
Una sinfonía de verdes. Un pequeño edén entre dos océanos. Bienestar Pura vida hecha paisaje. En eso pensamos cuando pensamos en Costa Rica, y no es casualidad. Hace ya tiempo que el país centroamericano abrazó la idea de que la naturaleza no es un simple escenario, sino la esencia misma de su identidad. A pesar de sus modestos 51 100 kilómetros cuadrados, en Costa Rica viven alrededor de 500 000 especies de animales, en torno al 6,5 % de las que tiene el planeta en total, en ecosistemas tan variados como el manglar, el bosque nuboso y la selva tropical. Esta impresionante biodiversidad, combinada con su liderazgo en materia de sostenibilidad y conservación medioambiental desde hace décadas, ha hecho de Costa Rica uno de los principales destinos ecoturísticos del mundo.
El éxito de las políticas de conservación costarricenses es incuestionable, pero el país todavía se enfrenta a grandes retos en este frente. Uno de los mayores, compatibilizar la protección del entorno natural con los millones de turistas que visitan anualmente el país, atraídos por su reputación como destino ecológico y su extraordinaria biodiversidad. Otro desafío, no menos importante, es garantizar que el auge del turismo se traduzca en un desarrollo económico, social y cultural equitativo. Que la prosperidad que genera el sector no solo beneficie a unos pocos, en suma, sino que contribuya al bienestar de toda la población costarricense de manera sostenible.
Pero ¿cómo se mide algo así, tan difícil de cuantificar? ¿Cómo saber si el crecimiento del turismo implica también una mejora en la calidad de vida, la dignidad y el bienestar de quienes habitan la tierra que otros visitan? Eso es, precisamente, lo que busca el Índice de Progreso Social, o IPS, un indicador que evalúa el bienestar y el desarrollo social en una región o país. Sus cálculos no se fundamentan en el Producto Interno Bruto ni otras variables relacionadas con la competitividad financiera, sino en cuestiones más esenciales a ras de suelo: ¿tiene una familia acceso a agua potable? ¿Llegan los niños a la escuela con libros bajo el brazo? ¿Hay oportunidades laborales en la región? El IPS es un intento de medir la prosperidad de los pueblos con una mirada distinta; un índice que toma en cuenta la economía, pero que va mucho más allá.
El lenguaje de los números
En términos macroeconómicos, Costa Rica va por buen camino. Según el Instituto Costarricense de Turismo (ICT), el país recibió 2 661 488 turistas por vía aérea en 2024, un 7,7 % más que el año anterior, batiendo su propio récord en la serie histórica. Para 2027, la proyección es de 2,9 millones de visitantes. El interés por los variados atractivos naturales costarricenses, incluyendo sus reservas, también va en aumento: 1,6 millones de turistas visitaron áreas protegidas en el último año, consolidando la imagen del país como uno de los mayores destinos de ecoturismo de Latinoamérica.
Este boom se tradujo en ingresos superiores a los 5000 millones de dólares y en la generación de 189 000 empleos directos en el tercer trimestre de 2024, lo que confirma el papel clave del sector en la economía costarricense. Actualmente, el turismo representa el 8,2 % del PIB y emplea al 21,3 % de la fuerza laboral, sumando trabajos directos e indirectos. Todo esto en un contexto de recuperación tras el golpe de la pandemia: en 2019, el turismo aportaba el 4,8 % del PIB, pero en 2020 cayó al 1,9 %.
Ahora bien, ¿se distribuye esta riqueza de manera equitativa o son solo unos pocos los que cosechan los beneficios del viajero? El rápido crecimiento del turismo ha traído consigo el riesgo de masificación en algunas de las principales zonas turísticas de Costa Rica, lo que puede generar tensiones sociales, riesgo de degradación y presión sobre los recursos naturales. Si bien el turismo puede impulsar la economía, también plantea desafíos para el entorno y no garantiza por sí mismo que los beneficios económicos lluevan del cielo, mucho menos que lleguen de manera equitativa a todas las comunidades que sostienen su impacto. En los últimos años, Costa Rica ha buscado respuesta a estas cuestiones en el Índice de Progreso Social, una herramienta clave para conocer si el auge del turismo se traduce o no en un beneficio real para sus comunidades.
El Índice de Progreso Social (IPS) es un indicador desarrollado por la ONG estadounidense Social Progress Imperative, que combina cincuenta y cuatro variables en tres grandes dimensiones: necesidades humanas básicas, bienestar fundamental y oportunidades de progreso. A diferencia de otros índices tradicionales, el PIB y otros indicadores macroeconómicos tienen un peso mínimo en su cálculo. Este método no solo permite comparar el desarrollo social entre países, sino que también se puede aplicar a nivel regional y local. En algunos países, como Brasil y México, se han desarrollado versiones del IPS para medir el progreso social en estados y ciudades, lo que permite a los gobiernos locales identificar áreas de mejora y diseñar políticas más efectivas. En la Unión Europea también se ha elaborado el IPS Regional de la UE, que evalúa el bienestar en más de doscientas setenta regiones del continente, proporcionando una visión más detallada que los indicadores nacionales tradicionales.
Desde el punto de vista metodológico, el IPS se basa en cuatro principios para evaluar el bienestar y el progreso social: solo considera indicadores sociales y ambientales; mide resultados en lugar de proyecciones; prioriza datos relevantes en su contexto, en lugar de generalidades; y se centra en aspectos que pueden ser abordados mediante políticas públicas o intervenciones sociales. Como se explica en el informe Índice de Progreso Social en destinos turísticos de Costa Rica (2025), publicado por el ICT, «estos cuatro principios permiten generar una herramienta de medición que nos garantiza una forma concreta de entender el bienestar de la sociedad y, al mismo tiempo, establecer una agenda práctica de prioridades para fomentar el progreso social».
Un sistema pionero
En 2017, Costa Rica se convirtió en el primer país del mundo en medir el Índice de Progreso Social aplicado específicamente al turismo. Para ello, la red de Centros de Desarrollo Turístico, dependiente del ICT, despliega regularmente una campaña de encuestas que alcanza ya más de 6700 hogares por todo el país y llega a cerca de 22 200 personas.
Durante el trabajo de campo se pide a los los vecinos de los enclaves turísticos más visitados de Costa Rica que respondan a un cuestionario de ciento veintisiete preguntas concretas relacionadas con la calidad de vida, las oportunidades laborales, el desarrollo de infraestructuras y un sinfín de otras variables relacionadas con el bienestar en su localidad. Después de recolectar la información, los treinta y tres Centros de Desarrollo Turístico la remiten al ICT, donde se siguen una serie de pasos metodológicos guiados por los rigurosos estándares académicos internacionales para hacer el cálculo del Índice de Progreso Social.
Los resultados de 2024 muestran que un 89,2 % de los encuestados considera que el turismo es beneficioso para su región, destacando su impacto en la generación de empleo y el desarrollo económico. En comparación con la medición previa (2017-2019), el IPS promedio de estos destinos aumentó hasta los 72,57 puntos sobre 100, con una mejora de 0,84 puntos, reflejando avances en necesidades básicas, bienestar y oportunidades.
Además, quince destinos turísticos mostraron mejoras significativas, de más de un punto en el índice, mientras que ocho registraron cambios menores y nueve mantuvieron variaciones mínimas. La región de Monteverde, con 78,51 puntos, se posiciona como líder en IPS, seguido por Los Santos e Islita con 78,12 y 77,90 puntos respectivamente. En contraste, Caño Negro, con 67,52 puntos, se sitúa en la parte inferior del ranking, a casi 11 puntos de diferencia. En total, ocho de estos centros alcanzan niveles altos de IPS, superando los 75 puntos. El resto de los centros se sitúan en el nivel medio-alto. El IPS promedio de los centros evaluados es de 72,57 puntos.
Mirando al porvenir
Costa Rica obtiene una buena puntuación, pero eso no significa que pretenda contentarse con ella. Precisamente por eso se recurre al IPS en lugar de otros métodos de evaluación más asépticos. Gracias a este índice, el gobierno costarricense, a través del ICT, puede conocer qué clase de políticas funcionan, en dónde lo hacen mejor y si deben reorientarse o cambiarse por otras en otras regiones. El objetivo es emitir un diagnóstico fiable sobre las necesidades sociales y ambientales particulares de los diferentes clusters turísticos con vistas a conducir la inversión y las políticas públicas en la dirección correcta. En otras palabras: convertir cada número en una realidad, cada dato en una acción y cada índice en una política. No conformarse con tener un país hermoso, en resumen, y asegurarse de que lo sea también la vida de su gente.
En el informe Índice de Progreso Social en destinos turísticos de Costa Rica (2025), el ICT recuerda que este diagnóstico es «una herramienta de acción efectiva para que los sectores involucrados en el sector puedan priorizar y planificar sus intervenciones sociales basadas en el desempeño específico de cada comunidad con el fin de impulsar una actividad turística sostenible y generadora de un crecimiento económico incluyente». La necesidad de recopilar y procesar toda esta información, advierte también, es hoy más importante que nunca: «el crecimiento acelerado del turismo, como expresión social y económica, está generando cambios vertiginosos de paradigmas con origen en nuevas formas de viaje, nuevas formas de organización empresarial, nuevas formas de vinculación del turismo con el territorio y nuevas maneras de comunicación e interacción entre los actores de esta actividad».
En este mundo de cambios acelerados, donde la crisis climática dibuja largas sombras sobre el porvenir, Costa Rica ha entendido que el turismo debe ser más que una industria o una fuente de riqueza: debe ser un pacto con el entorno, un acuerdo generacional entre el presente y el futuro. El Índice de Progreso Social ha demostrado que la riqueza de un país (hasta del país que lleva la riqueza en el nombre) se mide con dinero, pero también con mucho más: aire limpio, entendimiento entre visitantes y locales y oportunidades para todos. La sostenibilidad no es un eslogan ni una bonita palabra hueca de sentido, sino un compromiso entre la gente y la naturaleza, con las aldeas escondidas entre montañas y con los ríos que dibujan sus cursos con paciencia milenaria. En Costa Rica, como en todo el mundo, el turismo no debe ser solo un reflejo del presente, sino una apuesta por el futuro.
Este artículo es un adelanto de nuestra revista trimestral nº 50 especial Pura vida, ya disponible aquí.









