Silvia Querini (Turín, 1955), directora literaria de Lumen desde que hace ya más de diez años sustituyera a Milena Busquets, lleva trabajando en el mundo de la edición desde principios de los ochenta. Ahí es nada. Desde aquellos primeros años —comenzó en la ya desaparecida y mítica editorial Bruguera— ha llovido, como suele decirse, bastante, cuatro Premios Nobel incluidos; tanto como para que una charla con esta italiana de raza pueda convertirse en toda una conferencia sobre el mundo del libro y la edición.
La primera pregunta que te hago es para que te luzcas: ¿qué es ser un editor?
Resumiendo mucho, un editor es un gestor de talentos. Me importa subrayar la palabra gestión, pues un sello editorial que no pueda defenderse desde el punto de vista económico, tarde o temprano tendrá que cerrar sus puertas. En cuanto a los talentos, haberlos haylos… Lo que hay es que encontrarlos. Por lo tanto, habrá que arremangarse, ponerse a trabajar, encontrar ese texto que se ajusta al perfil de nuestra editorial y luego gobernarlo para que sea rentable. Se dice pronto.
¿Y el agente literario, qué papel desempeña?
El agente literario es un intermediario entre el autor y el editor. Con el agente suelen tratarse las cuestiones económicas del contrato y es bueno que así sea porque muy a menudo el autor no tiene la perspectiva necesaria para enmarcar su texto dentro del mercado. Con los autores lo mejor es hablar de palabras, de personajes que nacen y mueren, de comas y puntos que se escapan y vuelven…
¿Por qué eres editora, cómo acabas aquí? «Por amor», te he leído en alguna ocasión, en relación con cómo acabas en España. Cuéntanos. ¿Te acuerdas de cuándo y cómo te decides a dedicarte a esto?
Fui a Londres cuando tenía dieciséis años para participar en un workshop sobre Virginia Woolf, sin sospechar, por cierto, que muchos años más tarde me convertiría en la editora en castellano de esta espléndida autora. Fue allí donde me encontré con el hombre que más tarde me llevaría a Barcelona, donde aún sigo.
La familia de mi padre se ocupa de restauración artística: crecí entre telas y frescos, y decidí que cuando fuera mayor me dedicaría a la restauración de manuscritos… y trabajo no me falta. Mi abuelo materno era zapatero, creaba sus propios modelos, y recuerdo su placer al manosear el cuero virgen y su entusiasmo a la hora de convertir ese pedazo de piel en un zapato. Me siento muy identificada con esa imagen. Cuando me entregan un libro, me gusta tocarlo, olerlo.
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La ladrona de libros cuya calidad de escritura es innegable. Pues vaya que a mí me ha parecido más bien todo lo contrario.
Pingback: Silvia Querini: «Una de las leyes fundamentales del mundo de la edición es la discreción»
A lo mejor no es el mejor sitio para preguntar esto, pero siendo un joven que apenas a leído literatura fantástica, ciencia y poco más, acostumbrado a la compra en grandes plataformas o en línea, qué librerías enigmáticas recomendaríais visitar en Barcelona?
Joriku,
No sé si se parece a lo que buscas, pero en la Barceloneta está la librería ‘Negra y criminal’, de la cuál he escuchado hablar muy bien.
Puedes mirar su página web para hacerte una idea. Y si decides ir en persona fíjate bien en el horario, que me parece que solo abren por las tardes o algo así.
Suena interesante ^^, cotillearé por ahí y a ver qué encuentro, muchas gracias!
Mira esta web, es un directorio de librerías de la ciudad. Barcelona tiene para todos los gustos: http://libreriasbarcelona.es/
Justo lo que necesitaba, gracias!
«Yo además es que los huelo. Es la misma relación que mi abuelo, que era zapatero, tenía con sus zapatos. Es lo primero que hago cuando me traen un libro a mi despacho: abrirlo y olerlo. Este olor para mí es un afrodisíaco».
Para los romanticones: http://smellofbooks.com/
Lamento que esta entrevista no tenga más repercusión y comentarios.
Me ha gustado muchísimo. Quizás porque me gusta leer.
Superinteresante.
Comenta Querini que el libro físico es mejor que el electrónico porque el primero tiene más entidad porque «pesa». En mi caso, ese es un argumento en su contra: las estanterías de mi habitación no daban más de sí para aguantarlos y, como me gusta leer en la cama, poder tener un libro de 700-800 páginas en un pequeño formato que me permite leerlo sosteniéndolo lánguidamente con una mano, es maravilloso. Como lo es poderlo llevar en el bolsillo del abrigo a cualquier sitio pese a ser un libro enorme. Y he dejado de tener la pena de ver esos libros grandes que se empiezan a desmontar por su propio peso…
Creo que fue Carlos Boyero el que dijo que no tenía ningún problema en que las cosas que más amaba ocuparan mucho espacio. Mis estanterías no aguantan más, la casa de mis padres no aguanta más… y yo sigo comprando y leyendo en papel. Puede que porque un día mi hijo lea el mismo libro, toque las mismas hojas que yo, vea las notas subrayadas y los apuntes hechos en los libros y entienda o conozca algo más de mí. Y sí, los libros se desmontan, y todo en general se acaba. Pero dura más. Y, aunque suene a ñoñada, también es más bonito.
Podría cambiar Paco por Angela en tu comentario :)
Creía que lo de los libros de Bruguera era debido a demasiadas mudanzas, relecturas y préstamos, a nubes de nicotina frotadas con alcohol, a estrechos adormilamientos y a transportes descuidados. También pensé que lo de las gomas se me había ocurrido sólo a mí, que tengo poca vergüenza y mucha ternura por mis maduros pero frágiles John LeCarré (Una pequeña ciudad de Alemania y El honorable colegial, totalmente desencolados), Anaïs Nin, Raymond Chandler o Dashiell Hammett, al borde de la escisión. El resto de los de la colección se mantienen dignamente. La verdadera puñeta es que son tan viejitos que incluso huelen un poco al perfume que yo usaba cuando era pretérita (seguro que se dejó de fabricar) y eso es ya como un animal de compañía o una herencia, y b) ¿Serán tan buenas las demás traducciones? (y eso sí que no…)
Un libro impreso es algo precioso. No voy a discutirlo. Pero enzarzarnos en la eterna discusión sobre si se concentra uno más leyendo en digital o papel, me sigue pareciendo absurdo. Más, si tengo en cuenta que, desde hace siete años, únicamente leo en digital. Eso sí, no confundamos un e-reader Eink(tinta electrónica) con los, de sobra conocidos, tablets. La distracción es cuestión personal. Yo no quiero que desaparezca la edición en papel, pero tampoco quiero que se siga criminalizando a quienes leemos en digital, como si fuésemos «menos lectores». La gran mayoría de los que han «cruzado la línea» entre papel y digital son quienes más leen. Y luego están los que se resisten a probarlo. Y me parece perfecto. No hay necesidad de cambiar lo que te gusta, ni tampoco de «mirar mal» a los que no se sienten «atados» al papel. La lectura es lectura, sin importar el medio. Lo que de verdad ha de preocupar es esa pirámide de la que se habla: en este país se sigue mirando mal al que lee, a diferencia del que se queda atontado cambiando de canal, sin ver nada en concreto; o los «locos por el fútbol» que, por regla general, entienden que exista esa pasión desmedida hacia ese deporte pero no que alguien sienta esa pasión por una historia plasmada en papel, digital… o el medio que sea.
Personalmente nunca me ha afectado, yo leo porque me gusta, y porque tuve suerte en mis años más jóvenes: ese profesor de literatura que se atrevió a ponernos como tarea de lectura Momo, y no limitarse a los clásicos nacionales de siempre (que también los hubo) con los que pocos lectores de mi generación nos identificamos. Por suerte muchos profesores han actuado de igual modo.
Alguien aprecia algo cuando se siente parte de ello. Eso me pasó con mi lectura de Momo. Y eso consiguió que 30 años después me parezca casi imposible imaginar una historia en mis manos. Y no digo libro, porque leo en digital; y repito que lo importante es la historia, no si se lee en un soporte u otro.
Si tan importante les parece a algunos, que me expliquen por qué los autores actuales usan ordenadores y procesadores de texto en lugar de seguir anclados a la vieja «Olivetti». ¿Por comodidad? ¿Por costes en la producción en imprenta? Listad las razones que más os convenzan… ¿o porque, al final, lo que importa en la historia y no los medios empleados para escribirla?
Centrémonos: la lucha es contra el abandono de la lectura, no sobre el soporte. Si tan importase fuese… sería imposible que me hubiese enterado de algo de esta entrevista… ya que la he leído en la pantalla de mi PC.
Probablemente… la razón por la que me he centrado en su contenido es porque me ha gustado la entrevista, y no me ha restado disfrute el soporte en que la he leído.
Y no contemos verdades a medias: se ha parado la venta de dispositivos, no la lectura (si se venden menos ebooks es por la insistencia de los editores de poner precios elevados a estos contenidos, sé de lo que hablo). También han caído en picado las ventas en papel. Y las de discos, películas… Sí, la crisis. Y la falta de interés por el exceso de publicaciones. La gente trabaja más horas, para sacar menos dinero. Todo afecta.
Joriku, si buscas fantasia y ci-fi, la librería Gigamesh en Arco del Triunfo es una de las librerías especializadas en estos géneros más grande de Europa, lo tienes todo allí!
Elena, precísamente porque me gusta leer, preferiría no haber leído esta entrevista. Qué dolor. No me gusta que me tomen por tonto, y estos editores a los que entrevistan lo hacen. Sólo hablan de novedades, acertar con bestsellers, portadas de primeras obras de escritores, falta de lectores… y dicen amar la literatura. No es cierto. Olvidan (todos ellos) las reediciones, el rescatar libros perdidos. En este país no hay casi ediciones de Jorge Semprún, de Max Aub, de Vicente Aleixandre, de Moreno Villa… No estoy en contra de que ganen dinero, es su negocio, tienen que hacerlo bien, pero que luego no digan que la base de lectores es poca, que lo importante es la portada de la maldita ladrona de libros, que no son caros comparados con otras cosas… Me da pena.
Sí, hay mucho libro descatalogado.
Pero me parece absurdo criticar a una editora que es obvio que ama su trabajo.
No lo va a hacer ella sola todo. Además, hacer que una editorial hoy en día sea rentable ya es mucho.
Ojalá hubiera más editoriales, y se dedicaran a editar los autores que tú dices.
Pero hay muchas estupendas. Yo, con el tiempo que dispongo, no me aburro. Y sp acabo encontrando lo que busco.
Bajo mi punto de vista, no se entra en la compraventa de derechos, hay editoriales que publicaríamos descatalogados o grandes autores por ejemplo en digital, pero los derechos los tienen normalmente las grandes aunque no vayan a reeditarlos y es un verdadero misterio lo del mercado de compra y venta de derechos: ahí si que pondría yo el foco para que la FGEE montara cursos subvencionados con los ingresos que obtienen por la compra de ISBNs (pagar uno para cada formato digital es una barbaridad para un pequeño editor), talleres para editores independientes o pequeños en los que se explique cómo funciona el mundo de la compraventa de derechos editoriales. Hay una absoluta falta de información sobre el tema…y así es dificil hacerse con autores a los que publicar. Yo publicaría mil libros buenísimos, de autores nacionales y extranjeros, de todas las épocas, en idioma Español, y en formato digital enriquecido legible en todo tipo de dispositivos y los pondría a la venta por poco dinero, tal y como me exige el lector actual. El problema es que hay que pegarse con lo divino y con lo humano. Y la Federacion? y el Ministerio de Cultura? Hay una enorme división entre las grandes y las pequeñas, debido a que no se abordan los temas del sector con seriedad (fijense en los editores alemanes o en USA y sus bibliotecas) … bajo mi punto de vista y humilde opinión, claro. Por favor, ruego que no se generalice al hablar de los editores como si todos fueran lo mismo, porque hay bastantes matices.
Mónica, editora de http://www.talismanebooks.com
Gran Silvia Querini y estupenda entrevista!!! Esto sí que es una editora de raza!!!
Donde se consigue el «Decalogo del Editor» que menciona en esta nota? Muy buena entrevista, muchas gracias.
Se repite bastante esto del olor de los libros, pero en mi opinión los libros YA NO huelen bien. La verdad es que suelen oler fatal, supongo que será por la forma en que hoy se manufactura el papel, los ácidos que le meten y estas cosas . No sé los de Lumen, pero los de algunas editoriales más bien apestan.
Ayer abrí «Seda» para releerlo y me encontré que de marca páginas tenía su entrada con la que fuimos a ver Mar y Cielo y en la primera hoja una declaración de amor. ¿Qué sería de aquella mujer? Para marcar las páginas uso algún objeto que esté usando en aquel momento, como un billete de tren, una quiniela, una pluma, un gel de poliacrilamida plastificado (y, bueno, es que soy biólogo…), qué se yo. Cuando vuelvo a abrir el libro después de años tengo ahí un recuerdo que me hace recordar en qué situación y cómo estaba cuando leí aquello antes. Eso no te lo da un dispositivo electrónico, aunque esos chismes tengan virtudes pequeñas que el papel no tiene.
El otro día leí que el e-book es como la yogurtera, un cacharro que se publicitó, se puso de moda unos años, hoy sigue existiendo, pero ya usa poca gente. Hay hoy tanta gente que está obligada a leer en pantalla de ordenador en su puesto de trabajo, que lo ultimo que desean es leer por placer…en pantalla. El libro, tan viejuno, es un objeto perfecto.
En el metro, por cada persona que veo leyendo en e-book, hay cinco leyendo en papel. Y se supone que ahora es cuando más de moda está el e-book.
Qué pena que en una entrevista interesante con una buena editora se acabe comentando más sobre la eterna y estéril guerra entre libro papel libro digital que sobre literatura.
Hola amiga. He leido completo el articulo y tengo una novela que quiero editar ¿que debo hacer? no sé que hacer con ella.
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Una entrevista muy interesante, aunque seguramente lo hubiese sido más si Silvia Querini hubiese sido menos «discreta». Tampoco se trata de airear los trapos sucios. Pero los detalles, lo que está debajo, nos proporcionan más información, más interés y más verdad.