Ciencias

Geometría: Homo recludens

El terapeuta, de René Magritte. geometría
El terapeuta, de René Magritte, otra cara de la geometría.

Solo Euclides ha contemplado la belleza desnuda. (Edna St. Vincent Millay)

El encarcelamiento es siempre una experiencia humillante, sea cual fuere el espíritu filosófico del prisionero. El encarcelamiento que nos inflige alguien de nuestra propia especie es muy desagradable, pero se puede hablar a los que nos han capturado, cabe conseguir que lo comprendan a uno al exponer sus necesidades, en ciertas ocasiones incluso apelar a ellos de hombre a hombre. Pero el encarcelamiento constituye una humillación doble cuando los captores nos tratan como a un animal de especie inferior. (A. Bertram Chandler, La jaula)

En el prefacio del libro VI de su De architectura, refiere Vitruvio una anécdota memorable: Aristippus philosophus Socraticus, naufragio cum eiectus ad Rhodiensium litus animadvertisset geometrica schemata descripta, exclamavisse ad comites ita dicitur: «Bene speremus. Hominum enim vestigia video».

Pocas veces debió de experimentar Aristipo un placer tan intenso (él, para quien el placer era el bien supremo) como cuando, después del naufragio, encontró dibujadas en la playa de Rodas aquellas geometrica schemata, huellas inequívocas de los seres civilizados, emblemas de un espíritu superior capaz de trascender la tosquedad y la contingencia de las cosas materiales.

Tan consoladora es para los sabios —y no solo para los de la estirpe de Platón— la diáfana pureza de las figuras geométricas, que algunos de los más ilustres quisieron que fuesen estas flores inmarcesibles las que velaran su eterno reposo.

Así, Arquímedes hizo grabar sobre su tumba un círculo inscrito a la vez en un cuadrado y en un triángulo equilátero de bases superpuestas, en memoria de uno de sus más bellos descubrimientos matemáticos: que el volumen de la esfera es los dos tercios del volumen del cilindro circunscrito, que a su vez es los dos tercios del volumen del cono equilátero circunscrito a la misma esfera. (Gracias a este emblema pudo hallar Cicerón la tumba del siracusano, olvidada y cubierta por la maleza, siglo y medio después de su muerte). Si Arquímedes se encuentra entre los santos (y si hay santos no puede no estar entre ellos), a buen seguro que llevará una triple aureola formada por un círculo, un cuadrado y un triángulo equilátero, por más que sea este último un distintivo de la divinidad.

Jacques Bernoulli, uno de los padres del cálculo infinitesimal, vio en la imperturbable persistencia de la espiral logarítmica (que, semejante a sí misma en todos sus tramos e igual a su envolvente y a su cáustica, sobrevive a todo tipo de transformaciones) un símbolo de la resurrección, por lo que la hizo grabar en su lápida junto con la leyenda Eadem numero mutata resurget.

En la Universidad de Gotinga hay un monumento dedicado a Gauss que tiene como pedestal un prisma cuya base es un polígono regular de diecisiete lados. Es la figura que el príncipe de los matemáticos habría querido que grabaran en su tumba, pues fue él quien halló la forma de construirla con regla y compás, haciendo con ello la primera aportación importante en dos mil años a la teoría de los polígonos regulares.

Cuando arribemos, como exploradores o como náufragos, a las lejanas playas de otros mundos, seguramente será la geometría el lenguaje más adecuado para saludar a otros seres racionales e identificarnos como tales ante ellos. Y, cuando menos, podremos compartir ese último reducto de la belleza, el santuario de su casta desnudez.

La jaula

Pero ¿y si después de todo no fuera la geometría el más claro emblema de la racionalidad? Eso es lo que plantea un pequeño clásico de la ciencia ficción que me deslumbró en mi juventud: el relato «La jaula», de A. Bertram Chandler, que bien podría haber salido de la pluma de un Voltaire o de un Swift, y que se puede resumir así:

Un grupo de náufragos terrestres perdidos en un planeta remoto son tomados por animales irracionales (confusión del todo excusable dado su nivel de degradación) por unos zoólogos alienígenas, que los capturan y enjaulan. Los humanos intentan demostrar su racionalidad por todos los medios: hablan, cantan, bailan, dibujan figuras geométricas; pero ninguna de estas manifestaciones impresiona a sus captores. Al fin y al cabo, hay animales irracionales que parlotean animadamente, emiten los más melifluos sonidos, ejecutan complejas danzas amorosas o fabrican estructuras de tan sorprendente exactitud matemática como los panales de las abejas.

Resignados, los náufragos empiezan a acostumbrarse a su benigno cautiverio. Un día se cuela en su recinto un diminuto animal peludo, el equivalente alienígena de un ratón. Lo adoptan como mascota, lo alimentan y le construyen una pequeña jaula. Y entonces los extraterrestres dejan en libertad a los humanos y, tras establecer un mínimo sistema de comunicación, les presentan sus excusas por haberlos confundido con animales irracionales. ¿Y por qué han comprendido de pronto su error? Porque solo los seres racionales enjaulan a otros seres.

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25 Comentarios

  1. Pedantería máxima. Se cree el autor que está escribiendo una tesina en la colección de clásicas de la universidad de Berlín. Hace como 50 años que ya no se ponen citas en latín, menos sin traducir, y menos en una revista cultural. Ganas de quererse hacer el culto insultando al lector. Y el contenido, una chorrada y paja para comentar un relato. Pereza máxima. A otra cosa.

    • No es necesario saber latín ni entender todas las palabras para comprender el sentido general de la frase, que en este caso es lo único que importa. Y algunos creemos que es bueno airear el latín de vez en cuando para que no desaparezca del todo. ¿Es un insulto al lector poner, por ejemplo, To be or not to be, that is the question?

    • Clonazepando

      Pues para tanta pereza, bien que se ha parado a escribir.

      • Jajaja, Clonezepando. Me troncho.

        Sr. Frabetti: el inglés es una lengua viva. La koiné de nuestro tiempo. El latín, una lengua muerta (salvo que considere que el Vaticano es un pais y tal). Citar en latín (o en alemán, o en francés, o en griego) sin traducción en una revista de cultura es pedante, sí. Citar a Shakespeare, no.

        • En un punto tienes razón: hace 50 años el latín estaba mucho más presente en nuestra cultura: se estudiaba en el colegio, la misa era en latín, la lengua oficial de la Iglesia, cuya influencia era enorme. Pero por eso mismo no está de más airearlo un poco, visitar nuestras raíces lingüísticas. En mi juventud cualquier persona mínimamente culta habría entendido la cita, pero hoy tal vez debería haberla traducido.

        • Pero si en el párrafo siguiente al latinajo aparece la explicación. Hasta yo me he dado cuenta! Ganas de molestar.

  2. Me alegro de que esté de vuelta. Espero que mejor de salud.
    No creo que Solaris supiera lo que es una jaula, pero coincidió con los zoólogos alienígenas y con nosotros en reconocer al otro como sujeto pensante.

    • Gracias, Jose, la recuperación es lenta, pero el pronóstico es favorable.
      Lem tenía poca confianza en las posibilidades de comunicación con otras inteligencias, pero seguramente podríamos compartir con ellas cosas como la geometría.

      • La Petenera

        troesma, placera máximo volver a leerle! y sí, hay que airear el latín, especialmente en estos tiempos duros…
        Mox convalescas

  3. la Petenera

    troesma, placer infinito volver a leerle! y sí, es bueno airear el latín especialmente en estos tiempos duros… Mox convalescas

  4. Espero que si operación haya ido lo mejor posible. Dicho esto:
    «El horror, el horror» El corazón de las tinieblas, Joseph Conrad

  5. Umm., ¿ánimo melancólico, detecto?. Hace mil años escuché en una entrevista de Jesús Quintero a Fernando Sagaseta (busquen los jovenes de quienes se trata) decir que la melancolía, por supuesto, también es reaccionaria. Dado que te supongo simpatizante del susodicho te conmino a recuperar el espíritu revolucionario y a dejarse de tanta tontería de lápidas y tumbas. Salud y pesetas, don Carlo y a seguir dando la turra mucho tiempo. (Y más SF, que últimamente tiene un poco abandonada. No había oído hablar de este Bertram. A ver si encuentro algo de él.)

  6. Jairo RP

    Chévere que estés de vuelta, Carlo. Ya se te echaba en falta. Gracias por el dato del cuento La Jaula, no lo conocía, ya lo estoy buscando. Gratias tibi ago!

  7. Rafael Granero

    Buenos días, estimado Carlo. No te esperaba hasta enero, pues eso creí entender de uno de tus últimos mensajes en El País… Pero, chafardero que soy, a cada poco iba entrando y ¡sorpresa!
    Me alegro doblemente, por mi, es decir, por el placer de leerte, y porque verte ya aquí es síntomas de que te estás recuperando. Un abrazo y que tú, los tuyos y todos tus amigos disfrutéis de unas felices fiestas.

  8. ángel Prats

    Es que los humanos ya vivimos enjaulados. Permíteme y te hago mi interpretación de la pintura de Magritte: «el terapeuta»:
    Magritte era un estudioso de la condición humana. Esta obra muestra que los humanos son incapaces de actuar en libertad, vivimos nuestra mentira dentro de nuestra coraza del carácter. El señor de la pintura (el terapeuta) carga con su mochila (sus escasas vivencias) y un bastón para ayudarse. Ha llegado a su madurez, y hace autoterapia. Se arma de valor y se atreve a abrir su coraza (la jaula) pero aún así la libertad humana (las palomas) se estremece ante la incertidumbre, prefiere un destino de mentira, a volar y descubrir la verdad. Volar no es ir a un lugar mejor; es dejar de ser quien eras. La libertad no es deseada; es temida.

    • Frabetti

      Ambas cosas, diría yo: la libertad es deseada y temida a la vez, aunque a menudo, como apuntas, prevalece el temor. Fromm lo analiza en profundidad en su libro «El miedo a la libertad». Un miedo que explica, entre otras cosas, el actual auge de la extrema derecha.

  9. E.Roberto

    Se diría que la convalecencia te ha fortalecido. Todo lo mejor para vos, querido Tano. Lo único que me chirría de esta nueva fatiga literaria es esa frase “…emblemas de un ESPÍRITU SUPERIOR capaz de trascender la tosquedad y la contingencia de las cosas materiales…” Me he criado entre gauchos, pobres, negros, mestizos y “mal entretenidos (Martín Fierro dixit)”, que de geometría no sabían nada, salvo cuando tenían que construir un rancho con los angulos rectos mediante el triángulo de Pitágoras: si los lados son de tres y cuatro unidades, cinco será la hipotenusa. Sin dudas eran “toscos”, pero trascendían las cosas materiales; la hospitalidad, el humor y mansedumbre eran una muestra. No tengo la más pálida idea de los conocimientos geométricos que tenían los pueblos que no eran occidentales, comenzando con el lejano oriente, pasando por África y terminando en Sudamérica, pero han llegado hasta hoy dando muestra de “resiliencia” o flexibilidad, una característica que todos los humanos poseemos. Iluminante el final de ese cuento de un autor que no conocía. Gracias.

    • Frabetti

      Emblemas, pero no los únicos: como tú mismo apuntas, hay otras muchas formas de trascender la tosquedad y la contingencia, y Martín Fierro lo demuestra en cada estrofa. Gracias a ti, ER.

  10. Es un placer volver a leerle de vuelta, maestro. Ese cuento es uno de los que tengo fijados en mi memoria desde que lo leí, por lo mucho que dice en tan poco.
    Un abrazo

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