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Juan Villoro: «Lo más grave del gobierno de López Obrador es que mucha gente cree que es la izquierda, lo cual desprestigia este ideario»

Juan Villoro para Jot Down

Decir que Juan Villoro (Ciudad de México, 1956) es escritor y periodista es quedarnos muy cortos. El lustre de sus premios (Jorge Herralde, Rey de España de Periodismo, García Márquez a la Excelencia) seguramente solo pueda competir con la pompa de las alma máter en las que ha sido profesor visitante (Yale, Princeton, Stanford, Boston Collage, Fundación Gabo) o el prestigio de los medios que han contado con su firma (Letras Libres, Proceso, El País), por citar únicamente algunos ejemplos. De hecho, es miembro del Colegio Nacional de México e incluso fue ponente de la Propuesta de Constitución de la Ciudad de México. 

Juan Villoro está, en cualquier caso, lejos de ser un mero intelectual de la gauche caviar, como pudiera aventurarse leyendo párrafo anterior. Digamos simplemente, por tanto, que es tan mexicano que tiene el nopal tatuado en la frente. Entre otros motivos, seguramente gracias a su padre, el filósofo zapatista nacido en Barcelona Luis Villoro. Luis, con la «radicalidad» que solo pueden alcanzar los conversos, supo hacerse mexicano de hueso colorado a través del indigenismo. Fue mexicano hasta la ofensa. «¡¿Tú sabes lo que nos ha costado ser mexicanos?!», le dijo a Juan cuando este le pidió su certificado de nacimiento para conseguir la doble nacionalidad. 

Juan, huelga aclararlo, no consiguió el certificado de nacimiento. Resultaría tentador pensar que fruto de esa derrota nace un interés narrativo; aquello que tan elegantemente versó Kipling en «if you can meet with Triumph and Disaster and treat those two impostors just the same». Lo cierto es que seguramente eso le venga a Juan por el Tri, es futbolero desde que su padre le llevaba los domingos al estadio —jugamos como nunca, perdimos como siempre—. O por los Niños Héroes de Chapultepec, por aquello de ser tocayo de Juan Escutia, que se le quedó grabado desde la época del Colegio Alemán. 

El caso es que cuando Juan Villoro llega a Barcelona tiene que pedir su visado bajo el epígrafe «otros fines». Estas estrecheces le servirán para entablar relación con Javier Marías. Pasará tres años en la Ciudad Condal, frecuentando a su amigo Roberto Bolaño, y venciendo la distancia para doctorarse en mexicanidad a través de testigos, culpas, vértigos y deseos. Aprovechando la ponencia de metafísica y gastronomía que imparte en Diálogos de cocina nos reunimos con él en San Sebastián para pedirle, desde este lado del charco, que recorra su obra para desentrañarnos los misterios de su «Suave Patria». 

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9 comentarios

  1. Todo muy bien, pero seguro que no se refiere a Felipe Gonzáles… sin acritud…

  2. pedir perdón España? ¿Por Cervantes, por Almudena Grandes, por Lópe de Vega, por García Lorca, por todo lo que nos ha dado España culturalmente?».
    Lo de la izquierda con Almudena Grandes es digno de estudio.

  3. No podía saberse, ni modo a seguir vigilando

  4. francisco clavero farré

    Me pareció muy interesante, triste y esperanzado. Muy lo que dijo de la colonia y cómo ésta no destruyó las lenguas indígenas, el estado mexicano sí. También sobre el narco, la involucración de la sociedad USA y el poder de las farmacéuticas. Obrador parece un demagogo más o menos hábil. Aceptar la complejidad histórica es empezar a sanar una sociedad. A ver si México se empieza a sacudir la pobreza y la violencia.

  5. MacNaughton

    Tiene razón J. Villoro que el inglés irlandés es un registro del todo distinto al inglés de Inglaterra, inmediatamente reconocible al nativo. Joyce, con razón, acapara toda la atención, pero habría que romper una lanza por la prosa de Flann O’Brien («At Swim-Two-Birds), además de Sam Beckett, más conocido como dramaturgo («el sol brillaba, al no tener alternativos, sobre el nada nuevo…»). La vena de literatura cómica de Irlanda no tiene rival en el siglo XX que yo sepa…

    Dudo que Benjamin quisiera decir con «no hay documento de civilización que no sea también documento de barbarie» lo que sostiene J Villoro, pero la verdad es que es un texto muy opaco la «Tesis de la Historia» y por tanto es difícil saberlo.

    Yo siempre lo había entendido en términos marxistas, o materialistas, en el sentido de que no puede haber artistas / gente con tiempo suficiente para crear, sin una población trabajadora o esclava que están haciendo todo el trabajo y creando una «plusvalía» en el sentido marxista. No hay Platón ni Aristoteles sin todos aquellos esclavos anónimos labrando el el campo. O bien, no hay «El Quijote» sin la conquista de America… Benjamín era marxista al fin y al cabo, aunque muy poco ortodoxa, es verdad. ¡En fin!

    • francisco clavero farré

      El pensamiento de Benjamin que comenta Villoro puede interpretarse marxista, el marxismo cabe en él; pero es mucho más ancho y puede aplicarse a relaciones no del todo económicas como el amor por ejemplo. La adoración y el embeleso siempre son acechados siempre por sus contrarios, odio y repugnancia, que muchas veces se imponen. Las relaciones maestro con discípulo también ocultan mucha barbarie bajo la maravillada admiración.

    • MacNaughton

      El contexto de la famosa cita de Benjamin no deja lugar a dudas. Creo recordar que «La Tesis Sobre La Historia» era el ultimo texto que escribió Benjamín, y si es más bien opaco y breve, es porque pensaba desarrollarlo más, cosa que nunca llegó a hacer. Reza así:

      «Los materialistas históricos sabemos que…quienquiera haya salido victorioso participa hasta día de hoy en la procesión triunfal en la cual los que mandan pasan por encima de los que yacen prostrados. Segun la tradición manda, se lleva el botín durante la procesión. Este se llama ‘tesoros culturales’ y un materialista histórico los observa con distancia. Porque, sin excepción los tesoros culturales que contempla tienen un origen que no se puede mirar sino con horror. Deben a su existencia no solo a las grandes mentes y talentos que los han creado, sino también al trabajo anónimo de sus coetáneos. No hay documento de civilización que no sea a la vez un documento de barbarie…» (Tesis Sobre La Historia, párrafo VII, traducción mía desde el inglés)
      Siento ser un poco pesado, pero creo que vale la pena defender esa idea de Benjamin: que el arte no es inocente tampoco, no existe en el abstracto, sino que sale de una determinada sociedad en un determinado momento historico….

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