Política y Economía

El horror y la fascinación

They Live (1988). Fotografía Alive Films Larry Franco Productions horror y fascinación
They Live (1988). Fotografía: Alive Films.

Por ahora todo va bien. Por ahora todo va bien. Por ahora todo va bien.

(La Haine, Mathieu Kassovitz)

Hace ya bastantes años escuché, leí, o puede que ambas cosas, al escritor y traductor Javier Calvo decir que la obra de Lovecraft había cambiado para siempre la literatura de terror y que, de haber seguido con vida unos años más, probablemente habría cambiado también la ciencia ficción. Yo, que me declaro adicto irredento de la destrucción, me sentí atraído de inmediato por aquella declaración no solo intelectual, sino de intenciones. El cambio supone transformación, desaparición de lo viejo y alumbramiento de algo nuevo, muerte y nacimiento. Y, si este mundo necesita algo de forma urgente, es que alguien le ponga una almohada sobre la cabeza y apriete con todas sus fuerzas hasta que deje de patalear. Es algo personal, un deseo morboso que nace del odio de clase y el resentimiento y que, por el momento, no veré cumplido. En parte, porque somos nosotros, como totalidad, los que tenemos que cometer el homicidio; nadie puede quedar libre de culpa. Pero también porque no tenemos ni idea de qué hacer después. Matar al viejo mundo es matarnos a nosotros mismos. Vivimos atrapados en el callejón sin salida de la dimensión poscinemática. Todo es fantástico, inaprensible, a pesar de que ocurre frente a nuestros ojos, en nuestras pantallas, a todas horas, sin que podamos hacer nada, no ya por evitarlo, sino por dejar de mirar. Vivimos entre la fascinación y el horror.

Las coordenadas del horror

No sabes nada del infierno. La realidad es mucho peor.

(Event Horizon, Paul W. S. Anderson)

El relato de terror se ha transformado. Ya no tememos a los fantasmas ni a los vampiros. Tampoco al lobo en el bosque, ni a un monstruo ciclópeo y tentacular con mil bocas hambrientas. Nuestro peor miedo es seguir vivos. La vida es en la actualidad el mayor temor y la fuente de la ansiedad de la gente corriente. Según Lacan: «La angustia es producto del encuentro con lo Real, una reacción defensiva frente a lo que no miente». Enfrentarse al espejo de lo Real es lanzarse por el tobogán de la angustia y el miedo a lo posible, que es todo: el trabajo, la inflación, el aburrimiento, envejecer, encontrarte un bulto en el pecho, engordar, aparcar en el centro, pagar el alquiler. La constante amenaza que significa estar vivos hoy en día es la gasolina que mantiene encendido nuestro sistema límbico 24/7. Siempre alerta, pero sin dejar de ser productivos. Como dijo Axl Rose: «Bienvenidos a la jungla. La cosa empeora cada día».

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Un comentario

  1. «Oh, my God… it’s all full of stars!» no aparece en «2001: A Space Odyssey, Stanley Kubrick»…

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