Ciencias

Mister Edison y la fuerza de la gravedad

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Thomas Alva Edison, 1929. Fotografía: Corbis.

En 1879, Thomas Alva Edison parecía capaz de lograr cualquier éxito, de alcanzar cualquier sueño, de inventar cualquier cosa. Tenía entonces treinta y dos años y ya había mostrado al mundo y patentado la bombilla eléctrica, el fonógrafo, el telégrafo automático, el teléfono, la red eléctrica y toda una serie de otros avances revolucionarios. Es cierto que se apropiaba de inventos ajenos, que su teléfono era una simple mejora del de Charles Bell o que su propuesta de la corriente continua perdería la batalla por las redes urbanas de electricidad frente a Westinghouse y sus redes de corriente alterna, pero si alguien parecía capaz de sorprender al mundo, ese era Edison, el «mago de Menlo Park», el lugar donde instaló el primer laboratorio de investigación industrial del mundo.

La revista satírica británica The Punch se editó desde 1841 a 1992 de forma ininterrumpida y luego tuvo una corta segunda vida en 1996 cuando el hombre de negocios Mohamed Al-Sayed, el casi suegro de la princesa Diana de Gales según él, compró la cabecera e intentó relanzarla, dicen algunos que para vengarse de otro semanario de humor, Private Eye, que no hacía más que atacarle y tratarle como un advenedizo, un nuevo rico con fortuna pero sin clase. Al-Sayed cerró definitivamente la publicación en 2002 con unas pérdidas al parecer cercanas a los treinta millones de euros. Siempre da tristeza el cierre de un medio de comunicación, más con una historia tan larga como la de The Punch y más aún cuando había tenido momentos gloriosos en su trayectoria; como cuando señaló al gobierno de la reina Victoria que la asignación anual del príncipe consorte Alberto era de treinta mil libras mientras que el total del presupuesto nacional para la enseñanza de los pobres era de diez mil, un detallito sin importancia.

En 1879, el Punch publicó un supuesto nuevo invento de Edison: la ropa interior antigravitatoria. Los grabados de la revista mostraban a los afortunados usuarios visitando un museo y flotando para ver de cerca los cuadros colgados en altura; disfrutando de un paseo por el campo, donde niños y damas eran arrastrados por intrépidos conductores de velocípedos como si fueran globos atados con un cordel; o en el interior del hogar, donde tres niños hacían volteretas en el aire ante la asombrada mirada de sus padres. Es curioso porque es la misma época en que Julio Verne estaba teniendo un éxito clamoroso con sus libros de ficción científica: Viaje al centro de la Tierra (1867), De la Tierra a la Luna (1872), Veinte mil leguas de viaje submarino (1871), La vuelta al mundo en ochenta días (1873) y La isla misteriosa (1875). De la Tierra a la Luna contiene sorprendentes coincidencias con el primer viaje a la Luna, el del Apolo 8, la primera misión tripulada que dejó la órbita terrestre, orbitó la Luna y retornó felizmente a la Tierra. En la nave viajan tres astronautas, Estados Unidos es el promotor y productor de la hazaña, despegan desde el estado de Florida, escapan de la gravedad terrestre a once kilómetros por segundo, necesitan ciento cincuenta horas de viaje para llegar a la Luna, no aterrizan allí sino que dan varias órbitas alrededor y regresan a la Tierra. Dicho en broma, Verne debería haber denunciado a la NASA por plagio, pero en realidad los cálculos que hizo fueron bastante exactos —se había documentado exhaustivamente— y se adelantó en casi un siglo a la experiencia real.

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5 comentarios

  1. Pingback: Mister Edison y la fuerza de la gravedad

  2. Alva Edison era tozudo. Tampoco es mala cosa. La ciencia es hermana de la persistencia, ahora a cabezazos se puede inventar algo, pero se podría inventar más si se hace con método y además se ahorra tiempo que se puede dedicar a más asuntos. En mi admiración no está Edison, que también tiene su mérito. Pero que consciente de sus limitaciones se dedicó a confabular con JP Morgan contra su rival en la llamada «Guerra de las corrientes». El tiempo dió la razón a Nikola Tesla. En estos momentos la distribución eléctrica se basa en los descubrimientos e inventos de Tesla relativos a la corriente alterna. Edison incluso pagó a botarates para que electrocutaran animales e intentar alarmar sobre los peligros de la corriente alterna de su rival Tesla. Muchos mitos no son tales y muchos supuestos héroes si se rasca un poco, tampoco.

  3. El del teléfono no era Charles Bell sino Alexander Graham Bell

  4. Para mí la ciencia si, cito: «… no era vista como algo siniestro, umbroso o peligroso sino como la linterna en la oscuridad, la herramienta que acabaría con la enfermedad, la pobreza y la ignorancia y nos llevaría a un mundo mejor.»
    Y es que uno es así de rarito.

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