La Valencia de los Borja: oro, sangre y tinta

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Calixto III por Juan de Juanes; Alejandro VI, por Cristofano dell’Altissimo; y César Borgia, por Altobello Melone.

Mi padre nació en Torreta de Canals, el mismo lugar donde nació Calixto III, el primer papa Borja. Cuando era pequeño recuerdo jugar en una plaza donde había un torreón decrépito. Mi padre me contaba que allí había nacido un papa y a mí no me entraba en la cabeza. ¿Los papas no son de Roma? ¿Los papas vivían en torres? La torre del papa Calixto, que aún está en pie y ha sido reformada, es un torreón militar. En su momento, pese a su decadencia, conservaba el aspecto defensivo que debe tener un edificio de esas características. El niño que era yo, sin poder expresarlo adecuadamente, percibía una especie de incongruencia entre lo que me contaba mi padre y lo que veían mis ojos. Vivir en una torre no debía ser muy agradable. Era alta y estrecha. Aquella construcción provocaba en mi mente escenas bélicas, guerreros con armadura, soldados al asalto con catapultas, duelos a espada y a caballo, en fin, que aquel me parecía un lugar muy poco adecuado para un papa. Después averigüé que aquella torre no era sino el origen y, posteriormente, una parte de un palacio que pertenecía a la familia Borja. En aquel momento, cuando nace Calixto III, la aldea de La Torre, lindante con Canals, no pertenecía a Canals, ni a Xàtiva (que la compró en 1506), aunque estaba dentro de la jurisdicción de esa ciudad, y aquel palacio (del que solo queda en pie la torre) era una de las propiedades que la familia Borja tenía por los alrededores. De modo que el papa Calixto III nació allí como podía haber nacido en la ciudad de Játiva, donde de hecho fue bautizado y donde estaba la casa principal de la familia.

En aquel momento, esto es en 1378, los Borja era una familia de lo que podríamos llamar pequeña nobleza rural. Una familia que gozaba de muy buena posición económica pero que no sobresalía en absoluto respecto a las demás familias nobles valencianas, aragonesas o castellanas. Nada parecía indicar que, en solo dos generaciones, los Borja iban a convertirse en una de las familias más poderosas de la Europa renacentista.

¿Qué queda de los Borja en Valencia? Empezaremos en Játiva, en aquel momento una de las ciudades más importantes del reino. Si ustedes son de los que quieren estar bien informados pueden optar por una ruta guiada por la Játiva de los Borja. Visitarán, entre otros edificios históricos, la Casa Natalicia de Alejandro VI (el segundo papa Borja), la Colegiata de Nuestra Señora de la Seo, el Palau de l’Ardiaca o la iglesia de Sant Francesc. Si en cambio son de los que gustan de ir por libre, dejen el coche y adéntrense en el casco histórico, y limítense a seguir las señales indicativas, sin prisa, disfrutando de cada recodo del camino. Casi todo lo que van a ver guarda relación de un modo u otro con los Borja. La Játiva renacentista no se puede entender sin el dinero, el poder y la cultura de los Borja. De la misma forma, la Valencia renacentista o incluso la Castilla renacentista no se pueden entender sin los Borja, que en sus constantes viajes desde Italia a la península siempre traían consigo algún pintor o humanista italiano, propiciando de este modo la renovación de la cultura y el arte español. En uno de sus barcos también volvieron los pintores Fernando de Llanos y Fernando Yáñez de la Almedina, después de pasar varios años formándose como discípulos de Leonardo.

Lo único que se libra de la influencia de los Borja en Játiva es su castillo, que ya existía en los tiempos en que Aníbal se paseaba por la península sometiendo a las tribus íberas y, de paso, preparando su marcha hacia Roma. El castillo de Játiva ha dominado la ciudad desde siempre, pues es anterior a ella. Ha sufrido muchas destrucciones y también muchas reformas caprichosas (fue propiedad privada de un industrial de la ciudad, que lo usaba como finca de recreo), pero bien merece una visita. No tanto por los vestigios históricos (que quedan pocos) como por la espléndida vista que se divisa desde él. Además, si bien está en una cima escarpada, el ascenso es fácil, pues, además de en coche particular, se puede llegar en uno de esos trenecitos turísticos que tanto gustan a los niños. Si usted viaja con su familia, esta opción es la más cómoda y divertida.

Y si está pensando en dormir en Játiva, en las faldas del castillo y en la parte vieja de la ciudad encontrará casas rurales y hoteles rurales para todos los bolsillos. Algunos verdaderamente espectaculares, otros más modestos, pero todos muy acogedores. Ahora bien, si usted es enemigo de las multitudes, absténgase de visitarla del 15 al 20 de agosto, pues se celebra una importante feria comercial, la «Fira» de Játiva, que data de un privilegio concedido por Jaime I en 1250. Por el contrario, si lo que quiere es animación y buen ambiente, ese es su momento. Durante siglos la «Fira» ha sido un irresistible foco de atracción para los pueblos vecinos y en la actualidad a estos visitantes se suman ingentes grupos de turistas llegados de todas partes. 

Después de Játiva la siguiente escala en la ruta de los Borja es Simat de la Valldigna, un pequeño pueblo cercano a Gandía donde se encontraba uno de los monasterios más ricos de toda la Corona de Aragón, el monasterio de Santa María de la Valldigna. Allí, entre los restos que aún quedan, pueden verse varios escudos de la familia Borja en la Sala Capitular, pues tanto Rodrigo de Borja, futuro papa Alejandro VI, como su hijo César ejercieron el abadiazgo de dicho monasterio entre 1476 y 1498.

El monasterio cisterciense de Santa María de la Valldigna corrió la misma suerte que muchos edificios y conjuntos arquitectónicos de esa índole. Fue abandonado y expoliado después de la desamortización de Mendizábal. Algunas partes fueron vendidas, otras se derribaron y otras acabaron siendo usadas como almacenes y establos. Hoy se puede visitar gracias a la labor restauradora de la Generalitat Valenciana, que lo adquirió en 1991 y que desde entonces ha desarrollado una ingente labor por recuperar parte de su esplendor, adquiriendo y trayendo de vuelta las arquerías góticas del palacio del abad (que hasta hace poco estaban en una residencia privada de Torrelodones), realizando excavaciones y reconstruyendo algunos de sus edificios principales.

Desde allí, después de un corto trecho, acérquense hasta Gandía. Allí pueden y deben visitar el Palacio Ducal. Allí nació Francisco de Borja, que no fue papa pero sí general de los jesuitas y santo. Y de allí tuvo que salir huyendo a los diez años de edad, cuando la revuelta social de las Germanías triunfó en gran parte del reino de Valencia. La revuelta de las Germanías duró poco y fue muy violenta. Algunos grandes nobles tuvieron que refugiarse en los lugares más insospechados, como los señores de Orihuela, que se refugiaron en el campanario de la catedral, otros tuvieron que huir con lo puesto, mientras sus palacios eran saqueados e incendiados, y otros fueron acorralados y murieron a manos de sus propios siervos. Pero con todo las principales víctimas de la revuelta fueron los moriscos, hacia los que se desvió rápidamente la agresividad del pueblo, y el mismo pueblo, que fue masacrado sin piedad por los ejércitos de Carlos I y que luego fue perseguido durante los meses siguientes por la virreina Germana de Foix, que inició una campaña de represión de los antiguos sublevados (o de los sospechosos de serlo) que se concretó en numerosas ejecuciones públicas.

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Techo del salón columnariode La Lonja de la Seda. DP.

Las Germanías suponen un duro golpe para el Reino de Valencia. La capital, que en los años previos era una de las ciudades más importantes del Mediterráneo, iniciará una lenta pero constante decadencia. Cuando Valencia y su reino entran en el siglo XVI la situación es espléndida. Tenemos un papa valenciano, Alejandro VI, que otorga las bulas a los Reyes Católicos que les permiten la ocupación legal de los inmensos territorios americanos, recién descubiertos. Y precisamente de aquí, de Valencia, gracias a Luis de Santángel, salió el dinero que financió la expedición de Colón. La economía valenciana de la época, basada en el comercio mercantil por el Mediterráneo (como el de toda la zona costera de la Corona de Aragón), gozaba de tan buena salud que los comerciantes de valencia se permitieron la construcción de la Lonja de la Seda, un edificio que hoy es patrimonio de la humanidad. Era tal el orgullo de estos hombres que en la sala principal de la Lonja, el salón columnario, dejaron escrito el siguiente texto: 

Casa famosa soy en quince años edificada. Probad y ved cuan bueno es el comercio que no usa fraude en la palabra, que jura al prójimo y no falta, que no da su dinero con usura. El mercader que vive de este modo rebosará de riquezas y gozará, por último, de la vida eterna.

Pero en la Lonja no solo se comerciaba. También era la sede de una institución muy moderna: el Consulado del Mar, una especie de tribunal de asuntos marítimos y mercantiles que solo existía en las principales ciudades del Mediterráneo y que fue antecedente del Consulado del Mar de Barcelona, creado más de cincuenta años después.

El dinero desata la vanidad de los que lo tienen. Se construyen palacios y grandes iglesias. Pero también se encargan cuadros y esculturas. Los museos valencianos están llenos de obras del último gótico y del primer Renacimiento. Pero, además, el dinero también trae cultura. Y no es casualidad que Valencia fuera una de las primeras ciudades del país en tener imprenta. Así se difundirán las grandes obras del momento, que son precisamente las grandes obras de la literatura valenciana, como los poemas de Ausiàs March o el Tirant lo Blanc, un libro que por sí solo logrará que su autor, Joanot de Martorell, tenga un lugar de honor ya no solo en la literatura valenciana sino también en la española. Un puesto que se ganó bien pronto con la inestimable ayuda de Cervantes, que no dudo en salvarlo del fuego y, más aún, en considerarlo «el mejor libro del mundo». Del manuscrito original del Tirant lo Blanc por desgracia solo se conserva hoy una página. Pero Valencia, con su extenso casco histórico, con sus museos, bibliotecas e instituciones culturales, ha conseguido salvar, a pesar de los muchos episodios bélicos que ha sufrido, gran parte de un enorme riqueza cultural y artística. Y por si fuera poco están sus playas. Porque, ¿quién ha dicho que la cultura tenga que estar reñida con el descanso, el ocio y el placer? 

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12 Comentarios

  1. El nombre es Xàiva. Y por ciero no he entendido el último párrafo hablando del casco antiguo de la ciudad de Valencia que nada tiene que ver con el resto del reportaje, ni la mención a las playas. Ya puestos te ha faltado hacer publicidad de las fallas, los moros y cristinanos y el bou embolat.
    El Levante feliz…

    • El nombre oficial es Xàtiva. Eso no quiere decir que estés obligado a usarlo. Es cierto que en “El País” y en otros diarios y prensa se sigue la norma de usar siempre los nombres oficiales de las ciudades y pueblos, pero es una regla de estilo de la revista, no una limitación del lenguaje. Cuando yo hablo en valenciano, Zaragoza es Saragossa.

      Y en lo demás, de acuerdo. Parece un folletín publicitario de la Generalitat Valenciana en lugar de un artículo de Jotdown.

      • Por la misma regla que usted cita, este lumbreras debería utilizar el término Canales, Torrecilla de Canales, Ausiás (que no Ausiàs), Tirante el Blanco, y así todo. En el momento en que no utiliza el término Xàtiva, oficial, y utiliza Játiva, un intento de castellanizar el nombre, el texto de este individuo pierde todo el sentido histórico que le quiera dar. Indica que poco conoce la historia y la ciudad a la que hace referencia.

    • Si escribe en español, (por mucho nombre oficial que sea el otro, a otros efectos), es Játiva.
      No creo que ningún catalanoparlante, hablando o escribiendo en catalán, diga o escriba Zaragoza y Cádiz o United States of America y Polska.
      No se falta el respeto o al sentido común ni en el primer caso, ni en el segundo.

      • Como diría aquel… El nombre es Xàtiva aquí y en la China Popular. Pero lo más extraño es que en la primera ocasión sí que utiliza el termino oficial (Xàtiva) con cierto tufillo negativo y en el resto no. Y ya puesto a escribir en Castellano, mejor si se hubiera escrito Feria por Fira,, Catedral por Seo, Palacio, por Palau o San Francisco por Sant Francesc…
        Lo de Generalidad, Canales, Hermana de Foix y algún otro yo lo dejo para los muy talibanes.

      • “Que se dice Gerona y no Girona, por lo mismo que se dice Milán y no se dice Milano o Nueva York y no New York”, Javier Cercas, en la entrevista para el programa “la Matemática del espejo”, de hace nada.

        Y así podríamos seguir, porque si yo tengo un amigo en Amberes no digo que tengo un amigo en Antwerpen, porque si no no se entera nadie de dónde está eso…

  2. El libro de Joanot Martorell demuestra que ese idioma que se hace llamar catalán en realidad se da a conocer al mundo desde Valencia o por lo menos son valencianos los primeros en usarlo academicamente y en darle un sentido con sus escritos, pero los catalanes al igual que los ingleses han tergiversado la historia llevándola hacia sus intereses y a su favor, en definitiva fueron más “listos” y se movieron más rápido para que el nombre catalán sea el que hoy se conozca por encima del mallorquín y el valenciano, el mismo idioma sí, pero se podía haber llamado de otra forma, es una mera cuestión de pirateo del nombre.

    • Hay escritores coetáneos a Ausiàs March i Joanot Martorell que escriben desde todos los rincones de la Corona Aragonesa. También me extraña que utilicemos una organización territorial del Siglo XX para analizar literatura medieval. Y si además lo hacemos en una lengua denominada castellana y cuyo origen se pelean entre Leones, Riojanos y Castellanos pues ya es para mear y no echar gota. Todo sea para mantener el eslogan de que los catalanes son listos y piratas

  3. Yo lo que no sé es porqué los asturianos tienen derecho a tener su lengua, los aragoneses a tener la suya, los bretones y los corsos la suya, los galeses la suya, hasta los de las islas feoes la suya (ahora que ya no son Dinamarca, porque antes era solo danés), frisones pueden hablar frisón y que se les reconozca como lengua, y los sardos y los flamencos también (por supuesto) y hasta los del valle de Arán tiene su idioma reconocido, y así podríamos seguir un rato más, pero los valencianos no tienen derecho a tener la suya propia, cuando, por cierto, ¡qué cosas!, el Siglo de Oro supuestamente catalán está lleno de valencianos que decían que escribían y hablaban en valenciano, pero claro, qué sabrán ellos…

  4. Pues básicamente por lo mismo que tampoco “tienen derecho” a su propia lengua los mexicanos, argentinos, puertorriqueños y los diferentes pases que compartimos idioma. Báiscamente porque la lengua es la misma con sus variantes dialectales. El hecho de que sólo os cause extrañeza y conflicto el tema del catalán/valenciano/alacantí/mallorquín/menorquín/ibicenco denota cual es el interés que te guía.
    Si encuentras en cualquier universidad del mundo algún departamento de filología que tras estudiar la lengua catalana haya determinado que valenciano/catalán/mallorquín son lenguas diferentes me pasas el enlace por favor.

    • Sí, ya, lo de siempre. Pues me parece que si no has entendido que hay pueblos que tienen conciencia de tener una lengua propia, independientemente de los que digan los señores científicos de las universidades de filología, que como sabemos son todos muy neutrales, asépticos, objetivos… y no se dejan influir por el entorno social ni económico ni por la política ni por los prejuicios de sus compañeros, pues entonces no hemos entendido nada. Cógete gramáticas de hace 30 años, catalanas, francesas, danesas, castellanas, y verás que ahora hay idiomas considerados idiomas que antes ni salían como dialectos. Las cosas cambian, en el siglo XIX al “lemosin” se le empezó a llamar catalán, y se empezó a considerar al valenciano como lengua “hermana del catalán”. Antes de eso, nada de nada.
      Si te vas a Argentina y le preguntas a la gente que idioma habla, muy posiblemente te dirá que “español”, no que hablan “argentino”. Pero si te vas a Mallorca y preguntas, mucha gente te dirá que habla “mallorquín” y unos cuantos, casi todos jóvenes (y no es casualidad) te dirán que catalán. Y si te vas a los pueblos de Valencia, de Alicante y de Castellón, te pasará lo mismo. La gente mayor te dirá que habla “valenciano”, no te dirán que hablan “catalán” y solo los jóvenes (y solo una minoría), te dirán “catalán”. Y no es inofensivo ni inocente el nombre que le damos a las lenguas. Vete a un pueblo de Barcelona y dile a la gente que habla “valenciano” y verás lo que te contestan… Detrás de ese nombre viene una ideología y un pensamiento que va mucho más lejos del simple nombre de la lengua. Todos los nacionalismos utilizan la lengua como uno de sus pilares fundamentales. Que el bable sea considerado dialecto o una variedad de castellano antiguo (veáse lo que decía en la universidad un señor llamado Menéndez Pidal, por ejemplo) o un idioma propio no es una cosa que se quede solo en el campo de la filología y la erudición académica. Para empezar habría que hablar de los filósofos alemanes románticos y el papel que le daban al alemán en el proceso aún no llevado a la práctica de creación de la nación alemana, y luego pues mira cómo acabó la cosa: “Quien habla alemán, es alemán” (aunque sea checo…) . Eso para empezar…

      • No sé, me encanta pasarme de vez en cuando x Jot Down a leer. Soy valenciano, de un pueblo que se llama Paterna y me encanta el valenciano. Me encanta nuestra lengua como patrimonio cultural, como riqueza.
        Desgraciadamente, os puedo asegurar que se está transformando en un instrumento político. Se ha hecho del valenciano una barrera lingüística en la enseñanza pública, es obligatoria xa opositar a la Admn, tratan incluso de incluirla como requisito xa las oposiciones sanitarias.
        No lo sé, el valenciano es precioso, un lujo, xo tratan de utilizarlo como vehículo ideológico, igual que hicieron en Cataluña. Me da la sensación que en un término medio de tiempo se va a identificar a los que hablan en castellano o valenciano con una determinada opción política. Y eso es dar varios pasos hacia atrás.

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