
El Discurso de la servidumbre voluntaria de Étienne de La Boétie (1530-1563) que, en este caso, corresponde con la edición de Akal, se trata de una obra retórica, es decir, que le da importancia al cómo a partir del qué, y no al qué precediendo al cómo. Es por ello que no encontramos demostraciones que intenten, lógico-formalmente, hacer ver al lector que está diciendo una verdad; ni encontramos, tampoco, un análisis histórico-político-sociológico de la época, que contraste o sea criticado por el discurso mismo. Por el contrario, encontramos diversas metáforas, exclamaciones imperativas y experimentos mentales que provocan que el lector se sienta «atrapado» en la lectura del discurso y, al acabarlo, solamente pueda o bien rechazar sus ideas o bien abrazarlas. No se puede matizar, y a la vez abrazar sus ideas, pues entonces se rompería con todo el discurso. Es el Discurso de la servidumbre voluntaria un texto que debe ser visto como un uno, precisamente por su continuidad y no como un conjunto de ideas que están simplemente entrelazadas y que, por tanto, pueden cogerse algunas y rechazar otras.
Es por esta última razón que podría verse el Discurso como una obra meramente circunstancial, que tiene la intención de causar un cambio directo en su época. Ciertamente, toda obra política tiene la intención de provocar un cambio, mas no tiene por qué ser inmediato. La inmediatez se logra mediante panfletos y movilizaciones ciudadanas, por ejemplo, que critican una situación concreta en un contexto todavía más concreto. Los panfletos que se reparten a día de hoy contra la guerra en Israel son un ejemplo de pretensión de inmediatez, pues critican una situación muy concreta —la guerra en Israel— en un contexto todavía más concreto —los lugares en los que se reparten dichos panfletos, que en nuestro caso son las universidades catalanas, entre el 2023 hasta el día de hoy—.
La Boétie no escribió su discurso para promover un cambio en algún lugar concreto contra una injusticia concreta, sino que centró su crítica en un ente que nos concierne hoy en día todavía, y que es clave identificarlo si se quiere demostrar que, efectivamente, se ha leído el discurso: la tiranía. Esta tiranía no la debemos interpretar en el sentido actual, en el que a cualquier régimen se le conoce como tal; ni tampoco debe verse como una dictadura, pues existe la posibilidad de que esta no sea tiránica, igual que existe la posibilidad de una tiranía sin estar sumergido en una dictadura.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.





