Arte y Letras Literatura

Un mapa de hipótesis y rutas inexplicables de la espera

Los amantes del círculo polar. Imagen Sogetel. espera
Los amantes del círculo polar. Imagen: Sogetel.

Porque no fuimos hechos sino para el pequeño silencio,
no para el silencio astral.

(Aprendizaje o el libro de los placeres, de Clarice Lispector)

Cuando John Dunne muere, su esposa, Joan Didion, le deja los zapatos en la entrada de la casa en la que vivían juntos hasta que la vida —narra la escritora y periodista en El año del pensamiento mágico— cambió en un instante. En la primera parte del relato, Didion hace referencia a todo el tiempo que le esperó, aun sabiendo que había fallecido. En su discurso interno, si él quería volver, iba a necesitar zapatos. Por eso, es incapaz de deshacerse de ellos. Hay un factor extraordinario en el duelo que induce a pensar en cuestiones inéditas e imposibles. Negación, fantasía, espera, supervivencia o todo al mismo tiempo. Cada cual puede verlo como prefiera.

Con mi mente racional yo ya sabía cómo había sucedido. Con mi mente racional yo había hablado con muchos médicos que me habían contado cómo. Con mi mente racional yo había leído lo que había escrito David J. Callans en el New England Journal of Medicine (…) Con mi mente racional yo sabía todo esto.

Sin embargo, yo no estaba funcionando con mi mente racional.

Pero la cuestión es que Joan Didion espera. Espera cada noche levantarse por la mañana y darse cuenta de que todo ha sido un sueño. A que John llegue a casa del trabajo para hacer la cena y charlar sobre novedades literarias, noticias nacionales e internacionales. Espera a que Quintana, su hija, se cure y salga del hospital. Espera a que llegue un día en el que por fin pueda entender lo incomprensible. A despertar y volver a ser ella misma aun sabiendo con su mente racional —como sabe que John no volverá a ponerse los zapatos— que eso ya nunca pasará.

Un espacio de sucesos

Roland Barthes dedica un capítulo de su obra Fragmentos de un discurso amoroso a analizar este tópico: la angustia de la espera que experimenta el enamorado. Utiliza dos cuestiones, el teléfono y la paralización, para explicar esta divagación provocada por la ansiedad.

La espera es un encantamiento: recibí la orden de no moverme.

Todas estas diversiones que me solicitan serían momentos perdidos para la espera, impurezas de la angustia. Puesto que la angustia de la espera, en su pureza, quiere que yo me quede sentado en un sillón al alcance del teléfono, sin hacer nada.

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