
En ninguna de sus obras —y en eso están de acuerdo todos los cervantistas— muestra Cervantes alguna escena donde podamos interpretar, siquiera sugerida, una relación amorosa entre dos hombres. Pero esto nada indica sobre si en su vida personal el escritor practicó el sexo gay. No hay ninguna duda de que se acostó con mujeres: históricamente se le conocen dos relaciones documentadas, una con su amante Ana de Villafranca, posadera y mujer casada, con la que tuvo a su única hija, Isabel de Saavedra; y la otra con su esposa, Catalina de Salazar y Palacios, con la que se casa un mes después del nacimiento de Isabel, cuando Catalina tiene dieciocho años y él treinta y seis. Pero es de su etapa como recluso de los piratas de Argel de donde nace la idea de que tal vez mantuvo una apasionada relación homosexual que le permitió salir bien librado del cautiverio argelino. Precisamente con esta hipótesis ha jugado Alejandro Amenábar en su nueva película El cautivo, donde explora esta faceta del escritor.
El tema siempre ha levantado ampollas, y no por razones literarias. Cervantes ha sido referente del nacionalismo español conservador, para el que resulta impensable que el mayor escritor del idioma y soldado heroico de los Tercios pudiera haber sido gay, o se hubiera dejado sodomizar por necesidad. El cervantista que más detalles biográficos averiguó sobre él, Luis Astrana Marín —aclarando su lugar de nacimiento y otros datos relevantes—, ni siquiera lo mencionó. Claro que si se le pasó por la cabeza tampoco pudo ponerlo por escrito, al desarrollar su labor principalmente durante el franquismo, que además le condenó a doce años y un día de reclusión menor e inhabilitación absoluta perpetua por masón. Pero es imposible que no apreciara, igual que los cervantistas actuales, que hay un aspecto de la biografía del escritor muy difícil de explicar.
El mayor interrogante, y el punto de arranque para la hipótesis de su homosexualidad, es por qué no lo mataron en Argel. Después de ser apresado, y durante los cuatro años que pasa en cautiverio, intenta escapar hasta en cuatro ocasiones: la primera, tratando de cruzar a pie los cuatrocientos kilómetros del macizo de los Atlas hasta Orán, posesión española. Fracasa, y en contra de lo que dictaba la costumbre para los prisioneros que trataban de escapar, esta primera vez solo es apaleado y condenado a cinco meses de prisión. Lo normal para un prisionero huido era ahorcarle o matarle a palos, y los cervantistas interpretan que los piratas le perdonan la vida considerando que es mercancía demasiado valiosa, y que les conviene más esperar a que paguen su rescate de una vez.
Hay que aclarar que los cautivos de Argel no estaban en cárceles: sus dueños no les proporcionaban comida, ropa ni ninguna otra cosa, y se esperaba que, dejándolos libres por la ciudad, se ganaran el sustento. Eso facilitó las fugas reiteradas del escritor, que vuelve a intentarlo —y fracasa otra vez— después de estar unos meses huido.
Segundo intento: esta vez es el propio gobernador de Argel, Hasán Bajá, que ahora es su dueño, quien le amenaza a gritos con matarlo a palos, desollarlo vivo y cortarle las orejas si no delata a quien le haya ayudado, aparte del jardinero del alcalde, al que torturan. Cervantes no confiesa, insiste en que ha sido idea suya y que todo lo ha organizado él sin ayuda, y del jardinero no sacan nada. Nuevamente le perdonan la vida, de nuevo con cinco meses de prisión en las antiguas termas romanas —baños de la ciudad reconvertidos en mazmorras—.
Tercer intento: el escritor trata de mandar una carta mediante un mensajero al gobernador de Orán, se cree que para darle datos acerca de cómo atacar Argel, dado su conocimiento actual de la ciudad y aplicando su experiencia militar. Habría sido una forma de recuperar la posesión que Carlos I perdió a manos de Barbarroja. Pero el mensajero es interceptado, y cuando Hasán Bajá ve la firma de Cervantes en la carta le condena a recibir dos mil palos, esto es, a muerte. Alguien interviene en favor de Miguel, e incomprensiblemente se le perdona la vida. Aquí es donde definitivamente cobra fuerza la hipótesis de la homosexualidad, barajando la posibilidad de que Cervantes tuviera un amante argelino cercano al gobernador, que es quien interviene para salvarle de morir. O que fuera el mismo Hasán Bajá, aficionado a los hombres, y que tuviera al escritor como uno más de sus amantes. El gobernador habría salvado la cara con la condena pública al traidor, y luego habría perdonado bajo cuerda a su favorito para seguir disfrutando con él. Lo que solo es posible si creemos que Cervantes no era un mero esclavo sexual, sino que correspondía a ese hombre misterioso, o al propio gobernador, en la relación.
Antonio de Sosa, compañero de cautiverio de Cervantes y autor de la Topografía e historia general de Argel, habla en su libro de los garzones, hombres a quienes los corsarios visten lujosamente y llevan en sus expediciones llamándoles «mujeres barbadas». No puede estar más claro que son sus amantes masculinos, y que la homosexualidad era una práctica habitual entre los argelinos, como documentan también muchas otras fuentes históricas. Convertirse en garzón una vez hecho prisionero presentaba muchas ventajas, y algunos prisioneros cristianos acabaron ocupando puestos importantes; el propio Hasán Bajá era originalmente un prisionero veneciano.
Hay además otro hombre importante en las relaciones de Cervantes en Argel: Havyí Murad, renegado —cristiano convertido al islam— de Dalmacia y hombre muy rico, propietario de una casa al lado de los baños en que es recluido el escritor en cada condena a cinco meses de prisión. Además de los garzones, la costumbre extendida de usar a los cautivos como compañeros sexuales era bien conocida entre los españoles, y fray Jerónimo Gracián de la Madre de Dios, cautivo en Túnez y confesor de santa Teresa de Jesús, dejó por escrito cómo acudía a reprender a prisioneros españoles que en las galeras turcas se acostaban con sus tripulantes para ser mejor tratados.
El cervantista francés Jean Canavaggio, que considera la hipótesis de la homosexualidad de Cervantes como «referentes gais inventados», explica que la relación con Havyí Murad no tuvo nada que ver con el sexo, sino que este hombre participó en las primeras conversaciones diplomáticas entre el Imperio turco y la Corona española, destinadas a poner fin a la guerra que mantenían, y tuvo al escritor por asesor, creyendo su posición mayor a la que era por las cartas que llevaba de Juan de Austria y del duque de Sessa. Los estudiosos modernos del autor mantienen dos posturas muy claras: una posibilista —nunca sabremos si mantuvo relaciones homosexuales— y otra que niega que haya sido homosexual en absoluto.
Cuarto intento de evasión: este a lo grande, comprando y armando una fragata en la que huiría por mar con otros sesenta presos. Le denuncia un fraile cautivo español, el dominico Juan Blanco de Paz —se cree que por no haber sido incluido entre los que escaparían—. Esta vez la escena en el salón de Hasán Bajá no puede ser más violenta: prepara una horca allí mismo para Cervantes, se la pone al cuello, le hace subirse a un escabel y lo tortura jurando que retirará el apoyo de sus pies para que muera ahorcado, además de cortarle nariz y orejas a sus cincuenta y nueve compañeros de fuga, si no confiesa cómo lo ha organizado. Pero todo vuelve a solucionarse perdonándole la vida y con otros cinco meses de prisión.
Aquí es donde los más favorables a la hipótesis de la homosexualidad ya no tienen ninguna duda: solo el sexo salva a Cervantes. Se apoyan en la denuncia que hace Juan Blanco de Paz, acusando al escritor de «conducta viciosa y deshonesta», y practicando él mismo una investigación inquisitorial en el propio Argel, llamando como testigos a españoles recluidos allí. En el contexto del siglo XVI, la expresión «conducta viciosa y deshonesta» no dejaba lugar a dudas en cuanto a su interpretación: podía referirse al adulterio, al sexo fuera del matrimonio o a la homosexualidad, más comúnmente llamada entonces sodomía. Además, la pregunta veinte del cuestionario interrogaba específicamente a los testigos si habían visto en Cervantes «algún vicio notable o escándalo de su persona», y tener vicio significaba en el Siglo de Oro manifestar un ardiente deseo sexual, implicando conducta homosexual en el hombre.
Los doce testigos responden a las veinticinco preguntas defendiendo a Cervantes y acusando al monje de ser un hombre colérico, manipulador, muy poco cristiano y que además se hace pasar por inquisidor sin serlo. Pero eso no sirve de argumento a los defensores de la homosexualidad, quienes aseguran que las respuestas son demasiado perfectas y homogéneas, esto es, que se han organizado de forma interesada para defender a un amigo.
Otro dato que añadir a favor del Cervantes gay: el final del cautiverio, que es de película. El importe de su rescate ha sido por fin reunido, después de cuatro años, pero el escritor está ya encadenado en la galera en la que su dueño Hasán Bajá viajará a Estambul. Si parte jamás volverá a España, pues los cautivos trasladados al Imperio turco eran esclavizados y ya no se pedía rescate por ellos. El fraile encargado de pagar llega a la carrera y sube a bordo de la galera, pero Hasán Bajá se descuelga de pronto con que no le vale el pago en cualquier divisa, sino que debe abonarse en moneda de oro española. No había puesto esta condición previamente, y los defensores de la homosexualidad cervantina interpretan que usa esta maniobra de dilación para no perder a su garzón. Pese a todo, el fraile logra cambiar la moneda a toda prisa en los puestos del puerto y Cervantes es liberado.
No hubiera tenido nada de extraño que el escritor hubiera mantenido relaciones homosexuales a lo largo de su vida, especialmente en Italia, donde eran más frecuentes y donde pasó bastante tiempo, o en Argel. Su obra no deja pistas: hay más homosexualidad velada en El Lazarillo de Tormes, La dama boba de Lope o en los Entremeses de Mariones, piezas cómicas teatrales de la época que jugaban con la identidad sexual. Lo gay existía en aquella sociedad de Cervantes, como ha existido en todas, y si no nos hemos preguntado cómo de homosexual era el inventor de la novela moderna ha sido más por prejuicios sociales que porque la pregunta no fuera pertinente. En cuanto a contestarla, quizá tenga razón Amenábar y lo mejor sea fantasear con la ficción, porque con los hechos en la mano difícilmente llegaremos a una conclusión definitiva.









No sería homosexual en el supuesto de que tuviese una relación con un hombre Cervantes, sino bisexual, ¿correcto, no? Pues relaciones con mujeres sabemos de sobra que tenía…
Eso afán de meter a las personas en categorías rígidas, y por extensión de jerarquizar, es una herencia nefasta de la Ilustración y los enciclopedistas que literalmente pretendían catalogar el mundo entero y llevó, según la tesis de Adorno y Horkheimer, a los campos de exterminación de los Nazis…
No hay esencias en cuanto al ser humano, solo hay acciones, eso es la clave….
Una persona puede tener una relación o una experiencia con alguien del mismo sexo sin que tengamos que ir corriendo a ponerle una etiqueta…
Poner etiquetas a las cosas se hace para colocarlas en su sitio, ¿eh?…
Hay muchas razones artísticas para denostar la pelicula de Amenábar seguramente, pero precisamente su decisión de hacer un Cervantes no hetero-blanco-masculino no sería una de ellas… Todo el contrario…
El empeño de hacer propaganda con el arte crea bodrios.
Lo que es propaganda es el hecho de que todavía hoy en día, año 2025, el 95% de los protagonistas de las peliculas que salen en nuestras pantallas son blancos, guapos, heteros y con menos de 50 años…
Si hay un personaje gay o negro, con frecuencia versa sobre ese hecho la pelicula en si, o bien tiene un papel secundario que con frecuencia huele a testimonial…
Charlie Kaufman sale ayer en The Guardian diciendo que «Hollywood tiene todo que ver con el estado terrible del mundo…»
Toda la razón. La bazofia que se ha normalizado es también terriblemente racista, homófoba y sexista…
Me esforcé a ver la primera de la saga Expediente Warren hace poco en Movistar. ¡Madre mía! La gente no solo traga la absurda historia, acaba creyendo que el diablo exista. En el 2025.
Por eso GET OUT de Jordan Peele es una obra maestra. Satiriza el racismo subyacente / implícito en casi todo el cine de terror…
Siempre familias blancas cristianas / votantes de Trump que acaban venciendo al Mal, que casualidad…
Siempre familias «white trash», (como el propio Trump, un señor «white trash» en the Whitehouse) que se enfrentan al Mal, el diablo parece no tener tiempo para gente con estudios y un nivel educativo más alto… je je je…
Pero lo que me ha chocado de Expediente Warren: The Conjuring, que data del 2017 creo, es que, a diferencia de este tipo de pelicula de los 70 o 80, no hay punto de vista escéptico en la pelicula. TODO EL MUNDO cree que Satanás existe y hay espíritus malignos por ahí…
Se ha saltado ese paso que siempre estaba en el cine de este tipo de décadas anteriores: el escéptico que, a fuerza de los acontecimientos, acaba dudando o incluso creyendo que exista el Mal… o bien se ha reducido a una mínima expresión, pues hay un poli que no se lo cree pero muy, muy secundario, apenas dos frases tiene en toda la cinta…
Es decir, los coordinados han cambiado…
Eso es lo ha pasado con la derecha americana. Antes decían, «están ustedes equivocados sobre esta política o aquella»… ahora dicen, «están ustedes conspirando con el Mal contra EEUU / España al ser de Izquierdas»… No se puede ni siquiera debatir ya con ellos sobre política…
Lo mismo ha pasado con la peli de asesinos. Ves THE KILLER del . supuestamente grande – David Fincher y te dices primero: menuda puta mierda de guion para crédulos es aquello, a un chaval de 15 años le sale algo mejor….
Pero, después piensas en la pelicula y lo que Fincher nos está contando, y lo que nos está contando es el vacío moral absoluto y terminal en el que está enfrascado EEUU. Y no, no lo está haciendo con ironía y distancia. Lo que está contando es también su vacío moral… Lo mismo diría de The Wolf of Wall Street…
Es como dijo Mark Fisher; si quieres ver la diferencia entre el capitalismo anterior a Thatcher / Reagan y el capitalismo que sale después de la revolución neoliberal, poner EL PADRINO de Coppola y luego HEAT de Michael Mann…
Dos pelis sobre gangsters en dos mundos muy distintos, dos sistemas de valores muy distintos, dos estéticas opuestas casi… uno con los valores de la familia (Coppola), la otra donde manda la pasta y solo la pasta (Mann)…
Las derechas de este mundo están desatadas, y Hollywood tiene todo que ver…
Es decir, en EL PADRINO, hay un mundo reconocible, porque es un mundo moral.
Claramente moral.
Michael: ¿qué hace? ¿Qué es lo que tiene que hacer con respecto a la familia y su carrera en primera instancia?
Y luego Kay su mujer… y luego, peor aun, más adelante, con su hermano chivato…
Cuestiones morales, como siempre ha habido en la tradición occidental del arte dramático… la película gira sobre estas cuestiones…
¿Dónde está eso en Tarantino y Fincher? ¿Qué hubiesen hecho con El Padrino estos dos?
Se cargan toda la parte moral, todo la trama Kay Michael y exageran enormemente las escenas de violencia seguramente… como la mayoría de los directores hoy en día…
Luego, si dos de los mejores directores de EEUU de su generación hacen peliculas que transcurren en un universo sin contenido moral ninguno, ¿es tan de extrañar que sale un Trump o un Vance?
No digo que sea causa -efecto por supuesto, pero si que marca el ambiente que hay…
Igual la explicación es simplemente la infantilización del mundo…
Tarantino tiene la edad moral de un crio de 8 años. Así era yo jugando con mis soldados de pequeño, como todos, estos matando a aquellos sin pensar ni por un segundo en nada moral…
Así son Fincher y Tarantino, sobre todo Quentin que ha marcado toda una época que va a terminar muy mal, igual en una guerra civil, en una guerra de algún tipo, seguro…
El informe Kinsey , quizá el estudio más exhaustivo sobre la conducta sexual humana, publicado en 1949 , concluye que el 90%de los varones americanos encuestados reconoce que ha tenido alguna experiencia homosexual a lo largo de su vida. Obviamente eso no los convierte en homosexuales a todos, pero si nos da una idea de que la sexualidad humana, como la de muchos otros seres vivos, es más compleja y versátil de lo que aparenta. No veo por qué tanta gente se escandaliza con una ficción donde se presenta esta posibilidad.
Claro, claro, todo es importante y poco claro. Todo, menos la realidad. Que esa, si la aclaramos, nos deja sin argumentos para escribir las milonguitas de las que vivimos.
Hasta el siglo XIX nunca existieron los homosexuales.