
Jorge Luis Borges, uno de los escritores más legendarios de la historia de la literatura, jamás escribió una novela. En su lugar, decidió cobijarse en la inmediatez de los cuentos al entender que lanzarse a la empresa de construir un mamotreto de numerosos folios suponía acarrear sacos de paja con los que rellenar la narrativa: «Es un desvarío laborioso y empobrecedor el de componer vastos libros; el de explayar en quinientas páginas una idea cuya perfecta exposición cabe en unos pocos minutos». Bajo su pluma, las fábulas recuperaron el renombre que los eruditos más quisquillosos les negaban. Y ante sus ojos, el relato corto gozaba de más valía por sincero que aquellos ladrillos novelescos emperrados en dar vueltas innecesarias. Cuando Borges se acercó por primera vez a la obra de Franz Kafka, lo hizo tomando la ruta de sus cuentos y de la manera más cruda posible, con el texto en su idioma original en una mano y un diccionario de alemán en la otra. A la larga, su admiración por las letras de Kafka se cimentaría en los relatos cortos de aquel, alabando la exquisita sencillez y limpieza con las que eran llevados a cabo y considerándolos superiores a obras más extensas como El proceso. Durante la celebración del centenario de James Joyce, alguien comparó al literato irlandés con Kafka y Borges exclamó que aquello era «una blasfemia».
Borges encumbró al padre de La metamorfosis como uno de los grandes autores de la literatura, y su admiración le llevó a tratar de imitarlo: su texto «La biblioteca de Babel» fue uno de muchos intentos «ambiciosos e inútiles» del argentino de «ser Kafka». La herencia de un escritor empapaba a otro para convertirse en la inspiración de un relato que todo el mundo consideraba extraordinario excepto el propio autor. En el caso de Borges, su legado no solo logró calar en otros autores versados en las letras, sino que se atrevió a conquistar territorios del universo pop mucho más lejanos e improbables: sus mundos pavimentaron universos paralelos con pinta de blockbuster cinematográfico, sus bibliotecas sirvieron de inspiración para que los arquitectos virtuales erigieran edificios en los páramos del first person shooter, sus sueños conquistaron viñetas entintadas y sus criaturas se escaparon de los textos para formar filas junto a Pikachu y similares deidades modernas.
El bookshelf porn
El relato «La biblioteca de Babel» (recopilado junto a otros cuentos en Ficciones) construía un universo en forma de biblioteca con estancias hexagonales. Una librería infinita donde se apilaban de manera desordenada tomos que entre sus páginas contenían todas las combinaciones de letras y símbolos ortográficos existentes, convirtiendo sus estantes en el espacio donde cualquier libro existente tenía lugar: desde millones de galimatías hasta diferentes versiones de tu obra literaria favorita, pasando por las biografías de los arcángeles, la historia completa de la humanidad o la descripción más exacta de tu propia muerte. Un concepto extremadamente jugoso para los amantes de vagabundear por pasillos de bibliotecas y atrincherarse entre paredes forradas con columnas de celulosa impresa.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.







Perdonen, pero la suscripción es gratuita? Espero, por favor, una respuesta. Gracias!
30 euros al año
¿Es posible perdonarle a Borges su coqueteo con el fascismo sin olvidarle para siempre?
Para «Cimex Lectularius»: si usted desea privarse de Borges, nadie se lo impedirá. Puedo asegurarle que ése no es mi caso, ni el de millones de lectores (y escritores) en todo el mundo.
Ya, pero Borges necesita ponerse en contexto, y resulta que colaboró con el fascismo de forma activa en su país.
Pingback: Entonces Tlön volverá a ser el mundo | sephatrad
Pingback: No teman por los argentinos | sephatrad
I
Una cosa es el hombre, otra, el artista. Creo que hay que hacer la diferencia. Infortunadamente, es así. Caso contrario nos quedaríamos con las manos vacías.
Pingback: Alguien le dice al tango | Datos-Bo
Pingback: El renacer de Witold Gombrowicz en Buenos Aires: el ferdydurkismo | sephatrad
Pingback: Borgespalooza o cómo convertir a Borges en ícono pop - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: «No soy un monstruo. Soy una máquina»: la voz de Mrs. Davis - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: ¿Cuál es la mejor frase del rock argentino? - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: ¿Cuál es la mejor frase del rock argentino? - Multiplode6.com
Pingback: Come en casa Borges: el adictivo buscador del poeta Germán Gallo - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: Adolfo Bioy Casares, ese dandi amable de las pampas - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: Librerías con encanto: Helena de Buenos Aires - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: Los 'Diarios' de José María Souvirón - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: El último tren (de amor imposible) - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: Simios apóstoles - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: El curioso caso de Jemmy Button - Jot Down Sport
Pingback: Borges pop - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: Los Óscar a no estadounidenses - Jot Down Cultural Magazine
Pingback: 'La ciudad de los niños perdidos': distopía aguamarina retrofuturista - Jot Down Cultural Magazine