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Abba Kovner: poemas de muerte

Abba Kovner  da su testimonio en el juicio del criminal de guerra nazi Adolf Eichmann, Jerusalén, 1961. Fotografía: DP.

«Fuimos asesinados. Vengadnos y recordadnos». (Pintada encontrada en las ruinas de diferentes sinagogas tras la liberación por parte de los ejércitos aliados de los territorios invadidos por las tropas alemanas)

Mayo de 1945, la Segunda Guerra Mundial ha terminado. El mundo comienza a confirmar lo que se llevaba tiempo intuyendo: el exterminio sistemático, brutal y despiadado que los nazis y sus aliados han llevado a cabo contra el pueblo judío. Dachau, Auschtwitz o Ravensbrück son nombres que quedarán grabados para siempre en la memoria colectiva como símbolo del horror más absoluto. Porque en Europa intentos de exterminios de pueblos habían ocurrido siempre, pero por primera vez se había realizado de forma sistemática, meticulosa y conforme a una estrategia que podría llegar a denominarse como «industrial». Nunca se habían construido instalaciones específicamente diseñadas para tal fin, como fueron las cámaras de gas. Era el mal en su versión más pura. Y muchos supervivientes no podían, ni querían, pasar página. «Fractura por fractura, ojo por ojo, diente por diente; la misma clase de defecto que le cause al hombre, eso es lo que se le debe causar a él» decía la vieja ley mosaica. Así surgieron los llamados «cazadores de nazis» como Simon Wiesenthal o Tuvia Friedman, que dedicarían su vida a llevar ante la justicia a la mayor cantidad de responsables del genocidio judío. Pero después de tantos años de oscuridad y horror no todos los supervivientes podían creer en una justicia que había permitido la persecución más cruel que se recordaba en la ya de por sí sangrienta historia europea, y determinados grupos de judíos comienzan a debatir la posibilidad de organizarse para llevar a cabo su propia justicia. 

Así miembros de la «Jewish Brigada Group», la brigada judía del ejército británico estacionada en Treviso, con la ayuda de elementos de la inteligencia militar estadounidense, comienzan a recopilar nombres de miembros de las SS que han logrado escapar a las detenciones por parte de las tropas aliadas. Su objetivo es capturar y ejecutar por su cuenta a responsables directos del exterminio judío, como guardianes de los campos de concentración, responsables políticos, etc. A este grupo se les uniría un judío del este, Abba Kovner, que venía acompañado de un aura de héroe lograda en la resistencia contra los nazis en el frente ruso, formando el embrión de la organización que se conocería como Nakam («Venganza»). Nunca un nombre estuvo mejor elegido.

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2 comentarios

  1. …. entre arsénico y tinta… Vaya compendio de acción! Gracias por la divulgación de este personaje desconocido.

  2. Este artículo demuestra una vez más lo que ya sabemos: que el que para unos es un terrorista para otros es un héroe. ¿Se imaginan a alguien de religión islámica que como venganza por los millones de muertos que ha causado Occidente en países islámicos, decidiera matar a igual número de occidentales, envenenando el agua de grandes ciudades? ¿Sería posible dedicarle un artículo tan elogioso?

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