
El tiempo presente y el tiempo pasado
tal vez en el tiempo futuro estén ambos presentes,
y en el pasado esté contenido el futuro.
Si todo instante es un eterno presente,
el tiempo no se puede redimir.
(T. S. Eliot)
¿Cuándo el hombre habrá tomado conciencia real sobre el transcurrir de las cosas, que hay un antes y un después, que se puede tanto esperar como recordar, que el instante del hoy es frágil, que la vida, en definitiva, desde un plano personal, es un eterno devenir, desde un origen dado hasta un punto en que se nos abre la puerta del misterio final?
El tiempo… Desde la ciencia, la filosofía y la religión, esta problemática siempre fue un asunto de especial interés.
Isaac Asimov le dedicó a la cuestión una de sus novelas más aclamadas, que todo lo dice desde su propio título: Hijos del tiempo. También, el ensayo Vida y tiempo, en donde pasa revista a lo sucedido en los orígenes en que éramos solo una molécula nucleoproteínica hasta este escenario en el que el desafío consiste en convertirnos en un organismo multicelular que se permite la conquista del cosmos. Un punto que especialmente desarrolla el divulgador es el de la evolución de la tecnología y, en ese orden, la velocidad que adquiere la existencia en términos de su definitiva aceleración.
Yuval Harari, por su parte, se animó a establecer una línea temporal de la historia, desde el inicio de la física, cuando aparecen la materia y la energía, allá hace trece mil quinientos millones de años, hasta este presente en que el hombre no solo que trasciende las fronteras de su planeta, sino que tiene capacidad de autodestrucción. El pensador apuesta por la posibilidad de un diseño inteligente que pueda reemplazar la selección natural, avizorando un futuro en el que pueda darse que el homo sapiens sea reemplazado por superhumanos.
Para Platón, el tiempo era la imagen móvil de la inmortalidad inmóvil; para Aristóteles, es imposible escindirlo de un alma que perciba los cambios y, para Heidegger, quien escribió Ser y tiempo, es una sucesión continua de «ahoras» advirtiendo que el propio desarrollo de la historia cae dentro del tiempo.
Muchos ven en el tiempo solo una ilusión, resaltando su dimensión aporética. También, puede distinguirse el tiempo personal del sideral, siendo este el de la física y no el de la persona. Hay un tiempo externo (el de lo material) y otro interno (el de la psiquis). Y, desde luego, hay un tiempo absoluto y otro relativo, habida cuenta de que el tiempo se mueve a diferentes velocidades en diferentes espacios.
Este artículo de nuestro archivo está completo para lectores registrados. Registrarse es gratis y solo lleva un minuto.






Ya nombrando a la pieza «reina» en lugar de «dama» demuestras que eres poco fiable escribiendo sobre ajedrez.
Hombre, pues teniendo en cuenta que se trata de un Maestro FIDE, igual es un poco atrevido afirmar eso…
Interesante, atrapante y muy profundo. Un artículo para releer.
Conozco el significado de todos los movimientos de las figuras. Todo lo relativo al ajedrez. Por qué 32figuras. Por qué 64 escaques etc. El significado total de este juego
Se podría haber mencionada también las partidas por correspondència, tan populares hasta el siglo pasado, donde el tiempo de la partida estaba subordinada al servicio de correos.
Gracias por los comentarios. Joan, es un buen punto el que indicás. Lo pensé al hacer la nota pero luego el tema no lo incluí ya que consideré que esa cuestión del correo es externa al ajedrez. Pero se lo pudo haber mencionado, es cierto. En cuanto al lector que se permite dudar de la fiabilidad del autor, le sugiero que siga mis crónicas (aquí mismo o en el sitio Ajedrez Latitud Sur) porque tal vez cambie de criterio. Solo le pido que tenga la mente abierta en la lectura sin manejarse con prejuicios u oscuridades cognitivas. La pieza en cuestión originalmente se la llamaba reina y así sigue siendo denominada en muchas geografías (en particular en el mundo anglosajón). La mención como dama (que viene de «domina») es más típica en el mundo latino. Pero hay que ver las cosas como un todo y no solo desde le comarca. Puede, por caso, ver este trabajo: https://ajedrezlatitudsur.wordpress.com/2024/05/13/el-origen-de-la-reina-en-el-ajedrez-que-no-es-espanol-sino-de-todos/. Saludos a todos
Hombre, eso de “oscuridades cognitivas” suena a uso desmedido de la fuerza. El planteo del colega fue pendenciero, pero también hay que ver que en el mundo del ajedrez de todos los días nadie habla de un “sacrificio de reina” o “reina por peón, jaque”
En lugar de Leonor de Aquitania tendría que haberse referido a la reina Isabel I de Castilla, conocida junto con su marido con el sobrenombre de los Reyes Católicos. La Dama del ajedrez de finales del siglo XV se inspira en esta figura maxima de la política europea.
Consulte tratados de ajedrez de la época.
Mucho palabrerío. Prácticamente el artículo es pura paja. Debería de ir directo al punto.
Estimada Manuela, lamento para su conocimiento previo limitado que la pieza de la reina es reconocida en Europa desde el siglo X, un tiempo algo anterior entiendo respecto de la aparición de Isabel la Católica quien efectivamente tuvo un rol en el empoderamiento de ese trebejo, y en el surgimiento del ajedrez moderno, pero no en su aparición. Es notable como en España se tiende a desconocer los antecedentes ubicados en otras geografías, entre los que se hallan el fundacional Versus de Scacis del siglo X, las piezas de Lewis y el popular tratado de Cessole, entre otros elementos que evidencian que la pieza de la reina (luego dama en los países latinos) es de principios del segundo milenio. Es más, a España llegó en forma tardía, seguramente por la prolongada presencia en la península del pueblo moro en cuyo ajedrez la pieza con rostro femenino no existía ya que era representada por el visir. Este tema es materia de estudio personal y de muchos investigadores. Si realmente le interesa el tema, puede consultar la serie que escribí sobre el punto que se puede ubicar en el sitio Ajedrez Latitud Sur o consultar el libro de Yalom sobre la cuestión. Es cuestión de sacarse la venda de los ojos. Solo eso. En cuanto a algún otro comentario disvalioso y de tono desubicado, habla más del nivel educativo de quien lo afirma, máxime al escudarse en el anonimato.