarias entre sí –denominadas respectivamente «de Helena», «de Protonike» y «de Judas Ciriaco»–, de las que acabaron bebiendo Ambrosio —doctor y de la Iglesia y uno de sus cuatro Padres, recordemos— y los demás autores y exégetas que trataron originalmente el asunto, entre ellos Rufino de Aquilea, Sozomeno y Sócrates de Constantinopla. En los siglos posteriores textos como la Legenda aurea —quizá el libro de vidas de santos más importante de la Edad Media, compilado por Jacobo de la Vorágine en el siglo XIII— siguieron consagrando esta visión de los hallazgos de Helena, en la que la emperatriz solo encontró las reliquias relacionadas directamente con la muerte de Jesús. De los Reyes Magos, ni el rastro.

Quien sí dijo encontrar el rastro de los tres magi bíblicos fue, atención, Marco Polo. Al dictar sus Viajes de 1299 —un volumen más conocido como El libro de las maravillas—, el mercader veneciano explicó que a su paso por Persia –«antiguamente una inmensa provincia, noble e importante, pero en el presente los tártaros la han destruido y diezmado»–, contempló personalmente las tumbas de los Reyes Magos en «la ciudad de Saba», donde nadie supo explicarle nada sobre ellos «exceptuando que eran reyes y que fueron sepultados ahí en la antigüedad». Estaban enterrados «en tres grandes y magníficos sepulcros», especificó, coronados con «un templete cuadrado, muy bien labrado. Estos sepulcros se hallan el uno junto al otro. Los cuerpos de los reyes están intactos, con sus barbas y sus cabellos. El uno se llamaba Baltasar, el otro Gaspar y el tercero Melchor».

El texto del veneciano relata también que «un poco más lejos, y a tres días de viaje, se halla un alcázar llamado Cala Atapereistan, que significa: castillo de los adoradores del fuego», habitado por un pueblo que, en efecto, adoraba a las llamas. La razón, según «averiguó más tarde» el viajero, era que «en la antigüedad tres reyes de esta región fueron a adorar a un profeta que acababa de nacer y llevarle tres presentes: el oro, el incienso y la mirra, para saber si ese profeta era dios, rey terrenal o médico, pues dijeron que si tomaba el oro, era rey terrenal; si el incienso, era un dios; si la mirra, entonces era un médico». Siempre según Marco Polo —que aquí refiere a su vez lo que cuentan los habitantes del lugar—, Jesús les entregó a cambio una piedra que al ser arrojada después al suelo por los magos provocó un fuego de carácter sobrenatural, que cada uno de ellos prendió y se llevó a su lugar de origen para que fuera adorado sin que jamás se extinguiera, dando lugar así a un culto en la persona de los tres monarcas cuya liturgia tenía por protagonista a las llamas. «Todo esto le contaron a mi señor Marco Polo y también que los tresReyes Magos el uno era de Saba, el otro de Ava y el tercero de Cashan», concluye.

La Adoración de los Magos, de Girolano da Santacroce, c. 1525.

¿Hay que creérselo? No demasiado. Aun cuando fuese cierto que así se predicaba en Oriente Medio en el siglo XIII, la historia sobre los Reyes Magos que refiere Marco Polo recuerda inevitablemente a una leyenda de origen armenio popularizada en la Europa cristiana a partir del siglo IX, aquella en la que los magi recibieron por primera vez la condición de reyes y los nombres con los que los conocemos hoy en día. En ella visitaban al mesías confundiéndolo con un médico —de ahí la mirra— y eran agasajados también con presentes entregados por el propio Jesús, como imponía su estatus de monarcas. Es una versión de los hechos que resuena en el Evangelio Armenio de la Infancia5, 10—, un texto apócrifo según el cual «un ángel se apresuró a ir al país de los persas» en el momento mismo de la Inmaculada Concepción «para prevenir a los Reyes Magos y para ordenarles que fuesen a adorar al niño recién nacido». Según este mismo evangelio, «los Reyes Magos eran tres hermanos: el primero, Melkon, que imperaba sobre los persas; el segundo, Baltasar, que prevalecía sobre los indios; y el tercero, Gaspar, que poseía el país de los árabes».

¿Cómo es que la versión oriental del mito acabó imponiéndose en Occidente? La primera pista está donde empezamos, en Colonia, y es inmensa. Su catedral, el templo gótico más grande de Europa septentrional, comenzó a erigirse en el año 1248 para constituirse en tumba de los Reyes Magos, tardó seis siglos en construirse y cuando se completó en 1880 era el edificio más alto del mundo. Y sin embargo la Biblia no cuenta nada sobre sus inquilinos. Al presentarse ante Jesús en el Nuevo Testamento no se especifica su nombre, ni su número ni que fueran reyes y solo posiblemente podrían aparecer mencionados en el Antiguo, aunque de pasada y muy por los pelos. Al profetizarse la venida del mesías en los Salmos72, 9—, el texto reza «que se inclinen ante él las tribus del desierto, y sus enemigos muerdan el polvo; que los reyes de Tarsis y de las costas lejanas le paguen tributo. Que los reyes de Arabia y de Sebá le traigan regalos; que todos los reyes le rindan homenaje y lo sirvan todas las naciones». Al aludirse reyes y tres naciones, hay quien ha querido ver con mucha imaginación una mención a los tres hombres que visitaron a Jesús. Y al mencionarse Tarsis, por cierto, hay quien le ha puesto todavía más entusiasmo y ha propuesto que los Reyes Magos eran andaluces.

Sea como fuese, lo cierto es que las reliquias de los magi bíblicos atrajeron gran tráfico de peregrinos y constituyeron una de las grandes sensaciones de la Europa medieval, como ilustró —y solo ilustró— Umberto Eco en Baudolino. La magnitud artística del gran Dreikönigsschrein, el relicario que alberga sus cuerpos, es prueba también de la dimensión política y económica que los cuerpos de los Reyes Magos llegaron a tener en el Sacro Imperio Romano Germánico, espiritualidad aparte. Aunque pasaron brevemente por Constantinopla y después reposaron más de ocho siglos en la Basilica di Sant’Eustorgio de Milán, el emperador del Sacro Imperio Federico I Barbarroja saqueó la ciudad en el año 1164 y robó los cuerpos de Melchor, Gaspar y Baltasar, que legó seguidamente al poderoso arzobispado de Colonia en una hábil maniobra política. Incluso antes de verse finalizado el ambicioso relicario que les daría sepultura, ya jugaba un papel fundamental en las guerras de poder del imperio, una dimensión que conservaría durante siglos. Cuando Otón IV coronó sus cráneos, por ejemplo, no era siquiera el monarca legítimo y se disputaba el título aún con Felipe de Suabia. Se estaba coronando a sí mismo, en otras palabras.

Así que niegue, lo dicho, cuando oiga aquello de que los Reyes Magos no existen o, como poco, relativice. Existen, o al menos llamamos así a las tres mismas personas desde hace más de mil ochocientos años, lo que constituye un acto existencial importante. Otra cosa es lo que hagamos cada cual la noche del 5 de enero o que señores pintados con un corcho quemado se den baños de masas en las cabalgatas. O por supuesto que hicieran magia, que uno fuese negro y el otro tuviese la barba cana o que llegasen acaso a entrevistarse hace dos milenios con un niño llamado Jesús. A estas alturas, eso es lo que menos importa.

Fotografía:  Iberia Airlines (CC).

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21 comentarios

  1. Javi Marcos

    El Kolner Dom es precioso. Visita obligada si vais por la zona del Rin

  2. Pingback: Mis lecturas de la semana (23-29/12/13) | Barcelona era una fiesta

  3. Sobre los Reyes Magos, podréis leer pocas cosas mejores que ésta: http://regalodereyeslanovela.blogspot.com

  4. a. ladino

    Pues a mí me ha dicho el príncipe Felipe que no tiene usted razón, y que los reyes sí que son los padres. Y supongo que él sabrá de eso.

  5. Recuerdo cuando vimos el mencionado sarcofago de los Reyes Magos en la catedral de Colonia y a una de mis amigas se le saltaron las lagrimas de la pena…

  6. Que interesante saber que hay descansan sus restos, guardados celosamente en una estructura de oro. De que existen, si existen!!

  7. Como seres humanos hemos tenido la necesidad de hacer de algo material algo fantástico y mágico, la verdadera historia de los reyes magos no la conoceremos tal cual fue, pero lo que ha quedado ha sido la fantasia de esos seres “mágicos” que todos los años emocionan a los niños.

  8. Maria de Jesus Vazquez Diaz

    Bueno en lo personal nunca e dicho que los Reyes Magos no existieron porque en la Biblia esta escrito que esos 3 reyes le llevaron a Jesus regalos cuando el nacio.
    Pero lo que si pienso es que la mercadoctenia,religion o las costumbres han hecho que cada 5 de enero salgan los padres a convertirse en Reyes Magos y llevarles a sus hijos esa lista de juegetes que piden y que con cada 6 de enero de cada año al abrir sus ojos encuentren ese pequeño regalo que los reyes magos le dejaron. No creo que sea mala la costumbre pero cuando se pierde el significado de dar un obsequiosencillo y no al tratar de comprar costosos regalos que aveces los padres no pueden cubrir deberiamos enseñarles a nuestros hijos que si efectivamente los Reyes Magos pero que en la actualidad los padre son los que ocupan los lugares de Melchor, Gaspar y Baltazar.

  9. Sin duda existieron sin poner en duda la fe de la biblia,que ahora son tradiciones que la familias hacen la representación de lo que se cuenta en los pasajes bíblicos. Es una de las de mantener esa llama encendida que suele llamarse fe, la cual se convierte en la parte buena de los seres humanos o en actos de fe hacia el progimo.
    Puede ser que fantaseamos un poco la realidad, pero se vale soñar.
    Aun puedo decir que no es el costo de los regalos si no la intención, que la mercadotecnia hace parecer todo lo contrario,debemos mantener la esencia .

  10. HAYDEE GARCIA

    Por supuesto que si existieron como se menciona en la Biblia pero también sin duda el que cada 5 de Enero los padres como tradición tomen este papel es por continuar con esta tradición de generación en generación así como hoy es importante también crear conciencia en nuestros hijos que no nada más implica el dejar un regalo si no también de las cosas importantes que podemos heredar como son los valores que tanto hacen falta en la actualidad mas allá de seguir alimentando esta hermosa fantasía.

  11. ADRIANA ROJAS

    Los reyes magos quien no se acuerda de su niñez de esperar la noche del 5 de enero a dormir temprano y despertar casi de madrugada con la ilusion de saber que esos seres extraordinarios habian llegado a nuestra casa y dejarnos un hermoso juguete en mi caso muy sencillo pero en esa edad era lo que menos importaba y ahora de adultos o padres seguir con esta tradicion como dice el articulo desde hace mas de 1800 años es crear una ilusion magica en cada niño que no nos cae nada mas en estos tiempos de violencia en lo personal a mi me alegra saber que si existen los reyes magos.

  12. judith chavelas godinez

    Que hermoso saber que si existieron y mejor haun continuar con la tradicion para las futuras generaciones,me parece que falta publicidad para hacer llegar el verdadero mensaje de los reyes magos.

  13. Como decía Reinaldo en Baudolino, “si no existe, lo inventas”.

  14. Que importante es conocer sobro nuestras tradiciones, en la actualidad miles de historias se escucha, sin embargo cada una de ellas es diferente, con esto no quiero decir que esta sea lo que realmente paso en esa época, pero cual importante es en no perder las tradiciones, y tener el conocimiento de como, cuando, y donde surgieron las cosas así como el por que y el para que es importante conservarlas.
    Sigamos conservando nuestras tradiciones sin dejar de saber el por que de ellas y como surgieron, quien quita y en un tiempo no muy remoto nosotros tengamos una buena historia que contar de un acontecimiento importante en nuestras vidas que perdurara a lo largo de los años.

  15. Me encanta saber que en la actualidad, las tradiciones no se pierden y saber desde cuando surgieron estas, y no dejar que terminen las historias que se siguen escuchando, así para trascender a lo largo de la vida

  16. H.Saldaña H.

    Que grato es saber en donde yacen los restos de los 3 reyes, en esta época en la que los valores se han venido perdiendo, no esta mal seguir con un poco de ilusión que no daña a los niños y por otro lado no perdemos la tradición que ha perdurado por mucho tiempo.

  17. Rafael

    No me cuadran las fechas.

  18. Dorcas

    Cómo se nos va la pinza!! XD
    Bueno y que conste que, según la Biblia, no eran ni reyes, ni eran tres… Pero bueno.

  19. asdasd

    “Por supuesto que si existieron como se menciona en la Biblia”

    La fe!!! cuanto daño ha hecho!!!

  20. José María Moreno

    Los Reyes Magos son uno de los capítulos más curiosos de los evangelios canónicos donde se describe la infancia de Jesús.
    Teniendo en cuenta que los evangelios se redactaron muchas décadas después de la muerte de Jesús de Galilea es casi seguro que su significado esté ligado al símbolo en el que se demuestra que Jesús era Hijo de Dios.
    Dado que la tradición les ha cambiado, incluso su aspecto, ya que en la Edad Media representaban las edades del hombre (joven, maduro y viejo) y ya a partir de la época de los grandes descubrimientos geográficos pasaron a ser tres razas.
    Posiblemente sea un fantástico mito en el que la humanidad, representada por los Magos sigue una estrella (búsqueda de la verdad) y la encuentra en el recién nacido indefenso que tiembla de frío en un establo.
    A pasar de todo eso, claro que es una verdad y más de veinte siglos después seguimos buscándola.

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