Editorial

Bluesky vence a Twitter y Facebook: la rebelión contra los algoritmos ya ha empezado

Odilon Redon Five Butterflies c. 1912 NGA 66514
Odilon Redon, fragmento de Cinco mariposas, hacia 1912, acuarela sobre papel verjurado

Hipólito Ledesma estaba equivocado. Muy equivocado. Cuando en Jot Down publicamos aquel artículo en el que nuestro «colaboratrol» se reía de lo aburrido que era Bluesky, lo hacíamos en clave de humor, sin calibrar que esa ironía se volvería en nuestra contra. No solo recibimos una oleada de reproches en la propia plataforma, sino que aquella broma ligera se convirtió en una crisis de reputación que todavía recordamos. Pero el tiempo, y los datos, han terminado por darnos una lección más importante que cualquier trending topic pasajero: hoy Bluesky, esa red que algunos —sí, nosotros— tildaban de soporífera, ha superado como fuente de tráfico a Twitter y a Facebook en los primeros tres días de septiembre. Y eso, créanme, es mucho más que un dato estadístico: es una señal política y cultural.

Porque Jot Down cuenta con casi 300.000 seguidores en Twitter y cerca de 200.000 en Facebook. El peso acumulado de años de presencia, de difusión, de trabajo constante en esas plataformas debería bastar para mantenerlas como los principales canales de entrada a nuestros artículos. Y, sin embargo, no es así. El gráfico lo muestra sin adornos: Bluesky, con poco más de 7.000 seguidores, nos está generando más tráfico —y más diálogo— que las dos viejas redes que un día dominaron la conversación global. Es el triunfo de una plataforma nueva, sí, pero también es la evidencia de que existen espacios contralgorítmicos donde lo que se comparte llega al lector sin ser filtrado por las trampas de la inteligencia artificial ni por los intereses económicos de las grandes corporaciones.

Los números son obstinados. Mientras los resultados de Google Discover y de las búsquedas en Google sigue siendo el gran motor que nos aporta lectores —casi un tercio del tráfico—, los accesos directos ocupan el primer lugar: gente que escribe jotdown.es en su navegador, que guarda la página en marcadores, que nos busca porque quiere leernos, no porque el algoritmo haya decidido que somos convenientes para su dieta informativa del día. Ese gesto de escribir la dirección o pinchar un marcador parece casi una resistencia artesanal en una era de feeds automáticos. Es un acto de voluntad. De ahí que Bluesky importe tanto: porque representa la misma lógica, la de los espacios donde aún existe una relación directa entre medios y lectores, sin filtros invisibles.

Bluesky es, hoy, una oportunidad para los medios que todavía creemos que el periodismo cultural, el ensayo, la entrevista y la reflexión no necesitan el empujón de un algoritmo caprichoso. En Twitter y en Facebook, aunque uno acumule cientos de miles de seguidores, la visibilidad está sujeta a una lotería programada en la que apenas cuenta la calidad del texto o el interés del lector. Importa lo que la máquina quiere que importe. Es la domesticación de la lectura, la manipulación de la conversación. Y ahí radica la relevancia de estos primeros datos: Bluesky, con mucho menos músculo y sin pretender colonizarlo todo, ya nos envía más lectores reales. Lectores que llegan porque quieren, no porque se les empuja.

Esa es la gran batalla cultural de nuestro tiempo. Los medios llevamos años cayendo en un derrotismo resignado: aceptar que dependemos de Google, que necesitamos Facebook, que sin Twitter nadie nos verá. Ese derrotismo ha sido la mejor victoria de las oligarquías tecnológicas: convencernos de que no hay alternativa, de que la única supervivencia posible pasa por jugar con sus reglas. Pero los datos de estos tres días muestran que la alternativa existe. Que hay redes contralgorítmicas como Bluesky, que hay agregadores de noticias como Menéame —que en nuestro caso ha enviado más de 1.300 visitas en apenas tres jornadas— y que hay sobre todo lectores dispuestos a entrar directamente en nuestra web si entienden que lo que ofrecemos vale la pena.

No se trata de un simple cambio de canal. Es una llamada al activismo. Si dejamos que todo el ecosistema cultural dependa de los filtros de unas pocas compañías tecnológicas, aceptamos que nuestras voces serán moldeadas según intereses ajenos. Lo que queda fuera del algoritmo desaparece. La historia de internet en la última década es la historia de esa amputación: contenidos relegados porque no favorecían la monetización publicitaria, debates arrinconados porque no generaban la suficiente fricción, medios condenados a la irrelevancia porque no pagaban por visibilidad. Pero la red no nació para eso. La red nació como un espacio de descentralización, de enlaces libres, de lectores que decidían a quién seguir y qué leer.

Recuperar ese espíritu no es nostalgia, es supervivencia. Apostar por Bluesky, por los agregadores, por substack, por las visitas directas, no es un capricho romántico, es una estrategia de independencia. Significa que cuando publicamos un reportaje, una entrevista o un ensayo, nuestra audiencia no dependerá de un cálculo opaco sino de la calidad del texto y del interés genuino de la gente. Significa que podemos equivocarnos, arriesgar, innovar, sin miedo a ser castigados por un código que favorece lo viral sobre lo valioso. Significa, en definitiva, que podemos volver a creer en el pacto básico entre medio y lector: yo te ofrezco algo con sentido, tú decides si merece tu tiempo.

Hay quienes dirán que es inútil, que el poder de Google y de Meta es demasiado grande, que no hay escapatoria. Esa es la misma cantinela que repetían hace años cuando alguien defendía el software libre frente a Microsoft, o cuando se decía que Wikipedia jamás podría competir con las enciclopedias tradicionales. El derrotismo es la forma más cómoda de rendirse. Pero la historia está llena de derrotismos superados, y cada clic que llega desde Bluesky, cada lector que entra desde Menéame, cada acceso directo es una pequeña rebelión que demuestra que todavía hay margen para construir un internet distinto. Lo que está en juego no es solo el tráfico de una revista cultural, sino la posibilidad de que la conversación pública no esté secuestrada por los intereses de unas pocas empresas.

Jot Down nació con la voluntad de mezclar humanismo y ciencia, literatura y pensamiento, sin pedir permiso a las jerarquías mediáticas. Ahora toca trasladar ese espíritu también al terreno de la difusión. Apostar por las redes contralgorítmicas no es un gesto accesorio: es la continuación lógica de nuestra misión. Si nos resignamos a que el algoritmo decida, estaremos aceptando que nuestra voz se diluya entre el ruido. Pero si defendemos espacios donde lo que importa es la calidad, estaremos ayudando a que el lector recupere el control, a que los medios se midan por lo que son capaces de aportar, no por lo que son capaces de pagar.

Hipólito Ledesma puede seguir pensando que Bluesky es aburrido. Lo que ya no puede hacer es negar que «la red social que hace que LinkedIn parezca un monólogo de Ricky Gervais» nos ha traído más lectores que las viejas plazas que un día parecían imprescindibles. La ironía es que la plataforma que parecía un páramo se ha convertido en un oasis. Y, más allá de la anécdota, lo importante es lo que nos anticipa: que el futuro de los medios no pasa por esperar a que las oligarquías tecnológicas nos concedan unas migajas de visibilidad, sino por construir, paso a paso, el internet que queremos. Uno donde nos lean porque quieren leernos. Uno donde la calidad tenga más peso que la programación de un algoritmo. Uno, en definitiva, donde la cultura no sea un producto más en el escaparate de la distracción infinita, sino un encuentro real entre quien escribe y quien lee.

Ese internet todavía es posible, depende de nosotros y Jot Down va a trabajar para conseguirlo.

Datos de fuentes de tráfico


Fuente Vistas
Directo 22.571
Google (Discover y Search) 21.635
Bluesky 3.035
Otros 2.773
Twitter/X 2.538
Meneame 2.344
Facebook 1.750
Bing 468
LinkedIn 326
DuckDuckGo 270
Instagram 179
Ecosia 147
Yahoo 119
Wikipedia 76
Flipboard 57
Substack 55
Telegram 32
Brave 19

SUSCRIPCIÓN MENSUAL

5mes
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL

35año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 
 

SUSCRIPCIÓN ANUAL + FILMIN

105año
Ayudas a mantener Jot Down independiente
1 AÑO DE FILMIN
Acceso gratuito a libros y revistas en PDF
Descarga los artículos en PDF
Guarda tus artículos favoritos
Navegación rápida y sin publicidad
 

24 comentarios

  1. Una duda… Yo (suscriptor anual de jotdown) accedo a vuestros artículos vía rss (con el agregador feeedly) y desde allí, guardando el artículo en instapaper (antes lo hacía en pocket).
    ¿Esta forma de actuar cómo se refleja en vuestras estadísticas? ¿Se refleja la visita como tal?

    • Juan Ramón Jiménez Navarro

      Olé

    • Sí, en los primeros días de septiembre nos aparece que 6 personas (no visitas) diferentes han llegado a Jot Down vía instapaper

    • José Antonio

      Hablando de Feedly, yo llevo años siguiendo JotDown desde Feedly (no lo veo en vuestros datos de este artículo, lo mismo no pone el referer en las llamadas a la página) y leyendo el 90% de sus artículos, pero de un tiempo a esta parte han dejado de aparecer los autores reales en Feedly, todos aparecen firmados por Ricardo Jonás G., aunque después accedes al artículo y sí aparece el autor real. ¿Hay posibilidad de que esto vuelva a funcionar como funcionaba anteriormente?

      • ¡Hola, soy el autor falso! He estado revisando y supongo que Feedly toma al editor del artículo (servidor) por el autor o autora, por mucho que autora o autor estén fielmente reflejados en la nuestra web. Parece que es un error de Feedly más que de nuestra plataforma, pero revisaremos más a fondo. Gracias por el aviso y un saludl.

  2. ¿El título del artículo no es un poco amarillista?

    • Pásate por Bluesky (o bueno, habla con cualquier colega que tenga un mínimo de entendimiento de cómo funcionan las aplicaciones de hoy en día y este «Internet 2.0 comercializado» que tan guapo se nos ha quedado) y verás que no es muy amarillista, no. Yo diría que incluso muchos de los que no están en Bluesky, por ejemplo la inmensa mayoría que accede directamente a la página, o simplemente aquéllos que no son plenamente conscientes qué pasa con «el algoritmo», de ambos lados del espectro político en partes iguales, están bastante hartos de la manipulación de las redes, y esperan -como en política- que prenda una mínima alternativa viable para adoptarla. Otra cosa es que no le pasen cada poco el rastrillo por encima, queriendo o sin querer.

  3. Alexis de Tocqueville

    Igual el análisis que tenéis que hacer es por qué en X y Facebook pasa la gente de vosotros. Que Bluesky os aporte más tráfico se explica porque vuestra comunidad de seguidores está allí metida, y ahí no interviene el algoritmo: estáis todos los que sois en la misma caja de zapatos. No da para más el análisis. O sí; porque con los años que lleváis era para tener una comunidad más amplia.

    • Normalmente la gente que viene a Jotdown no suele tener un bajo nivel de educación ni, típicamente, un perfil fascistoide, hiperconsumista-comercial o alta tolerancia al contenido basura, incluyendo generado por LLMs. Lo que viene siendo gente con un poco de inquietudes y criterio, vamos. Por su portentoso nombre se le juzgaría alguien así, ¿no lo es?

      Esa demográfica es lo que echaron Musk y Zuckerberg de sus ámbitos, a posta o sin querer que haya sido, con sus acciones explícitas y continuadas, aunque quede todavía mucha gente por allí por inercia (yo incluido, en el caso de Facebook, aunque la fascistada impenitente de Musk me hizo pirarme de allí de una vez por todas, con cancelación de cuenta de por medio, en cuanto ese sujeto tuvo vía libre con Trump en el poder).

      Tampoco parece que haya leído muy en profundidad el artículo, pues se especifica claramente que en X y Fb Jotdown tiene casi dos órdenes de magnitud más seguidores que en Bluesky. O sea, entre 50 y 30 veces más seguidores respectivamente, y aún así no lo superan. Así que sí: o la comunidad de X/Fb es al 95% zombi, o tienen muy poco interés en entrar en los enlaces de las cuentas que siguen. Pero está más que sabido (de hecho lo declaró Musk mismo) que X penaliza los enlaces en el algoritmo, no muestra en el feed fielmente a lo que se está suscrito en orden cronológico y nada más… a parte de la manipulación abierta a la que está sometido su funcionamiento, desde dentro de la compañía y desde las granjas de «contenido» que lo parasitan.

    • Ese análisis está más que hecho. Nuestros post en Bluesky le aparecen a todos los que nos siguen. En twitter y Facebook nuestros post no le aparecen a quienes nos siguen si no a quienes nos buscan dentro de la red social. En X el timeline es por defecto «Para ti» que no son post de la gente que sigues si no de lo que más viralidad tiene ya sea un vídeo de un elefante loco en una procesión hindú o un mensaje provocador de un descerebrado. Y luego, en el caso de que hayas cambiado el timeline a «siguiendo» tus posts solo se muestran a una pequeñísima parte de tus seguidores y tienes que pagar para que le aparezcan a más. Toda esta algorítmica enfocada a la viralidad y a los ingresos hace que una red en la que tenemos casi 300.000 seguidores nos proporcione menos tráfico que otra con 7.000 seguidores. Esto, evidentemente, no es solo con Jot Down, es con todas las cuentas.

  4. Lamentablemente no entiedo muy bien por que Bluesky funciona tan bien, no conozco o no puedo detenerme a analizar las claves técnicas de esa mayor excelencia, al menos el autor del atículo sí es capaz. En cualquier caso, qué buena noticia, está bien saberlo, aunque estoy de retirada y ni siquiera he dado el paso a esa plataforma. Ojalá no cambie Bluesky, como han hecho twitter y facebook que eran más habitables hace años. Todo internet era más humano hace años, era más fácil encontrar lo que uno necesitaba, hacer una operación bancaria (imposible sin móvil). Bluesky tiene poderosas razones para no imitar los procedimientos de facebook y twitter, sería muy prolijo enumerarlas. Vale, no hay ninguna razón para que no se averronche en el roquedal cuando lograra enganchar y apalancar a la gente. No hay capacidad en la Administración para exigir lo que exige al carnicero, al ultramarinos, al cine, el teatro, la educación, etc
    Resumidamente, que no delincan. Que se atengan a la ley. Un carnicero debe cumplir controles de sanidad. Una plataforma no puede utilizar los datos de nuestros vidas privadas para hacer negocio. A no ser que lo permitamos, en la medida en que lo hagamos. Pero hoy yo aventuro que no hay una autoridad, una inspección de productos derivados del procesamieto de la información, plataformas, con la capacidad con que actúa la inspección de productos cárnicos, o de libros de texto, por decir dos ejemplos. Es una actividad apenas controlada. No sabemos cómo utilizan nuestra huella, en redes, y fuera de ellas. Y Bluesky seguro que seguirá funcioanndo según parámetros normales, legales, amigables, por cierto, ¿cuales dice que eran?
    Discúlpeme la ironía pero es que no sé si también la hay en el artículo.

  5. Me hace gracia la gente acomodada en Twitter enfadada porque nos vamos.
    Bluesky pierde seguidores. Pierde porque hubo un pico muy alto, ahora mismo es prácticamente estable. ¿Y Twitter?
    Si te vas nadie da la batalla cultural. Qué batalla, si el campo de juego está inclinado para los ultras. No puedes ganarla, en la cronología generada por el algoritmo no apareces, los bots viralizan el contenido ultra y el moderador es una IA que tiene comportamientos de troll y nazi.
    Os vais a la cámara de eco, es el fin de la libertad de expresión. Imagino que en la vida real estarán rodeados de trolls nazis que les insultan y amenazan a diario. Se ponen a debatir con ellos y tal.
    Twitter está abarrotado. El 90% de mis seguidores eran bots.
    Y lo principal es que no voy a dar contenido a una IA para que me roben lo que hago ni voy a dar mis datos para que una IA los empaquete y los venda para que sea haga aún más rico el ketaminas.
    Pueden llorar lo que quieran Twitter ya no existe. Es X y tiene más zombis y bots que usuarios.

    • Es que el argumento de «dar batalla» se las trae, y no se sostendría en una situación equivalente en la vida real. ¿Te quedas a «dar batalla» en la redacción de un periódico extremista porque igual un periodista o dos se paran a escuchar que su contenido no es de calidad? ¿»Das batalla» buscando por la calle entrevistadores de Intereconomía o como se llame ahora e intentando darles contenido de calidad, mientras ves sus noticiarios cada tarde? ¿Te vas a una herrikotaberna el día del Aberri Eguna a cantar las laudas del Estado Autonómico, o a un bar de Vox el 18 de octubre a comentarles por qué no cabe tanta inquina contra perrosanxe, incluso aunque no se pusieran violentos? El esfuerzo idealista puede ser encomiable, pero lo que no te vas es a comer un colín, o vas a salir escaldado, o van a ponerte un gorro de asno y emplumarte con alquitrán para mayor solaz de su cuadrilla.

      ¿Cuándo se va a enterar la gente de lo que es evidente desde hace años? Aquí se trata de una guerra por la atención (y por ende, el tiempo material y la iniciativa personal) de la gente. Puedes desvivirte por contarles a abuelitos de residencias los peligros del cambio climático, incluso convirtiendo negacionistas acérrimos convencidos desde hace 80 años de las bondades del progreso industrial a toda costa. Pero el cambio climático seguirá desbocado si no les llega el mensaje a los pocos que pueden hacer algo. O igual, de tanto oír batallitas trasnochadas de personas seniles sin hablar con nadie más, acabas un poco desnortado tú también. Puedes construir un muro de arena alrededor de tus pies en la playa, pero si sube mucho la marea va a mojarte el agua pasando por encima, por los lados, o por detrás.

      Parece que lo evidente es muy difícil de procesar para algunos… aunque a mí me abrió los ojos la reacción de muchos ante el boicot a Tesla el año pasado. Los argumentos peregrinos abundaban: yo no quiero saber nada de Musk pero el coche es importante para reducir emisiones (aunque haya otros), o es un grandísimo coche (aunque no tanto), o a mí me gusta mucho el futuro de la conducción automatizada (aunque haya otros y no sea tan necesaria ni funcione tan bien, al menos en España), o… El caso es que ser antifascista es muy agradable mientras no te toque en nada más que tomarse la cañita con los colegas sovietnostálgicos en bares cuquis con Extremoduro de fondo, y se hablen de fascismos -derrotados por otros- de hace 80 años. Pero claro, si te rozan en algo por hacer antifascismo… y no hablo de desapariciones, ostracismos o violencia. Hablo de la inconveniencia de tener que renunciar a un símbolo de estatus consumista. Ay amigo, es que ahí ya… Lo de Twitter es aún peor: es negarse a renunciar al equivalente en 2025 de la telebasura de Salsa Rosa porque «igual me pierdo algo» y «es que me entretiene», encima orquestado por personajes extranjeros con valores bastante poco cercanos a los comunes en nuestros lares. Pero luego cantamos el Bella Ciao «e se io muoio lassù in montagna tu mi devi sepellir sotto l’ombra di un bel fior» con los pelos como escarpias. ¡Guerrilla partisana sí, pero que no me pille sin Twitter!

      • El drama es ese, que para algunos borrar x sea un sacrificio y no una liberación.
        Lo más aberrante es que están dispuestos a aceptar lo que sea y a seguir financiando y alimentando al monstruo, sólo les molestan los que se van

  6. Se me ocurre una opción rupturista, transgresora, radical, lunática. ¡ Volver al papel ! Cerrar la web y que los realmente interesados compren la revista en el quiosco, como en 1974. Ahí no hay algoritmo que valga. 😂

  7. Gallego Rey

    Llevo diez años leyendo semanalmente los artículos de Jot Down. Tengo la URL guardada en favoritos en el buscador de Google, además de unos cuantos artículos, para tenerlos siempre a mano. En Pocket, que ya ha cerrado, tenía una carpeta dedicada a vosotros. Tuve que pasarlos a Instapaper para no perderlos, aunque esta nueva aplicación funcione como el culo. Por cuestión de tiempo, suelo seleccionar los que más me atraen y, por la noche, tranquilamente los leo en mi Kobo Elipsa, que me permite sacar notas y apuntes de ellos.

    Obviamente, no estoy de acuerdo con todo lo que publicáis, y vuestra inclinación política me importa un huevo, en tanto que los artículos sobre literatura y filosofía, así como las entrevistas, me parecen insuperables. O me lo parecían. Porque hace tiempo que habéis rebajado el nivel intelectual en la proporción inversa a la que habéis subido el ideológico.

    Y hace un tiempo que observo —sin entrar mucho al trapo, por las formas que gastáis, como explicaré más adelante— que también ha bajado ostensiblemente la calidad de los comentarios. Hasta hace unos años, no sabría decir si lo que más me deleitaba eran las publicaciones o las conversaciones y comentarios que suscitaban. Incluso he llegado a sostener debates interesantes y sanos con algún articulista, en el antiguo Twitter, por aquello de que dejar una crítica daba pie a resolver la disputa dialogando.

    Hoy, empero, ni se me ocurre opinar. ¡Y vaya si es mejor no hacerlo! Primero, porque por aquí se ha instalado una guardia pretoriana que está a la que salta contra toda voz crítica al medio. Y segundo, y lo que me ha llevado a publicar este comentario, habéis tenido la osadía de colocarme en la diana en Bluesky, simplemente por contestar a una publicación vuestra ofreciendo datos. Ya no una opinión: datos.

    La publicación en la que hacéis referencia a que «Escribir bien no te convierte en académico, pero escribir mal por puro desprecio sí te convierte en idiota.» ¿Y qué hice yo para merecer tal escarnio? Citar datos, es decir, el nombre de unos cuantos literatos que escribían como los ángeles, pero que fueron unos auténticos «hijos de puta», según sus biografías. Y ya está.

    Lloráis porque no os salen los números. Y la culpa es del algoritmo y del susun corda. Cero autocrítica. 271.500 seguidores en X con interacciones paupérrimas. Igual algo falla, y no es culpa de Elon Munsk ni del algoritmo. A mí me siguen cuatro gatos, y en comparación os pinto la cara. Que tengáis un porcentaje de visualizaciones de vuestros posts del 1,84 % de media, y un porcentaje de interacciones —me gusta, comentarios, citas o retuits— del 0,0037 % respecto al total de seguidores, y del 0,33 % respecto a las visualizaciones, igual es para que os lo hagáis mirar, porque lleváis tiempo en esto.

    Habéis escogido la deriva de la ideología. Tenéis lo que habéis sembrado. El problema en España con respecto a la jarana ideológica es que mucha gente de izquierdas ha medido mal los datos y piensa que ese pequeño porcentaje de agitadores de izquierdas que copan las redes sociales con sus publicaciones son, en realidad, una masa enorme. Y no es así. En el propio X hay perfiles de publicaciones mucho más humildes que vosotros, que, sin embargo, tienen mucho más éxito en cuanto a interacciones de seguidores y clics en sus publicaciones.

    Yo mismo, que soy un mierdaseca en lo referente a creador de contenido, con un trabajo SEO bien planteado y recursos de chichinabo, he conseguido que todos los días entre gente a leer mis artículos y a escuchar mis podcasts. Nada masivo, obviamente, pero llega gente desde distintos lugares. Y no me quejo de la retención, la verdad. Y eso que publico muy poco.

    Y es más sangrante la comparación, en tanto que reconozco que mi perfil también es de los que repelen. Por eso sé que no me sigue más gente. Pero lo he asumido desde el minuto uno. Vuestro problema es que no lo asumís: habéis radicalizado la línea editorial y espantado con ello a mucha gente. Repito, no es una opinión, sino la constatación que cualquiera que lleve los mismos años que yo por aquí puede hacer.

    Seguid colocando en la diana a quienes ejercen su derecho a discrepar, que os va a seguir yendo de lujo.

    • Te agradezco mucho el comentario y el tiempo que has dedicado a explicarlo todo con tanto detalle. Entiendo tu malestar, pero no puedo compartir la idea de que Jot Down haya tomado una deriva ideológica. Si revisas los últimos números y artículos, verás que lo mismo publicamos una entrevista de Jorge Bustos que conversamos con David Rotten o alabamos a Varavski. Ese es precisamente el espíritu de la revista desde el principio: juntar voces distintas, incluso contradictorias, y dar espacio a enfoques muy alejados entre sí.

      En cuanto a las redes sociales, las estadísticas son un quebradero de cabeza para todos los medios, grandes o pequeños, y es cierto que no estamos en el mejor momento. Pero reducir todo a una supuesta inclinación política me parece injusto: seguimos apostando por literatura, filosofía, ciencia, entrevistas largas y reportajes que rara vez encajan en los moldes fáciles del algoritmo.

      Lamento de verdad que hayas sentido que no había espacio para discrepar, de hecho yo no acabo de entender que es lo que ha pasado. En cualquier caso nuestro espíritu es todo lo contrario: que el lector pueda discutir, criticar y aportar sin sentirse fuera de lugar. Si en algún momento la gestión en redes sociales ha dado otra impresión, lo asumo como error y como algo que debemos corregir.

      Lo que más nos importa es que Jot Down siga siendo un sitio en el que alguien como tú, que lleva diez años leyéndonos y guardando artículos, pueda seguir encontrando textos que le aporten. Si quieres, escríbeme a mi correo y me amplias información de lo que ha pasado para que investigue.

    • Amigo, las personas cambian con el tiempo. Evolucionan. Crecen. Si no, estaríamos todos todavía buscando una teta para comer y cagandonos encima.

      Cambiar no es malo, es bueno, signo de crecimiento.

      Y es de adultos respetar al aire opina diferente. Y respetar una opinión no es estar de acuerdo con ella.

  8. Amigo, las personas cambian con el tiempo. Evolucionan. Crecen. Si no, estaríamos todos todavía buscando una teta para comer y cagandonos encima.

    Cambiar no es malo, es bueno, signo de crecimiento.

    Y es de adultos respetar al que opina diferente. Y respetar una opinión no es estar de acuerdo con ella.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*