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Nieves Concostrina: «El periodismo también es activismo, aunque a muchos se les olvide»

Nieves Concostrina para Jot Down

A Nieves Concostrina (Madrid, 1961) no le gustan las entrevistas: lo que le gusta es charlar. Lo advierte nada más sentarse en el salón del Parador de Santillana Gil Blas, en Santillana del Mar, donde tiene lugar este encuentro. Eso y que el sofá es demasiado confortable, «de los de repanchingarse», como los que se le reservan a los entrevistados poco habladores para que estén cómodos, se confíen y se les acabe soltando la lengua. De picar no quiere nada. Para beber, agua con gas. Le hemos pedido una hora de su tiempo y nos acaba regalando dos. Se ve que lo del sofá era verdad. 

Para los amantes de la historia, Concostrina no necesita presentación. Hace años que sus libros sobre anécdotas históricas agotan una edición tras otra. Su nombre le sonará también a los oyentes de radio, un medio en el que recaló tras el naufragio de Diario 16 y una breve incursión en la televisión. Lo primero fue Polvo eres, «un quesito muy pequeñito», como ella dice, en Radio 5 Todo Noticias. Más tarde llegaron sus colaboraciones en No es un día cualquiera y En días como hoy, también en RNE. Hoy habla a sus oyentes desde La ventana, en la Cadena SER. Quienes la escuchan, y son legión, ya saben lo que hay: llaneza en las formas, sustancia en el contenido, humor a escopetazos y divulgación histórica sin anestesia. Quienes no lo hagan todavía, quizá empiecen después de leer esta entrevista. Perdón: charla.  

«Tú estudia para que no te engañen». Tengo entendido que esta frase se decía en tu casa. 

Se decía, aunque no me la creo demasiado. A todos nos engañan. 

¿A ti también?

¡A mí, la primera! Anda que no me he tragado bulos. A mí me la han colado como a la que más. He metido la pata muchas veces por creer que algo era verdad cuando no lo era. Estudiar no te libra completamente de ese peligro, pero la verdad es que ayuda. Si tú tienes la cabecita amueblada y te enfrentas a un bulo, a algo que parece ser verdad y no lo es, al menos puedes decir: «Espera, que quizá esto no es así». ¿Te la acabarán colando? Quizá. Pero cuanto más cabeza tengas, menos te ocurrirá.  

¿Tienes buen recuerdo de la carrera de periodismo?

No, en absoluto. Sé que mi experiencia es singular porque empecé a trabajar en Diario 16 muy pronto, mientras estaba primero de carrera. Yo salía de la redacción, llegaba a la facultad… ¡y allí era la reina de los mares! Estaba en un periódico nacional desde primero de carrera. Pero es que cada vez que salía de la redacción, me iba con un curso entero de periodismo encima. Y luego llegaba a clase y me hablaban de… ¿la curva de Pareto? ¿Quién coño era Pareto? Un tío muy importante en lo suyo, seguro, pero es que yo no veía nunca ningún titular de prensa que dijera «el déficit de este país es por la curva de Pareto». Nadie hablaba del Fondo Monetario Internacional ni de la Comunidad Económica Europea, por ejemplo. Que ya existía, aunque todavía no fuera la Unión Europea. 

Cuando estuvo en Jot Down, Enric Juliana nos decía que «el periodismo nunca tendría que haber sido una carrera universitaria, es un oficio». 

Totalmente de acuerdo. Lo he pensado muchas veces. La carrera está inflada, no tiene sentido tal y como está planteada. El periodista, por supuesto, tiene que saber escribir y tiene que gustarle el oficio. Pero además, debería estar formado en algo más. Entiendo perfectamente que alguien estudie Económicas y luego aprenda de periodismo si quiere dedicarse a la información económica. O que alguien estudie Derecho y acabe siendo periodista de tribunales. Pero dedicar cinco años de carrera para eso… Muchos redactores estudian Periodismo y acaban metiendo la pata constantemente por escribir sobre determinadas áreas careciendo de especialización. En mi caso, ya lo he contado, y no me avergüenza repetirlo: dejé la carrera porque no me estaban enseñando nada útil, mientras que en el periódico estaba aprendiendo todo lo que de verdad importa. De hecho, estaba perdiendo oportunidades en el periódico e invirtiendo un esfuerzo enorme para no aprender nada en la facultad. No tenía vida universitaria, no tenía tiempo libre y no me estaban formando para el oficio. Más adelante convalidaron mi experiencia: con cinco años trabajando y tres de carrera, te podías colegiar. Si estoy en el Colegio de Periodistas es por eso. Pero si me preguntan si terminé la carrera, lo digo: ¿para qué? ¿Para colgar el título en la pared y ya está? Yo soy periodista de oficio.

O de raza, como te suelen llamar de vez en cuando.

A mí me parece que periodista de raza es alguien que está cubriendo Ucrania o Gaza. Yo soy periodista de salón. He sido honesta, he trabajado bien, he escrito bien, he hecho cosas buenas y tengo tres o cuatro premios periodísticos por hacer bien mi trabajo, pero no se trata de periodismo heroico ni mucho menos. Lo más épico que hice fue cuando me dieron el Premio Villa de Madrid de Periodismo. Estuve cuarenta y ocho horas conviviendo con los bomberos, después de un incendio en los Almacenes Arias donde murieron diez personas. Me quedó un reportaje chulo. También me dieron el Rey de España de Periodismo en radio por una pieza sobre el Quijote, pero ya ves tú. ¿Qué tiene eso de raza? La raza la tienen Olga Rodríguez, Fran Sevilla, Nico Castellano… gente que se la juega. Yo, no.

Deja que te dé yo unos cuántos nombres. En el encabezamiento de la entrada dedicada a Diario 16 en Wikipedia se hace un resumen de los grandes periodistas que pasaron por su redacción. Cito: «Juan Tomás de Salas, Miguel Ángel Aguilar, Gregorio Morán, Francisco Cerecedo, Pedro J. Ramírez, Federico Jiménez Losantos, Justino Sinova, Fernando Sánchez Dragó, Fernando González Urbaneja y José Luis Gutiérrez, entre otros». ¿No había mujeres en Diario 16?

Claro que había mujeres. Lo que pasa es que eso lo habrá escrito alguien como Federico [risas]. O a lo mejor ha sido alguno de los que suele vandalizar mi propia entrada en Wikipedia.

¿Manipulan la entrada sobre ti en Wikipedia?

Sí. O eso me cuentan, porque yo no he entrado nunca. Antonio Fraguas, Forges, me decía: «Nieves, tienes que vigilar lo que dicen de ti». Pero es que a mí me da igual. Si entras, te haces esclava de eso. ¿Y para qué? Además, todo el mundo puede meter mano. Aunque un día vayas tú y lo dejes bien, al siguiente ya no sabes lo que pone. 

Nieves Concostrina para Jot Down

Háblame de Adiós Cultural

Adiós Cultural es maravillosa. Es una revista que se reparte en tanatorios y compañías funerarias. Está dedicada a la muerte, pero desde un punto de vista cultural. Nació por necesidad, cuando nos quedamos en el paro tras el cierre de Diario 16. Entonces le ofrecieron a Jesús [Jesús Pozo, periodista y marido de Nieves Concostrina] hacer una revista sectorial para la Empresa Mixta de Servicios Funerarios de Madrid. Era la época de modernización del sector funerario, que se convirtió en un sector moderno, europeo, mucho antes que otros. Y Jesús diseñó una revista fantástica, la verdad. Una parte trataba del aspecto empresarial: cementerios, crematorios, diseño funerario… Y otra parte, la más grande, era cultural: fotografía, cine, teatro, historia, arqueología, poesía. Incluso se inventó un concurso de tanatocuentos y llegaban cientos, hasta de Suecia o Latinoamérica. Nunca imaginamos que duraría tanto. Y aquí seguimos, aunque ha ido cambiado con el tiempo, lógicamente. Es gratuita y se distribuye en tanatorios de la empresa Enalta, que antes era Funespaña.

Me gusta oírte decir que el proyecto empezó por necesidad, por trabajar. En lo que llevamos de entrevista, no has mencionado la palabra «vocación».

Es que parece que los periodistas tenemos que estar llamados a grandes misiones, y no. Jesús es muy buen profesional y tampoco se arredra por nada, pero no veas los desprecios que hemos tenido que aguantar. Que si trabajas en una revista funeraria… Pues sí, ¿y qué? Como si hubiéramos trabajado en una revista de la Unión Eléctrica. Pues sabríamos mucho de bombillas. ¿Dónde está el problema?

A mucha gente no le gusta hablar sobre la muerte.

A demasiada. Por suerte, se han ido rectificando muchas cosas. En mi época en Diario 16, la norma, siguiendo el criterio de la Organización Mundial de la Salud, era no hablar del suicidio en la prensa por temor a que tuviera un efecto dominó (contradiciendo la opinión de muchos psiquiatras, por cierto). Pero eso se vino abajo. El verdadero problema con el suicidio era precisamente no hablar de él. ¿Cómo que no hay que hablar del suicidio? Si lo ocultas, lo conviertes en un tabú. Durante años ha sido la primera causa de muerte no natural en España. En España se suicidan cerca de diez personas al día. ¿Y los periodistas no debemos hablar de eso?

Después de Diario 16 vino el salto a la televisión, aunque no sé si debería preguntarte. Documentando esta entrevista no he logrado encontrar un testimonio tuyo hablando bien de la tele.

Es que mi experiencia en la tele ha sido mala. Nunca he estado en un Informe Semanal, por ejemplo, donde se hacen grandes reportajes periodísticos y esa clase de cosas. Yo entré en la televisión porque estaba en el paro y tenía que trabajar y aceptar contratos por obra. Estuve en un programa de Antena 3 que se llamaba Sin límites, con Jesús Hermida y Mercedes Milà (que tenía todos los límites del mundo, por cierto), y luego estuve con Cristina Tárrega, aunque ahí solo aguanté una semana [risas]. También pasé por un telemaratón de esos que hacían las teles antiguamente, en los que se subastaban cosas de famosos para recaudar dinero después de una tragedia: los pantalones de Sergio Dalma, las botas de Antonio Canales, un reloj de Iñaki Gabilondo… Muy periodístico todo. 

Más tarde estuve con Pepe Navarro en la etapa de Vía Digital, y ahí sí que aprendí algo de televisión. No era el Pepe Navarro del Mississippi, donde se trabajaba con la presión de la audiencia. En Vía Digital hacía el programa que quería hacer, y Navarro sabe mucho de televisión. Mucho. Aunque yo no me entusiasmara con la tele ni siquiera entonces, lo cierto es que sí hacía periodismo. Hacía reportajes de sociedad y ciencia. Aprendí bastante, pero, lo que te digo: que nunca me ha enganchado la tele. En la tele veo que todo se hace como por encima, de manera superficial… No sé cómo explicarlo.

¿Y cómo llegaste a la radio?

Como había aprendido tanto del mundo funerario, se me ocurrió proponer a Radio Nacional de España un programa sobre la muerte. Quería que fuera divulgativo, útil, pero con retranca. Así nació Polvo eres. No sabía hacer radio, a mí nadie me dijo cómo. Grabé tres pilotos: uno sobre Juana la Loca y el cadáver de Felipe el Hermoso, otro sobre cómo se perdió la cabeza de Goya y otro explicando cómo funcionan los cementerios y crematorios. Al principio me pusieron por la noche, a las once y media. Como era de muertos, parecía que tenía que ser de noche sí o sí. Y cada vez que había una noticia luctuosa («han muerto no sé cuántas personas en no sé dónde» y cosas así), pum, me levantaban la pieza. Hasta que se dieron cuenta de que no tenía sentido. Una cosa es una tragedia y otra lo que yo contaba.

Nieves Concostrina para Jot Down

Desde que estás en la radio apenas has vuelto a pisar la prensa de papel. ¿Le ves futuro a la letra impresa?

No mucho, no. No porque no me guste, sino porque soy realista. Cada vez se compran menos periódicos. Lo digital es lo que viene. El New York Times, por ejemplo, hizo muy bien esa transición: se metió de cabeza pronto, trabajó muy bien a sus lectores y sobrevivió con dignidad. Aquí, en cambio, la mayoría de grandes medios se resistieron. Pensaban que era una moda pasajera y cuando quisieron subirse al tren, lo hicieron tarde y mal. No es que vayan a morir los periódicos, creo yo, pero sí el papel. Lo de ir al quiosco a comprar el periódico… eso tiene fecha de caducidad. Cada vez hay menos publicaciones físicas. Y no lo digo con alegría. Me afecta. Pero es lo que hay.

Es una mala noticia.

Es una noticia terrible. El periodismo también es activismo, aunque a muchos se les olvide. Tú estás aquí para vigilar al poder y dar respuesta al ciudadano. Kapuściński decía que para ser periodista hay que ser buena persona. Estoy muy de acuerdo. Todos tenemos lo nuestro, pero hay que tener cierta decencia. No como ahora… 

¿Ahora?

El periodismo de declaraciones, por ejemplo. Es algo lamentable. Fulano ha dicho esto, Mengano ha dicho lo otro. ¿Y tú qué aportas? ¿Nada? No puedes limitarte a trasladar lo que ha dicho un político. El periodismo está para vigilar al poder, no para repetir lo que ha dicho el concejal de turno. Ahora muchos medios funcionan con los cortes que les mandan los gabinetes. Hay redactores que ni se mueven de la redacción, como si las noticias no estuvieran en la calle. Cuando yo pasé de teletipos a redacción, no te dejaban parar quieta. Tenías que salir, hacer, ir… Había un redactor jefe que decía: «Tú vas a esto y tú a esto». Y se aprendía. Ya no solo a buscarte la vida, sino a comprender el periodismo. Cuando eres tú quien recaba la información, tienes muy claro qué es un reportaje, qué es una crónica, cuándo se puede meter opinión y cuándo no… Aprendes a distinguir todo eso. 

En eso tiene mucho que ver la precarización de las condiciones de trabajo. Es más fácil tomarse el oficio en serio con un sueldo decente. 

Es que es eso: la precariedad. Cuando yo estaba como becaria en Diario 16 cobraba sesenta mil pesetas. Hoy en día, algo así es impensable. Y de eso tienen culpa todos: sindicatos y empresas. Por ejemplo, ¿qué es eso de que un periodista haga también la foto? ¿O en televisión, que te digan que te traigas tú un maquillador, y hasta un técnico de sonido? Y con la pandemia, ni te cuento: era apuntar con el móvil y listo. Que era una pandemia, vale, pero es que luego se ha normalizado. 

Y eso que tú no sueles ir a la tele…

No solo no voy a la tele: también me niego a salir en vídeos. Si me llamas para hacer una entrevista de radio, estupendo. O un podcast, me da igual. Pero si me dices que «también grabamos», entonces ya no. Me pasó ayer mismo, que hice un podcast. Les pregunté: «¿Es un podcast o es un programa de YouTube?». Porque lo graban, lo suben, lo editan… Es un batiburrillo. También lo digo en las charlas: no acepto grabaciones. Y la gente a veces se molesta, pero me da igual. Lo que cuento, lo cuento para el foro en el que estoy. Si alguien quiere escucharlo, que venga. No voy a hacerle la charla a alguien en pijama desde el sofá de su casa. Para eso están las películas. Yo hago otra cosa. Si me quieres escuchar, yo encantada, pero vienes, igual que he venido yo. 

Y hasta hace no tanto, el vídeo era un formato relativamente seguro, pero ya no. Hoy es muy frecuente hacer cortes breves, igual que los entresacados de un texto, que se comparten en las redes como reels o como tiktoks. Esto de sacar las frases de contexto ya es casi tan fácil en vídeo como lo era antes con texto. 

A mí me la han liado varias veces de esa manera. Y jugarretas muy gordas, nada de tonterías. Sacan una frase que tiene todo el sentido en su contexto, pero fuera de ahí, parece una barbaridad. Y luego te preguntan: «Pero Nieves, ¿cómo has dicho esto?». Pues es que no lo he dicho así. Así que no, no lo acepto. No quiero vivir comprobando todo lo que se hace con mis palabras y he decidido cortar por lo sano. Si no hay vídeo, no hay problema. Y si lo hay, no estoy. Por eso estoy ahora mismo aquí, sentada contigo. Si hubiera cámaras, no estaría aquí. 

«Si hubiera cámaras, no estaría aquí». Una frase ideal para sacar de contexto, por cierto.

¿Lo ves? [rísas]. Y ojo, que con la inteligencia artificial, todavía es peor. Cuantas más imágenes facilitas, más fácil es para una máquina acabar diciendo cosas que tú no has dicho. No quiero ponerlo fácil. Si alguien quiere manipularme, que al menos le cueste.

¿Te preocupa la inteligencia artificial?

Me parece que la inteligencia artificial es una herramienta increíble para la ciencia, por ejemplo. Hace poco he visto algunas cosas alucinantes en medicina y cirugía. Pero para hacer carteles, fotos, crónicas y trabajos creativos, en general… [niega con la cabeza]. En periodismo, la IA no vale. Una máquina no tiene ética ni decencia. No distingue por sí misma lo que debe contar y cómo contarlo.

Cuando le entrevistamos en Jot Down, Manuel Jabois nos decía que «el primer deber de un columnista es pasar de los lectores». ¿Tú pasas de los oyentes?

No estoy pendiente de agradar, pero claro que me gusta gustar. Aun así, hago lo que creo que debo. Cada vez que cuento algo sobre memoria histórica, me llegan un montón de mensajes: «Cuenta la historia de mi padre», «de mi abuelo»… y no puedo con todos. Me parte el alma, pero no puedo hacer un monográfico sobre memoria cada dos por tres. Y también sé que a veces me paso, pero es que si me pusiera a escribir intentando no ofender a nadie, no escribiría nada. Hay días que estoy más cabreada y otros menos. Todo influye. Siempre hay quien dice: «Aquí se ha quedado corta» o «esto no está completo»… ¡Pues vente tú a contarlo en quince minutos, con gracia, y que se entienda! 

Y cuando se trata de política, no me lo quiero ni imaginar. 

Me dicen: «Me gusta mucho lo que haces, pero esta frase no». Pues no me escuches. Vete a Radio María, que a las siete ponen el rosario. Ofendiditos, a Radio María, pero no me contéis lo que os molesta. Yo no soy un punto medio. No puedo agradar siempre. Hay días que estoy más encendida y otros menos. Tengo guion, claro, pero hay improvisación, hay emoción y hay rabia. Y no voy a filtrar eso para que nadie se incomode.

Nieves Concostrina para Jot Down

En 2015, cuando estabas presentando Antonia, tu primera novela, decías que en España se nos ha olvidado de dónde venimos

Mucha gente de la generación de mis padres no quiere hablar del pasado. Mi madre no tenía ese miedo, por eso pude escribir el libro. Ella hablaba y hablaba, me contaba cosas, y gracias a eso pude escribirlo. Pero mi padre no. Arrancarle alguna cosa era muy difícil. Una de las pocas cosas que contaba es que, de niño, cuando vivían en la calle Antonio López de Madrid, oía los fusilamientos desde su casa. Pasaban con Jeeps fusilando gente que tenían en fila. A veces no morían todos. A los que quedaban vivos, le daban el tiro de gracia uno a uno. Y él lo oía: «¡Pa, pa!». Eso solo lo entiende quien lo ha vivido. Es indescriptible.

Cuando voy a hablar a los sitios, en presentaciones, charlas y cosas así, mucha gente se me acerca y me lo dice: que su madre o su padre no quiere hablar, que no le cuentan cosas de aquella época… ¿Y nos extraña? Tienen miedo. Aquello fue algo horrible. Venían a tu casa, te sacaban, te pegaban un tiro en la cabeza y te metían en una fosa. Es que nadie está calibrando eso todavía. Por eso soy especialmente… [piensa] violenta contra la gente que intenta que nos olvidemos de todo aquello. Yo no voy pegando a la gente por la calle, entiéndeme, pero si tengo que llamar a alguien «sinvergüenza» o «mala pécora» en su cara, lo hago. Si niegas que todo aquello pasó, es que no tienes alma.

Y sin embargo, cada vez se oye más.

Hoy mismo, por la mañana, he participado en un acto y he hablado con chicos de bachillerato. Y a varios con la banderita [señalándose la muñeca] les he llamado tontos directamente. Alguno se ha ido, claro, pero me da igual. He terminado la charla con la historia de las fosas del barranco de Víznar. Quince cuerpos. El último, un chaval de catorce años con lápiz y goma en el bolsillo. A ese le pegaron un tiro en la cabeza. Esa era la libertad de antes, que tanto dicen añorar. «¿De verdad añoráis eso?», les he preguntado. «¿De verdad queréis volver a ver algo así?».

Háblame de tu último libro, Acontece que no es poco.

Es parecido a los anteriores, Cualquier tiempo pasado fue anterior y Pretérito imperfecto. Son historias que cuento en la radio. Luego las reúno, las amplío un poco y las adapto al libro. Me lo pedían mucho los oyentes: «¿Dónde puedo encontrar esto?». Pues toma, libros. Cualquier tiempo pasado fue anterior, por cierto, es una frase de Les Luthiers, pero la usé con su permiso. Daniel Samper me dijo: «Usa lo que quieras. ¡Vete tú a saber de dónde la saqué yo!». Y Acontece que no es poco viene, claro, de Amanece que no es poco. Fue idea de Jesús, que es el rey de los títulos.

¿Cómo llevas la popularidad?

Bien. Con prudencia. No soy muy consciente de que soy popular. Tiene sus cosas buenas, ojo. Un día, por ejemplo, recibí una llamada de teléfono, y al otro lado me dice una voz: «Hola, Nieves». Y yo no caía. Y me dice: «Desde luego, este Daniel Samper… lo casca todo». Y entonces reconocí la voz: era Joan Manuel Serrat. Le había enviado un par de libros dedicados a través de Samper y ahora me llamaba para agradecérmelo. Mira, me puse nerviosísima. Jesús entró poco después y me encontró derretida: «¿Pero qué te pasa?». Le dije: «¡Me ha llamado Serrat!». Y él, todo tranquilo: «Ah, mira qué bien». Y yo: «¿Cómo que bien? ¡Que me ha llamado Serrat!». Fue una de las cosas más bonitas que me han pasado.

Pero sí, todavía me sorprendo cuando alguien me reconoce por la calle. A veces Jesús me dice «te han reconocido» y yo ni me había enterado. Me da vergüenza. Me corto tanto que a veces me escapo sin saludar. Él me regaña: «¿Te quieres parar y saludar, que te han mirado con una sonrisa de oreja a oreja?». Y creo que no se me ha subido. Siempre le pregunto a Jesús: «¿No me he vuelto gilipollas, verdad?». Y él dice: «No, ya me ocupo yo». Y tiene razón. La verdad, no entiendo cómo me conoce tanta gente, porque me niego a aparecer en vídeos y no salgo en la tele.

En la tele, porque tú no quieres.

Me han llamado de algunos programas porque confían en que diré algo que provocará polémica, pero no, gracias. No disfruto la tele. No me gustó cuando no me quedó más remedio que trabajar en ella a base de contratos por obra, ni mucho menos me gusta ahora para acudir como invitada o colaboradora. Me han ofrecido ir a tertulias, a opinar sobre los asuntos del día, pero no entiendo cómo se puede opinar de todo a todas horas. Hay muchos asuntos de los que no entiendo. Yo prefiero escuchar a expertos en el tema, no a periodistas opinando de todos los temas. La única excepción como invitada fue con Andreu Buenafuente, porque es alguien a quien admiro mucho y porque me gusta lo que hace. Tanto como a Berto Romero. Es un tipo muy culto, muy simpático y muy llano. Me gusta su tono.

Tampoco me ayudó a encariñarme con la tele cuando pasé por Movistar como colaboradora en el programa Pioneras. Las guionistas tuvieron que reescribir textos porque en la plataforma metían el bolígrafo rojo. ¡Y eso que el episodio ya estaba anunciado! Lo mismo pasó con Cero en Historia. Se suponía que era un programa de historia con humor, y acabó siendo humor con una pizca de historia… Luego se cargaron todos esos programas: Pioneras, Cero en Historia, incluso a Buenafuente… Pues eso.

Pues eso.

Nieves Concostrina para Jot Down

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20 comentarios

  1. «Es una noticia terrible. El periodismo también es activismo, aunque a muchos se les olvide. Tú estás aquí para vigilar al poder y dar respuesta al ciudadano.»

    Me he reído mucho con esta frase dicha por ella.

  2. ¿Confortable el sofá? Ni hablar… Es de esos en los que no puedes reposar la nuca ni la parte alta de la espalda. Si hubiera sido yo la entrevistada, ¡Adiós, muy buenas!

  3. Lo malo es que a muchos no se les olvida ni un momento. Ni un isntante.

  4. elangelexterminador

    solo decir que los libros de divulgación de historia que escribe esta mujer tienen la misma validez que un capítulo de doctor who

  5. Ni es periodista ni es historiadora. Es una especie de bruja inclasificable que mediante sus sortilegios convierte los hechos históricos en caricaturas humorísticas para el entretenimiento de unos cuantos simples.

  6. «El periodismo de declaraciones es lamentable» ¿Es que acaso queda otro periodismo ya? Pagamos una millonada por TVE y tenemos q soportar cada dia a los periodistas haciendo el ridiculo repitiendo lo que ha dicho fulanito o menganito. Por favor despidan a todos y pongan una IA a leer lo que manden del departamento de cada partido. Los sueldos de los «periodistas» de TVE son absolutamente PRESCINDIBLES.
    Antes Informe Semanal tenía 4 reportajes semanales. Siempre se colaba alguno que incomodoba al partido que gobernase. Redujeron los reportajes a 3 por semana. Se ve que era demasiada libertad y que se colaban cosas que no debian aun y redujeron los reportajes a 2 por semana. Ahi deje de ver Informe Semanal. Ignoro si ahora echan un solo reportaje o si gracias a la providencia ya lo han cerrado y ahorrado ese coste.
    POR FAVOR CIERREN TVE!!! Ojo la radio no. Radio 3 por ejemplo es otra cosa.

  7. Rojo rojísimo

    Claro, dejemos los medios de comunicación en manos privadas manipulando y mintiendo que ya le hacen campaña a la derecha para vendernos alarmas antiokupas, pensiones privadas y sanidad a la quironesa.

    • ¡¡¡ Como si no mintiesen los medios públicos !!!
      Más que los privados. Y encima con el presupuesto de los contribuyentes a los que pretenden engañar.
      En cuanto a los privados, casi todos están en poder de distintos poderes públicos, en tanto que en su mayor parte se financian con publicidad institucional o con ayudas públicas.

  8. Activismo=mentir.
    Esta es la filosofía de esta señora, que se cree que todos somos idi. otas .. La pena es que sí hay unos cuantos que se tragan todo lo que le ponen delante, y así nos va.

    • Manuel Queimaliños Rivera

      ¿ De verdad no sabéis responder con hechos y no con insultos? ¿ No podéis hacer un pequeño esfuerzo?

  9. Afortunadamente, algunas opiniones aquí le dan la razón a esta mujer que abre tantos ojos a aquellos a los q no los cerraron con tantas mentires y manipulaciones. ¡gracias, Nieves!

  10. Gran divulgadora.

  11. Cuanto peor es el malo, mejor es la historia.

  12. Puesto que entiende que el periodismo es también activismo, seguro que sabrá comprender que, cuando se produzca un eventual cambio en el poder en su medio de comunicación, le manden a hacer activismo a su p…a casa.

    • Manuel Queimaliños Rivera

      Mujer maravillosa que puso nombre a la iglesia. La llama esa secta. Por eso y mucho más, muchas gracias por existir y escribir lo que maravillosamente escribes. Soy humanoooooo.

  13. Manuel Queimaliños Rivera

    ¡ Caramba, qué simple soy! Lo he descubierto cuando leí tu párrafo panfletario. He de hacérmelo ver. Iré esta tarde al psicólogo para que me ayude desentrañar esa intelectualidad que desprende ese comentario. Simple , es que soy un simple. Yo lloro.

  14. No me canso de leer y escuchar a esta SEÑORA. Me siento afortunado de que aún tengamos personas como ella que llaman a las cosas por su nombre. Gracias Nieves, y al que le moleste, que se ponga al Fede.
    Saludos

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