
Viene de «Alemania y la guerra en Gaza: razón de Estado interior e israelización de la política exterior (1)»
¿Valores universales? Depende de quién los proclame
En el sur global, hace tiempo que dejaron de aplaudir al compás moral de Occidente. Reclaman, con razón, que nadie les dicte cuándo ni cuánto indignarse, y menos desde despachos donde Gaza es un concepto abstracto y Ucrania, una urgencia visceral. ¿Por qué habrían de arder por el Donbás si llevan décadas respirando cenizas en Palestina, el Sáhara o el Congo? A la doble vara europea, replican con otra: la de medir también sus tragedias como propias. La jerarquía del dolor, al parecer, se sigue redactando en Bruselas.
Gerda (II): una profesora en apuros
El cuento que pretendo desarrollar va de libertad de expresión o, mejor dicho, de falta de ella. No estamos hablando de algún país del África subsahariana ni de la Hungría de Orbán, donde el líder magiar rinde su particular tributo al Pride. Allí, hablar de gais casi te mete en la categoría de agentes extranjeros ―léase malvadocomunitarios― y, por tanto, con varias papeletas para ir a la trena (previo reconocimiento facial con la correspondiente tecnología prohibida por la UE).
―¡Quién las pillara! ―suspiran Trump y Nayib Bukele.
―¿Tecnología de reconocimiento facial o ley de agentes extranjeros?
―Las dos, ¡las dos! ―exclaman al unísono el naranja y el salvadoreño.
Pero ni estamos en Rusia ni en Georgia. Hay otro país en el que la libertad de expresión no es lo que era o, mejor dicho, nunca lo fue… si hablamos de un determinado ámbito, claro. Se trata de Alemania. Y veremos que en el páramo de libertad que presuntamente es el país germánico no todo el monte es orégano. Hay pedruscos. Y hierbas. Ponzoñosas en más de un lance.
La llamaremos Gerda Schmidt (GS, G., en función de las ganas de escribir que se presenten). Es un nombre ficticio (si bien la persona es muy real; no es propósito de estas letras echar p’alante a nadie). En cualquier caso, los lectores no podrán negar que suena muy germánico. Gerda. Trabaja en la Realschule T. del barrio (Stadtteil) F.
Como se comentó, sobre ciertos temas es perentorio tirar por la vía de la discreción, que en ocasiones pasa por renunciar al derecho a la libre opinión. Porque sí, porque no de todo es bueno hablar. Pero Gerda, inocente ella, habló. Ni siquiera levantó el tono. Se limitó a apuntar un detalle. Sin embargo, se trataba de Israel. Con la Iglesia hemos topado. O casi.
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Muchas gracias por este punto de vista. Me está encantando.
Enhorabuena!!