
Mi muy admirado Juan Bonilla, uno de los más completos, talentosos y sólidos escritores de su generación, aprovechando que todo lo que toca lo convierte en literatura, me ha convertido también a mí en literatura dedicándome un entretenido artículo en esta misma revista. El por más de un motivo dichoso artículo es en realidad una casi instantánea respuesta a otro artículo bastante más breve publicado por mí esta misma mañana en las páginas de cultura de ABC.
Bonilla ha solucionado el asunto, o el problema, en lo que se dice un periquete, con admirable soltura y resolución, y quiero felicitarle por ello. Pero como en la rapidez ha habido tal vez un poquitín de prisa, e incluso de apresuramiento, me gustaría hacer ciertas incisiones y precisiones a algunas de las cosas que afirma y conjetura en su ameno escrito. En él, lo que hace Juan Bonilla es reaccionar contra mi reacción ante la salida de unas crónicas de Chaves Nogales publicadas por el editor sevillano de El Paseo (menos mal que no se dedica a publicar cosas sobre la guerra civil, como hago yo en la colección España en Armas), con la pretensión de ser la obra definitiva sobre este escritor porque con ella se da supuestamente a conocer todo lo escrito por él durante la Segunda Guerra Mundial, coincidiendo con sus cinco últimos años de vida.
Al no haber sido yo el primero en reeditar a autores muy de mi gusto como Manuel Chaves Nogales, Julio Camba y Stefan Zweig, (junto con otros quinientos o seiscientos más, todo hay que decirlo, incluidos Miguel de Cervantes y Francisco de Aldana) al ingenioso Juan Bonilla se le ocurre que yo estoy sin duda aquejado por «el temible síndrome de “Pupú Poulidor”» que consiste en tener fama de ser el mejor en algo, pero no ser nunca, en la práctica, el primero en ese algo. Al parecer, Poulidor «era un gran ciclista francés del que todo el mundo decía que era el mejor, pero llegaba la hora de la verdad y siempre había un Zoetemelk, un Ocaña, un Fuentes, un Thevenet ganándole».
Ni Poulidor ni Zoetemelk ni Thevenet me suenan de nada, por lo que el competir en erudiciones de dos ruedas con Bonilla se me hace, por así decirlo, muy cuesta arriba. Pero no tengo inconveniente alguno en creer lo que se dice.
En lo que sí tengo inconveniente es en creerme, por mucho que pedalee intelectualmente, que ese síndrome, esa dulce comparación sea en realidad un terrible ataque o una feroz descalificación de mi humilde labor de editor, incluso de editor de Juan Bonilla. Y no solo porque, de acuerdo a lo que se lee en la prensa, lo normal sea que un famoso esté afectado por un síndrome desconocido y no que un desconocido se vea afectado por un síndrome famoso, sino, sobre todo, porque lo de Poulidor, lo de compararme con el tal Poulidor me va pareciendo un elogio desmesurado, de esos que nunca llegan a merecerse. Continuando con el símil bicíclico debo resignarme a pensar que, en la vida real, como editor, no soy sino un gregario más de ese inmenso pelotón formado por no menos de mil pequeños editores que pueden romperse las narices en cualquier próxima vuelta o revuelta del camino. Ser un segundo (que no es lo mismo que un segundón), ser un Poulidor no sería, en absoluto, un fracaso, como muy bien sabe Bonilla, que es el primero en acordarse, quizás cariñosamente, de Pupú Poulidor.
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No sé si Abelardo Linares leerá estos comentarios, pero como estoy siguiendo el caso con interés y parece que la teoría del borrado cobra fuerza, me gustaría que nos contara a las lectoras de Chaves Nogales quién es esa «amiga y colaboradora argentina» sin nombre, que según cuenta él mismo fue la descubridora de las crónicas de El sol. ¿Es la cuarta mujer borrada? ¿Se anima Jotdown a hacer un especial de mujeres borradas por editores?
Estimada sra. Bautista, estimado sr. Bonilla:
Me veo obligado a intervenir, sin ánimo de calentar polémicas ni enconos, para aclarar algunos puntos en relación con este desencuentro.
Las crónicas de Corpus Barga y Chaves Nogales en Crítica y El Sol, me las encontré yo en una estancia de investigación en Buenos Aires en 2018. Aunque el objeto de esa investigación no era estudiar a estos autores, de quienes no soy especialista, consideré el hallazgo de interés.
Cuando mi estudiante de la Universidad de Alcalá Lola Burgos (hoy, ya doctora) comenzaba a pensar en el tema de su Trabajo de Fin de Grado, le sugerí que podría hacer un estudio, transcripción y edición de las crónicas recopiladas y poner en diálogo a dos de los mejores periodistas del siglo XX que compartieron en un contexto de escritura y publicación.
Por aquellos días, en una conversación informal, le comenté el hallazgo a Abelardo Linares, quien se mostró interesado en el trabajo y propuso que Lola y yo editáramos las crónicas, tal como él mismo explica en su artículo.
Para llevar a cabo esa edición pedí ayuda a una doctoranda mía, argentina y residente en Buenos Aires, para completar las crónicas que yo no había podido fotografiar por falta de tiempo y para obtener imágenes más nítidas de aquellas que estaban ilegibles. Dado que María José Bautista siente la necesidad de conocer el nombre de la persona que generosamente acudió varias tardes a la Biblioteca Nacional de Argentina para ayudarnos, le diré que es Daniela Serber, quien, obviamente aparecerá mencionada en los agradecimientos cuando se publiquen las crónicas de Corpus Barga. Abelardo Linares completó la recopilación con otras crónicas que él mismo encontró en sus viajes a Buenos Aires y hoy creemos que, al menos las de Corpus, son todas o casi todas las publicadas en esos dos diarios. El artículo de Lola Burgos mencionado se publicó en Contrapunto, una revista de estudiantes de la Universidad de Alcalá que yo mismo fundé hace trece años, y en el que pedimos a Lola que explicara de forma clara y sintética esas crónicas como adelanto a la edición.
Mi experiencia personal es que, hasta ahora, todo el proceso se había resuelto en un clima de colaboración y reconocimiento académico/editorial impecable entre las personas que estamos implicadas en este proyecto y lo único que no ha sido ejemplar es la dilación de la entrega del manuscrito. De esto último solo tengo yo la culpa. El manuscrito de la edición de las crónicas de Corpus Barga en Crítica y El Sol lo vamos a entregar en breve y apareceremos como editores Lola Burgos y yo mismo.
En relación con las opiniones vertidas en los artículos publicados en JotDown, me permito únicamente hacer una apreciación personal. Dado que considero que el machismo es un cáncer para la Universidad y para la sociedad en general, considero nefastas todas las insinuaciones maliciosas y suposiciones no demostradas usadas como munición en conflictos que nada tienen que ver con cuestiones de género. Creo asimismo inadecuado que ningún hombre asuma el papel de defensor de académicas victimizadas (al menos en uno de los casos, sin tener idea de su caso), como si ellas no pudieran denunciar por sí mismas las situaciones de discriminación sexista que hayan podido padecer.
Por supuesto, no tengo base para opinar en lo concerniente a las decisiones editoriales de Isabel Cintas y Yolanda Morató, a quienes solo conozco por haber leído sus trabajos y por las referencias publicadas en los artículos de JotDown y ABC.
Cordialmente,
Fernando Larraz
El sr. Larraz vive en los mundos de Yupi. Toda ayuda es poca, amigo. Incluida la suya.
https://elpais.com/sociedad/2019/05/13/actualidad/1557761035_991959.html
https://www.elsaltodiario.com/sevilla/dos-estudiantes-expulsadas-universidad-sevilla-denunciar-un-caso-acoso-machista
https://www.elperiodico.com/es/sociedad/20231023/violencia-acoso-machista-universidad-europa-93687473
https://www.elmundo.es/sociedad/2017/01/13/5877ca7122601d0d628b4633.html
https://www.upm.es/e-politecnica/el-143-de-las-estudiantes-universitarias-ha-sido-victima-de-violencia-de-genero/
Estimada/o “Canto yo y la montaña baila”:
No vivo en los mundos de Yupi. Trabajo en la Universidad y suelo leer la prensa, por lo que no necesito su selección hemerográfica para saber que mis compañeras y mis estudiantes sufren situaciones de abuso, menosprecio y desigualdad. Algunas, se denuncian y salen en la prensa. Otras -la mayoría- no.
Precisamente por eso, como hombre, intento tener mucho cuidado en hacer y no hacer, entre otras cosas, las siguientes:
1) Denunciar situaciones de abuso y ayudar a quienes, por estar en una situación de vulnerabilidad, lo necesiten. Pero nunca caer en el paternalismo ni pensar que yo, como hombre, puedo ser el protagonista de esta lucha; no hablar en nombre de mujeres que pueden defenderse por sí solas y que no me han pedido que las represente; no decirle a nadie (y mucho menos a quien ni siquiera conozco y al respecto de circunstancias que ignoro) “eh, tú, que no te enteras, que, aunque supuestamente eres una mujer inteligente y consciente, tengo que venir yo a decirte lo que te está pasando, cómo te deberías sentir y lo que deberías decir”. Hacer eso es también machismo.
2) No aprovecharme de la existencia del machismo como argumento falaz y ventajista cuando se está discutiendo de otras cosas por el mero hecho de que una de las posiciones las defiende una mujer. El machismo es aborrecible cuando realmente lo es; es decir, cuando genera ventajas (llámense poder, prestigio, renta, etcétera) sobre las mujeres solo por el hecho de ser hombre. Mujeres y hombres tenemos el deber de denunciarlo, pero también de no usarlo espuriamente, ni mucho menos hacer insinuaciones capciosas del tipo “se ha enfrentado a tres mujeres y ha silenciado su trabajo porque eran mujeres”, a menos que se sepa que ese comportamiento se ha debido al hecho de que son mujeres y que con un hombre se habría comportado de otra manera. En ese caso, hay que decirlo con todas las palabras. Sobre todo, la denuncia nunca puede ser mediante insinuaciones capciosas con las que se tira la piedra y se esconde la mano. Eso favorece los argumentos reaccionarios de hombres que se creen víctimas del feminismo y por tanto hace flaco favor al feminismo.
A eso me refería en mi texto anterior, en el que por lo visto no fui suficientemente explícito.
Cordialmente,
F. Larraz
Cuatro mujeres, sr. Larraz, no tres. Cuatro. Lo sabemos gracias a usted. Cuatro mujeres y un hombre. Borrados. Las crónicas de El Sol las descubrió Abelardo Linares. Así empezó todo este lío. Podía haber salido usted antes a toserle esa mentira al susodicho, pero entendemos sus razones para el silencio, de verdad.
Entrecomilla una frase, «se ha enfrentado a tres mujeres y ha silenciado su trabajo porque eran mujeres», pero no dice de quién es la frase, porque yo no la encuentro. ¿O está haciendo pasar por cita literal un resumen de la película para que parezca que alguien ha dicho lo que sólo usted está diciendo? Mala praxis, compañero.
Mucho hablar de paternalismo pero aquí quien peca de paternalismo diciéndonos a las mujeres lo que tenemos que hacer es usted, Sr. Larraz.
Me da igual que no las necesite, sr. Larraz, yo cuelgo enlaces que puedan tener interés para los demás. Por ejemplo, este donde Abelardo Linares se adjudica el descubrimiento de las crónicas de El Sol, sin citarlo a usted ni a la investigadora argentina ni a su doctoranda ni a la Dra. Morató:
https://www.larazon.es/cultura/literatura/la-guerra-inedita-de-chaves-nogales_2025012868234ecbf7f20a10d03c2da1.html
Si a usted le parece que eso no es borrar trabajo académico, le alabo la capacidad para tragarse ruedas de molino y lo entiendo perfectamente: al fin y al cabo va a sacar usted su libro en Renacimiento y nunca es bueno cabrear al amo no vaya a ser que nos falte un empujoncito en la ANECA. Yo le entiendo. De verdad que lo entiendo. Mucha suerte. Pero como le dijeron a Nerón en su momento, «quema Roma si quieres, pero no odas».
Estimada/o Canto yo y la montaña baila:
No entiendo muy bien a qué viene ese tono faltón y marrullero; creo que mi respuesta era respetuosa y correcta. Su visceralidad debe de ser efecto de esconderse bajo un seudónimo. Por eso yo procuro siempre firmar lo que digo: para evitar la tentación de volverme vulgar y caer en gracietas bobas de las que luego me avergonzaría.
Todo el mundo en estos comentarios comparte el mismo afán: que me malquiste con Abelardo Linares. Como si fuera asunto público, cuestión de honor y derecho que yo participe en la lapidación colectiva. Al parecer, según me advierten por mi bien, él ha borrado mi nombre y me ha robado algo, pero no sé el qué. Verá: los artículos de la discordia los escribió Manuel Chaves Nogales y los editó en su periódico Natalio Botana. Yo solo pasaba por las páginas de sus diarios y me topé con ellos. Luego le pedí a una amiga que me echara una mano con los que me faltaban y Abelardo Linares completó la faena. No soy propietario de esos artículos y, por tanto, nadie me los puede enajenar. Lo mío, desde luego, no creo que tenga mucho mérito. En cualquier caso, no soy tan vanidoso como para pensar que el mundo me debe reconocimientos y menciones por haber pasado unas horas fotografiando artículos en la Biblioteca Nacional de Argentina. Si Abelardo Linares no mencionó mi nombre cuando se los pasó a otras personas no soy tan suspicaz como para pensar que fue por mala intención.
Claro que Vd., que finge conocerme muy bien, me acusa de hipocresía, de que no insulto ni acuso a Abelardo Linares por miedo a las consecuencias. Al parecer, me expondría a que me vetara de su editorial y, en consecuencia, no pudiera acreditarme por la ANECA. No se preocupe tanto por mí: soy autor, editor o coeditor de una quincena de libros, de los cuales solo uno ha salido en Renacimiento. Además, ya pasé la acreditación a catedrático y lo hice sin caer en las indignidades que, por lo visto, Vd. piensa que todo el mundo comete para medrar en la universidad. Por todo ello, me atrevo a suponer que mi carrera académica no ha dependido ni dependerá de Abelardo Linares. Le sugiero que no proyecte en los demás las ruedas de molino que Vd. haya tenido que tragar en su vida profesional. Es algo que debería hacerse mirar.
En cuanto a que he hecho pasar por cita textual lo entrecomillado, debe de ser Vd. muy incompetente como lector/a o bien tener muy mala intención para interpretarlo así. ¿De verdad no sabe que existen otros usos de las comillas? ¿Tan pocas lecturas tiene Vd. para interpretarme tan mal?
Termino ya. Me permito recomendarle –por su bien y por el bien de la imagen de su yo anónimo- que relaje el tono, se comporte civilizadamente y deje de llamar ladrón a Abelardo Linares y paniaguado a mí mismo; con otras palabras, que deje de hablar de lo que no sabe. Este es el último comentario que escribo. El nivel de cutrez al que me han obligado a descender es ya excesivo, así que le cedo la última palabra. Seguramente Vd. tendrá la necesidad de usarla y de usarme a mí para seguir denunciando ese terrible caso de borrado que estremece al mundo. Yo, por mi parte, no voy a perder más tiempo en leer sus espasmos.
Como el Dr. Larraz no va a perder más tiempo leyendo mis espasmos (¡Espasmos! Por lo menos, no empleo una prosa con la que seguirá aburriendo a las criaturas en más de una clase, lo digo con conocimiento de causa), diré que esta es la Universidad que tenemos: acreditados a cátedra a los que les da igual que se levanten leyendas falsas en las que tuvieron participación, que se amenace con llevar a juicio a compañeras por decidir en qué editorial publicar su trabajo (por cierto, en una editorial no académica, ya que tanto le importan las personas que medran en la Universidad con producción numérica, como hace usted cuando nos ofrece su currículum al peso, donde el número de publicaciones parece importar más que su impacto), que se borren los nombres de quienes hicieron un hallazgo. Todo eso al Dr. Larraz le da lo mismo: mientras le vaya bien a él, los demás que se las arreglen. Pues nada, hombre, siga, siga con esa actitud, y seguiremos teniendo la Universidad que tenemos. Se ve que de cutrez sabe usted un rato.
Porque aquí no se trata de medallitas, sino de la verdad. Y esta, gracias a algunos renglones, pocos, de los sermones del Dr. Larraz, ha quedado meridianamente clara: Linares mentía cuando iba por esos mundos diciendo que había descubierto un continente de crónicas de Chaves Nogales. Y eso era lo que importaba. Cabe en una línea.
(En cuanto a mi alias, es un derecho que tengo y me ofrece esta revista. Trabajo en una Universidad, me falta alguna acreditación y, lamentablemente, no puedo permitirme el lujo de firmar con mi nombre sin esperar represalias, Dr. Larraz).
Muchas gracias por este comentario, profesor Larraz, aunque me pierda un poco con tantos datos. Fui a la universidad hace cuarenta años y las cosas eran muy diferentes en aquel entonces. Quiero pensar que hemos avanzado… Cuando vi que la editorial Renacimiento decía que iba a demandar a una profesora me entró curiosidad malsana, como a tantas amigas lectoras. No sé si leyó que Abelardo Linares acusaba a la profesora Morató (ojalá me lea y me perdone por escribir mal su apellido tantas veces en mi otro comentario) de apropiarse de los supuestos descubrimientos de Linares. Él decía que era todo «fruto de investigación propia». Ahora me queda claro: es usted, profesor Larraz, con el trabajo de sus discípulas quienes han encontrado las cosas y han hecho un intercambio de ese trabajo con Linares y él se lo ha adjudicado.
Nunca pensé que me iba a responder nadie… Pero sí diré algo que espero no se tome mal: si presencia un caso de discriminación sexista y ve que quien lo está sufriendo no hace nada por razones seguramente legítimas, no deje de denunciarlo por el hecho de ser usted un hombre. No siempre las mujeres que padecemos estas situaciones estamos en disposición de denunciar. Luchar contra el machismo en la sociedad no sólo es cosa de todas, también de todos.
Aprovecho estas insinuaciones de machismo contra Abelardo Linares para constatar que, casi a diario, también conduce borracho.
Corrijan la errata del mensaje anterior, por favor: donde dice que «conduce borracho» debe decir «conduce borrando».
¿Abelardo Linares borrando? ¿Dónde he leído yo eso hace muy poco tiempo y en esta misma revista?
Es usted el periodista de la agencia EFE? Lo entiendo todo. Para su información utilizar expresión de otros se llama «cita». Se hace a menudo. De nada.
Yo, sin embargo, ignoro quién se esconde tras el/la cantante que, por mera modestia, hace bailar montañas, pero también lo entiendo todo.