
Muchos conflictos se deben a que
confundimos la Eternidad con el Para siempre
(Joseph Campbell)
La cosificación ha sido uno de los efectos más relevantes de la modernidad. El fenómeno de convertir los procesos en cosas, como todos los asuntos relevantes, tiene una parte beneficiosa y otra perjudicial. Lo malo es que detiene muchos procesos de investigación porque enlata historias y procesos abiertos en etiquetas. Lo bueno es que desde el momento en que podemos convertir las ideas en cosas que ocupan espacio podemos también operar con ellas como con cualquier otro objeto.
Como aventura
solo queda arrimarnos
al horizonte
(Mario Benedetti)[1]
A la experimentación del tiempo le ocurrió esto mismo. Se espacializó con la aparición de historietas: en tiras o bandes dessinnées, y sobre todo con la aparición del cine. «Solo con la visión de la temporalidad extendida sobre una superficie plana como si fuera el juego del parchís, se le puede ocurrir a alguien que cabe la posibilidad, aunque sea fantástica, de desplazarse de una era a otra como si fuera una ficha que va de casilla en casilla»[2]. Ese momento se inaugura un recurso literario basado en los viajes en máquinas del tiempo y los paseos en los que el personaje se extravía y aparece en otra época.
El cine materializa la percepción del tiempo lineal, ya que mediante la narrativa fílmica es posible viajar o desplazarse sobre una cinta de celuloide al pasado o al futuro.
El tiempo subjetivamente experimentado era único, «un eterno presente que iba dejando atrás el material de la historia y al que le quedaba por delante un hipotético futuro»[3].
Desde el espejo
mis ojos no me miran
miran al tiempo
(Mario Benedetti)[4]
Ahora el tiempo pasado, presente y futuro ya no son periodos de experiencia de transformación sino puntos en un mapa. Con este fraccionamiento del tiempo se introduce la idea de realidades paralelas. Cada fracción de tiempo adquiere entidad propia y se convierte en punto de referencia para un desarrollo temporal con su propio pasado y futuro.
Esta es la historia de un niño que perdió un juguete:
con dos años lloró desesperadamente,
con cinco lo añoraba,
con doce se avergonzaba del recuerdo
con ochenta recordaba el juguete con ternura.
(Milton Erickson)
La posibilidad de que el tiempo sea revisitado en sus diferentes momentos rompe la estructura de la memoria en el que está inserto y lo sujeta a la posibilidad de cambios. Si alguien visita el pasado, su sola presencia cambia, de algún modo, las características de ese pasado. La persona se encuentra con su representante de sí mismo en aquella época y esa existencia paralela provoca cambios.
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Borges en su refutación del tiempo escribió: «… cada vez que atravieso una de las esquinas del Sur, pienso en usted, Helena; cada vez que el aire me trae un olor a eucaliptos, pienso en Adrogué, en mi niñez; cada vez que recuerdo el fragmento 91 de Heráclito: ‘No bajarás dos veces el mismo río’, admiro su destreza dialéctica, pues la facilidad con que aceptamos el primer sentido (El río es otro) nos impone clandestinamente el segundo (Soy otro)».
https://youtu.be/nwTyFNCM5r0
https://youtu.be/ZOy_uFTTRQc
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El Tiempo, como concepto metafísico temo que no será como cada cual lo siente, así sea en un espejo, en un rio o en el mar, en el amor, en una poesía o en su interioridad. Y esto sería una desilusión para mí, habituado a evocar temas semejantes, como el alma, el libre albedrío, el bien, el mal etc. etc. Escucho la ciencia -que hasta ahora no me ha defraudado- decir que el tiempo es relativo, o sea que es posible que, no que no exista, pero que puede llegar muy próximo a cero. Es todo muy material lo mío, lo sé, pero quisiera que siguiera siendo tal como hasta ahora, para poder leer estas reflexiones, las suyas y las de los poetas. Con respecto a ese ejercicio que propone, si lo hubiera leído Wislawa Szymborska le habría respondido con su poesía Las tres palabras más extrañas: “Cuando pronuncio la palabra Futuro, la primera sílaba pertenece ya al Pasado. Cuando pronuncio la palabra Silencio, lo destruyo. Cuando pronuncio la palabra Nada, creo algo que no cabe en ninguna no-existencia”. Gracias por la excelente lectura en… ¿tiempos de virus? (Qué culpa tendrá el pobre Tiempo)
“No tuve tiempo es una frase arriesgada. Como también no hice a tiempo. No tenerlo es como haberlo tenido en el bolsillo y gastado según el tamaño: ¿del bolsillo o del tiempo?, o lo mal que nos salieron los cálculos para hacerlo, pero en el fondo, entre tantas extrañezas del mundo, es el más nítido y honesto porque solo pasa” Otro poeta.
Mirando fotos de otros tiempos durante el desayuno, de otro poeta.
Las fotos antiguas prometen lo dulce que será el café con leche de los desayunos, y la esencia de esos días inciertos, entre el papel satinado y la risa de aquellos parientes. Las poses son ambiguas, precarias en ese escenario donde parece que precipitamos, felices y sin peso, en un paraíso del cual todo ignoramos, y de la mano o con ellas sobre los hombros aguardamos la felicidad prometida en un foco lejano, sin embargo, los gestos, las sonrisas, las miradas insinúan una fecha de vencimiento. No estamos jamás a nuestra medida en esos espacios amarillentos y a dos dimensiones, ¿Y quién puede afirmar que éramos felices? El TIEMPO no tiene memoria, pero a la larga todo es cuestión de vivir, aun de recuerdos. (Pero los mocosos no, ellos estaban locos de contentos queriendo escapar al galope de esas fotos tan viejas).
El fragmento de Pessoa es maravilloso. Es increíble la capacidad que tiene de confundir con sus versos y dejarte pensando, para después obligarte a leerlos de nuevo.
Me ha parecido un artículo genial, pero no entendí muy bien por que elegisteis el cuadro de Seurat para acompañarlo.
Saludos
Ya que nadie contesta a una pregunta que también me hice, arriesgo una respuesta personal al porqué de ese cuadro al inicio del artículo. Es uno de los cuales que me ha causado la mayor impresión de la inmovilidad en el tiempo (los de Dalí y Chirico y compañía los siento de otra manera, y además vinieron después). La agradable y bucólica disposición de la escena, los personajes y la cromaticidad no escapa a la escuela imperante en aquella época, pero del momento que está realizado con esa innovativa técnica a “puntos” le agrega otra dimensión que, creo, y sin que el autor se hubiera dado cuenta, corresponde a esa ciencia en declino que es la metafísica, dimensión que, si aún lo negamos, habitamos todavía. El punto es la expresión mínima de lo inconmensurable, el Alfa y Omega, anagrama, antónimo y sinónimo de todas las cosas, el inicio y el fin del espacio, materia y TIEMPO. Detrás de un punto hay una línea infinita, detrás de la línea hay un plano infinito pero bidimensional, y detrás de un plano hay un volumen, ese donde habitamos nosotros. Además, era la respuesta que el malhadado viajero del tiempo de nuestro “patrio” El Eternauta, de Oesterheld y López, descifró en la pantalla del primer computador del cual tengo memoria. El pobre y último hombre de la humanidad mandaba mensajes en los cuales pedía ayuda y explicaciones. Y le respondían con un punto. Atemporal, supongo.