
Pedro Sánchez, hijo de una familia de clase media criado en el modesto barrio madrileño de Tetuán, de origen indestacable en la generalidad, se convertirá a finales de mayo en el segundo presidente del Gobierno español más longevo del actual régimen democrático, solo por detrás de Felipe González. Pero hay más: si agota la legislatura hasta mediados de 2027, como parece lo más probable, Sánchez se convertirá en el cuarto político de toda la historia de España que más tiempo ha gobernado el país tras Sagasta, el propio González y Cánovas del Castillo. Solo los reyes, y el dictador Franco, los superan.
¿Cómo se explica que el presidente Sánchez, con un grupo parlamentario que ha oscilado entre 85 y 120 diputados de un total de 350, haya podido ascender y mantenerse en el poder desde 2018, durante casi ocho años? ¿Cómo es posible que con esos apoyos vaya probablemente a superar los nueve años en el cargo, un hito solo logrado por otros tres políticos españoles en más de doscientos años de constitucionalismo? ¿Cómo puede entenderse que alguien con una votación que se ha movido entre el 22 % y el 32 %, nunca mayor a un tercio de los votos, haya podido lograr tan resonante éxito político?
La respuesta corta es que Sánchez ha sido el presidente de la excepcionalidad, de un momento de cambios tectónicos en la política interior española y en la política europea y mundial que nadie mejor que él ha sabido entender e interpretar. Ha sido el político que mejor ha comprendido las consecuencias de la implosión del sistema político español, coincidente con su ascenso a la primera línea política en 2014, y del resurgimiento del neofascismo en el mundo. Y quien mejor ha sabido aprovecharlo en su beneficio.
No se entiende a Sánchez sin entender los cambios excepcionales de la política española y mundial de los últimos doce años. El surgimiento escalonado de nuevos partidos antisistema debilitó a los dos grandes partidos, el socialdemócrata PSOE de Sánchez y el conservador PP. La derecha se fragmentó como nunca antes, y el partido de ultraderecha Vox se convirtió en la tercera fuerza política de España. En un escenario tan segmentado, la capacidad de interlocución con las fuerzas minoritarias independentistas y nacionalistas, solo al alcance de Sánchez, se volvió decisiva. Y el ascenso del trumpismo y la ultraderecha europea, casi coincidente con la llegada de Sánchez al poder, ha galvanizado recurrentemente al electorado de izquierda, especialmente en las últimas elecciones, lo que probablemente se repetirá en las próximas, con Trump de nuevo en el poder.
El primer hecho excepcional que forja el ascenso de Sánchez es la implosión del PSOE, el principal partido de gobierno del régimen emanado de la Constitución de 1978. Su nombramiento como secretario general del PSOE en 2014, cuando era un casi desconocido diputado cuya única experiencia política previa había sido como concejal, solo fue posible porque el partido estaba en el peor momento de su historia reciente. El PSOE se encontraba entonces en mínimos históricos, arrasado por su impopular gestión de la crisis económica global de 2008, que había afrontado aplicando medidas de austeridad, y su hegemonía en la izquierda estaba amenazada por un nuevo partido de corte nacional-popular, Podemos. La posibilidad real de quedar rebasado llevó a la dirigencia histórica a retirarse, dando paso a una renovación que encarnó Sánchez. Sin esa situación excepcional, Sánchez nunca habría sido elegido secretario general.
El segundo hecho excepcional fue la implosión sucesiva del PP, el partido conservador y segundo puntal del sistema. Después del PSOE, el PP asumió el gobierno de la crisis económica en 2011, con el consiguiente desgaste, al tiempo que se veía afectado por uno de los mayores casos de corrupción de la historia reciente de España. La confianza en el PP se derrumbó. La derecha se fragmentó hasta en tres partidos, con el PP cayendo a los peores resultados de su historia. Surgió Vox, que hasta hoy tiene un 20 % de apoyo, frente al 33 % del PP.
Es ese contexto de fragmentación de la derecha gracias al que Sánchez logra llegar al poder y mantenerse en él. Desde las elecciones de 2015, que confirmaron en las urnas la implosión del orden político en España, la derecha española no ha logrado sumar más de 170 diputados, mientras que el resto ha tenido siempre la mayoría en las últimas cinco elecciones. Sánchez entendió esta nueva realidad antes que nadie, al menos desde 2016, y actuó en consecuencia con un pragmatismo implacable.
En junio de 2018, lideró una moción de censura exitosa contra el PP, entonces en sus horas más bajas por la corrupción. Estando en minoría, armó una coalición negativa que sumaba una retahíla de partidos, desde la izquierda española y catalana hasta la derecha tradicional vasca y la izquierda independentista vasca, el antiguo brazo político de la banda terrorista ETA que hasta entonces había sido aislado de la gobernabilidad por los partidos españoles. Logró ser investido. Sin la implosión del PP, esta jugada no habría sido posible.
En 2019, aprovechando que la derecha estaba dividida en tres partidos, Sánchez ganó las elecciones, más por la debilidad histórica del PP que por un apoyo abrumador, asegurándose cuatro años de gobierno. El PSOE solo obtuvo el 28 % de los votos. La fragmentación de la derecha en PP, Ciudadanos y Vox restó rentabilidad en escaños a los votos de la derecha. La existencia de Vox, acérrimo enemigo de los nacionalismos periféricos, azuzó a su vez la movilización de la izquierda y colocó por eliminación en el lado de los socialistas a catalanes y vascos, claves para la gobernabilidad con un parlamento hiperfragmentado.
A la implosión interna, se sumaba la implosión externa del orden mundial. Para muchos progresistas y centristas, resurgió «la internacional fascista», personificada en Trump, cuyo ascenso y dos mandatos han coincidido casi exactamente con el periplo de Sánchez. El desorden mundial alimentó a la izquierda y a Sánchez, que ha logrado capitalizar la incertidumbre y el miedo entre una gran parte del electorado moderado, particularmente entre las mujeres, ante la creciente influencia de la ultraderecha en Europa y Estados Unidos. No pasarán, dice Sánchez. Yo o el fascismo.
En las últimas elecciones de 2023, la estrategia funcionó de nuevo, esta vez más engrasada que nunca. La derecha estaba dividida esta vez en dos, PP y Vox, lo que supuso de nuevo una menor rentabilidad de sus votos en escaños, un impulso decisivo a la movilización de la izquierda y la imposibilidad de la derecha para completar una mayoría tras las elecciones, dada la incompatibilidad de Vox con el resto del arco parlamentario. El PP ganó las elecciones, pero no pudo lograr una mayoría para gobernar. Sánchez sí pudo reeditar su gobierno, aunando la mayoría de unos 180 diputados que había ido cultivando y cuidando desde 2016, cuando nadie salvo él apostó por ella.
La carrera política de Sánchez es incomprensible sin esta doble excepcionalidad del orden nacional e internacional. En circunstancias normales, Sánchez no habría sido líder del PSOE ni presidente del Gobierno. No solo entendió los cambios en marcha, sino que supo aprovecharlos con una audacia inigualable. Sánchez ya encarna todo un periodo de la historia moderna de España, el de la implosión del bipartidismo y del orden global.
¿Será posible replicar el éxito en las próximas elecciones, previstas en 2027? Aún están lejanas, pero no pocos de los elementos excepcionales que han llevado a Sánchez a donde está siguen presentes. El PP no toma vuelo, estancado en parte por el liderazgo incompetente y torpe de Núñez Feijóo. Vox está más fuerte que nunca, con los efectos perniciosos para la derecha que se vienen repitiendo desde 2016. La ultraderecha internacional también está fuerte. Trump no solo manda, sino que su gobierno es mucho más radical y belicista que en su primer mandato, y él personalmente es enormemente impopular en España. El fantasma de la ultraderecha amenaza también seriamente a Francia, que celebra elecciones presidenciales en abril de 2027, y a Alemania, los dos protagonistas clave de la integración europea. Son los seguros de vida de Sánchez: la incompetencia de Feijóo, el ascenso de Vox, y Trump y la ultraderecha mundial.
El gobierno de Sánchez ha tenido un enorme desgaste, y las encuestas apuntan casi unánimemente a una mayoría absoluta de la derecha en 2027. La izquierda al PSOE, a su vez, está más pulverizada que nunca. Pero una derecha dividida casi a mitades en dos grandes partidos le da al PSOE una gran oportunidad en términos estrictamente electorales. Y la situación excepcional en España y el mundo puede conducir a una nueva movilización extraordinaria del voto en contra de la derecha cuando lleguen las elecciones, incluso producir una concentración pragmática del voto progresista y moderado en Sánchez que lo volviera a hacer competitivo. Sería otro hito excepcional para el más excepcional presidente de la democracia española.









Excepcional es un adjetivo que le va perfecto. Al igual que DJ Trump. Los que parecen enfrentados, son a menudo los más parecidos. Es un articulo interesante (escorado eso sí) y coincido en parte, sobre todo en que la alternativa no es esperanzadora. Que gane en 2027 será otra excepcionalidad. Y probablemente ocurra. Es capaz de gobernar en minoría. Sin presupuestos. Con supuestos y también demostrados casos de corrupción en su casa y en su gabinete. Cambiando de opinion según le conviene. Y nada mejor que mostrarse espléndido fuera cuando en casa pintan bastos para dar buena imagen. Es todo un maestro del Poder. Larga vida al primer ministro.
Perplejo de cómo se trata casi filosoficamente a alguien a quien se puede definir como un listo no inteligente.
Decir Tetuán como origen modesto es simplificar bastante. Igual Sánchez no vivía en la zona más modesta de Tetuán. Fue al mismo instituto que la reina pero él pudo ir al turno de mañana, no sé si por cercanía o por tener muchos hermanos en el centro o si fue por expediente académico, mientras que la reina no pudo, vivía bastante más lejos en un barrio algo más humilde. Hasta ahí he leído.
Que yo sepa en la antigua calle Comandante Zorita, cerca de la cual se encuentra O´Pazo, Gaztelubide Mallorca o Combarro, por citar algunos negocios de la zona, que dan cuenta de lo «humilde» de esa zona. La parte humilde de Tetuán es a partir de Infanta Mercedes hacia Bravo Murillo; por el otro lado, Tetuán llega hasta la Castellana, incluyendo la calle Orense, El corte Inglés y AZCA (Torre Picasso entre otros).
Cuidadito con tratar de despistar, que la verdad es que es un chico de familia «bien» que ha vivido después en el «humildísimo» Pozuelo de Alarcón.
Con una derecha «patriótica» que se baja los pantalones ante Trump y pide el mismo tratamiento para Sánchez que Maduro, lo de Sánchez no es muy difícil.
Hablo en general. A mí lo que me maravilla del personaje es cómo ha conseguido el apoyo de gente de la izquierda a la izquierda que durante treinta años escuché echar pestes de cualquier cosa que llegara del PSOE.
Señor Sánchez, aquí tiene usted a un admirador, un esclavo, un amigo, un siervo. Ni una mácula mancha el período que lleva gobernando. Es un visionario, el paladín del antifascismo, un gobernante valiente e intrépido.
¿Que se ha mantenido en el poder porque ha leído como nadie un momento de excepcionalidad? ¿En serio? ¿No ha tenido nada que ver que haya hecho del PSOE algo que nadie pensaría que se haría jamás con una partido que tradicionalmente ha tenido sentido de Estado?
Está ahí porque ha hecho gala de un sudapollismo insuperable, dándole lo mismo jurar una cosa y hacer la contraria, pactar con quién aseguró que jamás pactaría, ceder todo lo que hay que ceder con tal de subsistir y rebasar líneas rojas que jamás se habría pensado que se saltarían tan alegremente.
¿Hablamos del primer hecho excepcional? Podemos hacerlo. Fue, sin duda, la manera en la que ganó la primarias, que parece que ese dato ha pasado desapercibido, cuando ya ahí se muestra la absoluta falta de escrúpulos del señor Sánchez.
¿Que el PP se vió afectado por uno de los mayores casos de corrupción? Y no hablamos del caso de los ERE, oiga. Caso ERE con magnitud inigualable, ramificaciones por todos lados… y no pasa nada. Indultos y todo de por medio y ni se parpadea.
¿Que la derecha suma menos escaños que el resto del arco parlamentario? ¿En serio hemos normalizado que el PSOE forme un bloque indisoluble con Bildu, con ERC, con PNV, con todas las ultraizquierdas y con cualquier partido regionalista o independentista que aparezca por ahí?
¿»Pragmatismo implacable»? ¿Es es la manera de definir elogiosamente lo que es genuflexión diaria y cesión contínua del señor Sánchez ante todo aquel que pueda prestarle su voto??
¿Que la moción de censura no habría funcionado sin la implosión del PP? No, no habría funcionado si el PSOE no se hubiera echado en brazos de todos los partidos a los que jamás nadie imaginaría que se podría vender.
¿Que la principal baza electoral de Sánchez podría ser su actitud contra Trump? ¿De verdad un votante de Linares o de Gijón, tras los daños innegables del gobierno de Sánchez sobre la sociedad, sobre la economía, sobre la vertebración de España, sobre el empleo, sobre la lucha contra la corrupción, sobre la seguridad, etc, sería capaz de votarle para que luche contra Trump? ¿Hay gente así?
¿»Audacia inigualable»? ¿Es la manera de decir que a nuestro presidente del gobierno le da lo mismo 1) pactar con Bildu, 2) mandar emisarios a negociar con el prófugo Puigdemont, 3) nombrar Fiscal General del Estado a una persona que el día anterior era Ministra, 4) hablar de un comité de expertos durante el Covid que nunca existió pero que confinaba según su gusto, 5) que haya un apagón y no se haya dado una explicación un año después (aunque se sepa cuál es), 6) que tus dos últimos secretarios de organización estén en la cárcel, 7) que se cese a Pérez de los Cobos porque no quería pasar a Marlaska información sobre la investigación judicial del 8M, 8) que se anmistíe e indulte por simple cálculo electoral a quién no se arrepiente de sus delitos, 9) que se falseen las estadísticas de empleo con los fijos discontínuos, 9) azuzar a la gente contra la Vuelta Ciclista a España en nombre de una supuesta defensa de Palestina, 10) confinar un país entero días después de animar a acudir a manifestaciones feministas y de negar cualquier peligro, 11) colonizar con afines todos los organismos que antes eran garante de neutralidad, 12) llevar tres años sin presentar presupuestos… y así hasta 1000) ?? ¡¡SIN ASUMIR RESPONSABILIDAD POLÍTICA ALGUNA POR NADA!!
¡Pobre Maxim Huerta, que pardillo se debe sentir!
Maxim Huerta es el unico decente que ha pasado por ahi !!!
El articulista se ha dejado las rodillas escribiendo este panegirico.
El hecho de que tenga la jeta de adamantium (algo que hay que reconocer es una virtud del copón en su oficio), pocos escrúpulos y la capacidad de vender sin complejos a la madre de cualquiera con tal de mantenerse en el cargo, ayuda un montón…
Estimado Kilgore, un matiz. No ya a la madre de cualquiera, a su propia madre.
No estoy de acuerdo. Nos hace creer que vendería a su madre. Pero vende a la nuestra. Es un figura.
Está claro que preferís las subvenciones y no suscriptores. Hasta aquí metéis cuña infame. Lamentable. Qué pena. No vuelvo a comprar un solo número de 3sta revista.
Los sueldos son miserables, la vivienda inaccesible, han aprobado dos presupuestos en 7 años, han perdido 10 de las 12 últimas elecciones y si hablamos de la corrupción del gobierno no se explica ni en tres números de JD. A la derecha le faltaron 4 escaños para gobernar en 2023. Engañaos vosotros. Parece que tenéis un poquillo de miedo, subvencionadillos.
Cómo ha apagado el incendio de los independentismos mientras la derecha soplaba con fuerza.
Cómo ha desactivado la amenaza de Podemos.
Es fascinante el odio visceral y la impotencia de la derecha en todos estos años de espumarajos y convulsones epilépticas.
Claro, que viendo el género que se gasta el PP desde que el resentimiento de Cospedal la hizo pedir el voto a Casado frente a Soraya, todo encaja. Aquello fue un tiro en los dos pies. Y todo por mimetizarse con Rivera, que madre mía qué lejos quedó Ciudadanos. Es como si en vez de a Sánchez el PSOE hubiera escogido a un barbudo con chepa y coleta.
Lo que soplaba con fuerza era la derecha, no el fuego del independentismo, como no. Pero aún así se apagó, con nada más que amnistías, indultos, visitas cortesanas a Waterloo, regalo de competencias varias y fiscalidad a la carta. A mi en el colegio ya no me roban el bocadillo, porque cuando entro en clase le doy al abusón el mío, el de mi hermana y la propina de mi abuelo.
También se desactivó la amenaza de Podemos, con tan solo dejar que entrara en el gobierno y ocupara de manera nefasta algunos ministerios, pese a que eso quitaba el sueño a Pedro Sánchez poco antes.
Y por supuesto vamos a olvidar que Sumar es tan sólo la cara sonriente, rosa, de lo que era Podemos, y ahí está, en el ejecutivo, limitándose a tragar con corrupción, gasto militar y demás con tal de seguir existiendo.
A ver chiquillos, a todos esos indignados con el artículo. Estáis leyendo en una revista con un sesgo importante, cosa que ya sabéis de antemano. Si tanto os indigna ido a leer foros de derechas donde podáis aplaudir a quien diga que Sánchez es el demonio. Os ahorrarías muchas iras y perderiais el tiempo más a gusto. Ahí os lo dejo.
Leer artículos o discutir en foros donde sólo me enseñan la cara de la moneda con la que tengo más afinidad es algo empobrecedor. Conocer otros puntos de vista que te hagan ser consciente de algo que los palmeros prefieren que no conozcas es enriquecedor.
Por mucho sesgo que tenga una opinión no debería obviar deliberadamente toda crítica.
De no ser así estaríamos en una secta o con los ojos tapados tirando de un carro ¿no?
Certero artículo. Te guste o no Sánchez. Seas de izquierdas o derechas. Con el îgnaro de Feijoo enfrente volverá a ganar en 2027.
¿Volverá a ganar? Lleva perdiendo todas las elecciones desde 2023, con la única excepción para la izquierda del PSC, que no es el PSOE. Ha perdido 11 de las últimas 12 elecciones. Un ganador, vamos.
Lo verdaderamente sorprendente de todo esto es que, al ciudadano ibérico común, este artículo y el debate que suscita le parecen tan extravagantes e injustificables como la fontana de Duchamp a un entusiasta de Vermeer. Es como si no hubiese manera de pisar la realidad y debiésemos conformarnos con Sánchez versus Feijoo o IDA…. Al final, habrá una explosión violenta….¿será lo que se busca?
El texto sobredimensiona la “excepcionalidad” para explicar el ascenso de Pedro Sánchez. La política, en realidad, se parece más a una competición continua que a un relato moral: gana quien entiende mejor las reglas y explota las debilidades del rival. El sistema electoral español premia la agregación eficiente de minorías y castiga la fragmentación del adversario; con un 22–32% se puede gobernar si se maximizan pactos. Tampoco hubo una “implosión” real de Partido Socialista Obrero Español y Partido Popular, sino una reconfiguración competitiva desde 2015. Reducir a Vox a mero catalizador del voto de izquierda simplifica un fenómeno que también tensiona al bloque conservador y altera sus incentivos.
La dimensión internacional está inflada: Donald Trump condiciona el clima, pero no decide elecciones en España, donde pesan más renta, vivienda y servicios. Además, hay una incoherencia: se anticipa una mayoría absoluta de la derecha en 2027 y, a la vez, se sostiene que las condiciones siguen favoreciendo a Sánchez. O una cosa o la otra. Lo relevante es más prosaico: ha entendido antes que nadie la lógica de bloques y ha explotado con eficacia la aritmética parlamentaria. Su flexibilidad, a menudo etiquetada como cinismo, es en términos competitivos una ventaja clara: capacidad para reconfigurar alianzas, absorber costes y ajustar posición sin perder el objetivo central, que es seguir gobernando.
En esa competición, la comparación con Alberto Núñez Feijóo resulta desfavorable para la oposición. Sánchez ha demostrado que sabe cerrar mayorías operativas en un entorno fragmentado y sostenerlas en el tiempo; Feijóo no ha logrado articular una alternativa equivalente ni coordinar su bloque sin dependencia de Vox. Su planteamiento ha sido más reactivo que constructivo. En un tablero donde la clave es sumar distinto y gestionar contradicciones, la ventaja está en quien ya ha probado que sabe ganar bajo esas reglas.