Carlo Ancelotti: «El fuera de serie es el que pone su talento al servicio de los otros. Es así de simple»

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Carlo Ancelotti

Esta entrevista se publicó en papel en nuestra trimestral nº 8 Fundido a negro.

Carlo Ancelotti (Reggiolo, 10 de junio de 1959) es fumador y reflexivo. Él mismo admite que le falta espontaneidad. Aprendió a ser paciente trabajando con su padre en el campo y esperando a que el queso que producían, el famoso parmesano, madurara y pudiera venderse. Está habituado a hablar bien de todo el mundo, incluso de Fabio Capello, y a ejercer como hombre de empresa. Un entrenador, dice, debe adaptarse a las circunstancias. 

Antes del fútbol, ¿trabajó con su padre en el campo?

Mi padre era campesino, tenía un terreno y yo trabajaba con él durante el verano, cuando no había colegio. Crecí en una familia campesina, en un medio rural.

Eso debe marcar el carácter.

Sí, creo que sí. Aprendí muchas cosas y supongo que influyen en mi carácter. Nunca tuve problemas con ese tipo de vida, al contrario. No teníamos dinero pero sí mucha, mucha tranquilidad. Guardo buenos recuerdos de mi infancia porque mi familia estaba muy unida. Mi padre tenía tierras y ganado y elaborábamos queso Parmigiano Reggiano, el famoso queso de Parma. Eso requiere paciencia, porque el queso ha de madurar durante al menos un año. Es decir, que trabajas este año y empiezas a cobrar a partir del siguiente. Conviene organizarse bien para llegar sin dificultad al momento en que el queso se vende.

¿Quería usted verdaderamente ser futbolista?

A mí me gustaba mucho el fútbol. Me ha gustado siempre. En un pueblo pequeño como el mío, Reggiolo, no había muchos entretenimientos más allá del fútbol. El lugar donde se jugaba era el oratorio, dirigido por los curas, por la iglesia. Ese era el punto de encuentro para todos después de la escuela: íbamos allí y jugábamos. No había horario, le dábamos al balón siete, ocho, diez horas. Llega un momento en que hay que tomar una decisión: dejar el pueblo, la casa y la familia y marcharse para ser futbolista, o no.

He leído en una antigua entrevista que tomó esa decisión porque sus amigos se iban marchando y dijo: «Yo también me voy».

No fue exactamente así. Es verdad que los amigos se iban a estudiar a otros sitios. Yo hice una prueba con los juveniles del Parma, me aceptaron y me marché de casa a los quince años. Ingresé como interno en un colegio de los salesianos.

¿Fue duro?

Durísimo. Durísimo, porque no era fácil dejar a toda la familia una semana. Cada sábado volvía a casa. Pero recuerdo que el lunes por la mañana, cuando tenía que volver era… aún me parece sentir el sufrimiento. Los salesianos eran muy severos. Tengo que reconocer que también me enseñaron cosas importantes: a respetar los horarios, la disciplina… Y a vivir con independencia. En mi habitación había una cama y un armario. Era una habitación de tres metros por tres metros y hacía falta organizarse y ser ordenado para mantener un mínimo de espacio.

¿Cómo le fue en el Parma?

Estuve dos años en los juveniles y luego pasé a jugar con el primer equipo, en tercera división. Me quedé dos años más en tercera división y en 1979 pasé a la Roma y empecé a jugar de forma, digamos, más seria.

¿Le gustó Roma?

Sí, me gustó y me gusta muchísimo. En los años ochenta era una ciudad muy distinta a la de ahora. La carretera de entrada tenía dos carriles, uno en cada dirección. Nada de autopistas ni circunvalaciones. Era una ciudad muy habitable.

¿Dónde vivía?

En Porta Cavalleggeri. Junto al Vaticano.

No está mal.

No, no. Está muy bien.

Ya en la Roma, siendo jovencísimo, tuvo problemas con las rodillas.

La primera lesión la sufrí a los veintidós años: una rotura de ligamento cruzado en la rodilla derecha. A los veinticuatro, otra rotura de ligamento cruzado en la rodilla izquierda. En total, estuve dos años fuera de la circulación.

Pensaría que su carrera futbolística había terminado antes de empezar.

Sí. Entonces una operación de este tipo era complicada y sin muchas garantías de éxito completo. La recuperación era muy larga. Permanecí sin jugar un año entero, regresé y un año después me rompí otra vez. Pero no me deprimí ni me obsesioné. Quizá no me daba cuenta de lo grave que era mi situación. Me tomé las lesiones con calma y día a día. Lo primero, operarse. Al salir del hospital empieza una vida diferente: tienes que empezar a pensar en caminar, después empezar a correr y después empezar a jugar. Cada etapa presenta un objetivo nuevo.

¿Es usted un hombre tan tranquilo como parece o es un hombre que finge muy bien ser tranquilo?

Soy tranquilo, muy tranquilo. No finjo.

Carlo Ancelotti

La lesión le impidió estar presente en la única final de la Copa de Europa que ha jugado la Roma, la de 1984, precisamente en el Estadio Olímpico romano y contra el Liverpool. Debió de ser terrible ver perder a sus compañeros en los penaltis.

Eso fue una tragedia, una desilusión increíble. No lo olvido.

¿Por qué Arrigo Sacchi se empeñó tanto en llevarle al Milan, tras esas dos lesiones?

Sacchi luchó mucho por mí, estaba empeñado en que me incorporara a un Milan en fase de formación. Tuvo que discutir mucho con Berlusconi, que no veía claro el fichaje. Creo que el interés se debía a que Sacchi había sido antes entrenador del Parma y aunque no coincidimos, debieron hablarle bien de mí. Me parece que lo que más le gustaba de mí era el carácter, porque en cuanto me tuvo a sus órdenes me hizo cambiar completamente mi forma de jugar. No fui el mismo futbolista en Roma y en Milán.

¿Cómo jugaba en la Roma?

En la Roma era un jugador muy dinámico, muy físico, muy corredor. En el Milan tuve que adaptarme a una función parecida a la de Xabi Alonso, de más colocación y menos carreras.

¿Y qué le gustaba a Sacchi de su carácter?

Yo soy géminis, tengo una doble personalidad. Soy muy tranquilo fuera del campo, pero dentro de él me comporto de una forma bastante dura, agresiva. Si tuviera que evaluarme, diría que soy muy apasionado en el trabajo y muy tranquilo fuera de él. No me gusta discutir. Con nadie: ni con los jugadores ni con la familia. Prefiero dialogar y buscar soluciones. Puestos a señalarme un defecto, diría que no soy directo ni espontáneo. Pienso mucho en lo que tengo que hacer y en lo que tengo que decir. Por lo general, entre el instinto y la razón, prevalece la razón. Eso me limita, porque a veces conviene reaccionar de forma instintiva.

Haciendo un salto en el tiempo, llegó a un Real Madrid que no era precisamente un santuario de tranquilidad. La gestión de su antecesor, José Mourinho, fue bastante tormentosa.

Sé que el año anterior en el vestuario había habido problemas, pero cuando llegué ya había vuelto la calma. No heredé tensiones del pasado.

¿Nada? ¿No tuvo que hacer nada para mejorar el ambiente?

No, no. Nada. Encontré un ambiente sereno, mucha motivación, jugadores serios… Ningún problema que tuviera que ver con el pasado. El ambiente ha sido muy bueno desde el primer día hasta ahora. Por supuesto, la vida de un entrenador está hecha de problemas, pero los que he tenido en el Real Madrid no han sido distintos a los que encontré en otros lugares. Quizá incluso han sido menos. No he topado con jugadores a los que tuviera que motivar, ni he discutido con jugadores cabreados porque no juegan. La plantilla ha respetado mis decisiones.

¿Incluso la de alinear a López en liga y a Casillas en las otras competiciones?

Especialmente esa. La han respetado. Creo que ninguno de los dos estaba contento con la alternancia, pero al fin la han asumido y eso no ha perjudicado al rendimiento individual y colectivo.

Volviendo al gran Milan, varios jugadores de aquel equipo hablan hoy de Sacchi como de un tipo bastante pesado, obsesivo, que hablaba de variantes tácticas incluso a la hora de comer. ¿Cómo lo recuerda usted?

Era insistente, sí. Pero a mí me resultaba interesante esa insistencia. Sacchi fue un innovador del fútbol, especialmente en Italia, y no me resultaba molesto aprender cada día un detalle nuevo. Cierto, había que escucharle a todas horas. Pero le considero un gran maestro.

¿El más importante?

Sí, el más importante. He tenido otros entrenadores: Liedholm, un año con Capello, tres años con Eriksson. Aprendí de todos ellos. Desde el punto de vista táctico, obviamente, mi referencia es Sacchi, porque también trabajé con él tres años como asistente en la selección italiana. Lo táctico era su punto fuerte. Cuidaba mucho los detalles. Le llamábamos «el Martillo» por lo machacón. La ventaja consistía en que cuando uno salía al campo sabía perfectamente lo que debía hacer y lo que harían los demás. Sacchi sigue siendo para mí el número uno.

¿Y aquel Milan?

Aquel equipo fue uno de los más fuertes que ha habido en el mundo. Dio cosas nuevas al fútbol. Y cuando das algo nuevo obtienes muchos éxitos antes de que los demás lleguen a entender la novedad y aprendan a contrarrestarte. Sacchi fue especial porque el pressing que hacía en el Milan era algo único e imprevisible para los otros. Dos o tres años después las cosas cambiaron, pero los dos primeros años aquello marcó una diferencia en Italia y en Europa.

Carlo Ancelotti

No innovaba solamente Sacchi; también estaba Berlusconi innovando. Recuerdo que cuando el Milan viajaba a Madrid, se hospedaba en el Ritz. Era insólito que un equipo de fútbol se alojara en el hotel de mayor lujo.

Sí, la filosofía de las empresas de Berlusconi estaba relacionada con la imagen, porque él se hizo rico con la televisión. Cuidaba mucho las relaciones públicas y ese tipo de detalles con glamur formaba parte de la imagen del Milan. Sí, recuerdo muy bien lo del Ritz. ¡Imagínese la diferencia que encontré entre jugar en Roma y jugar en el Milan! No olvidemos que también Sacchi fue una idea de Berlusconi, que le sacó de segunda división.

Era un desconocido antes del Milan.

Berlusconi impuso a ese entrenador y lo defendió. Los primeros seis meses para Sacchi no fueron fáciles. Fueron muy complicados.

Sin juzgar el papel de Berlusconi como presidente del Gobierno, como presidente del Milan no hizo mal trabajo.

Fue un gran innovador. También introdujo la figura del dietista en el equipo. Es decir, hizo cosas. La organización del club era fantástica, los jugadores solo debían preocuparse de jugar porque él se encargaba de todo: las casas y los apartamentos para los jugadores, los coches, las gestiones… La organización era impresionante.

¿Tenía decidido ser entrenador ya antes de retirarse como futbolista?

La última temporada en el Milan jugué poco. Era el primer año con Capello como entrenador. Había llegado un joven, Albertini, para cubrir mi puesto. Sacchi se había ido a dirigir la selección nacional y me había dicho: «Mira, cuando dejes de jugar me gustaría que vinieras a trabajar conmigo». Así que decidí retirarme a los treinta y tres años. Lo dejé en 1992, cuando todavía podía jugar. Las rodillas me causaban problemas, pero podía sobrellevarlos. Me pareció que lo mejor era que yo mismo dijera basta, antes de que fueran otros quienes lo dijeran. Era el momento y me marché con Sacchi. Desde un punto de vista profesional creo que fue una decisión acertada porque los tres años con Sacchi me ayudaron mucho. Hay muchos jugadores que se retiran y empiezan a entrenar enseguida, y no siempre es una buena idea. La experiencia que adquieres como futbolista te ayuda en el conocimiento del juego, pero el trabajo de entrenador es una cosa muy distinta.

Ya era la prolongación de Sacchi en el campo como jugador.

Cuando te conviertes en entrenador las cosas son muy distintas.

¿Quién es su prolongación en el Real Madrid?

Lógicamente, los jugadores que juegan como yo jugaba: Alonso e Illarramendi. Incluso en las características físicas. Alonso no es un jugador veloz, y tampoco lo era yo. Pero es muy inteligente. Seguramente Alonso es mejor futbolista de lo que fui yo. Desde el punto de vista de mi idea del juego, lo tengo claro.

Usted no se entendió muy bien con Capello y no son especialmente amigos.

Capello es muy distinto a Sacchi. Es un entrenador autoritario, que le da mucha importancia a la disciplina y al respeto por las reglas. No es muy flexible, pero es un entrenador fantástico. Es capaz de sacar lo mejor de los jugadores. Otra cosa es cómo lo consigue, porque hay muchas formas de sacar lo mejor.

Capello deja a los futbolistas quemados en un par de años. Eso me dijeron bastantes jugadores de la Roma tras su paso, entre 1999 y 2004.

Esto es porque exige mucho. Yo estuve poco con él, solo dos años. Le veía más bien como rival, porque durante su carrera como jugador, salvo en los últimos años, estuvo en equipos rivales del Milan. Nos enfrentamos muchas veces.

Tras tres años con Sacchi en la selección, empezó por abajo y fue a entrenar a segunda.

Sí. En 1995 empecé en un equipo de segunda división, la Reggiana, el equipo de mi pueblo natal. Estuve allí un año, ganamos el campeonato y subimos a primera. Entonces pasé al Parma, que tenía un equipazo. Fue una aventura muy bonita, dos años con unos futbolistas jóvenes y con un talento increíble: Buffon, Crespo, Cannavaro, Thuram… No llegamos a ganar el Scudetto, quedamos segundos.

Esa fue una gran época para el calcio, porque a los tres grandes de siempre, Inter, Juventus y Milan, se sumaron otros clubes.

Fue la época de las llamadas «siete hermanas» [Nota del traductor: Juventus, Milan, Inter, Parma, Lazio, Roma y Fiorentina]. Ahora hay algunas hermanas menos. [Risas] Sí, porque el fútbol cambia muy rápido. Cuando empecé a jugar, en 1980, prácticamente no había fútbol en televisión. Ponían un partido los domingos, a veces la segunda parte de un partido. Y ahora hay partido todos los días y eso ha traído consigo un cambio enorme. Han subido en general los ingresos de los clubes y hay que saber administrarlos. En Italia, los presidentes gastaron mucho. Demasiado.

Se formaron deudas monstruosas, como en España.

Creo que Italia fue el país que más tardó en adaptarse a los nuevos factores, porque siempre hubo presidentes ricos como Berlusconi, Moratti, Agnelli o Danzi que invertían muchos millones en sus equipos. Como Italia llegó a tener grandes éxitos en Europa (recuerde que en 2003 tres de los cuatro semifinalistas de la Liga de Campeones fueron italianos), en otros países, como Alemania, se pusieron a pensar en cómo recuperar terreno. Los ingleses ya lo habían hecho. Invirtieron en nuevos estadios, en infraestructuras, y ahora Italia está por detrás de todos ellos. La gran diferencia, ahora, la marca la gestión de los estadios. En los derechos televisivos hay diferencias, pero no decisivas: el Madrid puede estar ingresando, por ese concepto, treinta millones de euros anuales más que el Milan o el Inter. Es más importante la cantidad de espectadores en el estadio. En Inglaterra los estadios están siempre llenos.

En Italia no. Porque el público familiar tiene miedo.

Es cierto.

¿Por qué, en tantos años, no se ha conseguido dominar a los aficionados violentos, los llamados ultras?

Italia es el único país donde todavía hay grupos ultras organizados. En los demás países, sobre todo en Inglaterra, se trabajó a fondo para acabar con ellos. En Inglaterra, hace treinta años, los problemas eran mucho más graves que en Italia. Ya no es así. Lo que hicieron los ingleses fue establecer leyes severas. En Italia se ha hecho lo mismo, pero las leyes no se respetan. Espero que esto cambie pronto. Porque Italia está cambiando para mejor.

Incluso el Gobierno.

Sí, en las últimas elecciones ha habido buenas señales [El nuevo Gobierno de centroizquierda obtuvo la mayoría en las europeas]. Estamos regresando.

Volvamos a su historial y a su etapa juventina. ¿Ha mejorado su relación con la Juventus?

Yo no he tenido nunca mala relación con los aficionados. Bueno, solo tuve mala relación con algunos aficionados de la Juventus que me echaban en cara, una y otra vez, haber sido jugador del Milan y de la Roma. Este fue todo mi problema en la Juventus. Laboralmente recibí muy buen trato. Es un club serio, bien organizado. Allí aprendí cómo debe comportarse un presidente. Me dieron fidelidad, cercanía y afecto hasta el último día. Subrayo lo del último día, porque al día siguiente de ese último día me telefonearon y me anunciaron que ya no era el entrenador.

¿Se lo esperaba?

En parte sí. Los periodistas bromeaban conmigo diciéndome «Ojo, que te echan». Y yo les respondía «¿Pero cómo, si ya he firmado el contrato?». Ellos insistían: «Que no, que te echan». Así que había algo en el aire. Tampoco es agradable estar siempre discutiendo y pendiente de los resultados. Desgraciadamente, a los entrenadores se les juzga en función del resultado.

Carlo Ancelotti

Cuando surgió el Moggigate, la trama de influencias arbitrales dirigida desde la Juventus, ¿qué pensó?

Pensé que era una historia muy fea, pero para el fútbol italiano resultó positivo que aflorara porque era algo que se sospechaba y enturbiaba la competición.

Usted debía estar enterado.

Dicen que el marido cornudo es el último en enterarse. [Risas].

Pero incluso el marido cornudo se entera finalmente.

Finalmente, sí. Se entera demasiado tarde.

Eso ocurrió después de que, en 2001, volviera usted al Milan. Y creara a Pirlo.

Pirlo empezó jugando como trequartista [mediapunta o centrocampista de ataque]. Pero no tenía la inspiración, la velocidad y el talento que hacen falta para jugar en esa posición, y le faltaban condiciones físicas. Se asfixiaba en esa zona del campo donde se dispone de poco espacio. Por eso no triunfó en el Inter. Y yo en el Milan ya tenía a Kaká, fuerte y veloz, para jugar en la mediapunta. Mi idea consistía en retrasar a Pirlo y convertirlo en un organizador del juego. La primera vez que hablé con él le propuse que probara de mediocentro y él respondió que no hacía falta probar nada, porque estaba seguro de que ese era su puesto. Es un hombre con mucha personalidad y de joven ya tenía carácter. Tampoco es que yo inventara nada, porque Carlo Mazzone, cuando Pirlo estuvo cedido en el Brescia, ya le había utilizado como organizador.

Entonces quien se equivocó fue el Inter, que vendió una joya por no saber qué hacer con ella. Como siempre.

Seguro. [Risas] Como creo que se equivocó el Milan al venderlo a la Juventus. [Risas].

¿Por qué se cometen esos errores?

A veces no es tan solo un problema técnico. El Milan decidió recortar gastos, había jugadores con un sueldo alto y un contrato cercano a la expiración, y se intentó rebajarles el sueldo. Pirlo no aceptó. Cosa que me parece normal, porque era uno de los mejores futbolistas del Milan y lo normal habría sido que se le pagara más, no menos. Por eso Pirlo fue traspasado. Finalmente, Berlusconi ahorró dinero y perdió a un jugador fundamental.

Oiga, ¿qué pasó en la famosa final de Estambul? El Milan se fue al descanso con una ventaja de tres goles, tenía la Liga de Campeones en el bolsillo, pero el Liverpool remontó. ¿Fue un exceso de confianza?

No. Fue algo inexplicable. Fue una de esas cosas que suceden solamente una vez en la vida, y que uno no alcanza a comprender. Yo he disputado cuatro finales y le aseguro que nunca tuve un equipo que jugara mejor que aquel de 2005. Hicimos un primer tiempo espléndido. Pero también estuvimos bien en el segundo. Después de que nos empataran a tres seguimos teniendo ocasiones para marcar. Al final llegaron los penaltis y la derrota.

¿Y qué se dice a los jugadores después de un partido así?

Que mantengan la cabeza alta. Que esto es el fútbol. Que hemos hecho todo lo que se podía hacer. Que es el destino. Que no tenemos nada de lo que arrepentirnos. Ese tipo de cosas. Los profesionales sabemos que el fútbol tiene mucho de imprevisible, y de ahí su belleza.

Supongo que ya había preparado un discurso parecido cuando se acababa la final de Lisboa, porque el Real Madrid parecía condenado a perder frente al Atlético.

Pues no, porque sé que todo puede suceder en el fútbol. En un solo momento cambia un partido. Y estaba convencido de que podíamos empatar. El equipo estaba vivo y no mostraba resignación, sino ganas de dar la vuelta al resultado.

Sí, era el Atlético el que se moría. Pero faltaban dos minutos. ¿Qué se piensa cuando quedan dos minutos y se está perdiendo una final como esa?

Uno no piensa en nada. Estaba concentrado en el partido. Y en la angustia de ver pasar el tiempo con tanta rapidez. Se empieza a pensar después, cuando se acaba.

¿No pensaba en volver al fútbol inglés?

No, no. Aunque me gusta mucho el fútbol inglés. En Inglaterra se vive un ambiente fantástico, es un paraíso deportivo. Tienen una forma especial de disfrutar los partidos, sin violencia, sin insultos, con un respeto enorme hacia el adversario.

Usted parecía la persona ideal para sustituir a Alex Ferguson en el Manchester United.

No lo sé. Me sentí muy bien en el Chelsea y lo pasé muy bien esos dos años en Londres. Me encanta el estilo de vida inglés, aunque siendo italiano se supone que debería ser al revés. Aprecio la rigidez inglesa, la formalidad, la seriedad. Le aseguro que si tuviera que ir a una guerra, preferiría que me acompañaran ingleses, no italianos. [Risas]. La historia de los países resulta muy útil para conocer el carácter de sus ciudadanos. Eso lo tengo claro.

El periodista Gianni Brera decía que el catenaccio en el fútbol era consecuencia de la historia italiana.

Estoy bastante de acuerdo. Lo nuestro es actuar a la defensiva.

Y aprovechar las oportunidades.

Sabemos buscarnos oportunidades porque somos creativos. Los italianos consiguen encontrar soluciones incluso en las situaciones más complicadas. Eso también nos lo muestra la historia: por dos veces, en las dos guerras mundiales, empezamos la guerra en un bando y la terminamos en el otro.

¿Piensa volver?

¿A Italia?

A Inglaterra.

Sí. Quiero volver algún día, porque se trabaja sin la presión que existe en otros lugares. ¿Sabe lo que más me fastidia? La falta de respeto a las personas. Puedo soportar sin grandes problemas la presión de la prensa o la del presidente, pero me molestan los gestos violentos en el estadio, los insultos a tu padre, a tu madre y a quien sea. Desprecio la falta de respeto. Aquí existe una rivalidad tremenda entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid, pero me gustó el comportamiento general en la final de Lisboa. España ofreció ese día ante el mundo una imagen positiva. Dos hinchadas se desplazaron al extranjero, respetaron las reglas y volvieron, felices unos y tristes otros. Esto es el deporte.

Carlo Ancelotti

Volviendo al fútbol inglés, ¿por qué, con una liga tan buena, tienen una selección tan floja?

Los equipos ingleses son muy competitivos, aunque tengan ciclos. La selección nacional es un caso distinto. Los jugadores son héroes en sus clubes. Inglaterra es el único lugar en que un equipo que acaba de perder, de caer en una eliminatoria, da la vuelta al campo y recibe aclamaciones de sus seguidores. Pero esos mismos futbolistas, en la selección, dejan de contar con apoyos entusiastas. Perciben las dudas, las críticas, sufren más presión. En Italia, en cambio, no existen diferencias entre jugar en el club o en la selección: la presión está ahí siempre.

Llegamos al Real Madrid. Usted entrenaba al PSG parisino.

Permanecí en París año y medio. Hacia el final de la segunda temporada empecé a convencerme de que algo no encajaba. Estábamos en cabeza de la clasificación, pero no estaba convencido de que el trabajo que hacíamos fuera el correcto. Y no me sentía cómodo en mi relación con los dirigentes. Decidí irme. El 1 de marzo de 2013, lo recuerdo perfectamente, comuniqué al club mi intención de abandonar el PSG.

¡Con lo bien que se vive y se come en París!

Sí, es una ciudad muy hermosa. Me encontré a gusto en París. Y, además, la relación con mis jugadores era buena. Pero después de comprender… Mire, le cuento lo que pasó. Llegué a París porque el PSG estaba construyendo un gran proyecto. Tenían grandes ambiciones y yo creía en ellas. Pero para llevar a cabo un proyecto de esa magnitud hace falta tiempo, hay que reunir a un grupo de futbolistas apropiados, formar un equipo y, sobre todo, cambiar la mentalidad de la institución y de su entorno. Los primeros seis meses fueron bien. El segundo año llegaron Thiago Silva e Ibrahimovic, dos piezas muy importantes. No lo hicimos mal, ganamos la liga francesa. Pero los dirigentes no estaban contentos. Noté que ya no pensaban en el proyecto y querían grandes resultados de inmediato. Francamente, el PSG necesitaba seguir trabajando a medio y largo plazo, no pensar ya en ganar la Liga de Campeones. Cada partido que perdíamos suponía una discusión. Por suerte, dije que me iba con suficiente antelación, porque resultó que al acabar la temporada, con el título en las vitrinas, no querían dejarme marchar y exigían que cumpliera el año que quedaba de contrato. Hubo un montón de problemas. Pero no les traicioné, porque en marzo, cuando comuniqué mi marcha, no tenía ofertas de nadie. Carecía de equipo.

¿Ni el Madrid?

No. Después surgió la opción del Real Madrid, con quien ya había tenido contactos en el 2006, antes de ir al Chelsea. Siempre con Florentino Pérez.

¿Por qué tiene usted esta fama de entrenador que complace a los presidentes?

No lo sé. Quizá porque cuando llego a un club no desembarco con una comitiva de ayudantes y empiezo a imponer condiciones. Yo me fui al Chelsea prácticamente solo. Me acompañaba un psicólogo con el que quería trabajar porque hablaba bien inglés y era una persona de confianza. Nadie más. El propietario del Chelsea, Roman Abramóvich, me concedió un gran margen. Mira, me dijo, tenemos una estructura que no sé si es acertada o equivocada. Échale un ojo y dinos lo que te hace falta. A mí me pareció una estructura fantástica, muy profesional. Al segundo año traje un preparador italiano porque me pareció que hacía falta. ¿Eso es ser complaciente? Creo que un entrenador tiene que valorar los recursos de que dispone. No puedes pedirle al club que compre jugadores que no puede comprar. No puedes imponer una estructura que no se adapte al club, y no puedes imponer un juego que no se adapte a las características de los futbolistas. Hay que lograr que todos, desde el presidente al último auxiliar, se sientan partícipes.

¿Dejan impronta los entrenadores? Cuando usted llegó al Chelsea, se integró en una estructura creada por José Mourinho.

Y luego en el Real Madrid sucedí a Mourinho. Sí, cuando llegué al Chelsea noté que Mourinho era muy apreciado por el trabajo que había hecho. Valía la pena mantener lo que hizo Mourinho porque dejó una organización que funcionaba. No me extraña que le quieran.

¿Notó lo mismo aquí en el Real Madrid?

Mourinho, yo y muchos otros entrenadores compartimos una filosofía de trabajo más o menos parecida. Cuando llegué a Madrid no tuve que cambiar demasiadas cosas, los jugadores estaban acostumbrados a trabajar mucho con el balón y a hacer poca preparación simplemente física. Cuando llegué al Chelsea, en cambio, sí noté diferencias, porque en el Milan se trabajaba de otra forma. Y me pareció que era mejor no imponer mis métodos a unos futbolistas que ya estaban acostumbrados a una forma determinada de trabajar.

O sea, que se adapta usted a las estructuras existentes. No me diga otra vez que no tuvo que hacer trabajo psicológico en Madrid.

Pues se lo digo. Sé que hubo problemas entre algunos jugadores y Mourinho, sé que había dificultades internas, estaba cada día en los periódicos. Pero eso, este año, no ha sido en ningún momento motivo de discusión en el vestuario. Los problemas se olvidaron rápidamente.

¿Cómo se dirige a un grupo de jóvenes millonarios, famosos y ególatras?

No sé cómo se hace eso. [Risas]. Hablo con los jugadores y no sé si considerarles amigos o hermanos pequeños. No quiero ser su padre, quiero ser una persona que les respeta y que está cercana a ellos. A los futbolistas les gusta hablar un poco de todo, charlar sobre los múltiples aspectos de esta profesión. Les apetece conocer cosas. Hay que tratarles de forma personal y convencerles de que el trabajo individual es necesario para el grupo. Este viene a ser el concepto. El gran campeón es el fuera de serie. El gran campeón es el que tiene talento. El fuera de serie es el que pone su talento al servicio de los otros. Es así de simple.

Habrá alguno de esos grandes campeones en el Real Madrid.

Debo decir que el jugador que tiene más talento, que es obviamente Cristiano Ronaldo, ayuda mucho a los demás. Porque uno que mete cincuenta goles por temporada ayuda a su entrenador y ayuda a sus compañeros. [Risas]. Pero Cristiano, además, no es egoísta. Aunque juegue en una posición en la que lo natural es ser egoísta.

Sí, es parte del trabajo.

Sí. Y, sin embargo, le veo pasar el balón, se muestra generoso y sabe sacrificarse. Ibrahimovic también es así, aunque todos piensen que es un tipo bastante intratable.

¿Y no es verdad?

Absolutamente no. Ibrahimovic es el jugador más altruista que he conocido. Ya sé que el mundo está convencido de lo contrario.

Pregúntele a Guardiola.

Creo que el problema que tuvo con Guardiola se originó con la táctica de juego. Guardiola le exigía un trabajo puramente ofensivo, y a Ibrahimovic le gusta disponer de más libertad. Pero en el Barcelona, claro, el juego gira en torno a Messi.

¿Hace falta reforzar al Real Madrid después de la Décima?

Haremos alguna cosa, pero en general el grupo es muy bueno y muy joven. Carvajal, Isco, Jesé… Todos hablan de Bale, pero tenemos cinco jugadores de la cantera y este año no ha habido ni un solo equipo en España que haya alineado regularmente a cinco canteranos. Ninguno. Al margen de Carvajal, prestado al Leverkussen, Morata, Jesé, Casemiro y Nacho estaban en el Castilla la temporada anterior. Y digo eso sin incluir a Casillas y a Diego López, ambos formados en el club. También fichamos a dos jugadores jóvenes, Isco e Illarramendi, que el próximo año estarán mejor.

¿Qué sucede con Illarramendi? ¿Le falta carácter? Se suponía que debía sustituir a Alonso en la final.

Sí, esa era mi idea. Pero al final tuve muy en cuenta el juego a balón parado. Alonso es uno de los mejores jugadores en juego aéreo, y sin él me pareció que íbamos a tener problemas defensivos en los lanzamientos a balón parado. El Atlético de Madrid es mortífero en ese tipo de jugada, así que decidí que era mejor dar un poco más de altura al equipo con Khedira.

¿Cómo se le explica esto al jugador descartado?

Se le explica. Se le dice la verdad. A Illarramendi no le gustó, por supuesto. Era la final y tiene carácter. Pero lo comprendió.

Carlo Ancelotti

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2 Comentarios

  1. Útil entrevista para saber lo que decía Ancelotti, ¡hace un porrón de años! Ya vemos que no ha sido posible entrevistarlo ahora mismo. ¡Qué se le va a hacer, otra vez será!

  2. Eso de sacar entrevistas antiguas, no ya de algunos meses sino de varios años, con lo cambiante que es el mundo del fútbol de una temporada a otra, y venderla como una entrevista actual, no sé yo si es una buena idea. Por muy interesante que haya sido la entrevista, que lo es. Pero al menos deberían poner la fecha original al inicio.

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