
La proximidad en la era digital
El tema de ahora es la proximidad. No es un concepto que haya llamado mucho la atención de la filosofía hasta, por lo menos, el pensamiento de Lévinas. Pero ahora sí hay motivos para hacerlo. ¿Qué es, pues, la proximidad? Entiendo que la proximidad no solo compete al contenido teórico de la ética, sino, con otros pocos conceptos, a la supervivencia práctica de esta. O, por lo menos, a la determinación de su sentido hoy. Sin prójimo, ¿hay moral? Sin proximidad, ¿hay ética?
Moral y ética presuponen la existencia del individuo en comunidad y a cada individuo en una directa relación con los demás. Presuponen una interrelación, y desde los tiempos más antiguos de la vida en comunidad, una interrelación que no solo es presencial, sino en contacto de unos con otros, lo cual incluye una cierta forma y un grado u otro de proximidad física de los individuos entre sí. Todo ello parece obvio, pero el vivir actual nos hace redescubrirlo. El prójimo, la relación de proximidad, y la idea misma de lo próximo, son nociones y también valores en evidente transformación y desgaste respecto de su uso y significación anterior. Al menos lo próximo entre las personas era, y aún sigue siendo, un concepto ligado a la distancia física entre ellas, en el marco, sobre todo, del espacio, aunque también en el del tiempo. Sentimos, por ejemplo, la proximidad de nuestro abuelo en el tiempo, pero apenas la de anteriores familiares.
Pero he aquí que esa distancia física se ve aumentada a consecuencia de los nuevos medios tecnológicos de información y comunicación y su impacto en la relación entre las personas. A la vez que se ha ganado hoy en oportunidades de información y comunicación, se ha perdido en las de presencialidad y contacto, que son las que han posibilitado y estructurado hasta el presente la interrelación de las personas y su noción sobre lo que sea o no sea «próximo» entre ellas. En nuestra sociedad de individuos hiperconectados gracias a la tecnología, lo distal se está imponiendo a lo proximal, de forma que hoy conectamos más, pero contactamos menos. La distancia real se ha multiplicado, al disponer de medios que, al tiempo que nos hacen ganar en conectividad, nos hacen perder ocasiones para estar presentes frente al otro y vernos y tocarnos. La pandemia del covid 19 ha contribuido también a ese lento desmantelamiento de la cercanía física de las personas, al imponer el confinamiento en el hogar y tener que mantener por motivos sanitarios la llamada «distancia social».
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