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De la pantoja al Quico: qué raro parlan estos muchachos

Detalle del trabajo de cantería en la construcción de la Torre de Babel pintura de 1563 de Pieter Brueghel el Viejo
Detalle del trabajo de cantería en la construcción de La torre de Babel, pintura de 1563 de Pieter Brueghel el Viejo.

Las hablas gremiales

¿Han escuchado alguna vez hablar a dos abogados? Mucho mejor si son leguleyos, de esos que aparecen en las pelis yanquis persiguiendo ambulancias. Sí, sí, ya sé que lo primero es palparse bien las carteras, por si acaso. Pero más tarde notan algo diferente. Particular. Aquellos tipos manejan un idioma diferente al suyo. No es exactamente incomprensible, pero sí manifiestamente distinto. Lo pueden llamar «abogareño», que es un nombre muy eufónico que me acabo de inventar. 

Trasladado a otras profesiones, y aun amplificado, a esa forma de hablar se le denomina jerigonza (también pueden verlo por ahí como habla gremial), otra palabreja bien bonita que proviene del provenzal (el latín es su abuelo), y hace referencia a la garganta y a las gárgaras y en general a aquello que es incomprensible y suena borborígmico. Hoy en día apenas tiene importancia, porque gracias a la tele todos platicamos de forma (casi) idéntica, y estas particularidades se limitan a diversas voces muy concretas (escuchen a un carpintero nombrar todas las herramientas de su oficio… es un festín). Pero hasta no hace tanto manejar adecuadamente tales formalidades era fundamental para el desempeño de este o aquel trabajo.

Las hay por todas partes, y algunas han llegado a ser muy, muy conocidas. Del cockney, por ejemplo, no sabemos bien el origen (puede que ni siquiera tuviera que ver con laburo concreto), pero pasa casi por cliché, aunque hoy en el East End de Londres se hable con acento tirando a pijo y el cockney rimado sirva para poco más que dar cosita. También está el lunfardo, parlar de los delincuentes bonaerenses, muy conocido a través de los tangos, Borges y algunos futbolistas de Primera División. 

Pero a nosotros nos interesan las otras. Las desconocidas, las que apenas nos permiten aprehender un par o tres de términos entre tanto retinglar incomprensible. Y aquí las tenemos a patadas, oigan. Está la xíriga, por ejemplo, que es el habla de los tejeros en la zona oriental de Asturias (tengan cuidado allí si les mandan a bringar) o el mansolea, jerga de los zapateros en Pimiango, actual Rivadedeva y antiguas Asturias de Santillana. Los constructores tenían su buen latín dos canteiros o verbo dos Arginas en Pontevedra y Ourense, cesteros usaron varbeo en Peñamellera, caldereros declinaban bron en la zona de Grado. También hay construcciones de estas allende la cordillera Cantábrica, no se vayan a pensar. La gacería, por ejemplo, que es la lengua de los fabricantes de trillo y ganaderos en Segovia (cuidado no llamen a los sinífaros si usted lo declina mal) y los buhoneros manejaban el barallete (salvo Manuel Blanco Romasanta, que se comunicaba con aullidos). Algunas de estas rarezas subsistieron hasta hace nada, y es bien conocida la anécdota de un asturiano exiliado a Francia tras la guerra civil que pudo explicar a otro paisano, este internado en el campo de prisioneros de Argéles-sur-Mer, la batalla de Dunkerque sin que el régimen colaboracionista pudiera impedirlo… porque no supieron descifrar aquel galimatías. Ñansoña arrenquisiada de xidez y zuerpos baldomina p´abricia. O, lo que es lo mismo, el mar estaba cubierto de aceite y de cadáveres boca arriba…

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11 comentarios

  1. Cimex Lectularius

    El lenguaje es lo más intrascendente, superficial e inestable, y su encanto se desvanece por completo cuando se advierte la intención en su manejo.

    https://youtu.be/b-KCF9zYURY

  2. Existen sustantivos terminados en «ción» o «sión» que derivan de verbos como «medición» (acción de medir) o «precisión» (acción precisar).
    Pero luego están apareciendo verbos que me chirrían consistentes en añadirle a dichos sufijos la terminación verbal «ar».
    Por ejemplo, el sustantivo «recepción» tiene como significado «acción de recibir», que sería el verbo del que proviene. Pues bien, en un momento dado comencé a escuchar un nuevo verbo denominado «recepcionar», el cual aparece en el DRAE como:
    1. Recibir mercancías y verificar su estado.
    2. Aceptar la cosa que se recibe, en especial si se trata de una edificación.
    ej. » El ayuntamiento no recepciona las obras que no tengan todas las formalidades en regla».
    Me da la sensación de que cada vez hay personas que intentan «significarse» con un lenguaje provisto de términos pseudotécnicos o pseudocultos que ellos mismos inventan de manera innecesaria, pues ya existen otros que cubren esa denominación.
    Si añadimos la terminación verbal «ar» a cualquier sustantivo terminado en «ción» o «sión», pueden aparecer nuevos verbos «exclusivos» como «imitacionar» en lugar de imitar , «localizacionar» en vez de localizar o «agresionar» por agredir.
    ¿Qué pensáis?

  3. Lareon Falken

    En Ourense los paragüeros hablaban barallete, otra habla gremial al listado

  4. A cholón…entrar limpio, sin interferencia.
    Macarraque…cualquier tipo de grasa de uso especial.
    Taconazo…escurrir el bulto, escaquearse de un trabajo ingrato.
    Cachonda…elemento de de calefacción de aire caliente forzada.
    Maikelyakson…acción de huir reculando de un trabajo desagradable.
    Amor, dar cariño…uso desproporcionado pero justificado de una maceta de cobre.
    Grasa…La maceta de cobre.
    Uespoint…sujeto que ascendió en el escalafón por oposición.
    Petiscazo…destino funesto aunque evitable (en honor a Petisco).
    Flis…cualquier tipo de spray.
    Máquina…Personaje expeditivo en cuanto a la realización de cualquier labor.
    Etc etc etc

  5. Al habla de los abogados (y sujetos afines) la llamaba el venerable Antonio Vaquero Sánchez «legalés».

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