
«Sí», dijo mi abogado.
«Enchironaron al tipo ese por abuso a menores,
pero él jura que es inocente.
¿Para qué demonios iba a follar con niños?», dice él;
«¡Son demasiado pequeños!». Se encogió de hombros.
(Hunter S. Thompson, Miedo y asco en Las Vegas)
¡Señoras y señores del jurado! Bríndenme su atención un par de minutos, se lo ruego. Hay algo que necesito aclarar. Créanme: es importante.
Si me encuentro hoy aquí es porque ustedes, o una parte de ustedes, sufren los mismos prejuicios que una notable señorita de cuyo nombre no quiero acordarme. Una integrante del inframundillo/hampa literario/a con quien me crucé en algún momento de mi larga carrera. En efecto, como sin duda habrán intuido muchos de ustedes al verme, soy viejo y sabio. Precisamente por eso no pienso dar más detalles sobre esta notable señorita. No delante del maldito taquígrafo. Por cierto, ¿podría usted hacer menos ruido? Gracias. Decía que no voy a darles más detalles sobre la notable señorita. Se dice el pecado, pero no el pecador. Llamémosla Dolores. Dolores Pain. O mejor: Dolores Mist. Aguarden, ¡ya lo tengo!: Dolores Painful Mist. Pues bien, el caso es que sospecho que la Archidiócesis de Barcelona, u otra institución parecida, los cienciólogos de Hospitalet, o puede que incluso algún oscuro grupúsculo de amantes del reiki, no lo sé, puso en nómina a la señorita Mist para confeccionar una especie de Index librorum prohibitorum. ¡En pleno siglo XXI, señoras y señores del jurado! ¿Se lo imaginan?
Verán, lo que ocurre es que la señorita Mist cree que hay temas que no tienen cabida en las páginas de la literatura. Por ejemplo, la vida de un ateo que es feliz. O cualquier cosa relacionada con la pedofilia. No me malinterpreten: entiendo perfectamente lo de los ateos. Es de cajón. Si uno es ateo es porque es inteligente. Y si es inteligente no puede ser feliz. Al menos no del todo. ¿Pero lo de la pedofilia? Eso sí que no lo entiendo. C’est complètement incompréhensible. Anote eso, señor taquígrafo. Quiero que conste en acta que lo de que la señorita Mist desee incluir todos los libros sobre pedofilia en su personalísimo Index librorum prohibitorum del siglo XXI (ILP/XXI) es completamente incomprensible. Y pecaminoso.
La literatura en este país no puede ir bien cuando los agentes literarios, y no digo que la señorita Mist sea agente literaria, pero por si acaso, y otros sinvergüenzas de su calaña tratan de desmantelar con descaro el sacrosanto principio de que in libris libertas. Peor aún: cuando quieren mandar al ILP/XXI todas las novelas sobre pedofilia. La honte! ¿Acaso no es cierto que los abusos a menores, o las relaciones joven/adulto, en todas sus permutaciones, consumadas o sin consumar, forzadas o consentidas, heterosexuales, homosexuales y andróginas, llevan años, décadas, siglos, putain: milenios, campando a sus anchas por el lupanar literario? «¿Por qué, entonces, este horror del que no logro desprenderme?». Frígidas damas y frígidos caballeros del jurado, se lo ruego: ¡denme una oportunidad para demostrar fehacientemente mis palabras!
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Es un sí pero no trufado de franchutismos (mon Dieu).
Y al final, acojone malos tiempos para la pederastia, se justifica, sartriana-vargallosasianamente, eso sí, con el clásico «cumplir con su deber si denuncia».
No, no, no, «no hay literatura moral y inmoral, sino buena y mala literatura) Wilde dixit. Ni siquiera en Jotdown se puede hacer una apología de la pederastia (literaria) sin salvaguardarse de moralismo.
Un artículo brillante y muy nabokoviano.
Es el impulso del depredador.
El deseo desdibuja la frontera ética y fabrica una propia.
Baste ver como el depredador. literato y articulista, asocia al horror censurador, a la srta Mist, con «una secta de practicantes del veganismo».
Que se declare vargasllosiano es gran sincedidad, pues total Vargas Llosa, en «El paraiso en la otra esquina», absuelve en su genialidad artistica los abusos y traiciones que comete Gaugin, similar a como razonaba e invocaba para si el Rodión Románovich Raskólnikov de «Crimen y castigo», la inmunidad etica de los grandes asesinos, evocando el caso del Napoleon que ascendia por una escalera de cadaveres, para animarse a matar a la vieja usurera. Total Vargas Llosa se autorizó convertirse en propietario de pisos de lujo, mientras cobraba de los grandes medios por babear boberias mil veces remasticadas sobre la libertad de los propietarios de pisos.
Estamos viviendo un cliclo de pedofobia en la sociedad, instigada desde ciertos sectores, para usar al criminalizado pedófilo como chivo espiatorio, con el propósito de acentuar el control político y social sobre la gente, como demuestra la reciente reforma del Código Penal que lleva esta obsesión pedofóbica hasta límites surrealistas y de difícil aplicación, porque de seguir así, van a terminar arrasando con todas las imágenes de niños desnudos que abundan en las paredes de las iglesias y los museos de arte, al igual que están haciendo los medievales ignorantes talibanes e islamistas en los territorios que conquistan, para seguir con el control de la literatura, o lo que es lo mismo, la censura de la imaginación y las fantasías del ser humano.
Y se olvida de Terenci Moix y su «arpista ciego» .
La supuesta foto de Carroll con Alice es un montaje , bastante burdo pero efectivo, en el que caen la mayoría de incautos que curiosean sobre la cuestión, y aquellos que se dejan llevar por las primeras apariencias. Desde mi punto de vista quita rigor y credibilidad a un artículo que aunque farragoso estaba resultado interesante.
Miren a los ojos de sus hijos (los que tengan) y luego vuelvan a leer el articulo.
Despues de terminarlo, miren otra vez a sus hijos y reflexionen sobre todos esos «artistas, cultos y buenisisimos pro-hombres» y lo que les harian a sus criaturas.
Luego me lo cuentan.
el comentario más racional que leí en todo este portal lleno de pedófilos que creen que existe la pedofilia, sólo son ridículos que han Sido dañados en el pasado y pretenden dañar a alguien más, cubriendo sus perversidades e ignorando el papel protector de los apoderados de estos niños.
Hola.
Me ha encantado el artículo, pero hay un momento que escribes: «en La broma infinita de un padre alcohólico que viola cada noche a su hija minusválida». He leído hace tiempo el libro, y se me ha podido pasar esa escena, porque como bien sabes es un libro inmenso, pero sinceramente, me cuesta recordar a qué personaje te refieres. Como hay un índice de personajes al final del libro me podrías decir a qué personaje te refieres?.
Muchas gracias y felicidades por tu artículo
En literatura cabe todo, incluso horribles libelos pornográficos. En Derecho, claro, ya no, ya los romanos -que llevaban una vida muy sexualizada- recogieron como delito el estupro, lo mejor del Derecho Romano. Entendían que en la pedofilia va siempre intrínseco el abuso de poder, y el abuso a secas
Ojala todas las personas, hombres y mujeres que admiran a los muy jovenes por su trernura y belleza, observen siempre una actitud de inmenso respeto hacia ellos, hombrecitos y mujercitas. Que su admiraciòn no exceda los lìmites y entiendan su inocencia y pureza con reverencia.