GG Allin: mesías de la infamia

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Foto cortesía de ggallinonline.
Foto cortesía de ggallinonline.

En el año 1956, en un pequeño pueblo del estado de New Hampshire, nacía un chiquillo llamado Jesus Christ Allin. El particular nombre de la criatura era culpa de un padre bastante hooligan de la Biblia que aseguraba haber recibido la visita de Jesucristo para comunicarle que su nuevo hijo «sería un gran hombre al estilo del Mesías». Lo cierto es que si esa afirmación divina hubiese incluido además las palabras «sangre», «mierda» y punk rock no habría ido muy desencaminada del destino real del querubín.

El mundo está lleno de cosas hermosas, esta historia no es una de ellas. Los estómagos tiernos harían bien en evitar la digestión pesada y soez que viene a continuación. Y todos los demás deberían ajustarse las gafas de buceo porque ahora mismo están trepando por la escalera del trampolín que antecede a la zambullida en una piscina de la más hedionda mugre.

Esta es la historia de GG Allin.

El último mesías

Jesus Christ Allin era el segundo hijo del matrimonio entre Merle Colby Allin y Arleta Gunther. Tres años antes la pareja había concebido un bebé varón que se había librado del bautismo con temática bíblica al recibir un nombre que optaba por el copia-pega paterno: Merle Colby Allin Jr. O el hermano mayor de la figura que nos ocupa y también el creador involuntario de su nombre artístico al ser incapaz de pronunciar correctamente la palabra «Jesus» y dirigirse a a su hermanito llamándolo «Je-Je», una denominación que evolucionaría en el apodo mucho más estilizado de «GG».

La dicción no sería el más grave de los problemas de la familia Allin, los infantes GG y Merle vivían en una cabaña sin electricidad ni agua corriente por decisión de su padre, un überfanático religioso que impedía a su mujer e hijos llevar a cabo demasiado contacto con el mundo exterior y cultivaba el preocupante hobby de cavar tumbas cuyo número coincidía con el de la unidad familiar, algo que empezó a levantar sospechas ente Arleta y sus dos retoños sobre la viabilidad de conjugar un futuro perfecto. Tras algún intento de fuga, frustrado por un padre que utilizaba a GG como rehén, Arleta acabaría escapándose de las garras de Merle Colby Sr y llevándose a los niños al estado de Vermont. GG Allin resumiría esos primeros años de vida como un infierno dominado por una entidad paterna con aires de psicópata asesino que les trataba como prisioneros.

Al llegar a la escuela Arleta decidió cambiar el nombre de Jesus Christ Allin por el de Kevin Michael Allin para evitar que la criatura se convirtiese en un aparcamiento de collejas. El chaval abordó la vida escolar tropezando con todo: al ser mal estudiante y repetidor acabó sentando el culo tras los pupitres de las clases de educación especial y comenzó a regar el odio por la sociedad en general. En sus años de instituto decidió asistir a las aulas vestido de mujer inspirado por los New York dolls y dedicarse a otro tipo de cosas menos sanas: vender droga, allanar casas ajenas y robar todo lo que era posible.

The sound of music

Esto es pura basura, es decir punk, tan crudo que creerás que tu estéreo está roto. No existe ni una gota de intelecto, talento o innovación en este disco. Las letras son estúpidas y ofensivas. Lo recomendamos. (Crítica de Boston Rock al primer sencillo de GG Allin & The Jabbers, 1979).

El tonteo con la música comenzó de manera temprana, GG Allin arrancaría como batería en el grupo Little Sister’s Date, efímera formación adolescente que versionaba tonadillas de Aerosmith o Kiss. Después fundaría Malpractice, un grupete con el que llegaría a publicar un sencillo pero que tendría una breve vida en activo, según el propio Allin por ser una agrupación «adelantada a su tiempo», algo así como Marty Mcfly en el Baile del Encantamiento Bajo el Mar. Durante aquellos primeros pasos en el mundo artístico Allin aún era un ser de luz, idolatraba a los Beatles, Iggy Pop y The Rolling Stones mientras llevaba una vida personal razonablemente normal: casado con su novia del instituto, con un trabajo corriente y respondiendo al nombre de Kevin si no estaba subido al escenario. Con sus baquetas recién alistadas en la banda The Jabbers, donde se facturaba una mezcla de hardcore punkarra y power pop, comenzó a ejercer de cabecilla de los shows en directo y a dejar crecer su megalomanía: en el primer álbum completo que publicaron (Always was, is and always shall be) Allin decidió eliminar el «The Jabbers» de la cubierta y sustituyó la foto grupal por una propia con cara de gigoló rockero. Un dato revelador es que en la actualidad parece que existe un mayor número de copias de aquel disco autografiadas que limpias de rúbrica alguna, presumiblemente porque las ansias de besar la fama llevaron al cantante a pasear el bolígrafo sobre todas las que pudo. A mediados de los ochenta el resto de componentes decidieron desintegrar la empresa cuando fueron conscientes de que un Allin enganchado a la heroína, devorador de pastillas ofrecidas por su público, amigo de hacer la croqueta sobre cristales rotos durante las actuaciones y con una afición preocupante por visitar la cárcel, estaba empezando a desbocarse demasiado y su perfil apuntaba a lo que se conocía técnicamente como «estar mal de la puta cabeza».

Durante aquellos años GG alternó su posición en The Jabbers con varios berreos en otros grupos. Colaboraría en álbumes y sencillos con Wayne Kramer y Dennis Thompson, de Motor City Five, o Emily XYZ y con agrupaciones de elegante nombre como The Scumfucs, The Texas Nazis o The Cedar Street Sluts. Pero pese a vomitar unas cuantas decenas de temas y ser bastante activo en los bajos fondos del underground el incidente que estaba a punto de hacerle despegar tendría poco que ver con la batería de temas producidos. Porque a la hora de hablar de Allin como músico lo menos importante es hablar de su música: su legado es en su mayor parte una montaña de ruido grabado en condiciones lamentables e incluso las piezas producidas durante la época Jabbers, donde el cantante aún tenía una voz más cercana al ser humano y menos a la rata torturada, eran cortes pegadizos pero sencillos que pasaron de puntillas por la historia. No, para hablar de la leyenda de Allin no es necesario mencionar su producción musical sino explicar que existió un punto de inflexión en su vida: el momento mágico en que en una pequeña ciudad de Illinois el músico decidió generosamente desnudar su alma, revelar sin tapujos el auténtico interior de la estrella de rock y lograr fundirse en un todo con el público en la comunión definitiva entre la audiencia y el artista. En 1985 GG Allin cagó como un aspersor sobre la audiencia.

Once you pop you can’t stop

A mediados de los ochenta, GG se arrastra entre drogas y botellas por la casa infestada de cucarachas de Bloody Mess, músico y colega de tropelías con cresta envidiable, hábitos higiénicos cuestionables y afición por prenderse fuego al propio cabello durante sus directos. Ambos decidieron participar en una actuación en Peoria (Illinois) y se embarcaron en un autobús como alegres colegiales en una excursión. En una de las paradas del viaje a Allin se le ocurrió comprar una caja de laxantes para dar más color a su número musical y acabó decidiendo que lo más coherente era tragárselos todos de golpe en ese mismo momento; como consecuencia de aquella feliz idea el hombre se pasaría el resto del día con las piernas hechas una trenza, apretando la escotilla de descarga y sudando mucho. Una vez en el local Allin contendría el revolucionado tránsito intestinal mientras esperaba su turno para abordar el escenario porque su intervención venía precedida de un grupito (Caustic Defiance) más light y conocido localmente que era el culpable de la masiva asistencia de público adolescente. Tras el show principal la veintena de jóvenes presentes, aquellos que aún no habían abandonado el local para asistir al botellón celebrado en el parking, contempló a un hombre abordar las tablas vestido únicamente con una bata y un suspensorio con un CÓMEME apuntando al pito escrito en la goma. El caballero acarreaba consigo un radiocasete y una cinta instrumental (porque Allin consideraba que no era estrictamente necesario ir de gira con una banda completa cuando era posible aprovechar las ventajas de la tecnología) que diligentemente puso en marcha antes de acercarse al micrófono. De manera sorprendente fue capaz de escupir unas cuantas estrofas antes de que los intestinos le anudasen definitivamente las entrañas y tomara la firme decisión de bajarse el taparrabos, apuntar a la audiencia y sacar lo peor de sí mismo.

Lo que sucedió a continuación tiene aires apocalípticos y debería de imaginarse con la cámara lenta activada y el movimiento «O Fortuna» del Carmina Burana sonando de fondo: una manguera de caca punki arrojó un portentoso caudal a presión repintando medio local y provocando en la chavalada presente una reacción similar a la de un nazi al abrir el Arca de la Alianza. El hedor golpeó como una onda expansiva a tres estados contiguos y Kevin Brashear, encargado de sujetar un micrófono delante del radiocasete, evocaría el momento desde su punto de vista privilegiado, en cuclillas de cara al público y a la vera del artista, con palabras poéticas: «¡GG estaba tirando mierda hacia todos lados!». Entre gritos de pánico y arcadas se produjo una estampida salvaje de gente huyendo de aquella personificación del terror más puro al mismo tiempo que los dueños de la sala con las cejas y las blasfemias en órbita se abalanzaban a toda velocidad contra el cabrón transmutado en surtidor para recriminar amablemente su comportamiento a base de una lluvia de hostias. Pero Allin optó por la estrategia defensiva elaborada y comenzó a rebozarse en sus propias heces. Cuando los encargados y los camareros del local llegaron a su posición ninguno se atrevió a ponerle la mano encima a aquel tarado barnizado de mierda y nadie parecía tener a mano un palo para azotarle desde una distancia prudencial. GG Allin y Bloody Mess escaparon en la furgoneta de la madre de Brashear justo cuando la policía estaba llegando al lugar del crimen y los adolescentes presentes se apilaban en las afueras del local con los ojos llorosos preguntándose unos a otros si existía un Dios. Brashear tardaría semanas en erradicar el olor del vehículo de huida, Bloody Mess se llevaría a casa el micrófono cubierto de excrementos , GG acababa de fagocitar a Kevin Michael. Nacía el poop punk, nacía el asco y la infamia.

GG Allin bromeando con su amiguito horas antes de montar una franquicia de repostería intestinal. Foto cortesía de Bloody Mess.
GG Allin bromeando con su amiguito horas antes de montar una franquicia de repostería intestinal. Foto cortesía de Bloody Mess.

Lo que sucedió a continuación es un encomiable descenso al alcantarillado del buen gusto, si poco tiempo antes el cantante ya era conocido como el «chalado de Manchester» de aquí en adelante haría todo lo posible por elevar a once esa afirmación: se embarcaría en una gira con un Bloody Mess que viajaba armado con una cámara de plástico disparando fotos a todo como un crío en Disneylandia y ambos convertirían la ruta en una excursión salvaje empapada de drogas, materia fecal, vómitos, visitas a bares de travestis, cunnilingus a fans en los pasillos de hoteles y cabezas de skinheads reventadas. En aquel momento asistir a un concierto de GG suponía contemplar un espectáculo grotesco en el que un hombre desnudo defecaba en directo, practicaba la coprofagia, te arrojaba sus deposiciones a la cara, se cortaba con cristales, golpeaba el micrófono contra su calavera hasta chorrear sangre y propinaba hostias aleatorias a su propio público. También implicaba la certeza de que el recital nunca llegaría a completar el setlist previsto porque en la mayoría de los casos antes de que eso fuera posible la policía, los responsables del evento o el público intervendrían de un modo u otro. La banda de inadaptados que asistía a sus actuaciones también demostraban cierta clase y finura: en uno de sus shows el mesías del rock infame cayó inconsciente a causa de las drogas y su audiencia decidió agradecerle la dedicación propiciándole una paliza considerable a su cuerpo inerte. Un anónimo en internet aseguraba que su banda llego a coincidir con el cantante durante una prueba de sonido previa a un evento en la que Allin llegó a ensayar un par de temas antes de tener el detalle de bajarse los pantalones y plantar un pino en el suelo, algo admirable al tener en cuenta que estamos hablando de un mero ensayo sin público alguno. Si esa anécdota es real de lo único de lo que no se podría culpar a al showman es de falta de constancia.

GG Allin se autoproclamó el último rock and roller auténtico. Idolatraba el country y en especial a Hank Williams. Malvivía como una rata sin ningún tipo de posesiones más allá del suspensorio, la chaqueta y cosas como aquel casco nazi con el que fue a rendir sus respetos a Johnny Cash, solo se duchaba por error, sentenciaba que la sociedad y el rock estaban devorados por el corporativismo pero que menos mal que estaba él ahí para devolver al género a sus raíces a base de cagar sobre el escenario. Su obsesión con los asesinos en serie le llevó a cartearse y hacerse amiguito de John Wayne Gacy, el payaso asesino responsable de la muerte y violación de una treintena de niños que sería ejecutado por inyección letal. El propio Gacy diría del cantante que era un buen chico, pero que olía como el demonio, una afirmación a la que hay que otorgarle los bonus points de salir de boca de un puto psicópata. En 1989 Allin declaró al fanzine Maximum RocknRoll que llevaría lo extremo al límite durante el día de Halloween de ese mismo año al suicidarse en el escenario durante uno de sus conciertos, pero finalmente la fecha señalada le pillaría encerrado en la cárcel. Continuó declarando lo mismo durante cada año venidero pero no tuvo la suerte de cumplir su sueño: la víspera de Todos los Santos siempre le sorprendía contando rejas.

Hated

A principios de los noventa un estudiante de la New York University Film School abandonaba la carrera para centrarse en la dirección de Hated: GG Allin and the Murder Junkies, un documental (que se puede ver aquí) sobre la gira que Allin llevaría a cabo junto a los Murder Junkies tras cumplir condena en la cárcel por agredir a una mujer y beber su sangre durante un encuentro sexual. Ese exestudiante de cine se llamaba Todd Phillips, y sería el futuro responsable de cosas como Road Trip, Aquellas juegas universitarias o la trilogía rompetaquillas de Resacón en Las Vegas. Y aquella intrépida aventura underground en forma de documental le llevaría a filmar cubierto con un chubasquero diversas actuaciones infames de los Murder Junkies con el chalado frontman amigo de la repostería intestinal haciendo de las suyas. También registraría varios eventos miserables como aquella performance en la Universidad de Nueva York donde Allin decidiría que lo que necesitaban los jóvenes estudiantes era ver a un adulto metiéndose un plátano por el culo. E introduciría al público al hermano de la estrella: Merle, encargado del bajo en la formación y jardinero de un imposible bigote del inframundo. Y a Dino Sex, el zumbado y pervertido batería que primero trataba de justificar su afición por tocar en pelotas sin tener muy en cuenta que una condena por exhibicionismo pasada le hacía pocos favores a su alegato, y a continuación intentaba convencer al espectador de que la obra de GG Allin era un canto a la paz mundial y no un esperpento protagonizado por alguien que se empana en su propia mierda. Phillips contemplaba todo aquello como quien asoma la cabeza a un accidente de tráfico protagonizado por payasos de circo, con más curiosidad que respeto y tirando de la guasa: se pasaba por el forro la petición de uno de los entrevistado de eliminar en el montaje el nombre de una prostituta contratada para escanciar su propio pis sobre el cielo de la boca del punk rocker (un metraje casero que también se ha incluido en la película). Y decidía ilustrar las palabras de un narrador que mencionaban la extrema fidelidad de los fans de Allin con la instantánea de un hombre cuya boca estaba ocupada por el pene de un GG con pintas de estar inconsciente. Un pene que, todo sea dicho, sería muy punk pero tenía una presencia casi testimonial, algo que proporcionaba bastante comicidad e incertidumbre a las actuaciones del caballero.

Finalmente la bestia protagonista del film asistiría a la proyección pública de un primer montaje de la película y lo haría con el piloto en modo de vuelo: arrojando cervezas contra la pantalla, hiriendo con una de ellas a otra espectadora, y escapando del lugar antes de que apareciera la policía.

El último punk

Presentadora: ¿Es usted feliz consigo mismo?
GG: Soy hermoso.
(Última entrevista televisiva de GG Allin en 1993).

El 27 de junio de 1993 Allin ofrecía un concierto en una pequeña sala de Manhattan cuando el show se suspendió por razones inciertas. Aquello provocó que el artista saliese a las calles desnudo y con una capa de caca como chaqueta para acabar arrastrando a sus seguidores de paseo hasta una fiesta improvisada en casa de Johnny Puke. En algún momento durante aquel guateque Allin palmaría por sobredosis de heroína entre un grupo de colegas que al creerlo borracho y desmayado decidirían sacarse unas cuantas fotos junto al cuerpo cuando este ya estaba siendo abrazado por la parada cardiorrespiratoria. Poco antes, en otra de sus intervenciones televisivas, se había presentado ante la audiencia estadounidense como dueño del destino de los niños de los espectadores mientras se regodeaba explicando que durante sus actuaciones se había zumbado tanto a niñas y niños menores de edad como a animales domésticos poco escrupulosos.

Para su funeral, del cual también existe testimonio visual, su hermano Merle dio la orden de no lavar ni arreglar el cadáver y el chalado de Manchester abandonó este mundo en su caja de madera engalanado únicamente con su clásico suspensorio, su chaqueta de cuero, una botella de Jim Beam (tal y como había solicitado en la balada «When I die») y un walkman con una cinta de sus canciones. Los asistentes a la despedida remataron el espectáculo grotesco aportando el lazo distinguido: bebiéndose el whisky durante la celebración y devolviendo una botella vacía al féretro. A día de hoy los fans (o detractores, a saber) de GG visitan regularmente su tumba para verter en la lápida bebidas alcohólicas, orines propios o directamente defecar sobre ella como quien lleva flores a sus seres queridos.

En New Hampshire esto es lo que entienden por un excusado. Foto:  Wikicommons.
En New Hampshire esto es lo que entienden por un excusado. Foto: Sweed666 (CC)

En el año quince después de Jackass, tras haber contemplado los desbarres de Mayhem y a unos niñatos como Bloodhound Gang reciclando vómitos en el escenario, todo el tema de la escatología festiva resulta bastante menos sorprendente. GG Allin está lejos de ser un héroe o una figura legendaria inadaptada a la que venerar. Porque partirse los dientes con el micrófono y obrar en público para después hacer malabares con el quinto elemento realmente tiene muy poco de acto de valentía y mucho de ser un auténtico gilipollas insalubre. El cantante, a pesar del discurso de alma libre y salvador del R’n’R que promulgaba en aquel manifiesto vital redactado en prisión, dejaba claro en otros diarios carceleros, recogidos en el libro GG Allin: Prison Wars, que en realidad era un adolescente enfadado con el mundo. Uno que garabateaba guarradas ofensivas como un colegial sobre su carpeta y que evidenciaba hábitos masturbatorios de frecuencia similar a los de un primate salvaje, algo que se deducía por aquellas páginas donde el verbo jerk era utilizado casi como signo de puntuación. Un ser despreciable, repudiable y asqueroso que se calificaba a sí mismo como templo del rock and roll y justificaba sus actos resolviendo que sus fluidos corporales eran la manera de entrar en comunión con el público. En la era actual a todos esos protopunkis teenagers y postpunkis cuarentones que se creen muy rompedores proclamando la conducta antisocial entre sus contactos de Facebook o Twitter habría que recordarles que GG Allin murió como una babosa mientras sus amigos se hacían selfies con su cadáver, y que no existe nada más punk que eso. Ni nosotros necesitamos que exista, con un mesías de la infamia hemos cubierto nuestro cupo de heces para un par de generaciones más.

Que te jodan allá donde estés, GG Allin.

GG Allin de buenas. Foto: Wikicommons.
GG Allin de buenas. Foto: Wikicommons.

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22 comentarios

  1. Pingback: GG Allin: mesías de la infamia

  2. Skafinem

    Sin lugar a dudas este es el mejor artículo musical de todos los tiempos.
    Enhorabuena.

  3. Muy Punk

    El párrafo de ‘Once you pop you can’t stop’ es insuperable. Hacía tiempo que no me reía así. Gran artículo

  4. Equalizer

    Pues yo creo que para escribir esto y con tanto detalle documentado, ha de gustarle a uno mucho el tema y comulgar bastante con toda esta basura, ¿no…?

  5. PUnko Punkito

    Un histórico. En su momento leí un No Me Judas sobre él en una Popular 1 en el que salía una frase de GG Allin que me cambió la vida, para bien: «Confort equivale a conformidad». Y qué gran verdad.

    Era el arquetipo de punk autodestructivo, pero el tipo era inteligente, y no lo digo porque haya dicho esa frase.

    Por cierto, podríais contratar a César Martín, estaría en su salsa en la JotDown y nosotros con él.

    • Aun conservo el No me judas al que haces referencia, al igual que muchos otros, Totalmente de acuerdo, con lo de contratar o si no es posible entrevistar a César Martín.

  6. D. Álvarez

    Memorable. Y estaría de lujo una peli de Hollywood tratando el tema (de forma poco hollywoodiense a poder ser, y poder pedir). Ver a un actor mainstream comer caca llevaría al orgasmo a varias generaciones. Apuesto a que cada uno tiene su candidato. Nos lo merecemos pero ya.

  7. Pingback: Anónimo

  8. rasputin

    Esta claro que con el murio el punk , lo que hizo es insuperable ,deja al resto de punkies como meros aficionados con crestas engominadas
    La ultima actuacion del documental «Hated: GG Allin and the Murder Junkies » es increible ver como el publico va poco a poco huyendo del escenario por el pasillo de salida pero sin dejar de mirar ojiplatos el esperpento al que estan asistiendo. Me imagino que despues de esa noche alguno pensaria:que cojones estoy haciendo con mi vida.

    • adrian pereiro

      rasputin: No es por tirar mierda contra G.G.Allin (nunca mejor dicho), pero él no se representaba más que a sí mismo. Era un ser mentalmente enfermo. Sí, era «auténtico», como lo son muchos desequilibrados, en el sentido de que hacía lo que le daba la gana, pero no fue un icono del rock and roll o el punk «verdaderos», ni más anarquista que otros. Sus performances desenfrenadas, para mí, humildemente, tienen mucho más de narcisismo, masoquismo y exhibicionismo exacerbados por la locura y las drogas que de «mensaje» o intencionalidad alguna. Está claro que con él no murió el punk. Yo no sé si el punk vive o si murió en 1980. Seguramente gente como Pennywise, por poner un ejemplo, te pondrían a caer de un burro si les dices a la cara semejante cosa. En todo caso sí estoy de acuerdo con tu última frase «Me imagino que después de esa noche etc …», pero no sé si por el mismo motivo que la dices tú. Cordial saludo.

      • I hate you mother fuckers

        Lo q molaba del tio era q expresaba lo q hay q expresar. Es decir q el mundo es una mierda y vosotros gilipollas. Y q lo unico q vale la pena es divertirse, follar y poco mas.
        X cierto, os he dicho ya q sois gilipollas?
        Hay q cagar mas y tirar mierda x ahi.
        Cocaina y putas.
        Feliz navidad

  9. Cuando era un adolescente pagué como 4000 pesetas por el VHS de Hated, que venía importado del Reino Unido. Lo vi muchas veces y me emocionaba viendo a un artista tan intrépido que sin duda entendería mi angustia.
    Dios, cómo me alegro de haber crecido.

  10. chazman

    Buenísimo artículo. Que digo bueno, cojonudo. Aqui sigo con mi insomnio..

  11. David Arias

    Excelente artículo, muy bien ambientado. Me recuerda a este, que recomiendo como seguidor de GG Allin: http://www.freshlandmag.com/2012/05/22/fresh-in-memoriam-peligro-autodestruccion/
    Un saludo y enhorabuena

  12. jaimeM

    Como diría Boyero, no me interesa lo más mínimo esta historia.
    Me aburro.

  13. untiposimpatico

    Siempre me llamó la atención este hombre. Ahora, tengo la sensación de que no es que fuese un punk o tal, simplemente tenía un trueno en esa cabecita bastante curioso. Esa infancia no tuvo que ser fácil

  14. El articulo me ha parecido magnifico y me ha hecho reir un monton, gracias

    Recuerdo que cuando murio el tarado de GG Alin, la noticia que publicaron en algun medio en Espanha fue que habia intentado matarse de una sobredosis en el escenario pero calculo mal el tiempo y la acabo palmado despues del concierto en un callejon. Siempre habia pensado que ese fue el caso.

  15. Este artículo es sencillamente memorable

  16. Julian

    Gg allin sufria de espectro borderline y bipolaridad son trastornos psicologicos severos producto de su mala infancia y consumo abusivo de sustancias, la mayoria suelen ser antisociales y masoquistas y ninfomanas o andromanos, y megalomanos y adictos, debo decir que algunos temas de el me encantan no por sus letras, sino porque te alegran de una forma bizarra. Si gg no hubiese tenido esa locura cerebral no hubiese hecho esas loquerias que hacia con bastantes huevos xd

  17. Marcus

    Totalmente de acuerdo murio como nacio y como vivio como una simple e insignificante rata bien muerto sea ojala se este revolviendo en el infierno en un rio de su propia caca
    e infamia

  18. Rector

    En los vídeos se aprecia perfectamente que ese imbécil poseía un miembro ridículo, lo que en la terminología clínica se conoce como MICROPENE. Creo que esto explicaría algunos extremos de su carácter. En mi modesta opinión, se trata de un completo subnormal, únicamente aprovechable para la ciencia psiquiátrica. Sucede como en tantos casos: lo que simple y llanamente es puro narcisismo ególatra –hago lo que me sale de la punta de la polla porque me he confundido y me creo Dios– se interpreta como un canto a la libertad. Por favor.

    El artículo, eso sí, es estupendo, un ejemplo de inteligencia y buen gusto.

  19. Luis Cancino

    Articulo de antologia, felicitaciones por tan ágil pluma

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