Política y Economía

Alemania y su posición ante el genocidio en Gaza: razón de Estado interior e israelización de la política exterior (y 3)

Manifestación en Berlin contra el ataque de Israel al barco de ayuda humanitaria hacia Gaza. Foto Montecruz Foto. (CC) Alemania Gaza Israel
Manifestación en Berlin contra el ataque de Israel al barco de ayuda humanitaria hacia Gaza. Foto: Montecruz Foto. (CC)

Viene de «Alemania y la guerra en Gaza: razón de Estado interior e israelización de la política exterior (2)»

En la segunda parte de este relato habíamos abordamos el caso de Gerda Schmidt, una profesora alemana atrapada en la red de silencios, sospechas y ortodoxias impuestas que rodean cualquier mención crítica a Israel dentro del contexto escolar alemán. Su historia concreta —nombres ficticios, hechos reales— sirve como síntoma de un fenómeno más amplio: la consolidación de una autocensura estructural en Alemania, sostenida por la razón de Estado (Staatsräson) y legitimada por la culpa histórica del Holocausto. Como en la antigua finlandización respecto a la URSS, la israelización de la política exterior alemana traza líneas rojas invisibles pero infranqueables en el discurso público. Quien las cruza —como Gerda, apenas por sugerir una visión más compleja del conflicto en Gaza— se convierte en sospechoso moral, profesional prescindible o amenaza latente. Bajo la invocación incesante del «7 de octubre», se impone una pedagogía del miedo y el alineamiento obligatorio. Y lo más inquietante: no hace falta que haya órdenes explícitas. Basta con haber entendido bien el manual.

El libro de Gerda

Hay que señalar, en descargo de Gerda, que igual el material educativo no era de lo mejor. Pongamos como ejemplo un libro de historia cualquiera (totalmente real), para un alumnado de 14-15 años. El tema 2 habla del nacionalsocialismo, la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto. Lo preceptivo. Algo que debe ser enseñado para que generaciones venideras no olviden lo que fue la barbarie nazi: genocidio, guerra.

El problema empieza en el tema 3, dedicado a la posguerra. Se muestran fotos y recreaciones modernas con actores y vestuario de cine, pero no fotos reales. Se empieza a hablar de la fundación de Israel. En los precedentes (página 112), se cuenta que muchos refugiados alemanes van a Palestina tras la guerra, donde se fundaría el Estado de Israel. Se omite de momento ―detalle de fundamental relevancia― el pequeño detalle de que tal fundación se edificó sobre una limpieza étnica, que los palestinos y árabes llaman Nakba (catástrofe, en árabe).

En la página 116, se desciende más al detalle del establecimiento de Israel como Estado y se incide en Alemania como artífice del mismo. Se habla de las compensaciones secretas del país germano a ese germen de Israel: dinero, acero y hierro, que fueron claves para erigir el país. Asimismo, se menciona el hecho de que fue Alemania el primer país en enviar al primer embajador a Israel. En este sentido, no conviene olvidar que Alemania no existía en plenitud, por así decirlo: estaba dividida en cuatro zonas de ocupación, tres de las cuales se habían unificado bajo mando aliado y la cuarta quedaba en manos soviéticas, amén de los territorios perdidos en el este (Ostgebiete), que hoy son Polonia y Rusia, pero que entonces no estaban definidos de manera clara, por mucho que se intuyera.

La cuestión del embajador suscitó la indignación de varios países árabes, explica el temario, pero no se aclara cuál fue la razón: el Estado de Israel se edificó sobre territorios de otros países donde sí había gente, que allí vivía desde tiempo inmemorial. Simplemente que, oye, a los árabes no les gustó. Punto. Muy especialitos, estos árabes.

En esta unidad didáctica también se comenta que la otra Alemania, la RDA, no se sintió responsable de los crímenes nazis y nunca reconoció a Israel. Siempre estuvo del lado de los Estados árabes, siguiendo la posición soviética. Ya se sabe que los soviéticos están por la liberación de los pueblos (o eso decían). Ellos no tienen nada que ver con rollos capitalistas. No había nazis en Dresde, Potsdam o Berlín. Solo en el oeste. Uno por otro y la casa sin barrer: cada loco con su tema.

Pasamos a la página 222, «Israel y Palestina». De manera un tanto jaculatoria (aviso: es literal), se expone que «en 1948, el sueño sionista se hizo realidad». Los Estados árabes ―sigue el texto― «lo llamaron Nakba (“catástrofe”)». Ahora sí parece oportuno señalar que, después del sueño sionista aludido, muchos palestinos fueron expulsados de sus tierras, si bien se evita decir que fue Israel quien lo hizo. Se entiende, pero no se nombra. Eso sí, se comenta que, a partir de 1995, «se les concedió [a los palestinos] un estatus autónomo, con lo que podían elegir su propio gobierno y administrar el país ellos mismos». Una potencia extranjera ocupante te quita las tierras, se instala en tu territorio y te permite autonomía.

Con todo, los diseñadores de contenidos escolares son tendentes a olvidar cuestiones como la de los asentamientos o el hecho de que Israel, como potencia ocupante que es, controla las fronteras y gran parte del área. Ni que decir tiene que los asentamientos ilegales que agujerean Cisjordania están comunicados por carreteras controladas por el ejército. Así da gusto ser autónomo. Pero no se dice.

En cuanto a «esa Nakba de la que usted me habla», se refiere al desmantelamiento de la sociedad palestina y el traslado forzoso de la mayoría de su población entre 1947 y 1948, siendo expulsados más de 700000 palestinos u obligados al exilio tras la fundación del Estado de Israel. Centenares de aldeas fueron destruidas (lo de las excavadoras nunca se detuvo y sigue hoy en día, con más fuerza y apoyado por tanques y bombardeos aéreos). Es una limpieza étnica y un genocidio cultural, porque se negó el derecho al retorno de los deportados, a los que se les expropió sus tierras, además de procederse a la destrucción de símbolos históricos palestinos. La Nakba se conmemora cada 15 de mayo y, con razón, se considera la actual guerra en Gaza iniciada en 2023 como otra nueva Nakba.

El ministerio de Gerda

El ministerio encargado de temas educativos a nivel federal es una especie de cajón de sastre llamado «Ministerio Federal de Educación, Familia, Tercera Edad, Juventud y Mujeres». Y la posición que mantiene con el actual genocidio israelí da mucho que pensar. Se titula la entrada que aborda la actual guerra como «El conflicto de Oriente Próximo en el día a día de la enseñanza en las escuelas». La manera de referirse a «la guerra de siempre», como la llamaba Miguel Bastenier, el insigne periodista español fallecido en 2017, deja bastante que desear. ¿Son turcos contra egipcios? ¿Jordanos contra yemeníes? No. Son Israel y Palestina: otro eufemismo más en la neolengua de la Staatsräson.

Como material, se facilita un folleto titulado ―ahora sí― Hablar sobre Palestina e Israel, el conflicto de Oriente Próximo en el trabajo en el aula1. Se trata de unas instrucciones de apoyo pedagógico para abordar el tema en clase.

Se inicia la exposición comentando que, tras el ataque terrorista de Hamás a Israel el 7 de octubre de 2023, el conflicto de Oriente Próximo volvió al centro del debate público, también en las escuelas. Como se irá viendo, se presenta la visión sobre el «conflicto en Oriente Próximo» de una manera, por así decirlo, peculiar.

Se principia refiriendo que el conflicto Israel-Palestina es un tema emocionalmente denso para muchos alumnos y que el mismo aparece de forma recurrente en la vida escolar.

En cuanto al contenido de la guía, consta de ejercicios y métodos pedagógicos para tratar el tema en clase, incluida información de fondo y consejos para manejar situaciones difíciles o provocativas en el aula.

Hasta aquí, todo más o menos en orden. No obstante, justo en un aspecto secundario como el marco institucional, comienzan las sorpresas: la publicación está financiada en el marco del programa federal Demokratie leben! (vivir la democracia), como parte de una red temática sobre ¡extremismo islamista! Cuidado con los provocadores islamistas.

El enfoque de la publicación es antirracista y, en teoría, «recoge y visibiliza las experiencias de discriminación individual y sistémica». Ni tan mal, pero atentos a la continuación, porque dichas experiencias «están muy presentes en jóvenes con orígenes palestinos u otras historias migratorias». O sea, que cuidado con los palestinos, que tienen muchos prejuicios.

La islamofobia es cierto que se da en otras publicaciones del ministerio, pero ignorarlas aquí, a tenor del racismo con que muchos israelíes tratan a los palestinos, es, como mínimo, tendencioso. Y más por lo que se cuente al contar la historia de otro docente, Jürgen Klein (como siempre: nombre ficticio, persona real).

Una solidaridad desmedida

Si atendemos a los actos y declaraciones concretos del Estado alemán, el 7 de octubre todavía era posible expresar solidaridad con el Estado de Israel por los atentados terroristas perpetrados por Hamás. Entonces casi podíamos perdonar a Ursula von der Leyen que se olvidara de que representaba a la Unión Europea y viajara, como portadora de mochila alemana, no europea, a Israel. Está usted representando a la UE. Y la UE no viaja a Israel por una cosa así. Urbanidad de condenar todo ataque, sí; olvidar que la Comisión Europea no es una institución alemana, sino supranacional, casi es tráfico de influencias contigo mismo.

«Actuación en consecuencia»

Aquel mismo día, el Bundeskanzler Olaf Scholz afirmaba que «Israel se había despertado en medio de una pesadilla y que los cohetes seguían cayendo sobre su territorio». También telefoneó a Benjamin Netanyahu para reiterarle que la seguridad de Israel es «razón de Estado para Alemania» (atentos al dato, como decía aquel, porque hay matraca para rato) y que ello era especialmente válido en momentos difíciles como los que se estaban dando. Y que «actuarían en consecuencia». ¿Cómo? Por lo que se ha visto en los últimos casi dos años, de tres maneras: empatía, diplomacia y carta blanca al genocidio.

Es preceptivo recordar, a este punto, que Scholz es socialdemócrata: «Todas las personas deben poder vivir sin explotación, opresión ni violencia, en seguridad social y humana». Eso dice la página electrónica del SPD, al menos, a la hora de hablar de los principios rectores de la formación. Resulta apropiado, en este sentido, retener dichos valores para lo que después viene.

Se retoma ahora el hilo de la «actuación en consecuencia». Puede comenzarse por la empatía. Así, Alemania se volcó —en una sobreactuada actuación— con Israel: se proyectó su bandera en la berlinesa Puerta de Brandeburgo, entre otros gestos simbólicos; y se proclamaba desde la web del gobierno alemán (Bundesregierung) la inmensa solidaridad del pueblo alemán con Israel. Las banderas israelíes ondearon también en multitud de edificios institucionales a todos los niveles —federal, regional y local—, y se expresó un respaldo inequívoco a Israel. Ya lo sabemos: que no se nos olvide el Holocausto.

En segundo lugar, el empeño diplomático: la diplomacia alemana entró a formar parte de la nómina de asuntos exteriores israelí, porque no se trataba de detener una escalada cualquiera: era la del Estado sionista contra una población indefensa, que sufría además las dañinas consecuencias de un bloqueo por parte de dicho país desde 20072. El gobierno alemán envió emisarios del más alto nivel para intentar frenar el incipiente conflicto. Scholz, como hiciera Von der Leyen, viajó a Israel y a varios países árabes con el objetivo de mediar por la liberación de rehenes. A este esfuerzo se sumó la ministra de Exteriores, Annalena Baerbock, quien visitó Israel hasta en tres ocasiones e inició contactos diplomáticos con Egipto, Jordania, Líbano, Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos. También el ministro de Defensa, Boris Pistorius, visitó a las tropas alemanas en el Líbano el 19 de octubre de 2023 para reunirse con las tropas alemanas desplegadas en la misión de la ONU (UNIFIL), al objeto de informarse sobre la situación en el sur del país tras el «aumento de las tensiones en Oriente Próximo» (wachsenden Spannungen im Nahen Osten). Obsérvese la equidistancia de la palabra empleada por medios estatales como ARD, cuando Al Jazeera ya contabilizaba un mínimo de 3478 víctimas mortales en Gaza y 69 en la Cisjordania ocupada.

Según la mencionada ARD, la visita del ministro tuvo como objetivo reforzar la presencia alemana como factor estabilizador en la región y supervisar los preparativos de la Bundeswehr ante una posible evacuación de ciudadanos alemanes desde Israel, Líbano o Jordania.

No se ha visto tan activo al servicio exterior alemán en mucho tiempo.

En tercer lugar, la aludida expresión «actuar en consecuencia», pronunciada por el Bundeskanzler Scholz el 7 de octubre, cobra otro matiz según a quién se refiera: no parece que la masacre de civiles palestinos active ninguna razón de Estado para Berlín. Ya el 12 de octubre, las víctimas palestinas superaban ampliamente a las israelíes. Gaza era una trampa mortal, bombardeada sin descanso, con la población civil huyendo sin rumbo. Más de un palestino hubiera firmado tal situación de saber que la misma era peccata minuta en comparación con lo que quedaba por venir. En realidad, estaríamos hablando de un apoyo implícito a los planes israelíes de limpieza étnica.

Dicho respaldo diplomático va más lejos, escalando a un apoyo más explícito: el mencionado 12 de octubre, Scholz declaraba que, en aquel momento, solo había un lugar para Alemania, que era «estar al lado de Israel». La misma web del gobierno, por su parte, perseveraba en tal inhumana declaración, afirmando que la historia de Alemania y la responsabilidad derivada del Holocausto conllevaban que fuera una «tarea perpetua para Alemania respaldar la existencia y seguridad de Israel». Con la Staaträson hemos topado. No hay mejor definición. Es decir: Alemania está edificada sobre el doppel Estándar, que le llaman por allí.

Clara y llanamente: en lo relativo a Israel, Alemania no ejerce una política exterior autónoma. Se ha impuesto una israelización, que dicta una única línea: la mencionada idea de que, apoyando un genocidio, pueden descargarse de otro anterior.

La declaración del Bundestag: el asombroso caso de la paja en el ojo israelí

El Bundestag, por su parte, expresó también su solidaridad con Israel en aquel prolífico 12 de octubre. Se izó, por ejemplo, una bandera israelí junto a la alemana en el antiguo edificio del Reichstag. En la web se apuntaba este hecho, en el pie de foto, como muestra de solidaridad: muy básico todo. La institución se prodiga en achichurros con Israel. Tal palabra, al menos en mi tierra, significaría algo así como «muestras de amor desproporcionadas y sin venir demasiado al caso». Sí: se suele decir cuando aquellos cariños acaban mal.

El parlamento alemán, de manera bastante unánime, emitía aseveraciones que sonrojaban: se habló de ataques terroristas sin precedentes. Podían haberse quedado ahí, ejercer la muy aconsejable virtud de la prudencia. Pero no lo hicieron: estropeando una declaración adecuada y pertinente, el texto redundó en que «nunca antes, en sus 75 años de historia, Israel había sido víctima de una violencia terrorista de tal magnitud y brutalidad», desplegando el olvido de que durante dicho período se cometió un sinnúmero de atropellos a los derechos humanos de la población palestina por parte de Israel.

Prosigue el texto señalando que «las ejecuciones arbitrarias y el secuestro de personas inocentes no pueden justificarse de ninguna manera» o que —y esto es decididamente embarazoso— «según el derecho penal internacional», dichos actos constituían «crímenes de guerra e incluso crímenes contra la humanidad». Imposible hablar de derecho internacional y de Israel en la misma frase: es antitético. La lista de violaciones del derecho internacional por parte de Tel-Aviv es inconmensurable.

Y ahora, una de las claves de todo este embrollo: «el derecho a la existencia de Israel no puede relativizarse bajo ninguna circunstancia», afirmación carente de todo atisbo de humanidad y que atestigua que Alemania, condicionada por su participación activa en el Holocausto nazi, posibilita otro genocidio por omisión.

El demonio está en los detalles, y es esa letra pequeña —retorcer el lenguaje en un alarde de equidistancia supremo— lo que lo convierte todo en más dañino. De acuerdo con lo dicho, las menciones al conflicto adoptan una vaguedad llamativa: se habla, pues, de «la región», «Oriente Medio», o se alude a «los ataques de Hamas a Israel»; sobre los palestinos, nada. Las notas oficiales se obstinaban en la matraca: «conflicto entre Israel y la organización terrorista Hamas», «liberación de rehenes». De los damnificados civiles, ni palabra. No interesan. ¿Son daños colaterales? Pues no: la cuestión es, como siempre, «pleno apoyo a Israel tras los ataques del 7 de octubre, reafirmando su derecho a la seguridad y su existencia como principio central de la política exterior alemana».

El número ascendente de víctimas mortales en suelo palestino no parecía producir desazón espiritual alguna. Como el mencionado Herr Antisemitismus, todo puede resumirse en una sola cosa: «7 de octubre».

Pero no se queda aquí el manifiesto: en un alarde de falso realismo, se sigue impulsando la ya irrealizable solución de dos Estados (Zweistaatenlösung) como única vía viable hacia la paz. Se aborda después, para seguir con las siguientes diatribas vacías —por superfluas—, a saber:

En primer lugar, se habla del «rechazo a actores estatales y no estatales que amenacen a Israel, en especial Irán, Hamás y Hezbolá». Contra el primero, se conmina a ejercer mayor presión, incluyendo sanciones y su designación como organización terrorista. Continúa la alocución con las consabidas «defensa de Israel en organismos internacionales frente a ataques unilaterales», «lucha contra el antisemitismo», «prohibición de Hamás en Alemania» y, lo más crucial, la suspensión de las ayudas a Gaza, como si no fueran suficientes los estragos del mencionado bloqueo.

La razón de Estado alemana sigue chirriando: más de dos meses después, Israel comienza a perpetrar de manera más que meridiana un genocidio perfectamente engrasado —antes también era hecho notorio, si bien cabía argüir que uno no se acababa de dar cuenta—. La postura oficial del Bundesregierung es la tibieza. El 13 de noviembre, con miles de muertos —incluidos niños y adolescentes—, el gobierno declara que «Alemania está del lado de Israel y aboga por la desescalada». Ni una mención directa al sufrimiento palestino. Se llama a desescalar, como si se tratara de un conflicto simétrico: «venga, no os peleéis, sed buenos». En Ucrania, en cambio, no se habla de desescalar, sino de apoyar a Ucrania hasta la victoria frente a Rusia, porque atenta contra los valores europeos. De aquellos que hemos hablado: lo que en Alemania llaman Doppelmoral y Doppelstandard.

Diferentes ideologías, misma razón de Estado

Empezamos con CDU-CSU. Lo esperado. «Estamos al lado de Israel», podía leerse el 9 de octubre en la web del partido, con el fondo de la enseña de la estrella de seis puntas. Por lo demás, lo esperable: condena total de un ataque contra civiles calificado de «inhumano y repugnante», solidaridad con las familias, liberación de rehenes y, importante: reconocimiento del derecho de Israel a defenderse, de acuerdo con el derecho internacional —no menos decisivo—. A continuación, una retahíla que nadie niega, que la seguridad y existencia de Israel son irrenunciables —como cualquier Estado soberano— y constituyen una cuestión de Estado (Staatsräson) para Alemania.

Sigue la muletilla «Alemania tiene una responsabilidad histórica especial hacia el pueblo judío e Israel» y que ello guía la política de la CDU. Con Israel —aseguran en el partido conservador—, tiene Alemania en común «valores democráticos compartidos». Se criticó también la manifestación propalestina que tuvo lugar en el distrito berlinés de Neukölln el mismo 7 de octubre de 2023 que, realmente, no tenía razón de ser.

También propugnan suspender todas las ayudas económicas de Alemania y la UE a organizaciones palestinas —estatales o no estatales— que no se distancien de Hamás y no reconozcan el derecho a existir de Israel. Un ejercicio de doble rasero teniendo en cuenta que Angela Merkel firmó con Rusia un jugoso contrato de suministro de gas el año que Moscú invadía el Donbás, trayendo allí la guerra, y anexionándose ilegalmente la península de Crimea. Se aboga, asimismo, por expulsar a los implicados en los desafortunados altercados de Neukölln, en Berlín —manifestación pro-Hamás el mismo 7 de octubre de 2023—. Lo cual es de una ilegalidad manifiesta por tratarse de una arbitrariedad que no debe seguir ninguna administración.

En fin, puede pensarse que son tonterías que se dicen, como la Remigration de la AfD —les gusta, pero saben que no lo pueden aplicar— o el plagio de lo mismo llevado a cabo por Santiago Abascal, de VOX. Sin embargo, no se trata de un calentón: en los últimos meses, ya con Merz de Bundeskanzler, Alemania ha intensificado la represión contra las voces críticas con la política israelí, especialmente aquellas que muestran solidaridad con Palestina. Esta deriva ha alcanzado un nuevo hito con la decisión de expulsar a ciudadanos extranjeros —de la Unión Europea o Estados Unidos, incluso— por participar en manifestaciones propalestinas.

Las autoridades están llevando a cabo expulsiones de personas por participar en protestas propalestinas, sin formación de causa ni condenas penales previas: no es la ICE de los Estados Unidos, es la Alemania del Estado de derecho. No hay base legal ni jurisprudencia que ampare este proceder. Como en EE. UU., se está usando la herramienta del supuesto antisemitismo para silenciar la disidencia —en este caso— de la Staatsräson.

De hecho, un gran número de juristas consideran ilegal o de muy dudosa aplicación la Staatsräson en procesos de deportación, mientras Merz rechaza refugiados de Gaza. Celo extremo con la kufiya, pero no tanto con enseñas nazis, neonazis o de complicado encaje constitucional. Alemania, con este tipo de actuación, mantiene menos sus principios democráticos que avanza más hacia el autoritarismo.

Die Linke, por ejemplo —más a la izquierda (se llama precisamente así, en alemán)— también exhibe cierta tibieza en su comunicado del 11 de octubre. Así, tras la habitual retahíla de «condena firme de los ataques terroristas de Hamás contra Israel» y la defensa del «derecho a la existencia del Estado israelí», expresa profunda preocupación por el sufrimiento de la población palestina, especialmente en Gaza: recibiendo una mención que en otros casos se obvia.

No obvia, eso sí, la política de ocupación, el bloqueo y la expansión de asentamientos bajo el gobierno de Netanyahu. Por ello, aboga por una solución pacífica de dos Estados, basada en las fronteras de 1967, que garantice la «seguridad y dignidad de israelíes y palestinos por igual». Es mejor que nada, pero no deja de destilar equidistancia.

Así, las palabras para describir los padecimientos israelíes presentan un tono más emocional, con el uso de términos como barbarische Massaker («masacre bárbara»), Wir sind in Gedanken bei den Opfern («nuestros pensamientos están con las víctimas [israelíes]») o Grausamkeit («crueldad»).

Por el contrario, para reivindicar los padecimientos de los habitantes de la Franja, el tono es menos empático y emocional y más descriptivo, con palabras más en la onda técnica, iusinternacionalista y jurídica en general: menschenunwürdige Bedingungen («condiciones indignas»), militärische Gewalt («violencia militar»), o Blockade von Wasser, Energie und Lebensmitteln («bloqueo de agua, energía y comida»). Esta diferencia refleja una clara asimetría en la carga afectiva del discurso.

Por lo demás, otra invocación común a la solución de los dos Estados que, si hace tiempo que está fuera de la realidad, la ofensiva israelí de Gaza la ha convertido en obsoleta.

El volantazo de AfD, una de las pocas excepciones a la Staaträson

BSW (Bündnis Sahra Wagenknecht, Alianza Sahra Wagenknecht) constituye una excepción al planteamiento general de la razón de Estado. Se trata de un nuevo partido, escisión de Die Linke, de tendencia izquierda populista, que estuvo a un puñado de votos de entrar al Bundestag en 2025 (gracias al alto umbral del 5 % necesario para obtener representación, pero no por falta de votos, precisamente). Sin embargo, es hasta el momento, a nivel nacional, un partido marginal. Promete más, eso sí. Donde sí es fuerte es en el antiguo Este: de hecho, tienen una representación aceptable y decisiva en más de un parlamento regional. Acordes a su adscripción ideológica, propugnan el embargo de armas contra Israel por las graves violaciones del derecho internacional humanitario y de los derechos humanos por parte del ejército israelí (tampoco estamos ante algo fuera de toda lógica, todo hay que decirlo). Es cierto que su política migratoria es cercana a AfD, pero no en el asunto israelí, pues AfD presentó siempre sintonía con el constructo de la Staaträson. ¿Siempre? En absoluto.

Alternativa por Alemania. Su posición es, por así decirlo, más neurótica. Así, transitó con paso alegre y desacomplejado los caminos de la contradicción. La AfD históricamente ha respaldado a Israel. Se puso en contra del BDS en 2019 (Boycott, Divestment, Sanctions, en inglés: boicot, no inversión y sanciones, contra productos e incluso instituciones culturales israelíes). El mismo 23 de octubre de 2023, el portavoz afedista, Petr Bystron, condena enérgicamente los ataques contra Israel, a la vez que reafirma la solidaridad total con el país y el pueblo judío, apoyando todas las medidas necesarias para detener rápidamente los ataques (aún estaban en curso) y responsabilizar a los agresores. La organización Hamás es calificada como terrorista, y se exige poner fin a su financiación abierta y oculta, incluyendo las ayudas que, a su juicio, vienen de Alemania y de la ONU. Del mismo modo que Die Linke, la formación ultraderechista expresa que los pensamientos de AfD están con las víctimas israelíes y sus familias. Importante es destacar que Petr Bystron es el portavoz de la Fraktion (grupo parlamentario) del partido, no el líder.

Cambio de guion: el colíder de AfD, Tino Chrupalla (la otra es Alice Weidel), parece decidido a dar un volantazo radical a la tradicional posición israelí del partido. Desde 2024 muestra una insólita crítica contra el Estado judío, asegurando que es hora de abordar de forma crítica y objetiva también al gobierno israelí. Señala lo que, a su juicio, es una «solidaridad exclusiva» con el Estado judío y reprocha, además, la toma de partido alemana unilateral con Tel-Aviv. Afirma que las entregas de armas a Israel implican aceptar la deshumanización de las víctimas civiles de ambos lados y pide una crítica objetiva al gobierno israelí.

Equidistancia entre víctimas, sí, pero ¿qué pasa aquí? ¿Es un partido de extrema derecha alemán o alguien más a la izquierda de Die Linke? No es una pregunta retórica, porque en su propio partido, algunas voces acusan a Chrupalla de «pacifista de izquierdas», que «bien podía pasarse al BSW». Esto es así hasta el punto de que algún diario israelí se hace eco de la división aefdiana en 2025.

Muchos han intentado vislumbrar dónde está el truco. Efectivamente. Algo hay: en primer lugar, podemos hablar de la Rusia de Vladimir Putin, el «político de Schrödinger»: está en todas partes y en ninguna (porque niega tener nada que ver en muchos de los fregados en los que está metido, por mucho que sea de dominio público). De acuerdo con esto, la actitud de Chrupalla puede deberse a un cambio estratégico de bando: simpatías rusas vs. crítica a Israel. Al fin y al cabo, Putin siempre es más atractivo a formaciones políticas de pulsiones autoritarias.

Así, Chrupalla evita criticar a Putin incluso tras el 7 de octubre, y hasta se sospecha que le felicitó en su cumpleaños ese mismo día (también es casualidad), lo que contrasta con su postura cada vez más hostil hacia Israel, aliado occidental. Y por ahí pueden venir los tiros. Tres días antes: el 4 de octubre de 2023, Chrupalla sufrió un desvanecimiento en un mitin en Ingolstadt (Baviera). Por supuesto, el hecho activó el pistoletazo de salida para toda una colección de teorías conspiranoicas —empezando por Alice Weidel, convencida del intento de asesinato— de toda laya: el político se tocó el brazo. Ya no hacía falta más: el partido se lanzó a decir que había sido objeto de un ataque con inyección, de un intento de envenenamiento. Políticos del CDU no lo afirmaron, pero sí dieron bola al asunto. Al final los médicos descartaron todo envenenamiento, incluido el tabloide sensacionalista Bild. Pero no Putin, que consideró que Chrupalla había sufrido un atentado con métodos nazis. Él.

En cuanto a la supuesta conversión al pacifismo (cancelaciones de envío de armas a Israel), la respuesta puede venir dada por un intencionado doble rasero en política armamentística: Chrupalla rechaza enviar armas a Israel, pero también a Ucrania (algo muy de AfD por sintonía con Putin) por igual: ya se sabe, la equidistancia que se consume por estos lugares.

En tercer lugar, parece que las bases aefdistas no están muy de acuerdo con la defensa a Israel y Chrupalla estaría acercándose a este sector… si bien también hay judíos en AfD. Mejor no pensar más allá.

Alemania se encuentra, en fin, en una encrucijada moral y política. El apoyo a Tel Aviv se mantuvo incluso tras acciones como el bombardeo israelí contra la embajada iraní en Damasco, la invasión del sur del Líbano o los ataques aéreos contra Irán, tanto por parte de Israel como de Estados Unidos, si bien en este último la Cancillería mostraba mayor entusiasmo y el SPD ya no tanto.

Como epítome de incoherencia es el hecho de que Alemania apoya sin fisuras al gobierno ultraderechista de Netanyahu mientras que sus partidos mayoritarios claman contra su propia ultraderecha, iniciando una espiral de autocensura y doble rasero y confundiendo a la opinión pública. El «nunca más otro holocausto» que guía —que condiciona— la política exterior alemana se convierte en una justificación para mirar hacia otro lado ante crímenes cometidos por Israel, al tiempo que denuncian matanzas como las de Bucha en Ucrania. En Gaza, donde la destrucción ya ha superado proporciones bíblicas, la población civil muere a diario bajo las bombas, sin que Berlín se aparte un milímetro de su «razón de Estado».


Notas

(1) Entendiendo por escuelas todo lo que termine en -schule: Grundschule (primaria). Secundaria (Haupt-, RealGesamtschule, Gymnasium; ver arriba).

(2) «En junio de 2007, el gobierno de Israel impuso un bloqueo por tierra, mar y aire a la franja de Gaza que (…) que ha tenido devastadoras consecuencias. El bloqueo impide las importaciones de muchos productos, limita el movimiento de personas y las oportunidades para el empleo de la población gazatí, en su mayoría refugiados de Palestina”.  A ello se suma que “la población de Gaza ha sufrido ciclos repetidos de violencia, ofensivas que han provocado muertes, personas heridas y destrucción.  Todos estos factores unidos han provocado un deterioro de los derechos humanos y un subdesarrollo de la Franja». Véase: el Informe de la UNRWA (Agencia de Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo) del 14 de junio de 2023, antes de la guerra.

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5 Comentarios

  1. Un detalle.
    La Alianza de Wagenknecht es escisión de Die Linke, no de los Verdes.

  2. Gran ensayo en tres partes. Sin embargo, y como prueba de que la Realpolitik, no es la medida de todo. -Por mucho que quieran convencernos de ello. Recomiendo el artículo que Isaac Rosa públicó ayer mismo en el Diario.es. En el mismo, superponia las declaraciones de condena vacias de la UE, con los efectos lentos y explicitos de la desnutrición en los seres humanos y sus plazos. (sobre todo los niños). https://www.eldiario.es/opinion/zona-critica/morir-hambre-suena-fondo-comunicado-europeo_129_12495530.html. Léanlo porque es un complemento perfecto a este ensayo.

  3. Pingback: Análisis crítico de la política alemana ante el conflicto Israel-Palestina y su influencia educativa - Hemeroteca KillBait

  4. Los progres os confundís un montón: palestino=malo. Israelita= bueno. Y ya esta, sin demasiadas explicaciones. Imagina q tengamos a un israelí y a un palestino/moro/árabe en tu comunidad de vecinos. Quién te dará los problemas? Y se puede responder a esto sin supremacismos intelectuales, sobretodo para mis vecinos de Bcn, q muchos responden desde el supremacismo de diferente tipo. Por favor Jotdown publicar el mensaje, no seáis como los sionistas-nazis. Ay señor, llévame pronto..

  5. Zyklon B

    Estamos ante un ataque de falsa bandera, Hamas no existe. Es el goboierno quien lo ha montado todo. Como explica Javier Espinosa, el corresponsal de guerra de El mundo: «Hamas, a mi pesar, es una creación de Israel»
    El grupo recibió el apoyo activo de Tel Aviv durante su creación para usarlo contra la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), bajo el mismo supuesto que llevó a Washington a apoyar a los islamistas radicales que luchaban en Afganistán contra las tropas de Moscú».

    Netanyahu viajo a EEUU la semana antes de los atentados durante 5 dias a preparar todo, para robar y saquear Gaza con la ayuda de EEUU.

    Netanyahu partirá el próximo domingo para una visita diplomática a Estados Unidos y la ONU
    Este contenido fue publicado en14 septiembre 2023 – 18:22

    Quien es Hamas? Donde viven quien los financia, porque el Mossad no se enteró porque no hubo dimisiones, por que fue Netanyahu la semana antes durante 5 dias a EEUU? ¿Donde se han reunido? ¿Porque Israel no les mata como tiene por costumbre?
    Porque es una estafa de falsa bandera como deja claro Javier Espinosa.
    Ahora que la presion internacional ha subido, y han masacrado a la poblacion palestina deciden finiquitar el tema. Vosotros los periodistas del pesebre lo sabeis pero callais.

    Menos mal que en Europa depuramos a esta gente…

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