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Los ultras del misterio y los expedientes X de la dana

Iker Jiménez y Ángel Gaitán hacen cosas en Horizonte. Imagen Cuatro. nazis del misterio dana
Iker Jiménez y Ángel Gaitán hacen cosas en Horizonte. Imagen: Cuatro.

Los hechos siguen sin explicación oficial o eso dicen los informes, que nunca se leen. En los días posteriores a la dana, cuando el lodo empezó a retirarse y seguíamos sin digerir el posible número de víctimas, un nuevo fenómeno recorrió la Comunitat Valenciana. Los testigos lo llamaron La oleada de los ultras del misterio. Algunos aseguran haberlos visto llegar en furgonetas con antenas parabólicas, otros hablan de conexiones astrales por YouTube y ondas de baja frecuencia bloqueadas por gorritos de papel de aluminio. Lo único verificable es que, a las pocas horas de la catástrofe, un grupo de autoproclamados investigadores paranormales se lanzó a resolver un caso que solo existía en su cabeza: el del parking maldito de Bonaire.

Encabezaba la expedición Iker Jiménez, sumo sacerdote del misterio televisivo, emitiendo en frecuencia de radioaficionado de ultratumba desde el ovni que luce a modo de hueso frontal. El hombre, mezcla de predicador y vendedor de crecepelo, irrumpió en antena con su careto ominoso para anunciar que «algo se ocultaba» bajo el suelo valenciano. No habló de setecientos muertos, pero dejó flotando el número en el aire como quien deja un pedo en un ascensor y finge sorpresa. En cuestión de horas, el rumor se extendió entre su parroquia. Había quien juraba escuchar lamentos bajo tierra, quien aseguraba que la Guardia Civil había tapiado el acceso al parking y quien veía camiones funerarios donde solo había furgonetas de limpieza. Iker, siempre tan valiente cuando el peligro es imaginario, no tardó en adornar su relato con gestos de sabio atormentado. Con el mismo tono de cuando habla de ovnis en Cuenca o de fantasmas en sanatorios abandonados de la sierra de Guadarrama allí estaba él, el cronista de los ectoplasmas, dando lecciones de periodismo y vendiendo misterio con la misma cara de tordo compungido con la que un trilero pide perdón cuando le pilla el señor guardia. Los verificadores tardaron poco en demostrar que el parking era gratuito, que no había tickets, que no había setecientos cadáveres ni siete. Pero el daño ya estaba hecho, porque al gurú de los conspiracionistas no le interesa la verdad sino el show. Cuando le pillan, sonríe con su piquito de presentador de congreso esotérico y dice que solo «hacía preguntas». Es su manera de mear en la piscina y echarle la culpa al niño.

La movida es que no hay protocolo contra los tontos con micrófono. Las víctimas reales seguían achicando barro mientras los ultras del misterio, con Iker a la cabeza y su secta de iluminados digitales detrás, discutían si el Bonaire estaba construido sobre una fosa o sobre un portal interdimensional. Ningún cadáver, ningún secreto, solo el ruido de siempre y la certeza de que el único fenómeno paranormal de aquella noche fue ver cómo parte del país seguía escuchando al mayor vendedor de humo de su generación.

Coincidiendo con las horas del gran delirio, cuando aún flotaban en el aire los ecos del parking fantasma de Bonaire y la parte más intelectualmente brillante del país seguía sumida en trance conspiranoico, las cámaras captaron otro fenómeno inexplicable. Los expertos lo conocen como El milagro del barro, y su protagonista responde al nombre de Rubén Gisbert, influencer de eterna expresión estupefacta y tupé atómico. En las imágenes, el sujeto se arrodilla para introducir las manos en el fango y se mancha los pantalones antes de grabar su crónica heroica. Un acto aparentemente banal, pero que para los fieles del misterio representó un signo. Un ritual. La manifestación del espíritu del reportero comprometido en versión streamer. Testigos oculares aseguran que el suelo ni siquiera estaba tan embarrado, que tuvo que buscar el charco más fotogénico de toda la zona. Algunos hablan de una corriente telúrica, otros de simple gilipollez performativa. La grabación muestra un cuerpo joven en posición genuflexa, el rostro serio, los pantalones recién untados de autenticidad. Lo llaman autoungimiento mediático: cuando el periodista desaparece y solo queda el santo del streaming dispuesto a sacrificarse por el algoritmo.

Tras la difusión del vídeo, Gisbert intentó justificar lo ocurrido. Dijo que se trataba de continuidad de plano, que había sido un malentendido de perspectiva. Los analistas del misterio siguen divididos: ¿hablaba un profesional o un farsante sorprendido en plena comunión con su propio ego? Ninguna de las hipótesis explica del todo cómo un ser humano adulto, dotado de razonamiento, acaba hincando la rodilla en el lodo por una toma falsa. Algunos científicos aventuran que se trató de un episodio extremo de narcisismo de campo, dolencia típica en sujetos que confunden la épica con la falta de pudor. Nadie ha podido determinar qué fue de la dignidad de Rubén Gisbert después de aquel vídeo. Algunos aseguran haberla visto flotar corriente abajo junto a un trípode. Otros creen que volvió de donde salió, el extremo menos noble del aparato digestivo.

Los fenómenos adyacentes a la dana parecían agotados, pero todavía quedaban expedientes por documentar. Los archivos registran lo que llamaremos El misterio de la caridad algorítmica. El protagonista, Ángel Gaitán. Ojo a este pájaro, que no nos engañe su mirada de afilada inteligencia, pues detrás se esconde el cuñado primordial, el titán de las opiniones que lo mismo te tunea el coche que te identifica la avería de un cohete espacial de oído. No es extraño que tenga tantos incondicionales, pues todos llevamos muy dentro un mangúan abortagado de su categoría y es refrescante contemplar a quien lo deja salír así, con ese desparpajo. Este influencer de verbo trabajoso y héroe de la solidaridad de plató apareció en escena proclamando su misión de repartir ayuda entre los damnificados. Las primeras imágenes muestran al sujeto rodeado de voluntarios y teléfonos móviles, pronunciando discursos a medio camino entre el anuncio de coches y el sermón pentecostal. El mensaje era claro: yo no soy una ONG, soy más eficaz. Y durante unas horas lo pareció. Hasta que empezó el verdadero enigma. Los investigadores del suceso coinciden en la misma descripción: una fuerza desconocida alteró las leyes de la filantropía tradicional. Las ayudas, recaudadas con la velocidad del rayo, empezaron a comportarse de forma errática al ritmo del misterio filantrópico del ecosistema influencer de los patriotas fiscales instalados en Andorra, que  también intentaron organizar colectas desde su ático con vistas a la evasión y acabaron generando más confusión que ayuda. Los más escépticos hablan de simples fallos contables, los creyentes sostienen que se trató de un caso de evaporación caritativa espontánea. El dinero recaudado, en lugar de llegar a los afectados, se convirtió en energía metafísica de likes con los testigos narrando escenas desconcertantes. Gaitán había propuesto que los pueblos afectados compitieran en redes para ver quién reunía más likes y, por tanto, más ayuda. El algoritmo premiará a los justos, parecía ser la máxima sagrada. El cuñado de España, en el centro del fenómeno, impartía órdenes y bendiciones desde su móvil, convencido de estar liderando una revolución humanitaria. Nadie sabe en qué momento la colecta se transformó en concurso, ni cuándo el espíritu solidario se transmutó en espectáculo. Los más cínicos empezaron a preguntar por las cuentas y el aire se volvió denso. Las cifras no cuadraban, o más bien se enredaban entre comunicados y vídeos explicativos. Ángel Gaitán reconoció que había paralizado temporalmente las donaciones por «problemas fiscales» (imaginen emoji llorando aquí), porque el dinero recaudado entraba como beneficio empresarial y podía generar impuestos. Lo que en principio parecía una colecta altruista se había convertido en una pesadilla contable. Los investigadores de campo aseguran que en ciertos pueblos del interior todavía pueden oírse susurros cuando cae la noche: dale like, que igual nos cae una ayuda. Un año después el expediente X sigue abierto y los stories ya no están su Instagram. Las ayudas se reestructuraron, algunas se entregaron, otras esperan auditoría, y el propio Gaitán insiste en que todo está en orden y que el dinero sigue ahí. Lo verificable es que la transparencia de la operación se convirtió en tema nacional y que el héroe de la mecánica acabó enredado en la burocracia más humana. Los escépticos lo llaman confusión administrativa y los creyentes hablan de milagro fiscal aún por descifrar.

Que incisivos comunicadores de este calibre se hayan convertido luz y guía espiritual de una derecha que lleva años perdiendo cualquier atisbo de dignidad intelectual podría sonar a comedia si no lo tuviéramos delante. Los informes apuntan los cerebros conservadores se pudrieron en odio desde aproximandamente 2020, y en ese pozo mutaron en legión de modorros convencidos de estar despertando conciencias. El último expediente de esta serie sigue abierto y se archiva bajo un título provisional: El misterio de la sobremesa infinita. No trata de espectros ni de bulos digitales, sino de un fenómeno político de difícil catalogación. La tarde del 29 de octubre de 2024, mientras la DANA arrasaba la Comunitat Valenciana, el president Carlos Mazón no se hallaba en el centro de emergencias ni en ningún punto visible de la gestión del desastre. Según los registros, se encontraba almorzando con la periodista Maribel Vilaplana en el restaurante El Ventorro, una comida que se prolongó durante horas. Algunos investigadores la califican de «almuerzo de trabajo», otros la describen como un rito del escapismo gastronómico, aquel de allá teoriza sobre emborracharse como una puta prea y los más maledicentes remiten a un ritual de apareamiento. Lo único comprobado es que, en el tramo crucial de la catástrofe, el paradero exacto del president era un misterio. Los archivos recogen versiones cambiantes. Que si se marchó a las seis y media. Que si llegó al centro de coordinación poco después. Que si su chófer, su sombra o el mismísimo Espíritu Santo dieron parte por él. Nadie lo sabe con certeza. Los periodistas que han intentado recomponer su itinerario hablan de lagunas en el tiempo que harían palidecer al arqueólogo más experimentado. Algunos creen que fue abducido por la sobremesa, otros sostienen que simplemente estaba fuera de cobertura política, un estado habitual en las admnistraciones de centro centrado liberal reformista.

Lo fascinante del caso es cómo se cerró el círculo. Mientras Iker Jiménez fabricaba muertos imaginarios, Gisbert se ungía en el barro y Gaitán gamificaba la solidaridad, el presidente de los valencianos y valencianas desaparecía en la niebla de un restaurante de sobremesa con la chica de la curva. Una alineación perfecta de fenómenos paranormales: los influencers, el charlatán de feria y el político orbitando en torno al mismo agujero negro, mientras se tiraron al barro y no presicamente a limpiar los cachorros incel de Noviembre Nacional, Desokupas varios y todo el circo de ochenta y ocho pistas del muladar ultra en perfecta ejecución para diluir responsabilidades políticas al modo goebbelsiano. Con todos estos misterios abierto, la ciudadanía y los servicios públicos hicieron lo que siempre hace cuando el desastre no cabe en los titulares. Los vecinos y vecinas que se plantaron con cubos y botas de goma para partirse el alma achicando barro, los bomberos y la UME retirando escombro y levantado muros, el personal sanitario salvando lo que podía salvar y consolando a quien lo había perdido todo. El país al que los vendedores de conspiraciones tratan como un rebaño crédulo dio la cara sin mirar a cámara mientras los ultras del micrófono siguen todavía hoy inventando fantasmas.

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10 Comentarios

  1. Menuda descripción tan certera de esta panda de cantamañanas, los del «solo el pueblo salva al pueblo» (en el fondo no les falta razón con esta afirmación, pues el pueblo, son sus impuestos, mantiene a profesionales -también parte del pueblo, al fin y al cabo- de la UME, los bomberos, la Unidad Valenciana de Emer… oh, shit!). Se ha escapado el expediente X de las psicofonías del supuesto periodista (espóiler: no) Vito Quiles y del… del… lo que sea Alvise Pérez registradas en el teléfono de un concejal de Alfafar.

    Por cierto, los dos párrafos dedicados a Íker Jiménez son apoteósicos.

  2. Jajajajaja, para enmarcar.

    • Mr. Potato

      Y después de reír con este artículo nos volvemos a los comentarios a la entrevista a Soto Ivars donde se le acusa de dar solo palos a la izquierda para llorar, bua bua se han metido con los míos.

      • Pues va a ser verdad que los gurús de la derecha son Iker Jiménez, Ángel Gaitán y Rubén Gisbert.

  3. Mi opinión seguramente sea borrada porque no puedo describir este artículo de otra forma, no hay otro calificativo: BASURA.

    Como Goebbels, repitiendo una mentira muchas veces, ésta se convierte en verdad. Y esto es una sarta de mentiras e inexactitudes.

  4. Vuelve a la cama Epi. Descansa plácidamente, es lo mejor que puedes hacer.

  5. Lo que me revuelve más las tripas de la DANA es la campaña de difamación contra las ONGs, de forma que hubo voluntarios de CRUZ ROJA y CÁRITAS que fueron abucheados por la gente a la que iban a ayudar.
    Tal vez sea la mejor descripción del facha pobre.
    Lo has perdido todo menos el móvil y cuando vienen a auxiliarte, los mandas a freir espárragos porque has visto en Tiktok un video donde dice que CRUZ ROJA se queda con el dinero o que CÁRITAS sólo ayuda a los moros.
    Hay gente que no solamente no ayuda sino que encima estorba y ataca a quienes desean ayudar.
    Gabriel Rufián tiene razón, está de moda ser mala persona.

  6. Alphaville

    Por aquellos días circulaba un audio de un supuesto guardia civil o UME en supuesta conversación con un compañero contaba entre lágrimas y llantos las decenas de cadáveres que habían visto en el parking de Bonaire atrapados en los coches y de los que no podían hablar porque había órdenes de sacarlos discretamente.
    Hay que tener muy mala baba para grabar un audio así, con actuación y todo.
    No sé por qué la fiscalía no está investigando para identificar a los autores de esa performance.

  7. Ricardo, ¡escribir sobre la Dana! (Riada del 29 de Octubre) que osado este texto.

    Sin quitar razón a algunas cosas que comentas y el Show televisivo. Te tengo que decir que tengo vecinos que duermen, calientan comida y lavan su ropa desde el día 2 de la Riada; gracias a la generosidad de Iker y su equipo.

    Me surgen algunas preguntas:
    ¿Estuviste aquí esos días? ¿Has quitado barro? ¿Has ayudado de alguna manera a nivel personal?
    ¿Has hablado con nosotros, los que hemos vivido esto en persona?

    Quizás no puedas/no quieras escribir y hacerte la pregunta que debes.
    Quizás hace falta tener la valentía de sacudir a diestro y siniestro para ser veraz y leído por toda la gente de bien. Y no sólo recibir aplausos de tus camaradas!

    Mira más arriba Ricardo.

    ¿Sabías qué hasta el día 5 después de la Riada, yo no ví ningún uniforme? y el único uniforme que vi era de un bombero de Vigo que había venido por sus medios no le había mandado nadie.

    ¿Sabes lo que hemos hecho los vecinos para sacar los coches y escombros de la calle sin ayuda de ningún organismo?

    Y quizás la fiscalía debería haber investigado más arriba, yo no acabo de comprender como un gobierno puede dejar, abandonar y denigrar a tanta gente.

    Al escribir este texto tan parcial, haces exactamente lo mismo que denigras.

    Feliz día Ricardo.

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