Entrevistas Música Sociedad

Oriol Llopis: «Si cuando te haces mayor no sigues escuchando rock and roll es porque nunca en verdad te tocó»

Oriol Llopis para JD 0

Hablar de Oriol Llopis (Barcelona, 1955) es hablar de una leyenda de nuestro periodismo musical. Sus textos fueron siempre un fiel reflejo de una muy particular forma de estar en el mundo. Las drogas y el rock and roll formaron parte sustancial de una vida que quedó plasmada indirectamente en todo lo que escribió. Tan vibrante como excesivo, Llopis convirtió el ejercicio periodístico en una profesión de riesgo. La literatura corrió siempre por sus venas, como quedó demostrado en La magnitud del desastre, sus hoy descatalogadas memorias, todavía a la espera de ser reeditadas. 

Repasamos con él sus años dorados en Star, Vibraciones, Rock Espezial y La edad de oro. Nos sorprende su lúcida cháchara, su tono educado, su cariño por la anécdota. Sus desvaríos nos resultan fascinantes, así que le dejamos hablar, contar una vida que para muchos sonará a pesadilla. Para él, en cambio, quizás sea el único recuerdo de valor que le quede.

Frank Zappa decía, aunque la frase no era suya, que el periodismo musical consiste en gente que no sabe escribir entrevistando a gente que no sabe hablar para gente que no sabe leer. ¿Estás de acuerdo?

Esto es aquello que llaman una boutade, una de esas frases epatantes que tiene algo de verdad pero más hoy en día que en la época en la que la dijo. Eso es todo lo que puedo decirte sobre Zappa y esa frase, porque, a ver, un tío que se hace una foto sentado en el váter, haciendo como que caga, con los pantalones bajados, y resulta que la foto es un montaje… ¿Sabes cómo lo descubrí? Porque, si te fijas bien, no lleva calzoncillos, no quedarían bien en la foto. Si quieres epatar de verdad, ¡ponte unos calzoncillos con manchurrones, cabrón! 

Pero en Star tú mismo escribiste un artículo titulado «Confesiones de un rock-critic» en el que arremetías contra la profesionalidad mal entendida de ciertos periodistas musicales a los que no parecía que en verdad les gustara mucho la música. 

Sí, pero cuando escribí aquello yo estaba muy quemao, la verdad. Esto era a cuenta de un tío que se llamaba Antonio de Miguel, que, obviamente, como comía la polla y el culo y lo que hiciera falta a todo el mundo, terminó de directivo en Ariola, creo. A mí lo que me empezó a picar es que veía, mes tras mes, que en el Vibraciones, donde había unas páginas centrales que se llamaban «Los VIB’s», que eran unas biografías a fondo sobre fulano y mengano, con análisis detallado de discografía y tal, el tío se apuntaba a un bombardeo. Lo mismo te escribía de Rod Stewart que de la ELO, o de los últimos punks. El tío escribía de lo que le echaran, y ahí le di un toque. Pero, ya te digo, yo iba ya muy quemao en esa época, y tampoco puedo criticar mucho ahora porque yo recuerdo etapas en las que prácticamente el cincuenta por ciento del Vibraciones lo hacía yo. Me acuerdo de un número en el que hice un artículo hablando sobre un pequeño boom que hubo de películas sobre Vietnam, como Apocalypse Now y El regreso, y luego a continuación escribí una cosa sobre Led Zeppelin, a los que me cargué y me cayeron unas cartas que me querían linchar… En esto del periodismo musical siempre cabe la opción de decir aquello de «preferiría no hacerlo», pero si lo hacía, tenía que decir lo que pensaba, eso es esencialmente lo que yo criticaba en aquel artículo. A Queen le hice un par de críticas demoledoras, porque siempre fue un grupo que me puso de los nervios. Ten en cuenta que entonces no es que nos encargaran cubrir tal o cual cosa, es que todos íbamos a verlo todo. Fíjate, hasta me tragué un día un concierto de Emerson, Lake & Palmer, ¡vade retro, Satanás!, y tal y como lo estoy recordando voy a tener que darle en parte la razón a Zappa, joder, porque el momento más aplaudido fue cuando Keith Emerson se quedó solo en el escenario haciendo un solo de piano de veinte minutos, y a medio solo, sin dejar de tocar con una mano, se agachó, cogió una botella de champán, le dio un tiento, volvió a dejar la botella en el suelo, y la ovación que hubo superó luego a la del solo de batería de Carl Palmer, ¡lo superó a todo! 

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13 comentarios

  1. Lareon Falken

    «con una caja con cincuenta ejemplares del Peace of Mind de Iron Maiden(…)»
    «Piece of Mind» Sr. Matute. Hagan la corrección o mandaré a viso a Eddie para que le arranque la cabeza y así tengamos «paz mental».

  2. ¡Joder! Oriol Llopis, lo tenía en el más allá.Cuanto me gustaban sus artículos.Eran rock n roll escrito.Todavia guardo algunos Star y Rock Ezpecial de aquellos dias. Y me dejó en herencia el gusto por los Flamingo Grovies. Impagable. Me alegro de saber de él.¡¡¡Shake some action!!!

    • ¿Qué vives, en Marte o qué? en los últimos seis-siete años han aparecido dos libros de él: uno son sus memorias, y otro una recopilación de artículos suyos, aparte de aportar testimonios en la biografía sobre los Burning y ser muy activo en redes sociales donde a veces nos deleita con un artículo suyo.

  3. Siempre buenísimo este tío. Se me ha quedado corta la entrevista.

  4. Cuando estuve en Amsterdam busqué algún sitio donde poder comprarme una camiseta de Golden Earring y ni los holandeses les conocían. El rock es, pese a que nos duela en el alma, un arte en decadencia.

  5. Vaya, no soy el único que sigue oyendo Golden Earring ni Blue Öyster Cult, gracias Oriol por tu sinceridad !!!

  6. Nat Fleischer V

    En el Reino Unido tienen a Nick Kent ,en EE.UU y en Francia a Patrick Euudeline también tienen a los Sex Pistols y a los New York Dolls y a Muhammad Ali y a Sugar Ray Robinson y en España tenemos a Burning a La Banda Trapera del Río y a José Legrá y a José Durán y a ¡¡¡¡ ORIOL LLOPIS !!!!!!

  7. La entrevista me parece bien, pero meterse con The Sound es demasiado para mí. Seguro que Oriol Llopis no ha dedicado ni un ratito a escuchar a The Sound.

  8. D.E.P. Oriol Llopis

  9. Por cosas de la vida, conviví con el Llopis cuando yo tendría unos 10 años. Eran principios de los 90 e imagino que vino a mi pueblo para alejarse de las malas compañías. Mi madre, que era un poco hippy y que llevaba el periódico del pueblo, le contrató y a falta de poder pagarle un sueldo, le alojó en la habitación de invitados. Recuerdo verle haciendo tareas en el jardín con sus botas de puntera metálica. Recuerdo que un día vinieron a mi casa Loquillo y los Trogloditas. Y recuerdo como le encantaba alquilar películas de serie B, de 10 en 10, y verlas con mis hermanos, rebobinando y volviendo a pasar las escenas más gores. Para mí era como un tío guay que me hacía dibujos y que me recomendaba canalladas para hacer en el colegio. Con los años le perdí la pista pero siempre tuve la tentación de intentar localizarle o al menos saber algo más de él. Hoy de casualidad me he encontrado con la noticia de su muerte y me he sentido muy mayor y otra vez un crío al mismo tiempo.

    Junto con este artículo he descubierto que escribió un libro, «La Magnitud del Desastre», que me encantaría poder leer pero que no encuentro disponible por ningún lado. Si alguien supiese dónde puedo conseguirlo se lo agradecería infinitamente. Mi tlf es 636772714.

  10. También conocí a oriol en la misma época que tú, era todo un personaje, su presencia no dejaba indiferente a nadie. La Magnitud del desastre está descatalogado, puede que ahora con su muerte lo reediten. Lo leí prestado por un amigo común de Oriol y me gustó, me pareció una autobiografía franca y veraz, muy en su estilo, tal como él era.

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