He quedado para comer con los editores de una de las editoriales que me chiflan. Llevaba meses intentando encontrar la manera de tener este hueco. «¿Por qué le gustan tanto?», no se preguntarán ustedes, seguramente. Pues qué sé yo, tampoco me lo he preguntado yo nunca, fue inmediato y natural, desde el primer libro suyo que palpé con estas manitas en una de mis librerías. Hacen libros tan tan bien, que hay que quererles. Es algo así, poco más.

Recuerdo por fin lo que estoy haciendo, que luego voy a tener que escribir sobre la charla, darle alguna forma, cuando llevamos qué sé yo departiendo, al salir el tema de las presentaciones de libros en librerías, teatros y cafés. Me estiro entonces en mi silla, abro los ojos más, retiro la cerveza que me estoy tomando, y escucho ya en serio —enciendo la grabadora, esto es—, pongo por fin la cara de ser capaz de sacar grandes conclusiones, sentar cátedra, escribir luego el artículo del siglo.
Jessica Aliaga: Hicimos una presentación en una librería, con concierto, de Doppelgänger. Fue una pasta.
Víctor Gomollón: Estuvo muy bien, vino mucha gente… Vendimos un libro.
Que no es un gran negocio esto de las presentaciones de libros, vaya.
J. Nos gastamos una pasta en el viaje, el hotel, el alquiler de la librería, el vino y el jamón… Todos encantados, sí, lo pasamos muy bien, pero no es nada rentable. Hacemos una presentación con cada libro para darle gusto al autor, que vengan sus amigos, su familia, etc. Que disfrute ese día. Como deferencia hacia él. Pero nada más.
V. Hay autores que se lo curran mucho ellos mismos. Y eso está muy bien. Hacen sus minigiras…
J. No conocemos ninguno
V. No, claro, no nos ha pasado. Pero sabemos que existen.
J. Se hace por el autor, entonces. Ellos te entregan el manuscrito, y luego todo el proceso, hasta ver el libro cuando reciben el paquetito en casa, queda en nuestras manos. La presentación es como su día. Ahí lo celebran, están en contacto con la gente. Y para nosotros creo que también es una manera de decir «Ya está, lo hemos terminado», y pasar a otro. Es una celebración.
Pero que no es rentable, ¿no?
[Sé que ya han contestado, es solo que es un tema que me interesa y no comprendo cómo va. Veo a diario esas a todas luces costosísimas —en tiempo y en dinero— campañas de promoción, enormes despliegues de medios hablando sobre libros que, en muchos casos, además, valen —en mi modestísima opinión— un pimiento y menos, y me lo pregunto de forma recurrente, tantas presentaciones, de acá para allá con el autor y su libro. ¿Qué partido se le saca a todo eso? ¿Acaso así es como se venden libros o qué pasa aquí?]
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Sólo he leído dos libros de esta editorial. Doppelganger, bien. Menos joven, fatal. Opino como el panadero, un mal libro y pretencioso, además.
Eso sí, la edición en ambos casos impecable, de quitarse el sombrero. Pero nada hacemos si el libro-objeto es bonito pero el contenido es malo.
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Pocas cabinas quedan ya como la de la cuarta foto.
El panadero también es escritor y publica en Anagrama. Al hablar de un crítico literario es más importante este «pequeñi detalle» que decir en qué trabaja. Pero claro, eso estropearía un poco el tono displicente de los editores.
¡Ufff! Qué visión más paleta de la literatura y del mundo. Os recomiendo la lectura de ‘Trabajos forzados’ de Daria Galetaria (Impedimenta), una interesante guía de como han sobrevivido muchos de los escritores que ahora consideramos maestros. Y una última recomendación, podéis leer los artículos que el panadero local publica con frecuencia en La Vanguardia (estos seguro que son buenos, que allí si que los pagan). Julio José Ordovas es uno de los mejores críticos que hay en Aragón.
«Chris Marker y la jetée», de Antonia Escandell, es un libro formidable. Uno de los mejores ensayos sobre una película que he leído jamás. Y las imágenes-ilustración que lo acompañan muy buenas. En general muy bien editado. Lo recomiendo.
Pingback: Marta Ramoneda: «El editor publica los textos que más le gustan; en librero vende los libros que prefiere»
Si intentaban ser ingeniosas o graciosas algunas de las respuestas que da J, la verdad es que ha fracasado estrepitosamente. He descubierto recientemente la editorial y no está mal, que al fin y al cabo eso es lo único que importa.