
Para quienes no conozcan la obra de Marta Carnicero Hernanz (Barcelona, 1974), esta entrevista contiene spoilers. El primero de ellos es que estamos ante una de las más asombrosas escritoras españolas actuales; así que, si no lo han hecho aún, corran a leer cualquiera de sus tres novelas publicadas hasta la fecha por la editorial Acantilado, a cual más sorprendente. Lo dicen autores tan poco sospechosos de dejarse llevar por la corriente como Vila-Matas o Almodóvar. Palabras mayores le han dedicado a quien, durante nuestra conversación, se muestra tan preocupada por no expresarse con total precisión: «Hablar es terrible, porque no puedes reescribir», llega a decirme mientras me pide que la deje en buen lugar con la edición.
Pero su lugar en la literatura ya se lo ha ganado. Empezando por el estilo, uno bien reconocible y cada vez menos encorsetado, que discurre con fluidez y lealtad hacia el lenguaje, ya sea catalán o castellano, al que ahora vierte sus textos ella misma. Sus libros son también una demostración de agudeza psicológica y sentido de la empatía, cualidades que no cuesta advertir en el tiempo —cerca de dos horas— que nos regala para esta charla: en una inversión de los roles habituales, se muestra continuamente pendiente (ella, entrevistada) de que yo (entrevistador) me encuentre cómodo. Su obra está atravesada, también, por las dualidades, el juego de espejos, la idea de reconocerse en el otro y reconocerse a uno mismo, incluso en las palabras de otros.
Es lo que sucede con su escritura, uno se ve reflejado en lo que narra. E inmediatamente antes o después, se asombra por cómo lo hace, cómo da forma a esas páginas que hablan de lo íntimo y de lo social con lucidez, cómo las va precipitando hacia el desenlace. Lo importante, sin embargo, no es cómo acaban sus historias sino cómo hemos llegado hasta ese punto de ebullición de las emociones y las reflexiones casi sin darnos cuenta. Todo merced a la atípica combinación de capacidad analítica y sensibilidad de una escritora (formada como ingeniera industrial y dedicada también a la docencia) audaz sobre el papel y modesta al hablar de su obra, en cuyo centro se encuentra la memoria.
Hablando de recuerdos, Marta Carnicero Hernanz atesora el de una antigua —y fugaz— profesora que le abrió los ojos a este arte al que ella da continuidad hoy. Habituada a no sacar los pies del tiesto hasta que empezó a volcarse en esta pasión escritora, por más que se excuse por su verborrea le queda mucho que contar, para alegría de sus lectores.
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Me sirvió mucho la entrevista. Coordino un Taller de Lectura en la ciudad de Neuquén, en la Patagonia Argentina. Estamos leyendo «Matrioskas», por elección de algunas participantes. Quisiera por favor que si puede le comenten esta acción de lectura a la autora, y si quieren y pueden me envíen su correo. El pleno será el martes 26 de mayo de este año, en la Biblioteca Popular Juan Bautista Alberdi.