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Marina Perezagua: «Las mujeres llevamos dentro la necesidad, y la responsabilidad, de la queja»

Marina Perezagua

Casi no hay una respuesta en la que no ría: la risa parece en Marina Perezagua (Sevilla, 1978) casi una respiración. También un conjuro para estos tiempos extraños, y una forma de celebrar que estamos en una mañana apacible en Marbella, con sol y barcos meciéndose en las aguas del puerto deportivo, en medio de lo que se ha dado en llamar nueva normalidad. Perezagua, afincada en Nueva York desde hace varios años, regresa a uno de sus lugares favoritos con una redonda y prominente tripa que va a convertirla en mamá primeriza dentro de muy poco. Nadadora y buceadora experimentada, debutó como escritora de relatos con Criaturas abisales y Leche, que la colocaron de inmediato entre los nuevos valores a tener en cuenta en las letras hispanas. Confirmó las expectativas con su primera novela, Yoro, y ha seguido destacando como una voz personal y diferente en entregas como Don Quijote en Manhattan o Seis maneras de morir en Texas. Puesta a reírse de todo, lo hace también de algunos aspectos del mundo de la literatura. 

La primera curiosidad es sobre su nombre, ¿es real? Parece como de novela de Barry Gifford, con esos nombres que parecen prefigurar un destino: Perdita Durango, Romeo Dolorosa, Marina Perezagua…

Sí, sí, es real [risas]. Perezagua es mi segundo apellido, pero como no tengo contacto con mi padre, decidí cambiar el orden. En algún momento quise escribir una novela con el nombre de Agua, hay incluso una antología de Granta sobre el tema, pero me dije que no podía, porque Marina, Perezagua y Agua habría sido demasiado. En el cole me llamaban Pez-en-agua, porque no salía del mar. Toda mi familia es muy de mar, aquí mismo, en este puerto, teníamos un barquito. 

¿Le viene de casta, pues?

Bueno, mi madre se atravesó el Atlántico con dos amigos, luego tengo un tío que estudió Ciencias del Mar y además es marino mercante, mi tía ha trabajado también en los barcos… No tenía escapatoria [risas].

¿Usted recuerda la primera vez que pudo nadar sin hundirse?

Claro, pero curiosamente no fue en el mar, sino en el lago Martiánez, en Canarias. Mi madre recuerda que apenas sabía hablar y ya estaba dando guerra con que quería nadar, nadar y nadar. La debí de hartar tanto que me soltó allí en el lago y por poco me ahogo, pero ya salí nadando. Empecé en el agua dulce. 

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2 comentarios

  1. Me ha encantado esta entrevista. Marina Perezagua parece una mujer súper graciosa e interesante!! Gracias por compartir

  2. He leido La Playa y casi es mi retrato con el desamor de mi madre, detalles muchos incluidos y me cuesta creer que esto no sea una vivencia real por mucha imaginación que se tenga o preparación o investigación, etc. Por eso pregunto a las personas que conocen mejor a Marina si es Autobiografía. Estoy impactada.
    Alguien me puede sacar de dudas. No la conocía pero me ha impresionado y leeré todo lo que ha escrito

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