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Catalunya y la inteligencia artificial: cuando la cultura mira al futuro

Catalunya y la inteligencia artificial
Detalle de un cartel promocional de 2001: A Space Odyssey, 1968. Fotografía: Getty.

Entre las múltiples aplicaciones de la inteligencia artificial (IA), han pasado como de soslayo aquellas que tienen que ver con la cultura. Como un cuentagotas llegan las noticias del sector cultural que nos hablan de la aplicación de la IA. Y es que no hay muchos proyectos o no están suficientemente difundidas. Pero en silencio, las instituciones culturales están trabajando desde hace tiempo en diversas iniciativas que tienen a la IA como actor fundamental. Si miramos a España, la comunidad que lidera esta implementación sin lugar a dudas, es Catalunya.

Y es que Catalunya ha emprendido una ambiciosa y cohesionada iniciativa: integrar la inteligencia artificial en su tejido cultural como una herramienta viva, participativa y profundamente conectada con su identidad. Aquí, la IA no se limita a automatizar procesos o a ofrecer comodidades, sino que se ha convertido en una vía para preservar la lengua catalana en el mundo digital, para reinterpretar la música electrónica, para explorar nuevas formas de memoria o para apoyar al patrimonio de una forma que hasta hace poco parecía impensable.

La historia de esta revolución cultural y tecnológica no comienza en Silicon Valley, sino en los centros de investigación de Barcelona, en los festivales creativos como Sónar+D, en las aulas donde adolescentes aprenden a usar generadores de imágenes o en los archivos comarcales que dialogan con algoritmos para entender su pasado. Catalunya no solo se ha sumado al tren de la inteligencia artificial, sino que lo ha convertido en una seña de identidad.

Un modelo catalán de IA con acento propio

Lo primero que salta a la vista en el ecosistema catalán es su enfoque holístico. No estamos ante una política improvisada o reactiva, sino ante una estrategia perfectamente definida, que lleva por nombre Catalonia.AI, y que parte de una visión integradora: potenciar el ecosistema de IA desde la investigación hasta la aplicación social, pasando por la cultura, la ética y el desarrollo económico.

Uno de los proyectos emblema es AINA, una iniciativa que busca garantizar que el catalán esté presente y sea funcional en los entornos de la IA, desde los asistentes de voz hasta los traductores automáticos. En un mundo en el que los idiomas más locales tienden a desaparecer de la esfera digital, AINA actúa como un salvavidas tecnológico que refuerza no solo el uso del catalán, sino su presencia simbólica en la cultura del siglo XXI. Y lo hace con una vocación profunda de innovación: modelos de lenguaje entrenados en corpus literarios específicos, recursos abiertos para empresas y ciudadanos, y una comunidad creciente de desarrolladores que ya experimentan con bases de datos lingüísticas.

Centros que piensan (y enseñan) a las máquinas

Nada de esto sería posible sin una infraestructura robusta. Catalunya alberga centros de computación que se han convertido en referentes europeos, como el Barcelona Supercomputing Center (BSC), que, con su MareNostrum 5, realiza investigaciones donde la ciencia, el arte y la tecnología se dan la mano. Uno de sus programas más relevantes es el de Ciencia y Cultura, que ha explorado desde la generación automática de música hasta la creación de gemelos digitales de obras patrimoniales.

También destaca el Centre of Innovation for Data tech and Artificial Intelligence (CIDAI), una institución clave en el engranaje entre ciencia y sociedad. El CIDAI no solo promueve la adopción de la IA en empresas, sino que ha publicado documentos fundamentales como el Llibre Blanc sobre la Intel·ligència Artificial en les Indústries Creatives, que sirve como referencia para quienes desean entender cómo estas tecnologías están transformando la creación artística, el diseño, la comunicación o el entretenimiento.

Otras instituciones como el Computer Vision Center o el Instituto de Investigación en Inteligencia Artificial del CSIC aportan avances en campos como la visión por computador, la interpretación de documentos históricos o la mejora de los sistemas de recomendación cultural. La Universitat de Girona y la UPC completan este ecosistema aportando programas de formación específicos, proyectos experimentales y colaboración con artistas y técnicos.

Del código la puesta en escena: creatividad artificial

Si hay un terreno propicio para la experimentación con IA, ese es sin duda el de las artes. En Catalunya, esta fusión ya ha dado sus frutos de una forma muy relevante. El festival Sónar+D, en alianza con el BSC, ha apostado por convertir la IA en una herramienta de creación colectiva. Talleres como AI Performance Playground o foros de debate sobre la ética algorítmica en la música proponen al público no solo consumir tecnología, sino entenderla, manipularla y convertirla en lenguaje artístico.

La cantante Maria Arnal, junto a John Talabot, han desarrollado ARIA, una pieza sonora y visual presentada en la Bienal de Venecia, que explora las posibilidades poéticas de la inteligencia artificial. Lejos de las fórmulas comerciales, esta música es una exploración de los límites de la creatividad artificial: ¿puede una máquina cantar con emoción?, ¿puede improvisar?, ¿puede contar una historia? Estas preguntas no se responden con teoría, sino con escenarios, sintetizadores y emociones compartidas. Así lo proponen estos artistas.

Otros ejemplos de aplicaciones de la IA incluyen proyectos de clonación de voz, música generada por algoritmos (como los lanzamientos de la discográfica AMW) o instalaciones como Rosa, Rosae, en la que se usó la IA para proyectar sobre la Sagrada Familia una lluvia de rosas inspirada en la obra de Gaudí.

Nuevos lenguajes visuales y narrativos

En las artes visuales, la IA está dando lugar a lenguajes híbridos que reformulan el concepto de autoría y creatividad. En espacios de creación contemporánea como el CCCB, han tenido lugar exposiciones sobre IA con actividades como batallas de prompts (donde se pone de relieve la capacidad creativa de distintos generadores de contenido digital) o performances interactivas donde la audiencia escribe código y poesía a la vez.

El estudio Entangled Others, de Sofia Crespo y Feileacan McCormick, residente en Barcelona, trabaja en la frontera del arte generativo y la biología artificial. Su obra, entre lo inquietante y lo onírico, nos propone ver la naturaleza con ojos algorítmicos: corales imposibles, insectos soñados, ecosistemas que no existen pero podrían haber existido.

También en el terreno del audiovisual encontramos apuestas valientes. La ESCAC imparte cursos específicos sobre cómo integrar la IA en la dirección artística, y el laboratorio de Mediapro investiga los llamados medios sintéticos: desde el uso de la IA para la  reconstrucción facial hasta la personalización de contenido a tiempo real. Festivales como +RAIN de la Pompeu Fabra han proyectado cortometrajes generados parcial o totalmente por IA, rompiendo fronteras dentro de la narrativa fílmica.

Patrimonio que habla en clave de IA

En el ámbito del patrimonio, la potencialidad de la IA se traduce en las reconstrucciones digitales, la accesibilidad mejorada y las nuevas formas de interpretación patrimonial.

La Xarxa d’Arxius Comarcals (Red de Archivos Comarcales) ha colaborado con el Computer Vision Center de la UAB para que algoritmos de reconocimiento automático lean e interpreten documentos antiguos, reconozcan grafías manuscritas o incluso detecten patrones de censura o desinformación acontecida en el pasado. El objetivo no es solo conservar los activos patrimoniales, sino entender mejor nuestra historia.

El proyecto Memorias Sintéticas va un paso más allá: intenta recuperar recuerdos colectivos mediante IA, reconstruyendo imágenes perdidas o incompletas a partir de testimonios orales. Presentado en el Disseny Hub, esta iniciativa demuestra que la tecnología no tiene por qué ser fría necesariamente: también puede conmover.

También mencionar que se han desarrollado sistemas de navegación 3D, como los de Eurecat, que permiten explorar colecciones museísticas con una precisión y fluidez impensables hace unos años. La aplicación CheckBarcelona, por su parte, usa IA para gestionar flujos turísticos de forma responsable, indicando ocupación en tiempo real de los puntos de interés, información valiosa también para la seguridad en esas instalaciones en caso de emergencia.

Educación, la llave para la democratización de la IA

La inteligencia artificial ha llegado para quedarse. Por ello, la alfabetización de la ciudadanía en lo que respecta a la IA es fundamental. En este sentido, Catalunya ha apostado por la formación en todos los niveles. Desde másters y doctorados en la UPC hasta cursos de verano en el IED Barcelona, la oferta se ha multiplicado.

El programa ALIA del CCCB es uno de los más interesantes por su enfoque: propone actividades para adolescentes donde se combinan la divulgación científica, la creatividad artística y la reflexión ética. Allí no se enseña solo el uso de ChatGPT o Midjourney, sino que proponen la reflexión sobre sus implicaciones. 

Además, iniciativas como la Fundació Catalunya Cultura organizan jornadas donde se debaten los futuros de la cultura digital, acercando a expertos, creadores y ciudadanía en una conversación horizontal.

Ética, derechos y diversidad: los límites de la IA

Catalunya también es líder en el debate ético en torno a la IA. El Observatorio de Ética en Inteligencia Artificial de Catalunya (OEIAC) ha desarrollado un marco normativo —el Modelo PIO— que propone una IA transparente, justa, responsable y centrada en el bienestar social.

El observatorio no se limita a diagnósticos: ha lanzado manifiestos como el de Feminismo, pacifismo e Inteligencia Artificial, y promueve estudios sobre diversidad, alertando sobre la baja representación femenina en el sector y los peligros de la presencia de sesgos históricos en los sistemas algorítmicos. Sin duda uno de los mayores retos a los que nos enfrentamos con el uso de la IA.

El debate sobre derechos de autor está también muy presente. ¿Qué pasa cuando una IA compone una canción o pinta un cuadro? ¿A quién pertenece esa obra? ¿Y qué ocurre cuando se usan miles de creaciones humanas para entrenar a un modelo sin compensación ni consentimiento? Catalunya ha comenzado a abordar estas cuestiones en foros como Sónar+D, el CCCB y espacios legislativos. En este sentido, recomendamos el artículo de Humanismo Digital 1 sobre los derechos relativos a la inteligencia artificial de Pascual Barberán.

Lo que está por venir

En suma, Catalunya se ha propuesto desde una perspectiva colectiva el responder a una pregunta fundamental: ¿puede una sociedad integrar la inteligencia artificial sin perder su esencia? Por ahora, la respuesta parece ser afirmativa. Aquí, la IA no reemplaza a la cultura, sino que la amplifica; no la borra, sino que la expande desde nuevas perspectivas.

Los retos no son menores: garantizar un acceso igualitario a la tecnología, defender los derechos de los creadores, evitar una concentración excesiva del poder en el algoritmo, o formar a la próxima generación no solo como técnicos, sino como ciudadanos críticos. Pero las oportunidades también son inmensas: desde nuevas formas de arte hasta lenguas que renacen en la nube, desde la democratización del conocimiento hasta una memoria colectiva que se reinventa.

Catalunya, al explorar la IA en clave cultural, nos invita a imaginar un futuro donde el progreso no es sinónimo de desarraigo, sino de comunidad. Donde la IA no nos aísla, sino que nos conecta. Y donde la cultura no se limita a mirar hacia atrás, sino que se atreve a programar su futuro.

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3 comentarios

  1. ¿No sois capaces de aceptar críticas educadas?

    «Catalunya» es un topónimo en catalán, lo mismo que «London» lo es en inglés. Hay una norma lingüística universal según la cual se deben usar los topónimos propios de la lengua que se está utilizando. En este caso, el español. Por tanto, lo correcto en español es decir «Cataluña» y «Londres».
    Y «La Coruña», y «Gerona», etc.
    De hecho, en el mismo artículo se nombra a Venecia, no a Venezia, único nombre que tiene esa ciudad.
    Es decir, que el autor sí cumple esa norma universal para Venecia, pero no para Cataluña ni Gerona. Es algo totalmente ridículo. Ya está bien. Un poco de corrección al hablar y al escribir, por favor.
    Al hablar en español, topónimos en español.

    • Hola, ¿No sois capaces de aceptar críticas educadas?, qué tal. Mantenemos el topónimo tal y como lo escribió el autor porque es una de las lenguas cooficiales de España. Un saludo cordial.

      • César Fernández

        El argumentario del primer interviniente es impecable.
        No obstante, no me parece mal que respetéis el texto aportado por el autor, es legítimo. Pero eso tiene poco que ver con lo de la cooficialidad de las lenguas. Lo hacéis como decisión editorial y ya. Si alguien hace eso mismo con el italiano y queréis mantenerlo, lo haréis, sin cooficialidad que valga.
        Por cierto, la cooficialidad es particular, o sea, español y vasco en País Vasco, español y catalán en Cataluña, etc. Ahí el nivel político y administrativo (no hablamos filológicamente) es similar. En las regiones sin otra lengua, lo oficial es el español; en las regiones con dos lenguas, lo oficial son ambas y bien está, claro.
        No obstante, que en el parlamento donde estamos representados los ciudadanos españoles, que tenemos en común el español, se hayan puesto a mismo nivel la lengua oficial común y las lenguas oficiales parciales es una forma de confederalizar (otra más) para pagar lo que ya sabemos. Habrá que respetar que la ultra Nogueras hable catalán en el parlamento español, una anomalía, pero ojalá cambie la cosa.

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