Sociedad

José Andrés and the Olla de Barro that Feeds the World

José Andrés and the Olla de Barro that Feeds the World, de Kadir Nelson.
José Andrés and the Olla de Barro that Feeds the World, de Kadir Nelson.

Todos los genios han muerto: Aristóteles, Shakespeare, Cervantes… y yo no me siento muy bien últimamente. (Mark Twain).

El ello. El yo. El superyó. Esa sombra siamesa que desnuda, al igual que al emperador de Andersen, a los genios más clarividentes y los castra como a Farinelli.

Qué tendrá su falsa luz cenital que transforma a artistas, escritores, políticos y deportistas, incluso a cocineros, en steak tartar del cringe.

El ego, Gargantúa supermasivo que engulle todo lo que tiene a su alrededor y convierte a su huésped en una caricatura de sí mismo.

Egos lejanos…

Como soy persona psicorrígida y hay por ahí muchos tipos de ego, los intento parametrizar. Tenemos los egos verticales y los horizontales y también los egos transversales, que los cruzan. Los verticales, los más figurativos, se miden por su intensidad, al igual que si subes o bajas el volumen. Fácil. Aquí no hay rastros de incertidumbre: folclóricas, futbolistas, toreros, etc. Tenemos también los egos horizontales, menos evidentes, pretendidamente indetectables, como cuando Induráin hablaba de sus triunfos en plural mayestático. En el arte (cinematográfico, por ejemplo) hay unos cuantos: Christopher Nolan —«la bomba atómica fue el momento más dramático de la historia y Oppenheimer la persona más importante que haya existido»—, entendiendo en el subtexto: «y por eso yo hago esta película que es lo tercero más importante de la historia»; nuestro Pedro y su «ya le he dicho a mi hermano Agustín que los biopics sobre mí están prohibidos», sin comentarios; y también nuestro otro Pedro, en el arte (político): «¿De quién depende la fiscalía? Pues ya está». El «pues ya está» es sic, no floritura autoral. Últimamente pica alto nuestro toy boy afrancesado Albert Serra, que lo tiene tan alto que le hace sombra: «los únicos autores del cine español somos Buñuel y yo». Pues ya está.

Existen los yoes transversales, un poco ridículos, pero cariñosetes como una bufanda tejida por la abuela: son aquellos que tienen un ego reglado, aceptado por la liquidez de este tiempo. Ahí, por ejemplo, podemos meter a los deportistas en general, a las influencers que dicen «hay que superar que hay gente a la que no le gusta leer» —o sea, yo, perfecto panegírico de nuestra era— o, a un nivel más bajito, a un jefe que tuve que soflamaba aquello de «la gente tendría que pagar por trabajar en este canal de televisión». Canal para el que, por cierto, produje, hace muchos años, una serie documental sobre «personas relevantes». Bioextra, se llamaba. Sufrí básicamente con todos ellos y su ego, que procedía de la indisimulada caterva de corifeos que, sin excepción, acompañaba a cada uno. Todos los de estos tres grupos comparten algo: son bastante obvios y fácilmente identificables con solo rascar un poquito, como los gordos mentales.

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4 comentarios

  1. Es un asunto complejo.
    Todos tenemos un ego, y a todos nos gusta que nos den una palmada en la espalada, nos den las «gracias», tengan un detalle con nosotros, nos hagan un homenaje, etc, etc…

    El tema de rodearse de cámaras es un tanto relativo. J Andrés acude a lugares que están en el foco de la noticia, no es, por tanto, algo que pueda estar buscado por el.
    Por otro lado, el hecho de que la prensa le siga es algo que puede servir para concienciar. No sé, creo que muchas veces, a determinados personajes públicos les vana criticar hagan lo que hagan (A Amancio que se pone como ejemplo de discrección, se le critica lo indecible, en muchas ocasiones con afirmaciones que no son ciertas, como su presunto fraude a hacienda….

    En resumen, si este cocinero, con su trabajo, ayuda a poner el foco en un problema, y a que personas en situaciones graves puedan comer…Que se quiera mucho es algo que podemos aceptar ¿no?

  2. Buff, qué varapalo. A mí José Andrés ni fu ni fa, es más, siempre he sentido cierto rechazo hacia las estrellas de la cocina, sobre todo de Ferrán Adría.
    Si José Andrés hace una diezmillonesima parte por el projimo de lo que hacemos nosotros, bienvenido sea su ego mediático, que conozco muy bien como se conforma. He sido productor de TV durante 40 años.
    Atención. Todos tenemos nuestro ego, y estoy de acuerdo contigo en qué el cuadro es un auténtico y aberrante pastiche.
    Pero revisa tu texto -bueno, lo habrás revisado cien mil veces-. Tu retórica barroca y apabullante rezuma un ego que me río yo del de cualquiera de los que nombras.

  3. Es peliagudo el asunto. Pareciera que en el fondo es un problema de esa especie de brújula inestable que es la percepción: la percepción del gigante con pies en el barro, la de los críticos, sus seguidores, la del círculo de conocidos o colegas, de la gente de la calle. Personalmente asocié su impacto visual a otro tipo de ostentaciones, aquella en donde el de marras muestra la lujosa casa, el yate, el Ferraris o Lamborghini, mujeres, piscinas, salud, etc etc y la percepción, que no comando, me lleva a rechazar (¿o escandalizarme?) estos últimos en vez de este cocinero que no sé quién es. Como aquel griego narcisista que quemó un templo para que la posteridad hablara de él, este cuadro quedará para la historia, pues con respecto a la perspectiva o composición está malísimamente construído: en cualquier momento el plano principal amenaza con caerte encima, con olla y todo. Y conste que prefiero un buen guiso a un Ferraris (es carísimo el mantenimiento y te obliga a andar veloz). En fin. Otra perspectiva que no resuelve nada. Tendremos que acostumbrarnos a vivir (y reflexionar sobre todo) con estas advertencias bien sabiendo que, mientras no eduquemos nuestro ego, seguirá todo igual.

  4. Por suerte o desinformación, conocía poco a este señor, el súper cocinero…hasta que me toca de cerca un tema que me afecta. Amigos y familiares me refrescan la memoria y recuerdo , si, haberlo visto en tv y noticias varias ayudando en catástrofes y pandemias…curiosamente no me había llamado la atención esta persona, supongo que la intuición me decía que era otro más de la fauna catódica y un tanto sensacionalista.
    Mis peores sospechas se confirman cuando me entero que este personaje, ahora no sé con que cuento de mejoras medioambientales, nunca a costa de aumentar su patrimonio personal y popular, Dios le libre, se dispone a cercenar varios cientos de hectáreas de un parque natural y área ecológica protegida en la costa de Tarifa. Todo ello bajo el manto de “proyecto turístico sostenible” ( sostenible para su economía personal y casoplones, entiendo yo) y con parte del beneplácito del ayuntamiento de Tarifa.
    Mi pregunta es ¿porqué no se va este señor a dar por culo a la ciudad y deja de especular con el poco territorio protegido que queda en la costa Española?o ya puestos a Washington, allí hay instalado un gran y magnífico especulador, que lo entiendan allí. Salud.

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