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Editar en tiempos revueltos: Pálido Fuego

Pálido Fuego para JD 0

A José Luis Amores (Málaga, 1968) no le gusta el término «posmoderno», al menos aplicado al catálogo de Pálido Fuego, uno de los proyectos editoriales más atrevidos y quijotescos que ha habido nunca en lengua castellana.

Los molinos de viento contra los que lucha a diario este one-man band (que lo mismo edita que traduce) son los de un mercado editorial independiente que hace ya tiempo dejó de serlo, que hace también mucho que dejó de arriesgar, dejándose en el tintero unas cuantas obras maestras firmadas por autores imprescindibles de la narrativa anglosajona, como David Foster Wallace, Robert Coover o William T. Vollmann, a los que con éxito ha revitalizado.

Gracias también a su empeño personal pudimos disfrutar en castellano de uno de los grandes órdagos a la edición reciente: la sorprendente y aparentemente imposible de traducir La casa de hojas, de Mark Z. Danielewski, para colmo su actual best-seller.

Pálido Fuego solo lleva cinco años entre nosotros y ya nos ha dado a conocer a un buen número de autores extraordinarios de los que hasta ahora no sabíamos nada. ¿Quién es este José Luis Amores, que todo lo puede, y además lo puede bien? He aquí su sorprendente historia, la de un lector totalmente ajeno al mundo de la edición y de la traducción que con su empeño ha conseguido lo que todo el mundo creía imposible: convertir la literatura más compleja y exigente en un negocio rentable. Pasen y lean.

Explícanos cómo acaba un economista sin ningún tipo de conexión con el mundo del libro convertido en uno de los editores en castellano más osados del momento.

Ayer por la noche comentaba con Ana, mi mujer, también economista, que ambos hemos estado engañados todo este tiempo pensando que habíamos estudiado una carrera de ciencias como era entonces Empresariales, con tantas matemáticas gordas como tenía. Resulta que ahora Empresariales se considera una carrera de la rama social, así que, sin darnos cuenta, siempre hemos estado en el pelotón de las letras [risas].

El cómo me metí en esta aventura es muy sencillo. Siempre me ha gustado leer. Mi padre siempre tuvo muchos libros en casa, siempre tuvo una biblioteca bien nutrida, con cosas antiguas sobre todo, pero también novelas de García Márquez o Vargas Llosa, que fueron mis primeras lecturas «serias», por así decirlo. Hasta entonces, como todo chaval, yo había devorado mucho best seller, mucha novela de fantasía, así que el hábito de leer siempre lo tuve, y es algo que nunca desaparece del todo. Cuando empecé a estudiar la carrera, cada vez que tenía un momento libre, en lugar de ver cualquier bobada en la tele me dedicaba a leer. Con todo, debo reconocer que por aquel entonces yo era una persona muy conformista. Me pasaba igual con el cine. Me tragaba lo que fuera. Compraba lo que veía que la gente tenía en las manos. Lo mismo leía a Pérez-Reverte que a Dan Brown. Luego me daba cuenta de que aquello no era nada del otro mundo, pero no era beligerante. Lo leía y ya está.

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7 comentarios

  1. Interesante artículo y más interesante aún el entrevistado pero ¿por qué – para definirlo como polifacético – «one-man band» y no «hombre orquesta»?

  2. ¿Lo de one-man band debemos asociarlo con el hecho de que en su catálogo sólo haya hombres…?

    • Pero no te preocupes, que en breve publica a una, para que nonos quejemos. Si es que…ironía on

      Por cierto, los traductores profesionales también se tiran días y noches con una página, e incluso una frase, aunque tengan fecha de entrega no quiere decir que no le dediquen a los textos el tiempo necesario.

  3. Pingback: “Parpadeo (Flicker)”, de Theodore Roszak (Pálido Fuego). – dime lo leído

  4. Pingback: “La Epifanía de las 3 A:M”, de Brian Kiteley (Pálido Fuego). – dime lo leído

  5. Pingback: La extraña (y maravillosa) mente de William T. Vollmann – El Sol Revista de Prensa

  6. Un Asterisco Perdido

    Claro ejemplo de España.
    No le quito méritos al entrevistado en cuando a emprender y demás, pero me cuesta creer que un traductor sin experiencia ni formación haga esas traducciones tan «chachis».
    Bien es cierto que nunca he creído en las traducciones de textos literarios. Al fin y al cabo no son más que meras «interpretaciones personales» de alguien. Cada persona que traduzca el texto original obtendrá una traducción diferente. Y si el texto original es complejo, más diferentes entre sí serán debido a todas las decisiones que habrán tomado…
    Así que «bueno» o «malo» son adjetivos totalmente vacuos…

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